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domingo, 2 de junio de 2019

5 Árboles mayo 2019

    Cinco árboles. Cuatro de mayo y uno de junio, recién terminado. Este último es la acuarela anterior, un hermoso y antiguo olivo de Ulldecona. Sobre un papel Fabriano (36x50 cm) que ya tengo bastante tiempo, con una textura tramada como una tela de óleo. Lamento que se termine ese block, porque seguramente sea un papel que ya no pueda reponer y me gusta mucho.
     Con pigmentos de Daniel Smith, más unos toques de blanco muy espeso y dos pinceles de Escoda. Uno de ellos de petit gris del 12, de un mechón largo y asimétrico, ancho pero afilado y otro, un rigger Versátil del 2 para las ramas más finas.
     Además de la propia textura del papel y la que proporcionan algunos de los pigmentos, como el lunar black, se ha resaltado con pinceladas rápidas y casi secas y con algunas líneas finas sugiriendo las grietas y relieves, sin entrar en demasiado detalle.
     Las hojas prácticamente se han pintado con azules, lapislázuli, sólo o mezclado con amarillo, y con índigo o cerúleo. El tronco, mezclas de siena tostada con ultramar o con lunar black. Y poco más.
   La anterior acuarela, unos troncos de Quercus rotundifolia, carrasca o encina para los amigos. El papel de de Garzapapel, los pigmentos de Daniel Smith y los pinceles de Escoda. Ya casi sobra decirlo. el marrón es siena tostada con ultramar o Hematita. Las sombras con amatista y algo de ultramar. Las hojas con sap green, jadeída y toques de gold de quinacridona. A veces se sombrean con algo de amatista. Las texturas, pinceladas muy secas y rápidas de hematita o lunar black,
    La anterior acuarela, también sobre Garapapel, un tronco de pino trabajando las texturas con pincel despeluchado, de esos chinos de caligrafía. en este caso, los verdes llevan mezcla de turquesa, lo que se acerca al viridian o al esmeralda. Toques de cobaklto. El tronco a base de azules y gris neutro, con meclas de un marrón parecido al rojo de Venecia.
   Una vista parcial, muy parcial, de un álamo inmenso cuando está sin hojas. este árbol lo he pintado en primavera, verano, otoño e invierno, casi siempre a trozos porque es inmenso. Se encuentra en la Casa Gil, en Alpera (Albacete) y aparece en las guías de árboles singulares de Albacete y de Castilla-La Mancha. Se lo merece el abuelo.
    Papel satinado de Arches, de forma que la textura hay que hacerla a base de pigmentos que granulen, trazos con pincvel seco y unos toques finales de lápiz blanco graso. Se juega mucho con el color, diferente según las zonas del árbol. Son los colores que uso habitualmente: siena, ultramar, amatista y verde de jade. El cielo cerúleo y cobalto.

    Por último, un árbol de Aranjuez, de una foto propia de hace unos años. Desde luego la foto y el viaje ya los he amortizado porque este árbol y algún otro de allí los he pintado muchas veces. tanto con traje de verano como de otoño.
    En este caso estaba de estrena con una tinta de nogal de Daniel Smith. Vale tanto para caligrafía como para dibujar, con un tono cálido y bastante transparente. Para contrastar, realzo las sombras con una tinta muy especial. Ya la he usado y comentado otras veces. La compré en ebay hace unos años, unos cubiletes con cristales para hacer media pinta con cada uno de ellos. Aparece en el catálogo de la casa E.E. Babb de 1899. No sé durante cuánto tiempo la siguieron fabricando, pero posiblemente tenga un siglo. Funciona bien incluso con estilográfica. Me encanta porque es muy fluida, transparente y algo azulada al disolverla con agua en el dibujo. Con la calidez de la nogalina se lleva bien.
    El dibujo se hace sobre un papel crema verjurado, DIN-A4, con plumilla flexible, una Gillott 303, y luego se extiende con pincel. Se van reforzando algunas zonas de sombra y sugiriendo algunos detalles, a veces en seco, otras aprovechando la humedad del papel. Por fin se añaden las sombras mas fuertes con este negro azulado. Cuando se usa sin disolver la tinta es negra.

