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viernes, 31 de diciembre de 2021

Últimas acuarelas 2021

Las últimas acuarelas del año. Todas ellas sobre un papel Hahnnemüle de 24x32 gr. De un block "Selection", que lleva muestras de distintos gramajes y texturas, de 200 a 600 gr. También todas principalmente con pigmentos Daniel Smith y mis temas habituales de paisajes y árboles. De forma que, tras lar largas explicaciones de la entrada anterior, poco que añadir.

   Si podía ser útil señalar que las sombras en el suelo de esos árboles, salvo en la última, están hechas con una mezcla de Smalt de W&N y, sobre todo, Amatista de Daniel Smith. Para los árboles de otoño siempre recurro a los cadmios, toda la gama o parte de ella. Pero cada vez más acudo a la transparencia de dos o tres quinacridonas de Daniel Smith: gold, deep gold y siena.

Y poco más. Sólo desearos un Feliz año 2022 que, con poco, será mejor que este que ahora termina. Un abrazo.



domingo, 26 de julio de 2020

Júcar - Dibujos y acuarelas

  Como gran parte de los dibujos y acuarelas de mi blog salen de viajes, encuentros de pintores y dibujantes y otras salidas, la situación nos lleva a la escasez de novedades, aunque muchas sean las acuarelas que hemos ido haciendo a partir de fotos de rutas anteriores. Con ellas tengo varias entradas en marcha analizando nuevos pigmentos de marcas que no conocía hasta ahora. Todo llegará.
     Aparte del respiro de la estancia en el Molino de Iramala, algún recorrido corto hemos hecho por los alrededores de Albacete, acercándonos al Júcar y llenando algunas hojas de los cuadernos que teníamos parados demasiado tiempo. En esta entrada se muestran. Con acuarela, con estilográfica o con pincel de agua, técnicas habituales en estos dibujos, aquí aparecen algunos parajes del Júcar por Las Mariquillas, por las Hoces, la Ribera de Cubas y Jorquera, junto a algunas miradas a juncos, flores o paredes. Hay mucha agua, todo está en flor y lka naturaleza, como acostumbra, pasa de nosotros. Lo cierto es que lo pasa mejor sin nosotros, pues todo está más limpio, más solitario y mejor.
   También han quedado en los cuadernos algunos dibujos hechos en casa, estanterías, plantas del balcón y otras cosas que teníamos a mano.


martes, 4 de diciembre de 2018

Acuarelas de árboles

Dos vistas en detalle
   Seguimos con los árboles, en esta ocasión todos con acuarela. Los papeles utilizados son diferentes, desde pruebas con algunos nuevos hasta el Garzapapel de siempre. Para conseguir textura pudiera parecer que es imprescindible el papel rugoso, de grano grueso. Sin embargo, utilizando pigmentos de Daniel Smith Primatek o Kremer, que producen mucha granulación, uno puede jugar con sus efectos de sedimentación incluso con papel satinado. El primero, un álamo viejo de la Casa Gil, en Alpera (Albacete), un árbol que sale en las guias de árboles pintorescos de la provincia y que he dibujado y pintado en numerosas ocasiones, con hojas verdes, ocres y amarillas o sin ellas, pues tengo muchas fotos de cuando vivía en Alpera. El papel es Saunders Waterford satinado, como decíamos.
    
