lunes, 28 de julio de 2014

Últimos dibujos con tintas


   Cuando voy a publicar esta nueva entrada, observo asombrado que en mi blog hemos pasado de las 500.000 páginas visitadas. Me resulta asombroso y muy gratificante. Muchísimas gracias por vuestra atención y vuestro valioso tiempo.
   Después de la exposición de acuarelas, con muchas de ellas pintadas en las semanas previas, vuelta a las tintas, las plumas y los formatos pequeños. En el primero de los dibujos, con nogalina, se vuelve también a un tema pintado ya previamente. Se añaden dos versiones anteriores, una con plumilla y otra con tinta Montblanc color burdeos. Para ver de dónde salen, también se muestra la fotografía en blanco y negro que hice hace bastantes años en Tinajeros, un pueblecito cercano a Albacete. En el original, haciendo honor al nombre, aparecían dos enormes tinajas de vino, tan tradicionales en la zona.


   De este fin de semana, con tintas, pincel de agua y algunos toques de acuarela salen los dos siguientes dibujos, mitad de memoria y mitad inventados, sobre dos macetas de mi casa, aunque en el momento de dibujarlas no las tenía delante. Para los fondos se ha usado un amarillo de Nápoles, normalmente empleado para pintar retratos, por su color carne. Mezclado con ultramar en el primero y verde Hooker en el segundo. En el primero de ellos  las hojas se han pintado con verde musgo, esa tinta de Stípula que siempre utilizo. Mojando el pincel en la estilográfica. El ultramar es tinta azul Quink de Parker. La 5001 de Pelikan tiene un tono ligeramente más morado. Para las sombras del fondo también se ha recurrido a un violeta de Daniel Smith.
   En este dibujo, aparte del fondo ya explicado, se utilizó Siena tostado para la pared. Para los tonos rojizos y violáceos, una gama conseguida con ultramar y Madder lake de W&N. Los verdes: Sap green de Rembrandt y jadeita de Daniel Smith. El blanco, un rotulador.
   Dibujo a pluma y rotulador pincel Pentel, dibujado una de las tardes que pasaba en ese patio durante mi exposición de acuarelas en la Casa Vieja.
   Los dos siguientes están pintados con pluma, pincel y nogalinas. Son los castillos de Peñarroya en Ciudad Real y Alcalá del Júcar en Albacete.
Paisajillo imaginario para probar una nueva tinta azul de Pelikan que me trajo de Madrid mi hijo. Me gustan mucho esos reflejos rojizos-violáceos que ofrece al diluirse.
Con mis tintas de siempre y pincel de agua:
   Probando unas titnas rojas para comprobar, una vez más, que no son rojas. Herbin y Montblanc.

    El siguiente dibujo, con la estilográfica Namiki Falcon cargada con tinta Platinum (Carbon Ink). Al secar se añaden las sombras con esa misma tinta diluida con el pincel de agua. Se trata del castillo-palacio de Magalia, en Navas del Marqués. Es en el único castillo en el que he pasado una noche. En este caso una semana entera, hace muchos años durante un curso de organización de bibliotecas y animación a la lectura. No pudieron encontrar un lugar mejor.
    La última, un apunte con pluma, tintas y pincel de agua, se trata de una vista del castillo de Ambra, en Pego (Alicante). Desde un cerro cercano, por el que pasa la carretera, se ve el valle y el mar al fondo. Imposible en una fotografía o una pintura reflejar la inmensidad de la vista.

martes, 8 de julio de 2014

Pruebas con Garzapapel


    Me faltaba por probar a conciencia este papel de 500 gramos de encolado especial de Garzapapel. Ya lo había hecho con unas muestras de menor tamaño y me había parecido merecedor de más probaturas y tormentos. Lamento no haber tomado fotos de las fases intermedias de esta acuarela, pues algunas manipulaciones son evidentes, como los rascados y borrados. Otras no tanto, como zonas enteras que se han levantado simplemente mojando y quitando el pigmento con un papel absorbente.
    Arriba, en el margen inferior izquierdo se pueden ver esos rascados en seco, con una navajita de Albacete, lo que es una afrenta que no todos los papeles soportan. Los 500 gramos de este papel y su grano visible, pero no excesivo, favorecen recursos extremos como este.
 
