miércoles, 19 de agosto de 2015

Exposición en Alpera - Agosto 2015

   Bueno, pues ya hemos cerrado la exposición de mis acuarelas en Alpera, inaugurada el pasado 7 de agosto a las 8 de la tarde, entre rayos y truenos y más agua que cuando enterraron a Huevoduro, que aún no han encontrado a los del duelo. Muchos valientes se atrevieron a salir a la calle para acercarse a la exposición. Incluso algunos amigos se lanzaron a la carretera para desplazarse hasta Alpera en unas condiciones que no lo hacían muy aconsejable, con zonas inundadas y el pantano de Almansa rebosando una catarata de agua por encima de la presa. Mi amigo Alfonso Ruíz vino en un taxi desde La Roda, al que tuvo esperando hasta que terminó el acto. No se pudo esperar a probar los vinos de Alpera.  Muchas gracias a todos los asistentes y también a quienes no pudieron acudir.

   Durante estos días hemos estado de nuevo en Alpera, disfrutando de amigos, vinos de allí, cafés y buena conversación. Decir que ha sido un éxito sería quedarse corto. En todos los sentidos. Muchas gracias.

   Para no abrumar esta entrada con un  número excesivo de fotos, se adjunta una presentación de imágenes. En ella se pueden ver a pantalla completa fotos de la exposición, asistentes y gran parte de las acuarelas expuestas, que ya se conocen por entradas anteriores del blog. 

Created with flickr slideshow.


   Quienes presentaron la exposición, Cesárea, la alcaldesa y María, encargada del área de cultura en el Ayuntamiento, fueron alumnas mías, como docenas y docenas de visitantes a la exposición durante estos días. Lamento no haber tenido tiempo de contar los asistentes, siempre presentes en la sala, menos de hacerme una foto con cada uno de ellos, pero más de un millar de personas han pasado por allí. La mayor parte de las acuarelas se han quedado en Alpera, aunque algunas viajarán con sus dueños a Valencia, Madrid, Alicante, Albacete o Japón. Muchas gracias a todos. 

   No es cuestión de repetir los excesivos elogios recibidos durante estos días, exagerados y seguramente originados por el afecto que de nuevo he comprobado que me guardan después de tantos años. Hace 36 que llegué a Alpera como maestro y 24 que me fui de allí. Mis primeros alumnos rondan la cincuentena. Sí repetiré algunas cosas de las que dije contestanto a la presentación. Una que debo de haber muerto, pues no es habitual recibir en vida tales reconocimientos y flores. Otra, que en Alpera, a pesar de mi pelo largo y mis costumbres, sentí respeto por mi profesión y aprecio por mi trabajo. En un grado que nunca he vuelto a experimentar. Me quejaba en una epístola anterior, redactada con motivo de mi jubilación, que no había sentido que mi oficio fuera especialmente valorado por la sociedad. Hay que rectificar que aquí, en Alpera, lo fue en su momento y lo sigue siendo 36 años después. Emociona que hombres y mujeres hechos y derechos te den un abrazo y hablen con agrado de tu trabajo con ellos en la escuela cuando eran niños. Es curioso que muchos te recuerden especialmente no por la lengua, la literatura ni el inglés, sino por las clases de dibujo, por las técnicas e ideas que aún recuerdan y que algunos siguen practicando, pues muchos dibujan y pintan hoy en día, según ellos, gracias a mi. Voy a dejar el tema, que chocheo. 

   Además de a Cesárea y María, también tuve el apoyo constante de Rafael Jara, buen amigo y biblioteario de Alpera, vecino de la sala de exposiciones de la Casa de la Cultura. Para colgar los cuadros, montar los paneles, rotular, etc, su ayuda fue imprescindible, junto con Isabel Egido y Luis Piqueras, que fueron quienes pensaron que merecía hacerse esta exposición y lo propusieron al Ayuntamiento de Alpera. Gracias a todos ellos. Y a Rafa Soler que durante mis años allí fue como un hermano, —y así lo sigo considerando—, y a otros amigos de Alpera, demasiados para nombrarlos a todos.

