jueves, 18 de septiembre de 2014

Pinceles Versátil de Escoda - Escoda Brushes - Acuarela


   Los habituales de mi blog ya saben que soy un catacaldos, que me gusta probarlo todo y que mi afición por plumillas, tintas, papeles, pinceles y demás instrumentos de dibujo y escritura linda con lo enfermizo, siendo una de las causas de mi ruina.
    No es de extrañar, pues, que tenga varias gavillas de pinceles de las más variadas marcas, formas, tamaños y procedencias. Cada pincel es diferente, ninguno está demás y nunca tendremos suficientes.
     Dicho esto, resulta que uno comprueba que, catas aparte, al final vuelves a tus papeles, colores, tintas y pinceles de siempre, aquellos que te ayudan, que te hacen fácil el trabajo y que, lo que es esencial, suman en lugar de restar al resultado final. Una buena herramienta debe ser dócil, previsible, fiable, duradera, y de la máxima calidad que uno pueda permitirse. Sería lamentable que si un día las Musas se acuerdan de nosotros nos pillaran pintando sobre el reverso de un almanaque, con malos pigmentos y con un pincel penoso. Hay que estar siempre prevenido por si las musas se dan a vistas. Yo no puedo escribir una novela en la parte de atrás de un mazo de facturas. Antonio Gala puede, pero yo  no. Tampoco podría escribirla en una mazmorra como Cervantes, pero por eso, entre otras cosas, era Cervantes.
    Los más antiguos pinceles que conservo, además en buen uso, son dos de Escoda de marta kolinsky. Uno del 8 y otro del 10. Vergüenza me da decir los años que están en mis manos. Ahora tengo además uno nuevecito del 12. Una acuarela que hice con el 8, el primero que compré, está fechada en 1980. Cierto es que ha perdido algo de punta, porque mi inexperiencia permitió que lo frotara con frecuencia contra unas acuarelas en pastilla que, por su uso poco habitual, eran un verdadero papel de lija. Por eso me compré unos años después otro del 10. Entonces esos tamaños eran bastante gruesos para mi. Luego ha habido que ir añadiendo otros de mayor tamaño, vacuna contra el exceso de detalle y capaces de pintar un cielo en tres brochazos. En la siguiente foto se ven algunos de mis Escodas.
   Lo más peliagudo, palabra que viene al pelo, es comprar un pincelazo de marta del 24. Una fortuna y dos martas sin rabo. Recurrimos a los de petit gris, de esos atados con un alambre. Toman muchísima agua y pigmento, son suaves y sedosos, algunos puntean, pero carecen de nervio. Como le ocurre a los pinceles chinos, se quedan en la última pose adoptada, lo que puede ser útil para la forma china de pintar hojas y flores, aprovechando las insólitas formas que va adoptando el mechón. Además está lo del alambre. El agua se mete por dentro del plástico que envuelve el mechón, se mancha la madera, se moja, se estropea, se le cae el barniz... Hay a quienes eso de la igual. A mi no y a las ardillas creo que tampoco.
   La acuarela necesita un pincel suave, que acaricie el papel. Si se pasa sobre una capa ya pintada, incluso húmeda, debe ser tan poco abrasivo y sutil que no la levante y se la lleve puesta. Debe almacenar mucha agua y pigmento, algo esencial, sobre todo cuando el formato de la pintura aumenta. Aunque sea un formato pequeño, la acuarela necesita agua, no tanta como algunos piden, que más parecen regantes, pero no obligarte continuamente a recargar el pincel, incluso volver a buscar la misma mezcla... Hasta las líneas finas salen mejor con un pincel, si no grueso, al menos largo de mechón, para que almacene suficiente pigmento. En fin, no todos los pinceles son adecuados para este arte exigente y particular.
   El tema del precio hace que miremos hacia las fibras artificiales. También otras consideraciones, no poco relevantes, sobre de dónde salen esos pelos maravillosos de ciertos pinceles de fibra natural. No falta mucho tiempo para que algunos de estos pinceles escaseen, y que comparlos y utilizarlos sea visto con la misma simpatía que quien sale a la calle forrado de cadáveres de zorro o de visón.
    Hace bastantes años leía en Hispacuarela las prolijas y detalladas explicaciones de Josep Escoda sobre la construcción de pinceles, los experimentos y búsquedas de fibras artificiales que fueran sustituyendo a las naturales, por los motivos mencionados. No es de ahora la cosa, pues. He ido probando estos años todas esas fibras, me falta la Toray blanca, que dicen que resulta ser la más suave de todas, y cada día se han ido superando. La suavidad, la punta, la respuesta, la duración... Cada vez más difícil distinguirlas de las naturales. El único problema siempre ha sido su menor capacidad para retener líquido, aunque las fibras que conocía de Escoda pasan holgadamente dicha prueba. Los pinceles de Sabadell, ellos sabrán cómo lo hacen, duran una eternidad, y sean de lo que sean tienen una punta afiladísima, que además conservan con el tiempo, nunca se les cae un pelo ni termina la virola por tomar holgura con el mango de madera. Además son hermosos, construidos por gente que se nota que disfruta haciéndolos.
   Lo de soltar pelos no va de broma. Los pinceles chinos, —y digo los que utilizan los pintores chinos, no los que venden en las tiendas de chinos, que eso no merece ser llamado pincel—, son suaves y afilados, con un comportamiento parecido al petit gris. Sin embargo, una vez terminada la acuarela, hay que depilarla a conciencia, pues se queda medio pincel viviendo en el paisaje que acabas de pintar. Con los hake anchos ocurre igual con demasiada frecuencia.
   Los Escoda de la serie Último, imitación de petit gris, tienen muchas de sus cualidades, especialmente la de retener mucho líquido, aunque tienen más nervio y respuesta que los naturales. A cambio, son ligeramente más duros. Para ciertos temas y algunas formas de pintar, retirando pigmento para abrir blancos, son insuperables. No es de extrañar que Cembranelli les preste su nombre, pues utiliza mucho ese recurso. También usa otros planos de la serie Tendo, que no he probado. Viendo sus vídeos se nota que absorbe mucha pintura, puesto que es capaz de retirarla del papel mojado, abriendo unos blancos perfectos para sus flores.
   Los de la serie Versátil han sido toda una sorpresa para mi. Empecé con dos, uno redondo del número 10 y otro del 6, de mechón largo, ideal como rigger, para detalles, largos trazos finos, firmas y demás. Hace un par de semanas compré otros tres: uno plano de 1 pulgada, otro redondo del 18 y uno de bolsillo del 12. La primera de las acuarelas se ha pintado íntegramente con ese pincel de bolsillo, una joya.
   No sé si será posible que una fibra artificial se asemeje más a la marta. Hay que tener en cuenta que el mechón está formado por fibras de diferentes grosores y, por las variaciones de color, tal vez también tipos de fibra. Es un experimantado blended, un adecuado coupage como en los buenos cavas, pero hecho con pelos. Tienen todas las virtudes de esos pinceles de marta que vienen a sustituir, a un precio verdaderamente asequible. La punta es marca de la casa, como el acabado y los materiales utilizados en su manufactura. Seguramente ya no tenga que reponerlos, dada mi avanzada edad y lo que me han durado los que tengo de Escoda.

