viernes, 19 de julio de 2019

Acuarelas y dibujos. Julio 2019

   Un par de dibujos con estilográfica y acuarela, dos rincones de Albacete, el Altozano con el Gran Hotel como protagonista y una calle y plaza de Francisco Pizarro con la torre de la iglesia de Fátima al fondo. Siempre me ha parecido un  minarete. Una vez acabados, este tipo de dibujos, sugieren más información, más dibujo, del que realmente tienen, pues las líneas son rápidas, poco precisas y son las manchas de color las que acaban dando al conjunto volumen y cierto realismo.
   Los materirales son los habituales, tinta negra indeleble en la estilográfica y acuarelas de Daniel Smith. El papel es de Windsor & Newton, satinado.

    De las encinas centenarias de La Mejorada, en Alpera (Albacete) tengo cientos de fotos y de vez en cuando vuelvo a alguna de ellas. Una acuarela con muy pocos colores, sobre papel de acurela satinado. Se han usado un ocre amarillo, índigo y cerúleo, siena tostada y sodalita, un azul oscuro similar al índigo. Por tanto los verdes son mezclas. el tono final de mis acuarelas casi siempre viene determinado por los azules que en cada caso se utilizan.

   Vienen ahora cuatro acuarelas sobre fotos de Bienservida, fotos de hace un par de años por sus alrededores, llenos de montañas, olivos, pinos, retamas, encinas y otros árboles, muchos de ellos ya talludos. Jugando con los contrastes de color, con las lejanías violáceas y con los verdes.
    En el olivo anterior y en los siguientes se ha tratado el color del ramaje, ese verde gris, plata a veces, propio de los olivos. Para ello se ha utilizado el azul de lapislázuli de Daniel Smith, con su tono agrisado y muy granular.
    Como digo, también por Bienservida, este acantilado jugando con los contrastes de colores cálidos y fríos, verdes de sodalita y sombras de sodalita o de amatista.
   Del amigo Vilaboa, de vez en cuando no puedo resistirme a pintar alguna de sus fotos, siempre atrayentes y a veces misteriosas. Las fotos de Vilaboa tienen la ventaja de sacarme de mi entorno habitual, manchego y levantino, llevándome a las brumas y humedades de Galicia. Además esas fotos dejan poco que decidir pues sus encuadres ya son perfectos. De él son las dos siguientes y para él mi agradecimiento por permitirme con gran generosidad utilizarlas para mis acuarelas.
   Por último una acuarela casi imaginaria en la que combino un cielo nuboso al atardecer con unos típicos árboles desnudos a contraluz.

martes, 9 de julio de 2019

Acuarelas y dibujos - Junio 2019

    Entre las acuarelas y dibujos del mes de julio hay algunos dedicados a calles y rincones de Albacete. Sobre la técnica utilizada, así como los materiales, poco hay que comentar, pues son los habituales. Últimamente me decanto por papeles satinados, de Arches, Windsor & Newton o Saunders Waterford. Tengo que reponer Garzapapel, que sólo tengo ya en formatos grandes, que no utilizo a menudo. Los pinceles habituales son los de Escoda, de tamaños y fibras diferentes, desde marta y petit gris a sintéticos de las series Perla o Versátil. Los pigmentos, salvo excepciones siguen siendo los de Daniel Smith, especialmente cinco o seis colores que siempre aparecen: lapislázuli, verde de jade, violeta amatista, azul oscuro de sodalita o lunar black. El azul ultramar o el siena tostada desde antiguo suelen ser de Van Gogh, y el cerúleo o el cobalto de Windsor & Newton, algunas veces un cerúleo de Daniel Smith, de los que tengo dos diferentes. Cada vez más empleo el azul índigo, aunque siempre buscando uno que sea puero, pues en casi todas las marcas, incluso las mejores, suele llevar negro en su mezcla. Para hacerlo a base de Indanatrone o Prusia más negro, ya me lo hago yo. Como algunas tierras, el índigo suele ser de Kremer. 