   Decía también en la inauguración que esta exposición se celebraba en un pueblo conocido en todo el mundo precisamente por unas pinturas, las de la Cueva de la Vieja. De forma que tradición hay. Además de Jesualdo Gallego Navajas, discípulo de Sorolla nacido aquí, varios pintores han sentado sus reales en Alpera. Entre ellos Jim Bird y Ellis Jacobson. En las fiestas de agosto del año pasado la exposición estuvo dedicada a Ellis y a sus obras. Precisamente en su casa de La  Laguna he estado alojado durante estos días, gracias a Luis Piqueras que la cuida desde que Ellis murió. A unos metros, la de Jim Bird. El paraje es una delicia, como todo el entorno de Alpera, con agua abundante, montañas y arboledas. Tomar café por las mañanas antes de acercarnos al pueblo para la expo, viendo ese paisaje, a los burros que corretean sueltos por allí, escuchar a los gallos y el rumor de las acequias, era reconfortante. En las idas y venidas siempre se encuentra uno con algo que dan ganas de parar a pintar.


miércoles, 29 de julio de 2015

Acuarelas de Alpera III


    Creo que ya he pintado demasiadas acuarelas para esta exposición. Seguramente habrá que dejar algunas fuera, lo que también conviene, pues no todo hay que darlo por presentable. Desde luego claro queda que tema hay en Alpera y su comarca, pues muchas cosas han quedado en el tintero. Desde el pozo de la nieve, impresionante y bien conservado, rincones de sus calles, zona de las cuevas, algunas aldeas rodeadas de parajes muy pintables, el castillo de San Gregorio, hasta alguna otra que haga justicia a los caminos impresionantes del poblado ibérico de Meca, que sólo estará representado por una acuarela. Pero ya tengo enmarcadas unas 40 y más allá puede resultar excesivo para colgarlo con holgura en la sala. 
   Visto ahora, he pintado más de lo que yo esperaba en los últimos meses, pues conforme pintaba iba eliminando otras que había ido haciendo desde principios de año, por no tener a Alpera como tema o por otros motivos.
   Predominan los paisajes y los árboles, que la cabra tira al monte, aunque se han incluido algunas acuarelas con otros motivos, como la iglesia de Santa Marina, la ermita de San Roque, alguna calle y las viñas rojas de tintorera, tan típicas de la zona, vistas de cerca y de lejos.
   Los pigmentos usados han sido de Daniel Smith, como ya va siendo habitual, con algunos otros de Kremer y cadmios de W&N o Rembrandt. Se nota por la granulación. En las fotos no se puede percibir el efecto de los puntitos brillantes que reflejan la luz por las partículas de minerales cristalinos de algunos de los pigmentos utilizados, especialmente la amatista, sugilite y algunas tierras. Da lástima ponerles el cristal al montarlas pues muchos de esos brillos y reflejos se pierden.
   Con tantos paisajes nos hemos tienido que ver a menudo luchando con los verdes. Siempre de Daniel Smith, jadeíta, perilene, serpentine, sap green oscuro y poco más. Eso sí, casi siempre matizados con otros colores de los utilizados en cada acuarela, a menudo oscurecidos con ese azul profundo y transparente, similar al índigo, pero que aumenta exageradamente la granulación, que es la sodalita. Eso de pintar con piedras semipreciosas tiene su aquel. También a la hora de comprarlas. Al menos ya están disponiles en España, sin tener que pedirlas a Estados Unidos como ocurría hasta principios de año. Ya podremos reponer sin problemas los tubos que se van acabando, como el lapislázuli o el jade.
   Salvo cuatro o cinco acuarelas, toda la exposición se ha pintado sobre papeles de Garzapapel, que cada vez controlo mejor. No encuentro papel mejor. Ni busco más. Eso mismo me ocurre desde hace tiempo con los pinceles de Escoda y, para un catacaldos como el que firma, tener algunas de esas cosas claras por solucionadas es muy importante,