   Esta otra acuarela anterior, sobre Guadalest, se ha pintado con dos Versátil: redondo del 10 y largo del 6, para detalles y ramas de los árboles. Los verdes siempre incluyen jadeite en su mezcla, y en las zonas a las que quiero añadir textura, suelo recurrir a Sodalite, un azul casi negro, unos pigmentos de la serie Primatek de Daniel Smith, que se han hecho también insustituibles para mi. Igual que algunos azules y tierras de esa marca.
   Para los efectos de las rocas, la rugosidad de un trazo rápido con un pincel plano y con poca agua, se ha usado la paleta de 1 pulgada de la serie Versátil. También para el cielo y los lienzos de las paredes. Con su canto afilado salen rectas para ramas, tejados y ventanas. Lo demás con el redondo Versátil del 18 y el de bolsillo del 12. Parece que, para los formatos habituales en mi, esos son los tamaños adecuado, pues creo que siempre hay que utilizar un pincel del mayor grosor posible en cada situación. La punta de estos pinceles lo permite.
   En resumen, no creo que haya nada que con estas fibras no pueda pintarse a gusto. Si te gusta utilizar pinceles de marta, estos de la serie Versátil es una sabia elección. Por su precio y por sus características. Sin duda uno de los mejores pinceles que actualmente ofrece el mercado.