martes, 4 de diciembre de 2018

Acuarelas de árboles

Dos vistas en detalle
   Seguimos con los árboles, en esta ocasión todos con acuarela. Los papeles utilizados son diferentes, desde pruebas con algunos nuevos hasta el Garzapapel de siempre. Para conseguir textura pudiera parecer que es imprescindible el papel rugoso, de grano grueso. Sin embargo, utilizando pigmentos de Daniel Smith Primatek o Kremer, que producen mucha granulación, uno puede jugar con sus efectos de sedimentación incluso con papel satinado. El primero, un álamo viejo de la Casa Gil, en Alpera (Albacete), un árbol que sale en las guias de árboles pintorescos de la provincia y que he dibujado y pintado en numerosas ocasiones, con hojas verdes, ocres y amarillas o sin ellas, pues tengo muchas fotos de cuando vivía en Alpera. El papel es Saunders Waterford satinado, como decíamos.
    
    La anterior acuarela, vista en detalle de un trozo de un tronco, está pintado sobre papel Windsor & Newton satinado, de 300 gr., papel que es una novedad para mí. De los tres satinados que he probado para esta entrada lo colocaría en segundo lugar, casi igual que el Arches, mi preferido, ambos mejores que el Saunders, a mi escaso juicio. Al menos para mi forma de trabajar, porque estos colores que sedimentan tanto a veces son problemáticos para conseguir un baño unidorme. Son papeles similares, más los dos primeros que el último, pero el Arches permite mezclar mejor sin dejar bordes, cosa útil cuando se da un baño en toda la superficie o en gran parte de de ella, como un cielo. Con el Saunders y estos pigmentos hay que andar listo. Luego está la formna de tomar el agua y el color. Ver una pincelada gruesa recién aplicada sobre el Arches satinado es una gozada, algo muy diferente que con el mismo papel con grano gueso o fino, también maravillosos para otros momentos, temas y formas de hacer. Además, terminada la acuarela, el Saunders se comba más que los otros dos.
   ¡Por qué usar papel satinado si buscamos textura? Muchas veces para hacer resaltar algo se recurre a rodearlo de elementos o zonas tratadas de manera diferente en algún aspecto, de forma que contrasten con lo que queremos hacer evidente o relevante, el asunto principal. Los colores brillan más si están rodeados de grises o tonos quebrados. Un fondo bastante claro evita tener que cargar las tintas para resaltar el tema principal;  una zona suave, de color uniforme, sobre un papel satinado dirige la atencion por contraste hacia la textura y la rugosidad del árbol, en este caso. Eso sí, para conseguir esos efectos ya no contamos con el grano del papel. Hay que jugar con la granulaciòn de los pigmentos (azul lapislázuli, marrón rojizo oscuro de hematita, azul profundo de sodalita o negro de magnetita, comercialmente Lunar Black, todos de Daniel Smith. También las tierras granulan mucho, especialmente las muchas que ofrece Kremer. Pinceladas secas y rápidas en el la dirección del crecimiento del tronco, pequeñas grietas sugeridas con pincel fino o dibujadas con pincel, lápiz graso blanco frotado con suavidad dando puntos de luz, rascaduras con cúter o a navajazo limpio... Esas cosas ya las hemos explicado en otras entradas del blog dedicadas a las texturas
   La siguiente acuarela, sobre un olivo del Maestrazgo, en Castellón, que me traje de allí buena provisión de fotos, se hizo sobre Garzapapel y se ven las diferencias. Ya hemos hablado muchas veces de este extraordinariio papel artesano fabricado en Alcoy, en Alicante. Tiene un grano fino pero evidente, permite mezclas en húmedo y toda clase de manipulaciones, pues tarda en secar más que otros. Y nunca se comba ni alabea, ni siquiera el de 180 gramnos. Me parece excelente, tiene un comportamniento muy noble y controlable y para muchas cosas no he encontrado nada mejor.