   
Igualmente ocurre con las tintas, que nunca dejo de utilizar, en cuadernos principalmente, con estilográfica y pindel de agua, aunque en casa puedo recurrir al tintero y diluir la tinta más a gusto, como en el dibujo siguiente sobre un concierto de una banda en el templete de un parque, en este caso el de Abelardo Sánchez.
   También este olivo con estilográfica y pincel de agua. Una tinta negra de E.E. Babb, antigua, pero que funciona bien con la pluma. Un ligero tono azulado, con muy buenos grises, suaves y transparentes.
   A continuación unas probaturas con una cosa nueva para mí. Se trata de pasta de papel, un producto que Daniel Smith comercuializa con el nombre de Watercolor ground. Teóricamente su utilidad es dar una capa de papel de acuarela en cualquier superficie, incluso metal o vidrio, para poder pintar con acuarela encima. Lo compré para tres cosas: para correcciones, como blanco cubriente y como elemento que pudiera ayudar a conseguir relieve y textura.
    En estas acuarelas vemos cómo lo he utilizado para lo último, conseguir resaltar las texturas en árboles, suelos, incluso dar relieve a nubes u otros elementos. Empecé tímidamente y me he ido animando, hasta llegar a algo que parece pintado con óleo. Como todos los recursos, algo para utilizar con medida, sólo en determinadas ocasiones, sin abusar. Puede ser muy útil. En estas acuarelas se ve el efecto, incluso en algunas ampliaciones que permiten ver el detalle.

miércoles, 5 de junio de 2019

Denia - Mayo 2019


     El castillo de Denia es inmenso y visto desde cualquier lugar da tema para pintar. En este caso es una acuarela que he hecho ya en casa. El papel es satinado, de Arches y los colores y pinceles, los de costumbre, de Daniel Smith y de Escoda. 
     Llevo un par de días haciendo probaturas con pasta de papel para dar relieve y textura a las acuarelas. En principio se me ocurrió que para los troncos de los árboles iría bien, pues permite aplicar la pasta y hacer rayaduras antes de que se haga de una pieza. Luego, al usar la acuarela, sobre todo si es un pigmento que sedimenta mucho, el color se deposita en unos lugares y se frena en otros, con lo que se resaltan esas líneas que antes habíamos hecho. Visto con luz lateral, como en la foto, parecen pinceladas con óleo y mucha carga.
   Como una cosa lleva a otra, resulta que acabamos haciendo una acuarela con textura de óleo, aprovechando una foto del castillo de Denia. No sé si merece la pena o si, ya puestos, convendría usar óleo directamente. Hace mil años que prefiero la acuarela, por su transparencia, por lo sencillo de los materiales, por usar papel como soporte, por lo fácil de la limpieza y por que no me gusta como huele el aguarrás. Como experimento está bien. Seguramente seguiré utilizando el sistema para los árboles, intentando depurar esa técnica, pero no descarto volver a trabajar más en serio este sistema al que he llegado de casualidad. Por lo pronto me gusta, sobre todo porque invita a dar otra clase de pinceladas y trabajar con manchas y poco detalle. Veremos.   

      Los amaneceres y las puestas de sol desde este lugar de la costa son espectaculares. Una acuarela sobre Arches satinado y con colores de Daniel Smith.

   En la entrada de la casa, pegada al muro y con el mar al fondo, una maceta con unos cactus en flor. Papel Arches satinado y pigmentos Daniel Smtih.