lunes, 25 de agosto de 2014

PALETA BÁSICA I - Acuarelas - Watercolor

   Si somos estrictos, la paleta básica podría estar compuesta por solo tres colores, los tres primarios: amarillo, magenta y cián, es decir y en su defecto, un amarillo , un rojo y un azul, procurando que, dentro de lo posible, sean colores neutros, sin mezclas de otros colores, pues un rojo demasiado cálido, que ya incorpora amarillo, nos dificultaría obtener, mezclado con azul, un violeta razonable o, de igual forma, un azul con demasiada tendencia al rojo o al morado, desvirtuarían los verdes que podemos obtener al mezclarlo con amarillo. Si el amarillo ya tiene un punto de rojo o de azul, como sucede respectivamente con los amarillos oscuros o limón, dificultará que el rojo que salga al mezclarlo con magenta sea adecuado.
    Decir que el naranja sale de añadir amarillo al rojo, el verde de la mezcla del azul on el amarillo y el morado de la combinación del rojo con el azul, resultará casi ofensivo para el lector, pero hay que nombrar paso a paso los complementarios que obtenemos de la mezcla de primarios, antes de decir que con esos seis colores de los que ahora diosponemos, podemos obtener colores terciarios, quebrados, con una teórica infinidad de tonos y matices.

  Como ya se ha sugerido, la elección inicial de nuestros primarios va a determinar el resultado de sus combinaciones, cosa más que lógica. Por ello, se muestran tres pruebas de los resultados de las mezclas ya apuntadas partiendo de un amarillo, azul y rojo diferentes.
 
    La primera de las acuarelas de esta entrada se ha pintado con esos únicos tres colores, pues mezclando un naranja con algo de verde obtenemos tonos marrones, que calentamos con rojo o enfriamos con azul. Mezclando los otros dos secundarios, el morado y el verde, obtenemos una amplia gama de tonos neutros, llegando a un gris bastante razonable, cosa que todos sabemos viendo el resultado de la mezcla de todos los colores al fondo de nuestro vaso del agua: un gris con tendencia al tono predominante en la acuarela en la que estamos trabajando. La mezcla del marrón con azul es especialmente agradecida para sombras y fondos, haciendo brillar a los colores más puros que ponemos a su lado.
   Esta otra acuarela ha necesitado más colores. Se ha usado el ultramar y el cerúleo como azules, un viloleta ultramar para las montañas lejanas y las sombras, tanto de las ramas de los árboles como en el suelo, el amarillo de aureolina y un ocre dorado, en este caso quinacridona oro, el siena tostado, mezclado en el cielo con el cerúleo o en los troncos de los árboles y algunas zonas del suelo. Se oscurece con el azul ultramar. Los verdes se han obtenido con mezclas de los colores anteriores, pero se ha recurrido para los tonos verde más brillantes a jadeita y silverine de Daniel Smith, tanto por su tono como por su granulación. Podría haber sido verde esmeralda. Total: 8 colores, aunque básicamente la acuarela está resuelta en su mayor parte por mezclas de los tres primarios. Tanto en la primera como en esta segunda acuarela, esta austeridad es lo que le da cierta armonía y coherencia al color.