   Un ficus elástica en la Plaza de España de Águilas, en Murcia, en la siguiente acuarela. Lo dibujé en un cuaderno tomándome  un café sentado debajo, a pocos metros, frente a este tronco chorreante como un reloj de Dalí que parece un muro vegetal, vivo y ondulado. Hice fotos para retomar el tema después, algunas alejándome un kilómetro para sacarlo entero, pues es una enormidad de árbol. Una hermosura. Ya hemos dibujado alguno más, de Alicante, Valencia o Sevilla. Este está también hecho sobre Arches satinado. Se ha tenido especial cuidado, por lo que hablábamos de contrastes, en conseguir lejanía por el sistema de dar poca intensidad a los colores del fondo, con un poco azul o violeta en algunas zonas. La tentación patriótica de darle un rojo y gualda intensos a la bandera la hubiera traído al primer plano. Paliducha queda mejor, en este caso. También reducir detalles y nitideces, que se dejan para el primer plano que se quiere destacar. Las ventanas y balcones tienen arcos lobulados, neomudéjares deben de ser. Con sugerir ese detalle en uno de ellos ya basta, el resto queda borroso como corresponde a un segundo plano relativamente lejano. Los chistes mejor no explicarlos.
    Empezábamos la entrada del blog con un árbol de la Casa Gil, en Alpera. No muy lejos de él crecen otros, rodeados de setos de matas y árboles más pequeños, casi todos chopos, álamos y acacias. Y algunos lirios. De una foto de una primavera pasada vuelvo a hacer esta acuarela, que en otra ocasión ya pinté. Es curioso cómo un mismo tema, incluso basado en una misma foto, puede dar lugar a resultados tan dispares. Aquí, un contraluz en el que se trataba de resaltar la luminosidad del fondo sin llegar a oscurecer demasiado la parte de los árboles que nos dan la cara a nosotros y la espalda al sol. Licencias del artista, como es dejarlos más claros de lo que eran en ese momento. Las hojas contra el sol se prensentan sueltas, puntos aislados, incluso simples salpicados. Pierden estas hojas y algunas ramas su forma y casi su color, muy desvaído, incluso en el fondo se deja brillar más el blanco del papel que el azul del cielo y el ocre del suelo.
   El problema de estos temas con tanta vegetación es tratar de no hacer un catálogo de Tintanlux, con cuarenta verdes distintos. Como se ha usado un azul, cerúlero en este caso, con él y un amarillo tenemos que tratar de valernos para los verdes preponderantes. Añadiendo a la mezcla un poco de índigo, siena o azul turquesa sacamos muchos verdes armoniosos. Luego se ha recurrido al verde de jade de Daniel Smith, solo o mezclado, para los verdes más intensos y por dar algo de variedad sin pasarnos.
   Tanto la anterior como las dos siguientes acuarelas se hacen sobre un papel de Fabriano Studio con un grano medio. Muy similar al Canson Montval.
   Casi monocromáticos, estos dos trabajos tratan de pintar un bosque, jugando con los distintos planos de los árboles. El primero con azul de lapislázuli y lunar black, el segundo con tintas marrón y negra.
   Un divertimento otoñal, de una foto vista por ahí. Cielo de lapis, montañas lejanas con índigo y Prusia muy diluido, ocres y un rojo oscuro, o Madder Lake, carmín de alizarina o similar. Verdes dos, el sap green, siempre fresco y jugoso y el verde de jade oscurecidos a veces con sodalita, un azul oscuro tipo índigo, aunque con mucho grano, o aclarados con el ocre dorado.
   Otoño, agua, ramas blancas dejadas sin pintar, ocres, rojizos (hematite o Venezia) y río Júcar en un paraje cerca de Albacete.
    Sobre papell satinado de Saunders Waterford, un pino con las raíces al aire, sujetándose como puede en una ladera del monte por Bienservida, en Albacete. Se ha jugado con las intensidades y los tonos para sugerir la lejanía del fondo contrastando con el detalle y nitidez del primera plano. Los colores cálidos de una y otra zona contribuyen a reforzar el efecto, acercando las raíces por color y nitidez. 
      Normalmente uso ese sello para los dibujos en cuaderno, pero veo que en la acuarela no queda mal.