    Ya son tres años seguidos que por las mismas fechas, finales de mayo o principios de junio, pasamos unos días en Denia. Para llegar a Denia, o bien a la vuelta, suele haber paradas en Altea, Benidorm o Calpe, que es difícil pasar de largo. Una casa en la misma orilla del mar, con una terraza donde pasar las horas viendo amanecer o ponerse el sol. Llegar y salir los barcos de Balearia, otros más pequeños de pesca a media tarde, seguir con la vista a los pájaros buceando dando curvas vertiginosas persiguiendo pececillos que mucho abundan por allí. A veces les echamos pan y acuden a docenas bullendo a su alrededor y empujando la sopa de aquí para allá, compitiendo con algún cangrejo que aparece de entre las rocas. Algunos de estos cangrejos son enormes; los peces no suelen tener gran tamaño, al menos los que ser acercan tanto a la orilla.
    Siempre es una tentación intentar pintar o dibujar la transparencia del agua, las rocas del fondo y las plantas de colores brillantes, como las rocas, rojizas, blancas, ocres, con sombras fuertes a estas horas.
    También una acuarelilla con un barco de los muchos que pasan por allí, ya al atardecer.

        Es buena costumbre comer en el puerto de Calpe, con el peñón enfrente. Rara es la vez que no sacamos el cuaderno para dibujarlo de nuevo. Al menos hacerle alguna foto para pintarlo después con más calma.
    Como es el caso de esta acuarela sobre Altea. De las muchas fotos que hemos hecho allí, vuelvo ahora a pintar ese rincón, uno de los muchos que podemos encontrar en sus calles.

domingo, 2 de junio de 2019

5 Árboles mayo 2019

    Cinco árboles. Cuatro de mayo y uno de junio, recién terminado. Este último es la acuarela anterior, un hermoso y antiguo olivo de Ulldecona. Sobre un papel Fabriano (36x50 cm) que ya tengo bastante tiempo, con una textura tramada como una tela de óleo. Lamento que se termine ese block, porque seguramente sea un papel que ya no pueda reponer y me gusta mucho.
     Con pigmentos de Daniel Smith, más unos toques de blanco muy espeso y dos pinceles de Escoda. Uno de ellos de petit gris del 12, de un mechón largo y asimétrico, ancho pero afilado y otro, un rigger Versátil del 2 para las ramas más finas.
     Además de la propia textura del papel y la que proporcionan algunos de los pigmentos, como el lunar black, se ha resaltado con pinceladas rápidas y casi secas y con algunas líneas finas sugiriendo las grietas y relieves, sin entrar en demasiado detalle.
     Las hojas prácticamente se han pintado con azules, lapislázuli, sólo o mezclado con amarillo, y con índigo o cerúleo. El tronco, mezclas de siena tostada con ultramar o con lunar black. Y poco más.
   La anterior acuarela, unos troncos de Quercus rotundifolia, carrasca o encina para los amigos. El papel de de Garzapapel, los pigmentos de Daniel Smith y los pinceles de Escoda. Ya casi sobra decirlo. el marrón es siena tostada con ultramar o Hematita. Las sombras con amatista y algo de ultramar. Las hojas con sap green, jadeída y toques de gold de quinacridona. A veces se sombrean con algo de amatista. Las texturas, pinceladas muy secas y rápidas de hematita o lunar black,
    La anterior acuarela, también sobre Garapapel, un tronco de pino trabajando las texturas con pincel despeluchado, de esos chinos de caligrafía. en este caso, los verdes llevan mezcla de turquesa, lo que se acerca al viridian o al esmeralda. Toques de cobaklto. El tronco a base de azules y gris neutro, con meclas de un marrón parecido al rojo de Venecia.
   Una vista parcial, muy parcial, de un álamo inmenso cuando está sin hojas. este árbol lo he pintado en primavera, verano, otoño e invierno, casi siempre a trozos porque es inmenso. Se encuentra en la Casa Gil, en Alpera (Albacete) y aparece en las guías de árboles singulares de Albacete y de Castilla-La Mancha. Se lo merece el abuelo.
    Papel satinado de Arches, de forma que la textura hay que hacerla a base de pigmentos que granulen, trazos con pincvel seco y unos toques finales de lápiz blanco graso. Se juega mucho con el color, diferente según las zonas del árbol. Son los colores que uso habitualmente: siena, ultramar, amatista y verde de jade. El cielo cerúleo y cobalto.