   Si los pigmentos de Primatek añaden mucha textura, igual que hacen las tierras de Kremer, especialmente el negro de magnetita, que Daniel Smith vende con el nombre de Lunar Black, exactamente el mismo que el de Kremer, la transparencia mayor es la de los tonos de las quinacridonas de Daniel Smith, con toda la gama desde amarillos hasta violeta, pasando por todos los rojos imaginables. Algunos son de una delicadeza sublime. El violeta, a veces reforzado en las sombras por amatista es verdaderamene una maravilla.
    Aunque tengo muchísimos colores de Daniel Smith, aún me faltarían dos tercios del catálogo inmenso, a pesar de que en cada acuarela se utilicen muy pocos, pero siempre procuro experimentar con pigmentos nuevos, especialmente las tierras, tantas, tan diferentes y tan atractivas, y hay que dedicarle tiempo a llegar a conocerlas para elegir en cada momento la más adecuada.
    Por último se incluye un paso a paso de una acuarela sobre la ermita de San Roque, edificio de 1775, si no recuerdo mal. Poca explicación necesita, sólo llamar la atención sobre esa variedad de tonos tierra, ocres y marrones de que hablaba.















jueves, 23 de julio de 2015

Exposición en Alpera (Albacete)



    Bueno, pues un año y unos meses después, vamos por otra nueva exposición de acuarelas. Si la primera en "La Casa Vieja" de Albacete fue a iniciativa de Antonio y Hortensia, que me animaron, pusieron el local y enmarcaron las obras, en esta ocasión mis buenos amigos Luis Piqueras e Isabel Egido han sido los impulsores. Afortunadamente su propuesta fue bien acogida por el Ayuntamiento de Alpera y allí estaremos mis acuarelas y yo junto a quienes visiten la sala de exposiciones. Una inmensa mayoría de ellas tienen por tema Alpera y su entorno.
   Desde luego para mi hacer una exposición en Alpera no es hacerla en cualquier otro sitio donde uno encontrara posibilidades de hacerlo. Es un luigar muy especial para mi y para mi familia por los motivos que ya he explicado en otras entradas. En el programa adjunto hago un resumen de todas estas cosas.
    Llevo ya unos meses pintando paisajes, calles y rincones de Alpera y sus alrededores, contando mis visitas, mis intenciones, los materiales usados, fotos, comentarios y otros pormenores sobre muchas de las acuarelas que allí se podrán ver. En realidad allí es donde únicamente se podrán ver tal como son, pues en el blog sólo es posible darse una idea de la realidad de cada obra. Siempre a 800 puntos, no se percibe el detalle, la textura ni el verdadero color de ninguna de ellas. Unas tienen 60 cm, 50, 40, 30... y no es lo mismo. El color es imposible de reproducir. Siempre se pierden matices y luminosidad, pues calibrar el color de un monitor es estropearlo en otros donde variará, y  no poco a veces.
   De forma, que quien nada mejor que hacer tenga en esos dias del 7 al 16 de agosto, allí nos encontraremos. La inauguración el 7 de agosto a las 8 de la tarde. De paso nos tomamos un vino de Alpera, lo que ya es un buen motivo para ir. 
   A continuación algunas de las últimas acuarelas realizadas para esta exposición. Quedan muy pocas por hacer y dos docenas por enmarcar. En ello estamos.


Isabel y Luis incluyen este comentario, que agradezco sinceramente, sobre la exposición:


     Este año, nuestro amigo José Garrido, será el encargado de deleitar a los alperinos con su exposición de acuarelas. La mayoría de sus obras representan Alpera y su entorno.
     Este profesor que llegó a Alpera a finales de los años 70 con su pelo a lo hippie y su citroen cambió bastante la dinámica profesional que se tenía en Alpera el profesorado.
    Vivió y trabajó más de una década en nuestro pueblo, como maestro y como director del colegio. Además de su trabajo se implicó en otras actividades como el manejo de los ordenadores y el acercamiento a la fotografía. De su afición a la fotografía han salido parte de sus acuarelas sobre nuestro pueblo.
    Antes de marcharse a Albacete, trabajó en la puesta en funcionamiento del Centro de Profesores de Almansa.
    Llevó cantidad de alumnos . Con algunos se cruza por Albacete y le preguntan: ¿Cómo está don José? y él les contesta : no te recuerdo pero seguro que eres de Alpera.
    Ya jubilado, dedica su tiempo a sus pasiones : la Música, la Pintura, los viajes y a tomarse alguna cañeja.
    Podemos decir que está entusiasmado y muy emocionado con la idea de exponer en Alpera y poder decirle a los alperinos a través de su pintura lo que ha significado Alpera para él y para Virginia, su mujer.