jueves, 29 de marzo de 2018

Guadalest, Gorga, Millena


    Después de tantos vendavales, fríos y chubascos, nevadas y temblores con que el invierno se despide, algo que nuestra memoria de pez nos lleva a tener por inusual, aprovechamos un par de días de sol para ir a ver las últimas flores de los almendros y las primeras de los cerezos en esa comarca tan hermosa y querida de la montaña alicantina entre Alcoy y el Mediterráneo.
     Efectivamente, tal y como se anunciaba, luce un cielo de un azul cobalto intensísimo. Esa zona alta, quebrada y llena de arbolado, a Dios gracias tan poco conocida por el turismo de masas, es una reserva vegetal a la que los que vienen a bañarse a las costas tan cercanas, no se atreven a subir.
    Buenas carreteras que serpentean entre espesos pinares de un color oscuro y apagado, pardo verdoso con relumbres rojizos cuando les da el sol. Contra ese fondo oscuro de las umbrías, el azul de las sombras impresionistas, las flores blancas de los cerezos parecen chispas cuando les alcanza el sol. Las de los almendros, más rosadas, ya han caído. Las pocas que quedan están agostadas y domina en sus ramas oscuras y retorcidas el verde de las hojas nuevas y algunos proyectos de almendra. Los cerezos, que muestran los miembros deformados y la corteza reseca de la vejez, con esas podas que facilitan la cosecha y les dan forma de crustáceos panza arriba, sufrientes, con patas retorcidas en posturas y formas extrañas. La delicadeza oriental de sus flores contrasta con la aspereza oscura de sus troncos y ramas.
    En el cielo queda una sola nube, un vellón de lana que se desmandó del rebaño vaporoso que dejó las pasadas tormentas. Se quedaría distraída mirando los almendros en flor y allí está, blanca entre azules, sola y como postiza. Las nubes no tienen perro pastor y en ellas mandan los vientos, pero siempre hay rebeldes y despistados.
    Sólo leer los nombres de otro tiempo de los pueblecitos y alquerías es un placer. Un placer de lenguaje y de memoria. Una memoria de moriscos refugiados en estas montañas, hoy poco pobladas y entonces todavía más inaccesibles y olvidadas. Allí siguen. Benilloba, Benillup, Benialfaquí, Benimarfull, entre otros lugares de nombres parecidos. Como el cercano Benidorm, de igual origen, que hoy nos habla de lo imprevisible del futuro que, a veces, casi siempre, recorre rutas improbables. Ellos labraron durante siglos esas terrazas que escalonan las montañas, les pusieron baldas de tierra a los cerros para brindar una base necesaria, humana y trabajada a esos almendros, cerezos, olivos y otros frutales con que llenaron esos bancalillos de media luna que siglo tras siglo fueron sujetando con mimo y esfuerzo. También llevaron el agua a algunas de ellas, agua que hoy no se ve. Estas terrazas, que llegaban hasta las cimas a veces, siguen talladas y sujetas a escuadra cerca de los pueblos, en los cultivos actuales. Conforme se alejan de las zonas más habitadas estos antiguos escalones se van redondeando, gastados por la lluvia y el viento de los siglos. Podemos adivinarlas aún en lo alto de algunos cerros, onduladas, pulidas, pues el abandono permite a esas montañas devolver al llano, con la azada y la lija de las lluvias, la tierra fértil que con tantos trabajos se subió hasta allí. En realidad, las montañas recuperan lo que era suyo, empezando por su forma. Aunque abandonadas y casi borradas, esas antiguas terrazas siguen reteniendo el agua y están cubiertas de verde, allá en lo alto, mientras que los valles están resecos. Nunca aprenderemos.
     En algunos pueblos visitamos conocidos árboles con nombre, viejos y con su historia, como el olmo de Millena. Dejamos de ver otros como el olivo bimilenario de Gorga, con puerta y ventanas, árbol hueco donde una familia vivió durante años. En otra ocasión será. También vemos, con sorpresa y sin saber qué pensar al respecto, algunos otros árboles vestidos con labores de ganchillo, multicolores y de abrigo frente a las nieves que, de uvas a peras, caen por la región.
     Pasamos una vez más por Guadalest, siempre increíble y con demasiados turistas. Ni me molesta la soledad ni la gente. De hecho, cuando me siento se van dos autobuses, los guiris que llenaban la terraza soleada salen escopeteados cargados de cerámicas, mieles y aguardientes, y los bares empiezan a recoger las mesas. Es decir, si no acude la gente, tú tampoco tienes donde ir, que también uno es gente. Veo, mientras estoy sentado en una terraza que, entre los más diversos y variopintos artículos, (imagino que made in China, aunque veo cosas artesanas del país), con amplio criterio venden camisetas de la selección nacional, sobra decir que la de fútbol, de Disney, del Che Guevara y, si las pidieran, del Ku-Klux-Klan, que toda piedra hace pared. Tomamos un café, compramos una hormiga de hierro para colgarla de la pared y miel de níspero a un amabilísimo y locuaz valenciano con el que pegamos la hebra. Como muchos otros valencianos, cuando hablan en castellano, usan algunas palabras con su verdadero significado y sabor, algo que también da gozo leyendo a Josep Pla, incluso traducido. No abusar de las palabras lleva a que cuando califican algo como “importante” significa que lo es, cosa rara por la inflazón y abuso que se han hecho generales. Cuando te dicen que algo es “de categoría”, no dudes, llévatelo o cómelo si se puede. Es mercader que ha olvidado sus genes fenicios y muestra una honradez inverosímil hoy en día. Hay muchos olivos por la comarca pero se niega a vendernos el aceite que tiene en sus estanterías, embotellado en minúsculas botellas, como frascos de colonia. Nos dice que eso es para los guiris, que antes compremos en el sitio que nos indica una garrafa de aceite de la cooperativa, mejor y más barato, a menos que coleccionemos ampollas, redomas y damajuanas. Tampoco vende otra miel que la que produce y no tiene ahora de azahar, ni le queda de aguacate, hasta nueva cosecha. Otros la traerían de naranjas de la China. Nos dice varios sitios en esas calles donde mejor comprar lo que buscamos, sin intentar endosarte lo que él vende. Reconfortante por poco habitual.
    Regresamos a Albacete persiguiendo al sol poniente, deslumbrados no solo por él, que muchas cosas hemos visto y disfrutado. Desde los altos de Chinchilla, con las últimas luces, bajo un cielo suave que, desde un horizonte que se va desdibujando, se va pintando del rojo al azul, pasando por toda la gama de amarillos y naranjas, incluso matices verdes. Algunas nubes rosas y violetas, desplegando un arco amplio como puñado arrojado por un sembrador, gesto de guadaña, y abajo, al fondo, un suelo azul oscuro, casi negro, mar de tierra donde brillan los miles de luces de la ciudad como barcos de pesca. Ya cantábamos de pequeños en las excursiones que en el mar corren las liebres y en el monte las sardinas. Resulta que era verdad.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Acuarelas Diciembre 2017