    La anterior acuarela, vista en detalle de un trozo de un tronco, está pintado sobre papel Windsor & Newton satinado, de 300 gr., papel que es una novedad para mí. De los tres satinados que he probado para esta entrada lo colocaría en segundo lugar, casi igual que el Arches, mi preferido, ambos mejores que el Saunders, a mi escaso juicio. Al menos para mi forma de trabajar, porque estos colores que sedimentan tanto a veces son problemáticos para conseguir un baño unidorme. Son papeles similares, más los dos primeros que el último, pero el Arches permite mezclar mejor sin dejar bordes, cosa útil cuando se da un baño en toda la superficie o en gran parte de de ella, como un cielo. Con el Saunders y estos pigmentos hay que andar listo. Luego está la formna de tomar el agua y el color. Ver una pincelada gruesa recién aplicada sobre el Arches satinado es una gozada, algo muy diferente que con el mismo papel con grano gueso o fino, también maravillosos para otros momentos, temas y formas de hacer. Además, terminada la acuarela, el Saunders se comba más que los otros dos.
   ¡Por qué usar papel satinado si buscamos textura? Muchas veces para hacer resaltar algo se recurre a rodearlo de elementos o zonas tratadas de manera diferente en algún aspecto, de forma que contrasten con lo que queremos hacer evidente o relevante, el asunto principal. Los colores brillan más si están rodeados de grises o tonos quebrados. Un fondo bastante claro evita tener que cargar las tintas para resaltar el tema principal;  una zona suave, de color uniforme, sobre un papel satinado dirige la atencion por contraste hacia la textura y la rugosidad del árbol, en este caso. Eso sí, para conseguir esos efectos ya no contamos con el grano del papel. Hay que jugar con la granulaciòn de los pigmentos (azul lapislázuli, marrón rojizo oscuro de hematita, azul profundo de sodalita o negro de magnetita, comercialmente Lunar Black, todos de Daniel Smith. También las tierras granulan mucho, especialmente las muchas que ofrece Kremer. Pinceladas secas y rápidas en el la dirección del crecimiento del tronco, pequeñas grietas sugeridas con pincel fino o dibujadas con pincel, lápiz graso blanco frotado con suavidad dando puntos de luz, rascaduras con cúter o a navajazo limpio... Esas cosas ya las hemos explicado en otras entradas del blog dedicadas a las texturas
   La siguiente acuarela, sobre un olivo del Maestrazgo, en Castellón, que me traje de allí buena provisión de fotos, se hizo sobre Garzapapel y se ven las diferencias. Ya hemos hablado muchas veces de este extraordinariio papel artesano fabricado en Alcoy, en Alicante. Tiene un grano fino pero evidente, permite mezclas en húmedo y toda clase de manipulaciones, pues tarda en secar más que otros. Y nunca se comba ni alabea, ni siquiera el de 180 gramnos. Me parece excelente, tiene un comportamniento muy noble y controlable y para muchas cosas no he encontrado nada mejor.

   Un ficus elástica en la Plaza de España de Águilas, en Murcia, en la siguiente acuarela. Lo dibujé en un cuaderno tomándome  un café sentado debajo, a pocos metros, frente a este tronco chorreante como un reloj de Dalí que parece un muro vegetal, vivo y ondulado. Hice fotos para retomar el tema después, algunas alejándome un kilómetro para sacarlo entero, pues es una enormidad de árbol. Una hermosura. Ya hemos dibujado alguno más, de Alicante, Valencia o Sevilla. Este está también hecho sobre Arches satinado. Se ha tenido especial cuidado, por lo que hablábamos de contrastes, en conseguir lejanía por el sistema de dar poca intensidad a los colores del fondo, con un poco azul o violeta en algunas zonas. La tentación patriótica de darle un rojo y gualda intensos a la bandera la hubiera traído al primer plano. Paliducha queda mejor, en este caso. También reducir detalles y nitideces, que se dejan para el primer plano que se quiere destacar. Las ventanas y balcones tienen arcos lobulados, neomudéjares deben de ser. Con sugerir ese detalle en uno de ellos ya basta, el resto queda borroso como corresponde a un segundo plano relativamente lejano. Los chistes mejor no explicarlos.
    Empezábamos la entrada del blog con un árbol de la Casa Gil, en Alpera. No muy lejos de él crecen otros, rodeados de setos de matas y árboles más pequeños, casi todos chopos, álamos y acacias. Y algunos lirios. De una foto de una primavera pasada vuelvo a hacer esta acuarela, que en otra ocasión ya pinté. Es curioso cómo un mismo tema, incluso basado en una misma foto, puede dar lugar a resultados tan dispares. Aquí, un contraluz en el que se trataba de resaltar la luminosidad del fondo sin llegar a oscurecer demasiado la parte de los árboles que nos dan la cara a nosotros y la espalda al sol. Licencias del artista, como es dejarlos más claros de lo que eran en ese momento. Las hojas contra el sol se prensentan sueltas, puntos aislados, incluso simples salpicados. Pierden estas hojas y algunas ramas su forma y casi su color, muy desvaído, incluso en el fondo se deja brillar más el blanco del papel que el azul del cielo y el ocre del suelo.
   El problema de estos temas con tanta vegetación es tratar de no hacer un catálogo de Tintanlux, con cuarenta verdes distintos. Como se ha usado un azul, cerúlero en este caso, con él y un amarillo tenemos que tratar de valernos para los verdes preponderantes. Añadiendo a la mezcla un poco de índigo, siena o azul turquesa sacamos muchos verdes armoniosos. Luego se ha recurrido al verde de jade de Daniel Smith, solo o mezclado, para los verdes más intensos y por dar algo de variedad sin pasarnos.
   Tanto la anterior como las dos siguientes acuarelas se hacen sobre un papel de Fabriano Studio con un grano medio. Muy similar al Canson Montval.
   Casi monocromáticos, estos dos trabajos tratan de pintar un bosque, jugando con los distintos planos de los árboles. El primero con azul de lapislázuli y lunar black, el segundo con tintas marrón y negra.
   Un divertimento otoñal, de una foto vista por ahí. Cielo de lapis, montañas lejanas con índigo y Prusia muy diluido, ocres y un rojo oscuro, o Madder Lake, carmín de alizarina o similar. Verdes dos, el sap green, siempre fresco y jugoso y el verde de jade oscurecidos a veces con sodalita, un azul oscuro tipo índigo, aunque con mucho grano, o aclarados con el ocre dorado.
   Otoño, agua, ramas blancas dejadas sin pintar, ocres, rojizos (hematite o Venezia) y río Júcar en un paraje cerca de Albacete.
    Sobre papell satinado de Saunders Waterford, un pino con las raíces al aire, sujetándose como puede en una ladera del monte por Bienservida, en Albacete. Se ha jugado con las intensidades y los tonos para sugerir la lejanía del fondo contrastando con el detalle y nitidez del primera plano. Los colores cálidos de una y otra zona contribuyen a reforzar el efecto, acercando las raíces por color y nitidez. 
      Normalmente uso ese sello para los dibujos en cuaderno, pero veo que en la acuarela no queda mal.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Otoños propios y prestados.