    Las casas, pintadas de forma suelta y poco definida, han sido difuminadas y alejadas frotando con una goma de borrar. El encolado de este papel hace que parte del pigmento se elimine así, pues no ha calado en el papel de forma tan profunda como en otro más poroso y absorbente.
   En el fragmento anterior, podemos notar que desde la mitad del ojo del puente hacia la izquierda cambia algo el color. Anteriormente estaba cubierto por el mismo tono que en el muro del primer plano, pues en la realidad ese muro se eleva en esa zona haciendo un escalón. Eso tapaba medio puente y quedaba raro, haciendo dudar si era sombra, un ángulo extraño que tomaba el puente en ese lugar o qué leches. Mejor quitarlo. Mojando y frotando con un pincel de cerda dura, con papel se eliminó la pintura. Este papel, después de tales tormentos, permite pintar encima y conserva su textura y cualidades. Igual se hizo con el espacio del tercer tramo de ese zig-zag del puente, ocupado antes por la base de esos árboles. Se eliminó de la forma comentada, para darle profundidad al puente, mostrando la otra parte y el lugar de donde viene. Prácticamene no quedó ni rastro de esos árboles.
      En este otro ejemplo, en este caso una pequeña acuarela del castillo de Chinchilla de Montearagón, también 500 gramos encolado especial, el proceso fue todavía más perverso. Los lienzos de los muros  y la parte central, se pintaron con pigmento bastante intenso. Una vez seco, debajo del grifo se frotó ligeramente con el cepillo de las uñas. Así sale esa textura que resalta la trama del papel. Cuando volvió a estar seco, se retocaron algunas zonas, añadiendo detalles, y el papel conservaba gran parte de su encolado, no quedó como un papel secante, como sería de esperar.
    Con el mismo papel, acuarela sobre el parque Lineal de Albacete. La hice con las primeras muestras citadas. No existe una diferencia abismal entre el 500 gramos de encolado normal y el especial. Sin embargo, este último consiente y favorece estos procesos más agresivos. También es algo menos poroso, ofrece perfiles algo más definidos, como se evidencia en los bordes de los árboles. También  hay rascados, en húmedo y en seco, para añadir brillos y textura, algunas ramas y cosas así. El comportamiento del papel es excelente.
     La siguiente está pintada sobre papel de encolado normal. También admite esos rascados, aunque se pueden observar diferencias a la hora de trabajar, como un mayor margen de tiempo para fundir colores, y unos bordes ligeramente menos definidos, si eso es lo que se pretende, una de las cualidades que ofrecen todos los papeles de Garzapapel, permitiendo hacer muchas de las mezclas de color en el mismo soporte, dejándolas fundir. En acuarela una capa siempre es mejor que dos, y mucho mejor que tres. Se gana en trasnparencia y en matices.
    Las siguientes acuarelas están realizadas con papel de 300 gramos. Se percibe menos grano porque el tamaño es mayor, 50 cm de ancho. Las pruebas anteriores son la mitad de grandes. En ellas, especialmente en los cielos, se ha aprovechado esta cualidad de estos papeles de mantener la humedad algo más de tiempo que otros. Añadiendo pigmento diluido en algunas zonas, se mezcla el color añadido sin cortes, bordes ni coliflores, muy difíciles de cultivar en este papel, afortunadamente. Para algunas capas, unas nubes más oscuras, se ha dejado secar casi completamente, buscando nitidez en los bordes de algunas de ellas. Con el pincel húmedo, pero escurrido, se pueden suavizar eliminando pigmento, si eso es lo que se busca. Este papel ofrece tiempo para hacerlo.
   Además, estas tres acuarelas recogen vistas de los hermosos parajes del trayecto de Alcoy hacia Alicante, en un día primaveral bastante nuboso y caracolero, con nubes que rebosaban montaña abajo. Es la zona es donde se fabrica este papel. Donde se lleva fabricando más de mil años, como ya contaba en otra entrada anterior. Si por tradición es, ni Fabriano, ni Arches, Saunders ni nigún otro, les mojan la oreja. Ya decía que papel en inglés tiene nombre valenciano, (paper) que es donde lo compraban.