   Todas estas acuarelas con Garzapapel, con pigmentos Daniel Smith y algunos de Kremer y, cada vez con más frecuencia, con pinceles chinos. Casi todas con árboles, siempre intentando utilizar los verdes lo menos posible. Cuando se utilizan son Jadeite o Sap Green de Daniel Smith o Esmeralda de Sennelier. Normalmente procurando obtenerlos mezclando el azul que se ha utilizado en cada acuarela. También, pues la cosa es más de pensar que de pintar, recordando que en la naturaleza hay menos verdes de los que pensamos.

   Estas tres primeras salen de fotografías de José Manuel Vilaboa, pasiajes de sus paseos por los bosques gallegos, el Tambre, Vigo, La Coruña... Unas fotos siempre maravillosas, poéticas, algunas veces brumosas, otras con los colores del otoño, pero que inevitablemente dan ganas de pintarlas ya que uno tiene difícil pasear por lugares tan hermosos. Desde aquí le agradezco su generosidad para dejarme inspirarme en ellas. Ya he pintado seis o siete paisajes de sus fotos, que siempre viene bien cambiar de ambiente y lugar.
   De los días que hace poco pasamos en Altea y alrededores, a partir de una foto propia en un día que a la belleza habitual se sumaban unas nubes que realzaban el cielo al amaneer y en la puesta de sol. Unos barcos, tema poco habitual ara mi.
   De que me descuido ya estoy otra vez pintando árboles, la siguiente acuarela por Altea, la siguiente de un rincón del centenario encinar de Alpera, tema inagotable. De los cientos de fotos de este verano.
   Del grupo de facebook de Santiago-Pontones también voy guardando fotos al lado de las que tengo hechas por la zona, que no son pocas. Aunque ahora el Tranco da pena, casi seco, las montañas ñlucen igual que siempre. Una hermosura que hay que visitar. Hace un par de meses estuvimos por allí por última vez, aunque por mayo era por mayo cuando este año y el pasado nos acercamos a Hornos y toda esa zona.
Por último una acuarela semiinventada, árboles en otoño jugando con el color y las sombras.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Acuarelas y dibujos noviembre II

