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lunes, 16 de enero de 2017

Últimas acuarelas de 2016

   Y primera de 2017, que es la anterior, un paisaje imaginario, probando un papel Hahnemühle de 425 gramos en 36x48. No responde mal, no se comba y admite muchas correciones. Los pigmentos, Daniel Smith, como casi siempre y un pincel chino bastante grueso.
   Después de la exposición de dibujos de Albacete, que ha ido bastante bien, las salidas de Navidad y esas cosas, me he tomado un breve descanso que corto ya y me pongo a la faena.
   Las siguientes acuarelas son todas de diciembre, olivos, paisajes de Alicante, de Almería, del pantano de Contreras... haciendo algunas pruebas. En los olivos sobre texturas, utilizando pinceladas rápidas casi en seco como base. En los cielos trabajando unas veces en húmedo y otras en seco intentando controlar el tema en ambos casos.
   En fin, poco que contar que no se haya contado anteriormente, de forma que aquí van las acuarelas para echarles un vistazo.












miércoles, 7 de diciembre de 2016

Árboles de Noviembre

   Dos olivos del Maestrazgo, cerca de Morella en Castellón,  a partir de una fotos de un viaje ya hace un año por la zona. Da gusto recordar esos árboles majestuosos y antañones, pintarlos y jugar con el color. Huyendo de los verdes, agrisando las hojas con cerúleo o lapislázuli, y recurriendo al ultramar y el siena para los troncos.
   La anterior, un paraje del pantano de Alarcón de una foto tomada desde el Parador. Igualmente los verdes de la montaña del fondo se tratan con una gama en la que predominan los azules, que van bien para la lejanía y el efecto desdibujado y con poco detalle. Así se contrasta con los primeros planos, con este papel satinado de Arches tan adecuado para detalles finos, como ramas y piedras.
   Las tres siguientes son diferentes trabajos sobre los árboles de las dunas del Pinet, por Guardamar en Alicante, también a partir de unas fotos propias.


   Dos acuarelas de árboles en traje de otoño, la primera en la ribera de Cubas, por las hoces del Júcar muy cerca de Albacete. La segunda de una foto de mi amigo José Antonio Sánchez Rumí, que tantas tiene hechas de las Sierras de Cazorla y del Segura.

   Por último, otros arboles de la ribera del Júcar, cerca de Alcalá, de unas fotos de una de las muchas veces que vamos por allí, a ser posible en primavera y otoño.