    Luis Piqueras - Isabel Egido

A mis amigos más cercanos, a quienes habitualmete remito mis epístolas, les he enviado en siguiente mensaje, que comparto aquí, donde también cuento con muchas amistades y colegas:

Queridos hermanos.
Si de los 7.324.782.000 habitantes de nuestro planeta, tú te encuentras entre la exigua minoría de humanos que reciben este correo, es que eres mi amigo, más o menos cercano. Muchos sabréis que toco la guitarra, bastantes que soy maestro de escuela; menos estaréis al corriente de que he dejado de serlo, que felizmente me jubilé del oficio hace año y medio. Posiblemente estés al tanto de que entre mis aficiones están la fotografía, el dibujo y pintar acuarelas, aunque tal vez no. Casi nadie conocerá que tengo unas 100.000 plumillas de escritura y dibujo y que las vendo en ebay. Al menos lo intento. Pero seguro que me has escuchado más de una vez hablar de Alpera. Y siempre bien.
Bueno pues os adjunto programa, cartel e invitación para la exposición que inauguraremos en la Sala de Exposiciones de la Casa de la Cultura de Alpera el próximo día 7 de agosto a las 8 de la tarde. Casi todas las acuarelas se han pintado en los últimos meses y tienen por tema Alpera y su entorno.
No digo que allí os espero, porque la verdad es que no, que muchos vivís lejos, otros os encontráis en playas y cerros aprovechando estas fechas de calor y vacaciones. Muchas son las ocupaciones, obligaciones y compromisos que posiblemente os impedirán visitarla, pero no podía dejar de invitaros, al menos informaros de esta exposición, algo que para mi es importante.
Aprovecho para desearos un feliz verano y enviaros un fuerte abrazo.




sábado, 27 de junio de 2015

Acuarelas de Alpera - II-

    Sigo con las acuarelas sobre Alpera y su comarca. Principalmente paisajes, por ahora. Alguna calle, caseríos, aldeas, árboles y cielos. El tema es inagotable, como cualquier otro tema, para jugar con el color, con la opción de elegir pigmentos que granulan junto a un papel que resalte el efecto. Otras veces es un papel satinado y la economía de color lo que busca armonía y suavidad... Es el momento de rentabilizar tantas pruebas, tantos pigmentos diferentes, la variedad de papeles y pinceles. Respecto a estas dos últimas cosas, hay menos probaturas; los pinceles suelen ser de Escoda, salvo alguno chino, y los papeles de Garzapapel, salvo casos en los que se indica otra cosa. Salvando los previsibles imprevistos de la acuarela, ya perdemos poco tiempo en pruebas y vamos, dentro de lo posible que no es demasiado, a lo seguro. Lo que cuento es mi experiencia con estos materiales, en modo alguno una guía de cómo deben de hacerse las cosas, ni sobre lo que hay que usar o no, que ya quisiera yo saberlo. Cuento lo que hago y lo que utilizo por si a alguien le resulta útil, no se trata de impartir lecciones que más estoy en condiciones de recibir que de impartir. Conviene aclararlo.