    En la acuarela hay que tener siempre en mente que la más alta intensidad de la luz es el blanco del papel. Cada capa de color que añadimos resta luminosidad y transparencia al resultado final. Cuantos más colores mezclemos para obtener el tono deseado, más oscuro, menos brillante y transparente será. El resultado puede eliminar totalmente el inicial brillo del papel, quedando un color turbio, opaco. En inglés le llaman "mud", (lodo, barro, fango), es decir enfangado, enlodado.
   Por eso convendría ser capaces de aplicar a la primera el color adecuado en la intensidad idónea. Se dice muy pronto pero, al menos a mi, me resulta muy difícil. Nuestra vista percibe infinitos tonos, matices y valores que nosotros intentamos sugerir con los pigmentos disponibles, disueltos en la cantidad de agua conveniente y siendo el papel el máximo de luz posible. Cuando empezamos a valorar los distintos elementos de nuestra composición, yendo de claro a oscuro no es raro que cuando vamos por lo que la naturaleza nos muestra como un valor medio hayamos requerido ya toda nuestra artillería. ¿Cómo pintamos lo que aún es naturalmente más oscuro en nuestro modelo o intención? Es el momento de cargar las tintas y arruinar completamente nuestra acuarela recurriendo a tonos y mezclas excesivamente espesos, cubrientes y opacos. Ya tenemos el mud. Otra manera de obtenerlo es la inversa. Quedarse corto en las primeras zonas pintadas, teniendo que volver sobre ellas y oscurecerlas a costa de brillo y transparencia.
   Un color sólo cuando se sitúa al lado de otro muestra su verdadera valoración tonal. Añadiendo a esto el hecho de que los tonos se aclaran cuando se secan, se añade inquietud al proceso. La práctica continuada es la única manera de no estar continuamente desagradablemente sorprendido por los resultados que obtenemos.
    Y ¿que tiene esto que ver con la paleta y los pigmentos usados? Pues mucho, pues cuando se trabaja con pocos colores, siempre los mismos, acaba uno conociendo sus posibilidades: cómo mezclarlos, qué colores y matices se obtendrán, acertar con el valor tonal adecuado.... Dominar las posibilidades del azul ultramar con el siena tostado, por poner un caso, ya es un avance gigantesco. Con esos dos colores se puede pintar una acuarela casi en su totalidad, como en la que se muestra a continuación. Algunos detalles podrían haberse presentado en otros colores, pero para la mayor parte del tema basta con las mil y una variaciones sutiles de  la mezcla entre siena tostada y ultramar.. Tomando otros dos ocurre igual. Cuando dominemos unos pocos colores y sus casi infinitas posibilidades de mezcla, ya estamos al cabo de la calle.
   ¿Quiere esto decir que pintemos cualquier tema, sea el que sea, siempre con los mismos colores? No. No basta con tener una paleta de tres colores, ni de seis, ni de ocho. Pero siempre, en una acuarela concreta, deberíamos utilizar el mínimo de pigmentos diferentes que nuestra ciencia y el tema a pintar nos permita. Eso dará armonía, coherencia y solidez a nuestras acuarelas. Tal cosa parece estar en contradicción con la recomendación sobre cómo evitar enfangar el papel. Si tenemos docenas de colores parecería una opción razonable utilizar cuantos más de ellos mejor, lo que evitaría mezclas y pérdida de transparencia al utilizar coolores de un solo pigmento. En primer luagr, tal y como salen del tubo, pocos colores pueden ser usados para zonas amplias, y suelen resultar enriquecidos con el matiz que añade la sutil adición de otro tono. En segundo lugar, si pintamos un paisaje con mucha vegetación, utilicemos seis o siete verdes distintos y desengañémonos por nosotros mismos ante el catálogo de Tintalux obtenido. Eso sin contar con que hay menos verdes en un paisaje de los que la inexperiencia interpreta. Muchos más ocres, grises y colores terciarios que luminosos verdes primaverales cuyo encaje adecuado en una acuarela entra dentro del terreno de lo milagroso.

lunes, 28 de julio de 2014

Últimos dibujos con tintas


   Cuando voy a publicar esta nueva entrada, observo asombrado que en mi blog hemos pasado de las 500.000 páginas visitadas. Me resulta asombroso y muy gratificante. Muchísimas gracias por vuestra atención y vuestro valioso tiempo.
   Después de la exposición de acuarelas, con muchas de ellas pintadas en las semanas previas, vuelta a las tintas, las plumas y los formatos pequeños. En el primero de los dibujos, con nogalina, se vuelve también a un tema pintado ya previamente. Se añaden dos versiones anteriores, una con plumilla y otra con tinta Montblanc color burdeos. Para ver de dónde salen, también se muestra la fotografía en blanco y negro que hice hace bastantes años en Tinajeros, un pueblecito cercano a Albacete. En el original, haciendo honor al nombre, aparecían dos enormes tinajas de vino, tan tradicionales en la zona.