   El otoño tiene su ambiente y sus colores. También puede tener sus pigmentos a la hora de pintar. En cuanto llega esta estación suelo sacar los cadmios con sus tonos amarillos, anaranjados o rojos, brillantes, intensos y tal vez demasiado cubrientes. A partir de ahí no suelo recurrir a otros colores que los habituales, aunque mezclándolos de forma diferente para apagarlos y llevarlos a tonos más quebrados y mustios. Los grises de esas mezclas siempre vienen bien para, por contraste, dar vida al resto de los tonos.
   De todas formas es cierto que estoy recurriendo a algunos tubos de Daniel Smith, de los Primatek, pigmentos de piedras naturales, algunas de ellas semipreciosas, que no son los que uso siempre, que otros sí como el brozite, la sodalita o el lapislázuli. Me gusta este último por su sedimentación y porque da azules más apagados y grisáceos que el cobalto o el ultramar. No digamos el cerúleo, que puede pecar de pinturero si no se sujeta uno. El índigo tambien viene bien para estos cielos más nubosos y apagados. Incluso algunos toques de lavender para las lejanías, una de las ultimas adquisiciones. De todas formas, nunca deja uno de recurrir a los colores que siempre ha usado, incapaz de dejar de mezclar el siena tostado y el ultramar o de recurrir al rojo oscuro de alizarina o laca granza. Para añadir grano y textura a cualquier color cada vez más uso el Lunar Black de Daniel Smith, que el mismo pigmento que la magnetita de Kremer.

   Las tres primeras acuarelas de esta entrada están basadas en fotografías de José Manuel Vilaboa, de Galicia, que siempre anda recogiendo reflejos en el Tambre y dándonos envidia. Para mitigarla recurrimos a basar algunas acuarelas en sus fotos, con una frecuencia que se acerca al abuso, aunque siempre con mi gratitud y con su permiso e indicando la autoría de la imagen, como es de ley.
 
    La siguiente, con esos cadmios de que hablábamos es de una zona más cercana a Albacete, la Ribera del Júcar por Valdeganda, de una foto propia de hace un par de años. Las texturas salen tanto de ese Lunar black de que hablábamos, de los trazos rápidos con el pincel casi seco,  o de los rascados con un cúter.
    Echando mano de las fotos que vamos haciendo en los viajes y juntas de dibujantes o pintores, me voy a Úbeda en la siguiente acuarela, al renacentista Hospital de Santiago, a uno de sus patios. Menos el naranjo, todo lo demas se ha solucionado con lapislázuli, lunar black y hematita burnt scarlet, que se ve en las vigas. Todos ellos granulan mucho y se nota.
   Recupero esta acuarela de hace un tiempo en Aranjuez, también en otoño, con casi los mismos colores de la acuarela anterior, añadiendo mis amados azul oscuro de sodalita o verde de jadeíta y  los sienas habituales.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Árboles de Noviembre

   Dos olivos del Maestrazgo, cerca de Morella en Castellón,  a partir de una fotos de un viaje ya hace un año por la zona. Da gusto recordar esos árboles majestuosos y antañones, pintarlos y jugar con el color. Huyendo de los verdes, agrisando las hojas con cerúleo o lapislázuli, y recurriendo al ultramar y el siena para los troncos.
   La anterior, un paraje del pantano de Alarcón de una foto tomada desde el Parador. Igualmente los verdes de la montaña del fondo se tratan con una gama en la que predominan los azules, que van bien para la lejanía y el efecto desdibujado y con poco detalle. Así se contrasta con los primeros planos, con este papel satinado de Arches tan adecuado para detalles finos, como ramas y piedras.
   Las tres siguientes son diferentes trabajos sobre los árboles de las dunas del Pinet, por Guardamar en Alicante, también a partir de unas fotos propias.