     La siguiente, una vista del Mugrón desde el cerro donde se encuentra la Cueva de la Vieja, en Alpera, Albacete. Esta vez se hizo sobre el papel de acuarela de 180 gramos. Como todos ellos, pero en este caso de forma más inexplicable, no se comba al mojarlo, sin ncesidad de tensarlo ni humedecerlo previamente. Tiene un noble comportamiento este papel.
    El mismo tema sobre Garzapapel para dibujo o plumilla, también de 180 gramos. Se ha hecho con tintas, mezcladas y diluidas con pincel de agua, aplicadas directamente con estilográficas o mojando el pincel en sus tajos.
   Con el mismo papel, dibujos a estilográfica y pincel de agua. Aunque tiene un grano suave característico de la casa, permite trazos ágiles con pluma o plumilla. Cuando se hacen con rapidez se pueden conseguir interesantes efectos de textura.


   Creo que ya he probado todos los papeles, menos el de 600 gramos, que no es de suponer que se diferencie mucho del de 500. También tengo que hacer unas pruebas dibujando a lápiz con algunos de ellos, de forma que nos queda faena.
   Resumiendo, para acuarela, el de 180 gramos puede ser suficiente para los trabajos reducidos, sin intentar abusar del papel que, como digo, no se deforma ni hace bolsas al mojarlo. El de 300 es el adecuado para los trabajos normales, sobre todo si el formato es más generoso. El de 500 ya es un verdadero lujo, que merece ser conocido y probado, con esas dos opciones de encolado normal o especial. El de 600 gramos queda pendiente.
   En los papeles, como en los demás materiales, interviene mucho el propio gusto y la forma de trabajar de cada uno. Para la mía, estos papeles de Garzapapel me resultan amigables, con un comportamiento noble que favorece mi pintura y alivian mis defectos. Como buen catacaldos, no quiere esto decir que renuncie a utilizar Arches o Fabriano cuando busque un grano especial, un papel más satinado o un secado más rápido.

sábado, 7 de junio de 2014

Música, Exposición y descanso en Alicante

   Los últimos quince días han sido especialmente espesos. Además del montaje e inauguración de mi expo de dibujos y acuarelas, mucha música: reuniones, ensayos, bolos, conciertos, con sus correspondientes montajes, desmontajes y nervios. Todo ello con final feliz. Alabado sea el Altísimo.
Presentación de nuestro grupo Flashback en el Chapó, el 19 de mayo.
Con Pascual Ortiz, Segis Armero y Paco Arteaga.