    Por último, un árbol de Aranjuez, de una foto propia de hace unos años. Desde luego la foto y el viaje ya los he amortizado porque este árbol y algún otro de allí los he pintado muchas veces. tanto con traje de verano como de otoño.
    En este caso estaba de estrena con una tinta de nogal de Daniel Smith. Vale tanto para caligrafía como para dibujar, con un tono cálido y bastante transparente. Para contrastar, realzo las sombras con una tinta muy especial. Ya la he usado y comentado otras veces. La compré en ebay hace unos años, unos cubiletes con cristales para hacer media pinta con cada uno de ellos. Aparece en el catálogo de la casa E.E. Babb de 1899. No sé durante cuánto tiempo la siguieron fabricando, pero posiblemente tenga un siglo. Funciona bien incluso con estilográfica. Me encanta porque es muy fluida, transparente y algo azulada al disolverla con agua en el dibujo. Con la calidez de la nogalina se lleva bien.
    El dibujo se hace sobre un papel crema verjurado, DIN-A4, con plumilla flexible, una Gillott 303, y luego se extiende con pincel. Se van reforzando algunas zonas de sombra y sugiriendo algunos detalles, a veces en seco, otras aprovechando la humedad del papel. Por fin se añaden las sombras mas fuertes con este negro azulado. Cuando se usa sin disolver la tinta es negra.

viernes, 3 de mayo de 2019

Acuarelas primaverales

   Con los viajes, las lluvias y demás, las acuarelas que he ido haciendo en estas últimas semanas se han quedado en el tintero. En esta entrada se recopilan algunas de ellas, unas desde febrero, otra, la primera, de esta misma mañana.
    Estos linces ibéricos asomados a unas peñas dan ocasión a probar las texturas y los pigmentos que habitualmente utilizo para los troncos de los árboles. Prácticamente toda la rugosidad, salvo algunos salpicados, sale de la fragmentación de los pigmentos, pues al ultramar y al siena tostada le añado lunar black, sodalita y amatista, según zonas. Los linces, el blanco del papel y siena tostada, con sombras del siena mezclado con el ultramar. Estos pigmentos de Primatek granulan mucho y para estas cosas vienen bien.
   El lunar black, un pigmento de magnetita, mezclado con cualquier color, produce esas texturas granuladas, y se puede ir inclinando el papel para que las particulas se posen en el grano del papel en las zonas que mejor nos venga, llegando a formarse ondas marmoleadas si ponemos bastante agua. Es el mismo pigmento que vende Kremer en pastilla y que ahora igual, o muy similar pues es más cálido, ha empezado a comercializar Van Gogh con el nombre comercial de negro óxido. En lugar de quedar el fondo blanco en las zonas donde no se depositan las partículas, más finas en Van Gogh que en Daniel Smith, queda ligeramente tintado de marrón claro. Es similar en todo menos en el precio, mucho más barato Van Gogh. De todas formas es un color que sólo se utiliza en pequeñas dosis con lo que dura una eternidad.

    De un viaje rápido a Alicante, aprovechando que eran los días de más tráfico por la semana santa y que llovía a mares, que parece que nos gustan los peligros, unos montes por Castalla, en la ruta por Alcoy hacia Alicante, brumosos por la cortina de agua que caía, escena que me traigo en la cabeza para pintarla en casa al llegar. Los colores de costumbre, azul oscuro de sodalita, verde de jade y lunar black. Algunos toques de azul cerúleo. lo de los peligros, desde luego no buscados, no es una exageración. El coche parace que circulaba a un palmo de la carretera entre la lluvia y el viento intenso. De hecho vimos un accidente y en otro momento un coche nos hizo un trompo en una rotonda que no nos dio por un pelímetro. Como en la fórmula 1.