   Dos acuarelas de árboles en traje de otoño, la primera en la ribera de Cubas, por las hoces del Júcar muy cerca de Albacete. La segunda de una foto de mi amigo José Antonio Sánchez Rumí, que tantas tiene hechas de las Sierras de Cazorla y del Segura.

   Por último, otros arboles de la ribera del Júcar, cerca de Alcalá, de unas fotos de una de las muchas veces que vamos por allí, a ser posible en primavera y otoño.

jueves, 9 de octubre de 2014

Por Cuenca. Dibujos y acuarelas

    El pasado día 27 de octubre se celebraba el I Encuentro de Ladrones de Cuadernos, colectivo de dibujantes en cuadernos que compartimos en el blog de ese nombre nuestros dibujos, acuarelas, informaciones sobre técnicas y materiales y, lo que es más importante, las vivencias a que dan lugar las situaciones de dibujar y pintar por esos mundos, hasta ahora, cada uno por el suyo. Después de varios años, iba siendo necesario poner cara y voz a esas personas con las que has ido manteniendo una relación cada vez más amiostosa y cercana. De forma que para Cuenca nos fuimos, que esa fue la mágica ciudad que para este primer encuentro se eligió, a propuesta de Anais que planificó todo con eficacia organizativa equiparable al desembarco de Normandía. Un éxito que habrá que repetir en otro lugar.
   Salimos el viernes 26, sin prisas, temprano, para hacer parada en Alarcón, que también merece una visita después de haber pasado de largo tantas veces y adivinado el castillo, torres y murallas del sistema defensivo de esta villa conquense y el pantano desde la carretera. Muchas fotos, un dibujillo y comida compartida con tres gatos en la plaza frente al castillo, ahora Parador Nacional "Marqués de Villena", que visitamos después. El castillo, de origen árabe, perteneció al califato de Córdoba hasta que fue tomado en 1184 por Fernán Martínez de Ceballos, capitán de las tropas de Alfonso VIII. Tuvo gran importancia en la época y a su alfoz pertenecían aldeas, villas y lugares como Belmonte, Albacete, La Roda, Garcimuñoz, entre otras sesenta y tres. Siempre tierra fronteriza. Guerreros de su concejo participaron en 1212 en la batalla de las Navas de Tolosa.
   Fue propiedad a principios del siglo XIV del Infante don Juan Manuel, como parte del señorío que le concedió Fernando IV. Allí escribio sus obras literarias. En el siglo XV, pasa al Marquesado de Villena, cuyo titular era Juan Pacheco. El paso de los siglos lo lleva de mano en mano, a manos tan nobles como indiferentes y descuidadas, casi hasta llevarlo a la ruina. El marqués de Frías, en 1863 se lo vendió a don Rafael Lázaro Álvarez de Torrijos por 20.000 reales, incluyendo "cuatro o cinco torreoncitos más". Se lo expropia el ministro Fraga Iribarne en 1963 para restaurarlo y convertirlo en el actual Parador de Turismo.
   Estas dos acuarelas se pintaron posteriormente en casa a partir de las fotos, apunte y recuerdo. Las dos en Garzapapel, al primera de 500 gramos, la segunda de 180. Los pigmentos son Daniel Smith, lo que aumenta la textura y granulación del resultado. Como sigo con mis pruebas con los Versátil de Escoda, con ellos se han pintado. El segundo, de 20x14, es un reto para la finura de sus trazos.
    A media tarde ya estábamos en Cuenca, la maleta en el hotel y los apechusques en el coche aparcado en toda la plaza mayor gracias a la extrema amabilidad y competencia de los funcionarios de la grúa municipal, supuesto espanto de aparcantes creativos. El primer contacto con ellos se produjo cuando hacía mil y una maniobras para conseguir desenhebrar el coche de una pequeña plaza cercana al hotel, placeta sin salida a la que ellos intentaban acceder para llevarse algún coche extremadamente mal aparcado. Al preguntarles por la existencia y ubicación de alguna plaza de aparcamiento para cojos, una vez acreditada por mi parte tan miserable condición, me remitieron a las que hay en la mentada Plaza Mayor, que ya había visto habitadas. Me indicaron que no tuviera inconveniente en ocupar la parada de taxis inmediata. Como tampoco allí había sitio, me dirigí al castillo, para dejar el coche allí encaramado, también sin éxito en mis búsquedas. Me los volví a encontrar y me insistieron en que volviera a la plaza y allí lo dejara en el lugar indicado como Dios me diera a entender. Lo dejé en la parada del autobús, en la que de todas formas observé que ni cabía ni utilizaba. No contentos con ello, volvieron por allí para indicarme que, cuando pudiera, lo aparcara mejor si algún lugar se quedaba libre y que mientras tanto no me preocupara. Me llevó dos cervezas esperar a que una de esas plazas al fin se desocupara. Y allí establecí mis reales durante toda la estancia.
    Me extiendo en el lance porque he tenido otras experiencias que contrastan con lo anterior, sin ir más lejos, en el castillo de Santa Bárbara de Alicante. En Cuenca me he sentido bien tratado, invitado a regresar, como sin duda haré y no podía dejar de reflejarlo aquí para aviso de renqueantes. Desde aquí mi felicitación y agradecimiento a esos funcionarios que trasladan a su trabajo su condición de buenas personas, que ayudan, hacen la vida fácil a los demás y aportan a la ciudad tanto valor como sus paisajes y monumentos. En realidad, esa es su misión, pero algunos no lo entienden así. Espero y deseo que, como funcionarios, dejen de ver congelados o recortados sus salarios. No se lo merecen.
 