   De este fin de semana, con tintas, pincel de agua y algunos toques de acuarela salen los dos siguientes dibujos, mitad de memoria y mitad inventados, sobre dos macetas de mi casa, aunque en el momento de dibujarlas no las tenía delante. Para los fondos se ha usado un amarillo de Nápoles, normalmente empleado para pintar retratos, por su color carne. Mezclado con ultramar en el primero y verde Hooker en el segundo. En el primero de ellos  las hojas se han pintado con verde musgo, esa tinta de Stípula que siempre utilizo. Mojando el pincel en la estilográfica. El ultramar es tinta azul Quink de Parker. La 5001 de Pelikan tiene un tono ligeramente más morado. Para las sombras del fondo también se ha recurrido a un violeta de Daniel Smith.
   En este dibujo, aparte del fondo ya explicado, se utilizó Siena tostado para la pared. Para los tonos rojizos y violáceos, una gama conseguida con ultramar y Madder lake de W&N. Los verdes: Sap green de Rembrandt y jadeita de Daniel Smith. El blanco, un rotulador.
   Dibujo a pluma y rotulador pincel Pentel, dibujado una de las tardes que pasaba en ese patio durante mi exposición de acuarelas en la Casa Vieja.
   Los dos siguientes están pintados con pluma, pincel y nogalinas. Son los castillos de Peñarroya en Ciudad Real y Alcalá del Júcar en Albacete.
Paisajillo imaginario para probar una nueva tinta azul de Pelikan que me trajo de Madrid mi hijo. Me gustan mucho esos reflejos rojizos-violáceos que ofrece al diluirse.
Con mis tintas de siempre y pincel de agua:
   Probando unas titnas rojas para comprobar, una vez más, que no son rojas. Herbin y Montblanc.

    El siguiente dibujo, con la estilográfica Namiki Falcon cargada con tinta Platinum (Carbon Ink). Al secar se añaden las sombras con esa misma tinta diluida con el pincel de agua. Se trata del castillo-palacio de Magalia, en Navas del Marqués. Es en el único castillo en el que he pasado una noche. En este caso una semana entera, hace muchos años durante un curso de organización de bibliotecas y animación a la lectura. No pudieron encontrar un lugar mejor.
    La última, un apunte con pluma, tintas y pincel de agua, se trata de una vista del castillo de Ambra, en Pego (Alicante). Desde un cerro cercano, por el que pasa la carretera, se ve el valle y el mar al fondo. Imposible en una fotografía o una pintura reflejar la inmensidad de la vista.

martes, 8 de julio de 2014

Pruebas con Garzapapel


    Me faltaba por probar a conciencia este papel de 500 gramos de encolado especial de Garzapapel. Ya lo había hecho con unas muestras de menor tamaño y me había parecido merecedor de más probaturas y tormentos. Lamento no haber tomado fotos de las fases intermedias de esta acuarela, pues algunas manipulaciones son evidentes, como los rascados y borrados. Otras no tanto, como zonas enteras que se han levantado simplemente mojando y quitando el pigmento con un papel absorbente.
    Arriba, en el margen inferior izquierdo se pueden ver esos rascados en seco, con una navajita de Albacete, lo que es una afrenta que no todos los papeles soportan. Los 500 gramos de este papel y su grano visible, pero no excesivo, favorecen recursos extremos como este.
 