martes, 3 de febrero de 2015

Maestrat - Sénia - Acuarelas de olivos milenarios

    Como comentaba en una entrada anterior sobre un viaje a Castellón, Peñíscola, Morella y los olivos del Maestrazgo, recorrer parte de la vía Augusta para hacer fotos y apuntes de estos olivos milenarios era el objetivo de mi visita. También darle un abrazo a un pedazo de olivo de esos que abundan por allí. Y probar su aceite. El objetivo se cumplió con creces, aunque mucho me quedó por ver y seguramente no dí con los más vetustos. Los olivos de esta entrada son de Sant Mateu y de Xert.
   Parece ser que los trajeron los fenicios a la península, sobre el 1100 a.C, que los griegos y cartagineses comerciaban con el aceite de estos olivos, promocionando su cultivo por parte de los nativos, de forma que tartesos y turdetanos ya producían y consumían variedades domesticadas del acebuche. Como sus huesos son duros de roer, como las monedas, en las excavaciones dejan su firma. Los romanos, siguieron plantándolos o haciéndolos plantar, igual que los árabes. Por la edad de algunos de ellos, hace casi veinte siglos que algún romano aderezaba su ensalada con aceite del mismo árbol del que yo lo hago ahora, algo que hace que se me pongan los pelos de punta al aliñar los tomates con gotas de historia líquida. Aunque ya había olivos, fueron los romanos los que trajeron de oriente medio los plantones de la variedad farga, que parece ser la que mejor se lleva con este terreno, alcanzando aquí esa edad asombrosa. Es el Mestrazgo el lugar del mundo con mayor concentración de estos olivos milenarios, que también hay en otros lugares, aunque ejemplares sueltos, no más de 4000 como aquí tienen censados. Y bautizados con su nombre propio muchos de ellos.
   Tal vez desde entonces se hayan apropiado los romanos, los italianos de hoy, del comercio de este aceite, haciendo pasar por suyo el ajeno, es decir, el nuestro, aunque ya vamos espabilando. España, primer productor de aceite en el mundo, obtiene en un año de buena cosecha más que entre los tres siguientes países que más lo cultivan: Italia, Grecia y Turquía. Aunque en Grecia y en Roma se cultivaba, ya desde la antigüedad aquí venían para buscar el mejor, digno de aparecer en sus banquetes en la mesa o iluminando las salas. Los griegos necesitaban mucho pues a los ganadores en los juegos olímpicos les regalaban varias toneladas de aceite. Hoy los arreglan con una medallita, muestra de la degeneración de los tiempos.
   En casi todo el Mediterráneo sus frutos se denominan con palabras que derivan de la semítica 'ulu', que en griego fue elaia, oleum en latín y de allí óleo, oliva, huile, oil, oli y öl en alemán. En español tenemos además aceituna y aceite, derivadas del hebreo 'zait', que pasó al árabe 'zaitum", y al-zait o azzait. También la raíz es semítica, 'zai', que servía para aceite y para iluminación. Recordemos que los templos y palacios se iluminaban con lucernas o candiles llenos de aceite de oliva. Uniendo ambas etimologías tenemos el aceite de oliva, evitando redundar al decir aceite de aceituna. De lo anterior podríamos derivar al Monte de los Olivos,  a los santos óleos y a las luciérnagas, a la paloma con una ramita en olivo en la boca que indica que ha dejado de diluviar, que Dios está de nuevo en paz con los hombres. Mejor dejarlo aquí. Las palabras también dejan buen sabor y sirven para aliñar las ideas.
    Se ha dicho que el Mediterráneo acaba donde el olivo deja de crecer, siendo pues una bandera de las civilizaciones que han nacido y se han desarrollado alrededor del Mare Nostrum. Símbolo de la paz y de nuestra dieta. Los mitos egipcios atribuyen la creación del olivo a Isis, los griegos a Palas-Atenea, los romanos a Minerva, nombre que a mi siempre me ha recordado a las máquinas de imprenta que reciben ese nombre de divinidad, pues era palabra que mi padre, tipógrafo, utilizaba a menudo. Aún recuerdo visitar alguna imprenta con él y quedarme embobado viendo al operario quitando vertiginosamente un papel y poniendo otro a mano mientras él charlaba y la prensa, que parecía una enorme mandíbula de acero,  lanzaba rítmicos bocados que le rozaban la punta de los dedos. Espeluznante. Luego ya se fueron sustituyendo por las máquinas cilíndricas. Ya me he vuelto a dispersar, observo.
   Como mi blog va más de acuarelas que de aceite, no está demás comentar que todas las que ilustran esta entrada se han pintado con pigmentos de Daniel Smith y pinceles de Escoda. Casi todas ellas con papel de Garzapapel.  El verde de los olivos se ha obtenido con Dark Sap green, Perylene green y algunos toques de Jadeite. Cuando se buscan esos grises que son tan propios de los olivos, conviene recuperar los posos de la paleta que, mezclando todos los colores usados previamente, suelen proporcionar un gris verdoso indeterminado que viene al pelo.
   También sería conveniente comentar cuánto cuesta, al menos a mi, parecer descuidado y espontáneo. Cuando en alguna acuarela, como es el caso de la primera, el fondo está resuelto con cuatro brochazos de lo que parece cualquier color, aplicados de cualquier forma, o resumir un olivo al fondo con una sola pincelada, resulta ser lo más arduo y meditado, lo que más me cuesta, lo que más arriesga... Esos toques que parece que se han dado, con perdón, como quien pisa una mierda, escatologíca expresión que suelo utilizar cuando alguien hace algo difícil sin aparente trabajo. A mi me cuesta muchísimo y lleva a la papelera gran parte de los trabajos que inicio.

    Un buen ejercicio es tomar por modelo un cuadro ajeno, reinterpretarlo, tomar los elementos esenciales y eliminar cuanto sea posible, renunciando a los detalles, modificar el color, simplificar las formas... Como se intenta hacer a partir de una foto y de la forma en que los apuntes al natural suelen resultar. El siguiente se ha basado en un cuadro al óleo del pintor Elidon Hoxha.
En mayo de 2102, en otra entrada de mi blog, ya hablaba de estos olivos asombrosos y dibujaba con tinta china este hermoso ejemplar. Para evitar búsquedas a quien pudiera interesarle el tema , me cito a mí mismo:

   [...] Para estudiar los olivos me he estado ilustrando con fotos de los ejemplares milenarios del Maestrazgo, en Castellón, la mayor acumulación mundial de estos monumentos vivientes. Muchos son romanos, como el acueducto de Segovia, y de la misma edad, pero además puedes poner su aceite en la ensalada, lujo asiático que pocos monumentos permiten. Con unos nueve metros de calibre los más viejos, lo que requiere más de 2.000 años de cuidados, en el Territorio del Sénia, donde se juntan Aragón, Valencia y Cataluña, hay censados más de 4000. Un museo viviente inexplicablemente conservado.
   Por haberlo mantenido así, habría que erigir un monumento a los agricultores de la zona, pues gracias a ellos están todavía en pie, a pesar de que un olivo alcanza el máximo de producción a los 65 años, edad de la jubilación humana —al menos lo era hasta la catacumbre actual—. A partir de entonces, cada vez dan menos olivas. Echando cuentas, cuando Jaime I tomó Morella, en 1232, ya estaban hermosos, aunque producían poco, pues ya habría ejemplares de más de mil años, plantados por los fenicios y por los romanos. Cuando Almanzor debían de estar en todo los suyo. Tengo que estudiar mejor este tema.
   Aunque no con esa asombrosa acumulación, hay ejemplares similares en muchos lugares de España. En Cieza, Mallorca, Andalucía... Me estoy acordando de "La vida de Brian". Roma se llevaría mucha plata, todo el oro, aceite, trigo, estaño, junto con algún nativo al que llegó a hacer emperador, bailarinas gaditanas... es decir, todo lo mejor que el terreno de Hispania podía ofrecer. Pero también dejó muchas cosas. Se ha dicho que en España lo que no hizo Carlos III lo habían dejado hecho los romanos. Siempre ha sido así y con la historia no hay que llevar contabilidad. En paz estamos. [...]