    Los pigmentos que usamos aquí ahora son los que tanto tiempo venimos comentando. Aunque no se renuncia al siena tostado y ultramar de Talens, bien Van Gogh o Rembrandt, o a algunas tierras de Kremer, última incorporación, la mayor parte de los pigmentos usados son de Daniel Smith. Tengo un surtido realmente abrumador y, aunque los verdes y azules siempre suelen ser los mismos (verdes de Jadeite, Serpentine y Deep Sap Green), a veces probamos con Perilene, Undersea green, apatite y otros. El azul de lapislázuli es fijo, como el cobalto de Kremer o el ultramar de Rembrandt. He probado el de Daniel Smith y tiene un tono y una transparencia maravillosos. Lo he usado para las sombras últimamente, solo o con alizarina. Otras veces, para oscurecer zonas o resaltar sombras recurro al índigo o a los azules oscuros que más granulan de Daniel Smith: sodalita, lunar blue o apatita. También a sus violetas, como la amatista o el violeta de quinacridona, muy transparente.
   A veces elijo un tono de Daniel Smith porque me encanta ver los brillos y reflejos que presentan los cristales de estos pigmentos minerales cuando están secos. Esto ocurre con algunos de ellos, especialmente el sugilite, un color lavanda gris violáceo, el bronzite o la amatista. Esto de pintar con piedras preciosas machacadas tiene su aquel.
    Aunque lo que cuento parece una locura, tantos pigmentos para elegir, en realidad en cada acuarela sólo se recurre a unos pocos, a veces cuatro colores, casi nunca más de seis. Pero esa elección ya marca el carácter y el ambiente del tema elegido. La anterior acuarela y la siguiente, un mismo tema —unas encinas centenarias de Alpera—, muestran lo que digo. También el papel, Arches satinado la primera, Arches de grano grueso la segunda. Menos textura y más nitidez de las pinceladas, que quedan más presentes, menos mezcladas. Algo más impresionista y suelto. Las sombras con los violetas mencionados, especialmente amatista o mezclas de ultramar o índigo.
     Utilizar pocos colores da armonía al conjunto, por lo que los azules del cielo se utilizan para matizar los demás colores usados, pocos, pero que se enfrían con esos azules, a los que se vuelve a recurrir para las sombras. 
    En varias de las acuarelas últimas recurro a algo que salió por casualidad hace un tiempo. Se trata de las piedrecitas con sus sombras, que aporta relieve, detalle en los primeros planos y resalta la dirección de la luz. Como es natural no se dibujan de una en una ni se han previsto incialmente en tamaño, lugar exacto ni resultado final. Se trata de dar brochazos con el pincel bastante seco en la dirección de la luz. Luego basta con ir aprovechando algunos de los blancos que se marcan con la textura del papel, eliminando otros con el mismo color usado, aún en el pincel. Las mayores rocas sí que se dejan en blanco intencionadamente. Al final se añaden unos trazos rápidos marcando sombras y queda ese efecto que aprentemente es laborioso y meditado. Se puede ver en la segunda acuarela y en las tres siguientes.
 
   También seguimos con los verdes, con los que ya tenemos trato de antiguo con los árboles, flores y paisajes. Como digo, básicamente jadeita y sap green oscuro, aunque algunas veces busque otros más claros y jugosos como la apatita, serpentine. incluso viridiana. Casi nunca solos. Siempre acabo mezcándolos con los azules o tierras que hay en la paleta en ese momento. Si no cantan demasiado.


    Luego a luego voy a empezar a hacer algunos dibujos con tintas, con plumilla, cálamo, pincel... Hay que variar y cambiar de historia de vez en cuando. Ya os contaré.



martes, 23 de junio de 2015

EPÍSTOLAS GERMÁNICAS. 4ª Jornada: Tréveris y Luxemburgo

CUARTA JORNADA




    El 18 de abril del 2015, día del beato Isdebaldo de Brujas y de los santos  Hermógenes, Juan Isauro y Molasio, santas Atanasia y Antusa,  entre otros muchos, que más virtud ha habido de la que parece, madrugamos para dirigirnos a Tréveris, hoy Trier. Al entrar por la Porta Nigra, tanto su nombre como la arquitectura nos muestra que estamos de vuelta en el Imperio Romano, es decir, en casa, pues ciudadanos romanos somos, aunque de segunda generación.
 