   Un cielo nuboso sobre unas viñas. Las nubes salen de mezclas de índigo con carmín de alizarina, como los clásicos. Este azul serio va muy bien a veces. Sienas para los tonos cálidos de la cercanía. Esta acuarela sale de unas fotos de un anochecer por Daimiel.
    Desde el cabo de la Nao en Jávea, una vista de esa costa tan hermosa que asoma entre los pinos. No sé cómo me las arreglo, pero siempre acabo pintando árboles.
   Llegada la primavera volvemos a pintar flores. La anterior es el rincón de mi mesa con las ventanas que dan a la calle y al balcón. Cintas, pensamientos, orquídeas, violeta africana, papiros, calas, cóleos y algún cactus. El fondo azul cerúleo, los verdes jade y sap green. Sombras de sodalita y amatista. Voy a tener que sacar algunas de aquí que me invaden la mesa. Algunas las planté hace unos meses y van invadiendo el espacio, bien cuidadas por tenerlas tan a mano, el sol de la ventana y un radiador al lado. Las orquídeas sin flor, caída una que compré hace unas semanas y la otra que ya tiene cinco años y que por primera vez, no ha florecido. Misterios de la naturaleza.
   Dos vistas de una acuarela sobre pensamientos en una maceta orientalizante, pura invencion, siguiendo la técnica para pintar cacharros de Geoffrey Wyne que ya he contado en varias ocasiones. Lo que sí existe, además de los pensamientos es la mesa y ese tapete de ganchillo que hizo mi madre. También el gato. Esta acuarela ya tiene casa. Una buena casa de unos buenos amigos, dueños del gato.
    Una vista de las cimas de la sierra del Segura, en Albacete, hecha a partir de una foto de unos amigos, pues hace tiempo que no puedo llegar tan alto andando. Ni mucho menos, para qué nos vamos a engañar. Para las montañas del fondo recurro al lavanda.

miércoles, 10 de abril de 2019

Dibujando entre palmeras. Elche 2019


    Un año más en Elche, dibujando entre palmeras, que es como se llama el encuentro de cuadernistas que allí se celebra este año en su quinta edición. Organizado por Cuadernos Viajeros, como en años anteriores acudimos varios miembros de Ladrones de Cuadernos procedentes de varios rincones de España. Cuando volvemos año tras año por algo será. Siempre hace buen tiempo, si por ello se entiende que hace sol y buena temperatura, aunque después de tantos meses sin llover los agricultores y yo, entre otros, agradecemos la lluvia que a ratos nos acompaña en esta ocasión. Al momento, el cielo volvía a lucir como en esa foto con azules de Elche.  Como la mayoría somos acuarelistas, el agua tampoco viene mal, las calles se llenan de reflejos que duplican la belleza del lugar, las palmeras brillan, los campos y los jardines se riegan y toca tomarse un café o un pacharán a cubierto.
   Tras la acreditación habitual en la Calahorra, primer encuentro con los amigos de Elche, hacemos el primer dibujo, ya bajo techado pues caen unas gotas. Ello nos permite dibujar un entorno ya conocido y dibujado, hoy con un color y unos reflejos inéditos. Como es costumbre no dejamos de añadir en el encuadre uno de los árboles de esta amplia plaza, amenizada por paseantes bajo el paraguas, eligiendo colores menos brillantes que en ocasiones anteriores. Allí, mientras dibujamos en el cuaderno, vamos viendo llegar a antiguos amigos que vienen desde Barcelona, El Escorial, de Ciudad Real, Madrid y de otros lugares. Gran alegría al verlos, tras preguntarnos por otros de Valencia, Zaragoza, Huesca o Asturias que en esta ocasión no han podido venir. Nos veremos en El Escorial, próximo encuentro.
    Cada uno con su gavilla de cuadernos, llenos y a medio, sus docenas de plumas y rotuladores, sus cajitas de acuarelas de todos los tipos y tamaños y, sobre todo, sus distintas formas de hacer. A lo largo de todo el encuentro es un continuo trasiego de cuadernos, viendo las maravillas que en ellos se hacen, algunas verdaderamente asombrosas. Unas rápidas, otras morosas, serias o coloridas, de tamaños distintos, a hoja completa o mosaicos de pequeños dibujos rodeados de arduas explicaciones y recuerdos caligrafiados, presentados por rótulos elaborados que a veces recuerdan manuscritos miniados con su capitulares, sus grafías y sus sorprendentes ilustraciones. Paisajes, edificios, personas, pueblos y ciudades, montañas y valles, árboles y flores, bares y catedrales llenan esas páginas. A veces se pegan hojas secas de flores o árboles, sellos, entradas o tikets, se estampan sellos de las estaciones de cada personal camino de Santiago. Sin duda es uno de los mayores placeres de estos encuentros. Se disfruta y se aprende, se comenta y se comparte, se habla y se escucha, se mira y se muestra. En fin, sólo por eso merecería la pena acudir a estos encuentros.
   La verdad es que también se come y se bebe, pues nunca perdonamos los calamares ni el pacharán. Miles de cortados, algunas cervezas y montaditos, y una comida de hermandad, multitudinaria en esta ocasión, que da la oportunidad de conocer y conversar con otras personas con las que no habías coincidido con anterioridad. Dada mi vida monacal, agradezco mucho estas conversaciones que te permiten conocer a personas de otros lugares y de otras profesiones, con otros intereses y otros conocimientos. Estas charletas a veces llevan a temas inusuales e inesperados, a lugares e historias sorprendentes. Junto a los cuadernos es otro de los encantos de estas juntas.
    El año pasado estuvimos en el Raval, antiguo barrio árabe que hace poco cumplió 750 años. Desde 1265 era el barrio de la morería, hasta 1526 cuando la conversión forzosa de los moriscos que lo habitaban, lo que le da un carácter especial al barrio, especialmente por el trazado de las calles, laberíntico como solía ser. Merodeo por la zona en el coche, sin  encontrar un lugar donde dejarlo. Hacemos unas fotos y buscando sitio más despedado vamos al mercado cruzando uno de los puentes que llevan a la otra parte del cauce del Vinalopó que sólo cuando hay grandes lluvias lleva agua. Cuando no, lleva dibujos, kilómetros de ellos.