viernes, 23 de enero de 2015

Peñíscola, Morella y Sant Mateu. Dibujos y acuarelas

   En esta entrada se muestran algunas las acuarelas, dibujos y apuntes de un viaje a Castellón durante la semana pasada, unos hechos en su lugar, otros ya en casa. Se nota el diferente grado de elaboración. También que la rapidez y la simplificación, a veces, ofrece mejores resultados que la insistencia y la excesiva pulcritud.
   La primera acuarela, un rincón de Sant Mateu, sobre un Garzapapel de 300 gramos con pigmentos de Daniel Smith. Se nota la granulación, especialmente en las zonas en sombra del muro de la derecha. El siguiente paso de mis pruebas será usar estos pigmentos de Primatek que la producen sólo en algunas zonas que necesiten textura y relieve, mientras en otras se busque la suavidad de los de quinacridona, buscando el contraste. Para unas flores irá bien esta diferencia, granulando el fondo. Lo que unos y otros pigmentos mantienen es una transparencia excelente, incluso en las zonas más cargadas.

   La anterior, un pequeño apunte en un block apaisado de Arches, grano fino, una vista de Peñiscola, muralla, castillo del Papa Luna y playa despoblada en estas fechas. Muy pocos pigmentos, pocas pinceladas y poco detalle. Lo que aprendo con estas cosas es que el máximo de transparencia se consigue cuando un tono se ha aplicado con un solo baño, al menos cuando el color no se restriega ni retoca sobre el papel. Esos amasamientos lo estropean todo, los tonos se vuelven turbios, menos transparentes y el resultado final es mucho menos luminoso. Tiene su explicacíon física y química, relacionada con el maltrato de las fibras del papel, la mayor infiltración de las partículas de pigmento y la comprometida reflexión de la blancura del papel. O su falta de ella.  Es esencial, cuando se aplican baños superpuestos, esperar a que se sequen completamente y, además, que el pincel tenga la suavidad máxima para no rascar la capa anterior. Por eso los pinceles de marta o petit gris funcionan mejor en estos casos. Estos pinceles o los de Versátil de Escoda como en estas acuarelas, que tienen la misma suavidad a pesar de ser fibra sintética. Asombrosos.
   Iglesia de Santa Mateu, a partir de una foto tomada a través del cristal de la entrada, pues a las horas en que fui, estaba cerrada. A pesar de que se ha intentado no ser minucioso, contrasta la insistencia y superposición de colores con la limpieza de la anterior. Hace falta tener más valor para aplicar el primer baño con una intensidad suficiente, quedarse corto, como es el caso, lleva a la necesidad de corregir con superposiciones que enturbian los tonos quitándoles luminosidad.
   Es el anterior un dibujo con estilográfica y pincel de agua, en Morella, mientras me tomaba un café sentado en una terraza de esa calle. A pesar de ser enero, hacía una buena temperatura. Las cuestas también ayudan a entrar en calor. Con el pincel de agua se extienden los trazos en los lugares adecuados. en otros, como en el cielo o las sombras de las aceras, mojando el pincel en el tajo de la pluma, una Pilot Art Pen EF.
   Los siguientes dibujos, también pluma con pincel de agua, uno sentado en la orilla de la playa al atardecer, otra vez Peñíscola, donde teníamos mla base de este viaje, el otro en la parte alta del castillo, en la plaza donde se encuentra la iglesia, la estatua del Papa Luna y el faro. Del lugar hicimos varios dibujos y muchas fotografías a distintas horas, con luz diferente.

      Viajar en estas fechas, además hacerlo en días de diario, no en fin de semana como hasta ahora teníamos costumbre y necesidad, permite estar casi solos en estos sitios. Ello unido a la extrema amabilidad de las personas a las que pedimos permiso para acceder en coche hasta donde se puede, en una ciudad llena de cuestas, puertas, recodos y recovecos. Andando me hubiera sido difícil ver tantas cosas. Gracias a las facilidades e indicaciones de la policía municipal y otras personas a las que pedimos información, resultó una estancia muy agradable y productiva los días que en Peñíscola pasamos. Resalto estas circunstancias, porque no siempre es así en otros lugares.

   Las acuarelilla anterior y la siguiente, hechas en el mismo lugar, pero en días diferentes. En el puerto de Peñíscola, mientras salía el pescado frito, que es lo que a la orilla del mar me encanta comer. Ya habíamos hecho una primera cata otro día en la lonja del Grao, en Castellón. Muy buenos los salmonetes.