   El primer agradable encuento fue con Oñera, delicado dibujante de árboles y farolas, hórreos y parques, al que sólo conocía por ellos y por sus excelentes escritos y comentarios. Ya en la plaza, mientras nos tomábamos algo, hice este primer dibujo que incompleto quedó e incompleto quedará. Poco a poco fueron acudiendo más, suficientes para irnos juntos a cenar y empezar a conocernos un poco mejor. 
  A la mañana siguiente, sábado 27, retrato oficial en las escaleras de la catedral, aunque todavía se fueron incorporando más amigos a lo largo del día. Abrazos, reconocimiento gracias a reventones claveles, caballetes, bolsas llenas de cuadernos y otros signos visibles. Luego dispersión por los mil y un rincones de Cuenca que da para pintar durante dos o tres vidas.

   Habíamos dormido en una celda del antiguo convento de San José, hoy posada, pues ya es sabida por los habituales de mi blog mi querencia por cenobios, conventos y monasterios. De este recomendabilísimo establecimiento es el dibujo que abre esta entrada, realizado en casa ya a la vuelta a partir de mis fotos. Fue en su origen casa palacio contruído en 1621 por Juan Bautista del Mazo, pintor casado con doña Francisca Velázquez de Silva, hija del famoso pintor de la corte de Felipe IV a quien durante mucho tiempo se atribuyeron varias pinturas de su yerno. Indudablemente Velázquez pasó temporadas en esa casa. Posteriormente sirvió de sede al Colegio de Infantes de Coro de la Catedral de San José, formado por doce niños cantores. Espero que algo de los artísticos y benévolos espíritus de pintores y escolanos se nos pegara en esas dos noches.

   La mañana del 27, dibujo con estilográfica coloreado con acuarelas posteriormente. La tinta es Carbon ink de Platinum, las acuarelas Rembrandt, colores básicos tradicionales y Jadeite de Daniel Smith, que nunca me falta. Sobre un cuaderno de Arches grano fino. Mirador con vistas a la iglesia de San Miguel. Un lugar maravilloso.
   Antes de comer, mientras los demás iban acudiendo por esas cuestas, apunte con esos mismos materiales: pluma y acuarelas. Plaza Mayor.
   Después de comer, en compañía de Virginia y Manuel Lorés, un dibujo con tintas y pincel de agua, terminado con toques de acuarela. Parte trasera de la catedral.
    Por la mañana del 28, ruta por el castillo, miradores, Hoces del Huécar y el Júcar, playa artificial, viendo los árboles que se iban volviendo amarillos y rojizos, invitando a regresar dentro de unas pocas semanas para pillarlos con todo su color. Apunte con acuarelas y muchas, muchas fotos. También buenos recuerdos de esta breve e intensa salida a Cuenca con mis amigos del blog. Gracias a todos y todas, especialmetne a Anais, la organizadora y promotora de este encuentro.
   Por último, ya en casa, otro dibujo, este con tinta china y pincel, de una de esas fotos del mirador ya mencionado. Habrá que hacer una acuarela con este tema.




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