    Las casas, pintadas de forma suelta y poco definida, han sido difuminadas y alejadas frotando con una goma de borrar. El encolado de este papel hace que parte del pigmento se elimine así, pues no ha calado en el papel de forma tan profunda como en otro más poroso y absorbente.
   En el fragmento anterior, podemos notar que desde la mitad del ojo del puente hacia la izquierda cambia algo el color. Anteriormente estaba cubierto por el mismo tono que en el muro del primer plano, pues en la realidad ese muro se eleva en esa zona haciendo un escalón. Eso tapaba medio puente y quedaba raro, haciendo dudar si era sombra, un ángulo extraño que tomaba el puente en ese lugar o qué leches. Mejor quitarlo. Mojando y frotando con un pincel de cerda dura, con papel se eliminó la pintura. Este papel, después de tales tormentos, permite pintar encima y conserva su textura y cualidades. Igual se hizo con el espacio del tercer tramo de ese zig-zag del puente, ocupado antes por la base de esos árboles. Se eliminó de la forma comentada, para darle profundidad al puente, mostrando la otra parte y el lugar de donde viene. Prácticamene no quedó ni rastro de esos árboles.
      En este otro ejemplo, en este caso una pequeña acuarela del castillo de Chinchilla de Montearagón, también 500 gramos encolado especial, el proceso fue todavía más perverso. Los lienzos de los muros  y la parte central, se pintaron con pigmento bastante intenso. Una vez seco, debajo del grifo se frotó ligeramente con el cepillo de las uñas. Así sale esa textura que resalta la trama del papel. Cuando volvió a estar seco, se retocaron algunas zonas, añadiendo detalles, y el papel conservaba gran parte de su encolado, no quedó como un papel secante, como sería de esperar.
    Con el mismo papel, acuarela sobre el parque Lineal de Albacete. La hice con las primeras muestras citadas. No existe una diferencia abismal entre el 500 gramos de encolado normal y el especial. Sin embargo, este último consiente y favorece estos procesos más agresivos. También es algo menos poroso, ofrece perfiles algo más definidos, como se evidencia en los bordes de los árboles. También  hay rascados, en húmedo y en seco, para añadir brillos y textura, algunas ramas y cosas así. El comportamiento del papel es excelente.
     La siguiente está pintada sobre papel de encolado normal. También admite esos rascados, aunque se pueden observar diferencias a la hora de trabajar, como un mayor margen de tiempo para fundir colores, y unos bordes ligeramente menos definidos, si eso es lo que se pretende, una de las cualidades que ofrecen todos los papeles de Garzapapel, permitiendo hacer muchas de las mezclas de color en el mismo soporte, dejándolas fundir. En acuarela una capa siempre es mejor que dos, y mucho mejor que tres. Se gana en trasnparencia y en matices.
    Las siguientes acuarelas están realizadas con papel de 300 gramos. Se percibe menos grano porque el tamaño es mayor, 50 cm de ancho. Las pruebas anteriores son la mitad de grandes. En ellas, especialmente en los cielos, se ha aprovechado esta cualidad de estos papeles de mantener la humedad algo más de tiempo que otros. Añadiendo pigmento diluido en algunas zonas, se mezcla el color añadido sin cortes, bordes ni coliflores, muy difíciles de cultivar en este papel, afortunadamente. Para algunas capas, unas nubes más oscuras, se ha dejado secar casi completamente, buscando nitidez en los bordes de algunas de ellas. Con el pincel húmedo, pero escurrido, se pueden suavizar eliminando pigmento, si eso es lo que se busca. Este papel ofrece tiempo para hacerlo.
   Además, estas tres acuarelas recogen vistas de los hermosos parajes del trayecto de Alcoy hacia Alicante, en un día primaveral bastante nuboso y caracolero, con nubes que rebosaban montaña abajo. Es la zona es donde se fabrica este papel. Donde se lleva fabricando más de mil años, como ya contaba en otra entrada anterior. Si por tradición es, ni Fabriano, ni Arches, Saunders ni nigún otro, les mojan la oreja. Ya decía que papel en inglés tiene nombre valenciano, (paper) que es donde lo compraban.


     La siguiente, una vista del Mugrón desde el cerro donde se encuentra la Cueva de la Vieja, en Alpera, Albacete. Esta vez se hizo sobre el papel de acuarela de 180 gramos. Como todos ellos, pero en este caso de forma más inexplicable, no se comba al mojarlo, sin ncesidad de tensarlo ni humedecerlo previamente. Tiene un noble comportamiento este papel.
    El mismo tema sobre Garzapapel para dibujo o plumilla, también de 180 gramos. Se ha hecho con tintas, mezcladas y diluidas con pincel de agua, aplicadas directamente con estilográficas o mojando el pincel en sus tajos.
   Con el mismo papel, dibujos a estilográfica y pincel de agua. Aunque tiene un grano suave característico de la casa, permite trazos ágiles con pluma o plumilla. Cuando se hacen con rapidez se pueden conseguir interesantes efectos de textura.