     Paramos cerca del mercado, donde compramos salazones y algas. Hacemos un dibujo y acabamos en la terraza de un bar desde donde bajo un cielo soleado, tomando una cerveza, hacemos otro dibujo de ese puente, el cauce y los árboles que alli alcanzan una altura notable.
    Mi buen amigo Joshemari Larrañaga me regala un dibujo que hace en uno de mis cuadernos. De pie en medio de la plaza, mientras caen algunas gotas, lo hace a una veclocidad que no les da tiempo a caer sobre el dibujo. Luego, si alguna cae, la aprovecha para extender la tinta de algunas líneas para sacar unas sombras.
     Bajo la sombrilla de una cafetería hacemos un esbozo a lápiz de la portada de este convento que al año pasado pintamos por dentro. En todos los dibujos colocamos los cuños del Encuentro, para el recuerdo.
    Ya el domingo por la mañana, después de desayunar tras la Calahorra, frente a esa hermosa pared tapizada por un jardín colgante, se cuelgan algunos de los dibujos y cuadernos en una colada sujeta con pinzas que siempre dibujo. Es ocasión aprovechada para ver con detenimiento algunos otros cuadernos, verdaderas joyas. Cuestión de tomar nota de blogs y paginas personales para seguir disfrutando de la producción de algunos amigos, unos antiguos, otros nuevos. Ya antes lo habíamos venido haciendo, como es el caso del libro recién publicado por Joaquín González Dorao sobre su último viaje a Argentina. Como los anteriores, el libro será hermoso, pero ver el original y tenerlo en las manos es algo impagable. Terminamos con la tradicional foto de familia.


   Es hora de ir volviendo cada uno a su sitio, que a veces está lejos. Nos quedamos a comer con un pequeño grupo de amigos y amigas, y allí nos despedimos de ellos, entre los que están quienes nos invitaron la primera vez, Juan Llorens y Ramón Sempere. Por ellos, por Dolça, Blasco y por otros, tantos que sería largo nombrarlos a todos, no hemos dejado de regresar a Elche.