    Cuando hace dos mil años, siglo arriba, siglo abajo, desde los bosques y parapetados tras los árboles, vieran las tribus germanas el tipo de chozas que estos tipos se afanaban en levantar, sin duda se convencieron de que venían para quedarse y se dieron por perdidos. Porque esas sólidas y rotundas construcciones de piedra, que nacen ya eternas, amedrentan. Quienes las construyen muestran su intención de permanecer para siempre donde se establecen y de defender con la vida lo que tanto esfuerzo les ha costado edificar. Esa propaganda de guerra a base de piedras bien labradas y dispuestas desanima a quienes viven en cabañas de troncos techadas con paja, nacidas para el abandono y la derrota. Las calzadas, acueductos, termas y otras commodities que pronto completaban el asentamiento venían a confirmar su determinación.


    Sus temores se confirmaban cuando esa colorida tropa que bullía para urdir en una jornada un parapeto inexpugnable de rectas calles protegido por palos afilados, se les enfrentaba unida bajo la forma de un animal acorazado por los cascos de los legionarios, tortuga multípeda que avanzaba llena de pinchos, de la que surgían volando certeras jabalinas y flechas cuando estaba distante y cortas espadas que les tajaban las piernas cuando el cuerpo a cuerpo. Muchos siglos tuvieron que esperar estas tribus para vengarse. De hecho, aún están en ello.

    Si la fortaleza y duración de los edificios es pareja a la de los pueblos que los levantan, nada bueno augura para nuestro futuro la solidez de los puentes, carreteras y edificios que construimos. La Vía Augusta discurre, donde aún no se han arrancado sus ordenadas piedras, paralela o por debajo de las vías que una y otra vez han debido repararse y reconstruirse. De los puentes ni hablemos.

     En fin, que la Porta Nigra nos resulta familiar, como los ojos o el pelo también negros de algunos ciudadanos romanos que llegaron cuando estas tierras eran salvajes. O mucho más tarde, abandonando el Mediterráneo en busca de trabajo ahora que son prósperas y civilizadas. Nosotros estamos de visita y sólo venimos a beber cerveza y a comer salchichas. Y a mirar.

    De todo ello hay mucho. Andando desde esa puerta de piedra oscura, ennegrecida aún más por los siglos, recorremos una larga calle muy concurrida, llena de turistas y nativos atraídos por el sol que este sábado calienta y hace brillar el mercado de flores, frutas y verduras que hay en la plaza a la que nos lleva la calle y el río de gente. Los edificios de viguerías vistas aportan el color que el clima les niega los más de los días, con multicolores fachadas de perfiles que abominan del paralelismo clásico y se curvan, retuercen y quiebran, formando hermosos decorados que ocultan al mirar de frente sus picudos tejados de pizarra. Amplias ventanas sin persianas ni cortinas, que no hay luz que desaprovechar. Y flores, muchas flores, que estamos muy cerca de quienes de su cultivo han hecho industria para que de Pakistán vengan a España a venderlas por las calles de un país en el que crecen silvestres.
 
    El conjunto es bullicioso, colorista y hermoso. Se impone detenerse a disfrutar de su vista sentados en una terraza frente a los puestos de flores. Y hacer un dibujo entre trozo y trozo de queso o de salchicha y trago y trago de cerveza. El cuño del bar que nos imponen en el dibujo no es menos hermoso que el resto. El cuidado en los detalles, el mimo por lo pequeño, el respeto a la tradición que evidencian las caligrafías... Todo ello en el sello del bar y en los rótulos de bares y comercios. Una cruz más en el listado de mis envidias.
    Aunque mucho vimos, mucho más fue lo que quedó por ver, algo habitual en un viajero razonable, a menos que uno se equivoque yendo a uña de caballo de uno a otro sitio sin detenimiento para admirar nada como merece. En el Prado no puede contemplar uno todos los cuadros en una visita. Ni todas las galerías y salas. Disfrutar no es compatible con acumular lugares y fotos. Aun así, no quedaron fuera de la ruta la iglesia de Nuestra Señora de Tréveris, algunas plazas con encanto, un barco vikingo tallado en piedra a la puerta de un bar que no comprendí, y me refiero al barco, que el bar no ofrecía dudas.  Ni un puesto de salchichas prêt-à-porter. Llegados al punto de decir que ya no siento las piernas, frase que Rambo nunca dijo, pero yo sí, que también en eso me diferencio de él, regresamos al coche, volviendo a pasar por la Porta Nigra.