   Creo que ya he probado todos los papeles, menos el de 600 gramos, que no es de suponer que se diferencie mucho del de 500. También tengo que hacer unas pruebas dibujando a lápiz con algunos de ellos, de forma que nos queda faena.
   Resumiendo, para acuarela, el de 180 gramos puede ser suficiente para los trabajos reducidos, sin intentar abusar del papel que, como digo, no se deforma ni hace bolsas al mojarlo. El de 300 es el adecuado para los trabajos normales, sobre todo si el formato es más generoso. El de 500 ya es un verdadero lujo, que merece ser conocido y probado, con esas dos opciones de encolado normal o especial. El de 600 gramos queda pendiente.
   En los papeles, como en los demás materiales, interviene mucho el propio gusto y la forma de trabajar de cada uno. Para la mía, estos papeles de Garzapapel me resultan amigables, con un comportamiento noble que favorece mi pintura y alivian mis defectos. Como buen catacaldos, no quiere esto decir que renuncie a utilizar Arches o Fabriano cuando busque un grano especial, un papel más satinado o un secado más rápido.

sábado, 7 de junio de 2014

Música, Exposición y descanso en Alicante

   Los últimos quince días han sido especialmente espesos. Además del montaje e inauguración de mi expo de dibujos y acuarelas, mucha música: reuniones, ensayos, bolos, conciertos, con sus correspondientes montajes, desmontajes y nervios. Todo ello con final feliz. Alabado sea el Altísimo.
Presentación de nuestro grupo Flashback en el Chapó, el 19 de mayo.
Con Pascual Ortiz, Segis Armero y Paco Arteaga.

Entre los cuatro, unos 160 años de música y amistad.
El 22 de mayo, inauguración de mi exposición de dibujos y acuarelas, en la Casa Vieja.
Seguiremos allí hasta el 20 de junio.
El 29 de mayo, en el Sagasta de La Roda. Alfonso Ruíz puso sus acuarelas en el escenario y en la sala. Nunca antes había tenido tan buen escenario. Para colmo, me regaló una acuarela, que me dejó elegir entre todas las expuestas, decisión difícil.
Gracias a Alfonso y a mis compañeros, que no quisieron que se sorteara entre los cuatro.
31 de mayo, en el Auditorio Municipal, con el cartel de "No hay entradas", compartiendo escenario  con muchos amigos, todos ellos músicos magníficos. David Espejo (piano), Alex Ponce (violín), Luis Arteaga (bajo), un servidor (guitarra) y un Steinway & Sons 7, acompañamos a Elisa Belmonte cerrando el concierto.
   Después de esos quince días, uno llega a la conclusión de que se merece unos días de descanso, compartidos con quien con su apoyo y paciencia ha facilitado que pudiera hacer tantas cosas. De forma que, una vez libres de compromisos y obligaciones, hemos hecho como el sol en invierno y nos hemos ido para Alicante, la millor terreta del mon. Cuando digo Alicante, me refiero a Calpe, Jalón, Campello, Benidorm, Alicante y escalas en otros puertos. Como el plan era descansar, se ilustran mis intenciones con la siguiente panorámica, que hace inevitable sacar los apechusques de pintar y ponerse a dibujar el paisaje:
   Al fondo, el peñón de Ifach, en Calpe. Para los navegantes de la Antigüedad este inmenso farallón era la segunda de las Torres de Hércules, pues la otra era Gibraltar. Ifach, la del norte, le llamaron los fenicios y así se sigue llamando. Lo que se dice un lugar y un topónimo con solera. Con el lema "Non Plus Ultra", estas torres aparecen a diestra y siniestra del nuestro escudo nacional. De forma que aunque muchísimos estadounidenses no lo sepan, y además lo ignoren, esa columna y la de Gibraltar, junto con la orla del lema citado, son el símbolo de su amado dólar $, pues en tiempos lejanos era la moneda del imperio español, con sus emblemas, la universalmente tenida por buena. La vida da muchas vueltas, más que una moneda al caer.
   Habitado desde siempre, tanto el peñon como la zona que le rodea, ha sido atalaya, refugio, referencia para navegantes... Iberos, romanos, bizantinos, árabes, aragoneses y castellanos han dejado murallas, monedas, cerámicas, muros y recuerdos. Abajo, en la orilla del mar, Los Baños de la Reina, que es como se suelen llamar a estas piscifactorías romanas de forma tan romántica como inexacta. Las hay en Altea, Calpe y Campello. Las de Altea no las conozco todavía. 
   Dos días antes, con la misma pluma (una Pilot Artist Pen EF) y tinta siena, ya habíamos hecho un dibujo en ese cuaderno de Paper Blanks de la torre de El Campello. Aunque es bastante ajustado a la realidad, el dibujo es más como lo recuerdo que como se ve desde donde lo he pintado, semioculto por otras construcciones, el puerto deportivo, carteles, coches y demás. A veces conviene dibujar cómo eran las cosas. Incluso como debieran de ser, por supuesto eliminando todo lo que no aporte nada relevante y positivo a la composición.