   Este mes de noviembre ha sido especialmente productivo en dibujos y acuarelas, esta vez en casa, a partir de fotos de esas que uno guarda para pintarlas luego. Rara vez les llega la hora a la mayoría de ellas, pero siempre viene bien tener un buen archivo. Sigo con mis texturas y mis árboles, aunque ha habido probaturas ampliando la gama de colores, buscando temas que permitan utilizar un abanico mayor, aunque limitado en cada una de las acuarelas.
   En la anterior, de Jávea en Alicante, cerca del cabo de la Nao, al atardecer, con luces doradas que tan bien reproducen las quinacridonas, pigmentos luminosos y transparentes. Gold, Deep Gold, siena y un violeta bueno como complemetario, a veces mezclado con ultramar o con amatista. He probado dos nuevos colores, de unas gotas de muestra de las paletas de Castagnet y Joseph Zbukvic: Cobalt Teal Blue y Verditer Blue. Siempre de Daniel Smith. Todas las acuarelas, en esta ocasión, sobre Garzapapel.
   La abeja sobre unos pensamientos, con Carbozole Violet, ultramar y laca de garanza. Verde de jadeíta, siena y Lunar Black.

   Unos cuantos árboles, siguiendo el trabajo con las texturas y cuidando las luces, a veces dejando parte del papel en blanco, recordando a Laurentino Martí y a Charles Reid.
   Ese mismo árbol se había hecho previamente como un dibujo a tintas, sobre un papel verjurado.

   Un paisaje de Bienservida, en la sierra de Albacete, recuerdo de un buien día pasado allí con mis antiguos compañeros de colegio.

   Unos olivos también de Bienservida, buscando recoger ese color verde plateado y cambiante de sus hojas. El aceite debe estar luego a luego.
   Con nogalina. A veces un dibujo o una acuarela nos recuerda algo, vivido en algún momento y lugar o en un libro. En otros casos, como en éste, es al revés. Leyendo a Borges a uno le entran ganas de dibujar algo de lo que nos cuenta o sugiere.
UN PATIO
Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio.
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe.
Jorge Luis Borges. "Fervor de Buenos Aires").

   El dibujilo anterior, pura invención, salió mientras leía las noticias, intentando plasmar mis dudas sobre lo leído.
   El señor Junqueras, excelso como economista y futurólogo, también fue un dibujo hecho tras una lectura. En este caso de un libro de Alfonso Ussía, con perdón.

"Al capitán general Juan Zabala y de la Puente, marqués de Sierra Bullones, de Torreblanca, de San Lorenzo de Valle Umbroso, de La Puente y de Sotomayor, conde de Villaseñor, Grande de España, tres veces laureado, caballero del Toisón de Oro, presidente del Consejo y ministro de Marina. Sobre todo de Marina, que es lo que divirtió a Manuel del Palacio.
Fue ministro de Marina,
y preguntó muy formal
si las velas de los buques
eran de aceite o de gas."
Alfonso Ussía en "Grandes coñones del Reino de España".

   La anterior acuarela, jugando con los verdes, siempre un reto, e intentando recoger las luces filtrándose a través de las hojas de los árboles en ese contraluz. De una foto de La Laguna, en Alpera, cerca de la Casa Gil.
   De una foto, otro contraluz, en este caso del Çabo de Gata en Almería, hecha en un viaje invernal el año pasado.
   También de Alpera, también de una foto propia del verano pasado, en San Gregorio. No habría que dejar que ese caserón, casi un palacee, se desmoronara.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Árboles. Texturas en acuarela II