    Como está muy cerca, nos vamos a Luxemburgo a echar gasoil, comprar tabaco y a comer. Dicho así y aquí, ya en mi casa, me suena raro eso de —“Me voy a Luxemburgo a comprar tabaco”. Pero así fue, lo que hacemos constar para facilitar las cosas a nuestros biógrafos.
     La única diferencia que me dio tiempo a apreciar es que para dejar la autopista hay que echar por donde dice ‘sortie’, en lugar de “Ausfahrt’. Las compras, en un área de servicio para deleite de Pascual, que fue derecho a un lugar donde vendían una exquisitez que al día siguiente devoramos en la Villa Tusculana. La comida en una plaza de la ville de Grevenmacher en Luxemburgo, frente a un mercado y una iglesia, en un restaurante, que aunque se llamaba Krunnemecken era regentado por portugueses, donde comimos como en casa, cosas familiares y de enjundia, rematando con un café en condiciones, también portugués, en origen y en elaboración. Quiere eso decir que era muy bueno.
     Viendo el Rhin y el Mosela y teniendo en mente el Júcar y el Segura uno se explica que el café alemán sea tan malo por aguado, que en grano es excelente. Sobrados de agua, toda les parece poca al preparar esta infusión, contrastando con la tacañería hidráulica ibérica o italiana, —mediterránea en general—, donde el agua es un bien escaso. Con el agua que derrochan en una cafetería alemana en estropear los cafés durante un año, en Murcia riegan dos hectáreas de huerta. Crían pimientos y de paso beben un buen café.

     Muy cerca de la capital decidimos abandonar Luxemburgo y regresar a Alemania para llegar con tiempo de recorrer los garitos donde había música en vivo en Cochem, en ese evento del que nosotros informamos a la oficina de turismo. Ya conté en la primera epístola que desde las siete de la tarde hasta algo más de la medianoche diferentes grupos amenizaban comidas y libaciones con sus variadas músicas. Por una pequeña cantidad que no recuerdo, te ponían una pulserita que te permitía acceder a todos los bares y restaurantes que ofrecían música, cervezas y salchichas. Y otras cosas, en honor la verdad. Husmeamos en todos ellos, demorándonos en algunos si la música lo merecía, abandonando otros huyendo de los horrísonos sones de unos especímenes que me niego a llamar músicos de los que suplen con volumen su total carencia de ciencia, ténica y gusto. No debimos esperar a que empezaran pues el bajo, un energúmeno rapado, con una cabeza como una botella de butano, evidentemente ya huera, se puso a vociferar en alemán con los ojos saliéndosele de las órbitas porque le movimos dos centímetros un cable que pasaba por debajo de los taburetes de la barra. Fue uno de los dos alemanes enfadados que tuve el placer de conocer, algo digno de verse, aunque mejor en un circo que de tú a tú. El idioma alemán de por sí no suena dulce a nuestros oídos, aunque te lo susurren. A grito pelado inevitable es que acarree malos recuerdos, pues parece que el gritador se dispone a invadir Polonia. Como bestia parda, cabrón con pintas, imbécil con balcones a la calle habría que clasificarlo, pues Linneo nada nos dejó dicho de estas subespecies. A la segunda insoportable canción nos dimos el gusto de pasar frente a tal alopécica bestezuela selvática para huir despavoridos hacia la calle dejándolo martirizar el bajo Rickenbaker enchufado a un Marshall. Tales instrumentos no deberían venderse a cualquier neanderthal, aunque pueda pagarlos.

     Nuestra huida nos llevó felizmente a un restaurante mexicano, rotulado en un castellano que los empleados no entendían, aunque daba gusto leer cocina, mojito, taco, enchilada y demás hermosos vocablos. La música, reggae, bien interpretada por un grupo al que dibujé mientras nos traían la cena. Como en la primera epístola ya se daba cuenta de ello, no conviene insistir y repetirse.
 
   
     Final del día en Villa Tusculana, directamente al sobre que el día ha sido agotador. Mañana a Koblenz.