   Se muestra la fotografía para ilustrar la interpretación que antes comentaba.
   Un detalle me gustó, una gran piedra tras esas plantas de Aloe Vera. De forma que un apunte, una foto y otro proyecto de acuarela al cajón.

   Detrás del torreón, edificado entre 1554 y 1557 para otear piratas e invasores, siguiendo las órdenes de Buenaventura de Cárdenas, virrey de Valencia, se encuentran los Baños de la Reina de Campello, la Illeta dels Banyets, con piscinas talladas en la roca para retener los peces de la factoría de salazones, materia prima para elaborar el "garum", que venía a ser el rotundo ketchup de los romanos, algo así como la salsa Worcestershire o las típicas orientales de pescados fermentados.
   Hace años se llegaba a esa zona de rocas talladas, de aguas cristalinas ideales para bucear, andando por encima de la zona hoy excavada. Se puede llegar andando, pues ese islote se separó de la costa por un terremoto y se ha unido a ella de forma artificial. Es zona habitada desde hace 5000 años por los primitivos pueblos y culturas aborígenes, por los iberos y después por todos los pueblos del Mediterráneo que se han ido turnando a lo largo de la historia para invadirnos, según acreditan los restos hallados. Entre ellos de varios templos y unas pequeñas termas romanas, vestigios de la villa que se debió construir por quienes explotaron esos viveros de peces para hacer con parte de ellos la mencionada salsa.
     En Benidorm me dediqué a pintar árboles, lo que requiere eliminar todo lo demás: coches, autobuses, turistas, tiendas de chinos, ingleses en poder de las uvas vociferando en paños menores en las terrazas de los bares... Mejor pinto árboles, obviando a estos señores que no saben beber. Ni tomar el sol, que ya están semicocidos por fuera, del todo por dentro, y el verano no ha hecho más que empezar.


   Por último un apunte de un árbol y unos muros del Castillo de Santa Bárbara, en Alicante. Hice muchas fotos porque es enorme y cuesta trabajo recorrerlo todo, de forma que no creo que vuelva a menudo, aunque merece la pena. No creo que haya otro complejo defensivo en lugar más adecuado que este, con un tamaño tan desmesurado, con tantas almenas, murallas, aljibes, salas... y tan bien conservado. Hasta una taberna del siglo XV.
   Además puede comprobar que vivir o trabajar en un castillo, con sus cañones recuperados de navíos históricos, sus aspilleras para lanzar las flechas a gusto, sus mazmorras, instrumentos de tortura y demás elementos defensivos y ofensivos, puede hacer que algunos de sus moradores se vuelvan hostiles, malcarados y desabridos. El guardia que protege la entrada sabe a quien me refiero y por qué. Pero lo comprendo.  A quien no es capaz de entender bien su actual misión, un lugar así puede retrotraerle al pasado, incitándole a hacer desagradable una visita que no se ha conseguido impedir. Quienes hasta allí suben hoy en día no son enemigos, piratas berberiscos, vikingos o cualquiera otra marca o modelo de incordio, sino los turistas que le dan de comer. Su no entendida misión es dar facilidades, hacerles agradable la visita, provocar que deseen volver, dejar un buen recuerdo. No pido que te devuelvan la sonrisa, que no estaría demás, pues la mayoría lo hacen, pero cada uno debe sufrir en silencio sus dolencias gástricas o de otro tipo. Con Dios, hermano.