   Esta es la segunda entrada dedicada a este tema. En la primera, en este enlace,  ya explicamos algunas de las técnicas que utilizo para dar textura a las cortezas de los árboles, suelos y piedras.
   En la primera de las acuarelas, un olmo pìntado sobre un Garzapapel, que tiene una textura media, se recurre a varias de estas técnicas, ya que el papel por sí mismo no va a resaltar excesivamente esas rugosidades.
  • Utilización de pigmentos que ya aportan textura, en este caso algunos Primatek de Daniel Smith, como el lunar black o la sodalita, azul oscuro.
  • Trazos rápidos a lo largo del tronco o del suelo, procurando buscar el grado adecuado de humedad en el pinel, más relieve cuanto más seco.
  • Rascados con cuchilla o cutter antes de dar el color. Cuando se aplica, los trazos marcados se oscurecen, rota la superficie del papel, lo que hace que el pigmento se infiltre. Produe líneas oscuras. El efecto es parecido si se rasca el papel con el baño de color recién aplicado.
  • Rascados antes de que se seque totalmente. Abre blancos parcialmente, produciendo líneas rugosas y discontínuas. Vale para la textura o para sugerir ramas iluminadas.
  • Rascados en seco. Una vez el color cubre el papel, ya sin humedad, con el cutter se rasca suavemente en la dirección conveniente, marcando arrugas y grietas. Si se hace de forma más rápida y enérgica, se producen líneas discontínuas, casi punteadas. Haciendo pruebas se acaba consiguiendo, dentro de lo que cabe, lo que se pretende en cada caso.
  • Últimas pinceladas rápidas en seco con un color oscuro. Como el papel está lleno de arañazos y pequeñas zonas rugosas, estos trazos acaban marcando los bordes de esas heridas en el papel. Esto aporta mucha textura, granular y de gran relieve.
En esta otra acuarela, basada en una foto de José Manuel Vilaboa Bernárdez, se recurre a los mismos procedimientos explicados. Si se aplican sobre un objeto, tronco en este caso, puesto sobre un fondo liso y difuminado, aún se resaltan más texturas y relieves.


   Los dos dibujos anteriores, con pastillas ArtGraf, de grafito o de otras tierras y pigmentos solubles, en una gama que va del blanco al negro, pasando por los amarillos, sienas y marrones. También existe en azul, no utilizada aquí.
    Esas pastillas, con la forma de las tizas de sastre, pueden utilizarse para pintar directamente, tanto para dibujar como para dar textura una vez seco el dibujo. Es lo que se ha hecho en estos dibujos. hay trazos como de lápiz carbón. Otos, aplicados con pincel, parece témpera blanca, cubriente o traslúcida, según la dilución.
Aquí se ve ampliado el efecto granulado del pigmento de magnetita de Kremer, que es el mismo Lunar Black de Daniel Smith. Trazos finos y rápidos y algunos granos de sal Maldon.
   Igual, añadiendo algunos rascados previos.
 Las pinceladas rápidas dejan algunos puntos sin cubrir. el blanco del papel refuerza la textura.
   Granulado del pigmento, superposiciones transparentes que añaden profundidad, rascados finos previos.
Granulado del magnetita y otros pigmentos Primatek, como Lunar Red, Lunar black, y otros.
   Rascados mientras el pigmento aún no ha secado del todo. Cuanto más seco, más marcados quedan.

    Degradados mezclando ocres con Lunar black.
O con sodalita de Daniel Smith.
Aprovechando el distinto grado de tendencia a sedimentar de las tierras con los azules cerúleo o cobalto.
Más probaturas con pigmentos con distinto grado de sedimentación, algo que depende del tamaño de las partículas, peso y del grado de molienda del pigmento.

   Estos colores muy granulares, minerales molidos con gruesas partículas, producen un marmoleado espontáneo, que se puede aprovechar para producir textura, eso sí, dejándoles hacer, porque los resultados son bastante imprevisibles. aunque siempre se puede inclinar el papel para hacer que las partículas más pesadas y oscuras se depositen en la zona deseada.
    En este caso, se hicieron unas incisiones muy finas con el cutter antes de aplicar un baño de siena tostada, procurando oscurecer un lado y sugerir luces y combras.
    Aplicación de un film de cocina arrugado sobre el pigmento mojado. Los pliegues quedan marcados una vez seco.


Más pruebas aplicando varias de las técnicas ya descritas. Algunas manchas amarillas o verdosas pueden sugerir el musgo.