Entre los cuatro, unos 160 años de música y amistad.
El 22 de mayo, inauguración de mi exposición de dibujos y acuarelas, en la Casa Vieja.
Seguiremos allí hasta el 20 de junio.
El 29 de mayo, en el Sagasta de La Roda. Alfonso Ruíz puso sus acuarelas en el escenario y en la sala. Nunca antes había tenido tan buen escenario. Para colmo, me regaló una acuarela, que me dejó elegir entre todas las expuestas, decisión difícil.
Gracias a Alfonso y a mis compañeros, que no quisieron que se sorteara entre los cuatro.
31 de mayo, en el Auditorio Municipal, con el cartel de "No hay entradas", compartiendo escenario  con muchos amigos, todos ellos músicos magníficos. David Espejo (piano), Alex Ponce (violín), Luis Arteaga (bajo), un servidor (guitarra) y un Steinway & Sons 7, acompañamos a Elisa Belmonte cerrando el concierto.
   Después de esos quince días, uno llega a la conclusión de que se merece unos días de descanso, compartidos con quien con su apoyo y paciencia ha facilitado que pudiera hacer tantas cosas. De forma que, una vez libres de compromisos y obligaciones, hemos hecho como el sol en invierno y nos hemos ido para Alicante, la millor terreta del mon. Cuando digo Alicante, me refiero a Calpe, Jalón, Campello, Benidorm, Alicante y escalas en otros puertos. Como el plan era descansar, se ilustran mis intenciones con la siguiente panorámica, que hace inevitable sacar los apechusques de pintar y ponerse a dibujar el paisaje:
   Al fondo, el peñón de Ifach, en Calpe. Para los navegantes de la Antigüedad este inmenso farallón era la segunda de las Torres de Hércules, pues la otra era Gibraltar. Ifach, la del norte, le llamaron los fenicios y así se sigue llamando. Lo que se dice un lugar y un topónimo con solera. Con el lema "Non Plus Ultra", estas torres aparecen a diestra y siniestra del nuestro escudo nacional. De forma que aunque muchísimos estadounidenses no lo sepan, y además lo ignoren, esa columna y la de Gibraltar, junto con la orla del lema citado, son el símbolo de su amado dólar $, pues en tiempos lejanos era la moneda del imperio español, con sus emblemas, la universalmente tenida por buena. La vida da muchas vueltas, más que una moneda al caer.
   Habitado desde siempre, tanto el peñon como la zona que le rodea, ha sido atalaya, refugio, referencia para navegantes... Iberos, romanos, bizantinos, árabes, aragoneses y castellanos han dejado murallas, monedas, cerámicas, muros y recuerdos. Abajo, en la orilla del mar, Los Baños de la Reina, que es como se suelen llamar a estas piscifactorías romanas de forma tan romántica como inexacta. Las hay en Altea, Calpe y Campello. Las de Altea no las conozco todavía. 
   Dos días antes, con la misma pluma (una Pilot Artist Pen EF) y tinta siena, ya habíamos hecho un dibujo en ese cuaderno de Paper Blanks de la torre de El Campello. Aunque es bastante ajustado a la realidad, el dibujo es más como lo recuerdo que como se ve desde donde lo he pintado, semioculto por otras construcciones, el puerto deportivo, carteles, coches y demás. A veces conviene dibujar cómo eran las cosas. Incluso como debieran de ser, por supuesto eliminando todo lo que no aporte nada relevante y positivo a la composición.

   Se muestra la fotografía para ilustrar la interpretación que antes comentaba.
   Un detalle me gustó, una gran piedra tras esas plantas de Aloe Vera. De forma que un apunte, una foto y otro proyecto de acuarela al cajón.

   Detrás del torreón, edificado entre 1554 y 1557 para otear piratas e invasores, siguiendo las órdenes de Buenaventura de Cárdenas, virrey de Valencia, se encuentran los Baños de la Reina de Campello, la Illeta dels Banyets, con piscinas talladas en la roca para retener los peces de la factoría de salazones, materia prima para elaborar el "garum", que venía a ser el rotundo ketchup de los romanos, algo así como la salsa Worcestershire o las típicas orientales de pescados fermentados.
   Hace años se llegaba a esa zona de rocas talladas, de aguas cristalinas ideales para bucear, andando por encima de la zona hoy excavada. Se puede llegar andando, pues ese islote se separó de la costa por un terremoto y se ha unido a ella de forma artificial. Es zona habitada desde hace 5000 años por los primitivos pueblos y culturas aborígenes, por los iberos y después por todos los pueblos del Mediterráneo que se han ido turnando a lo largo de la historia para invadirnos, según acreditan los restos hallados. Entre ellos de varios templos y unas pequeñas termas romanas, vestigios de la villa que se debió construir por quienes explotaron esos viveros de peces para hacer con parte de ellos la mencionada salsa.
     En Benidorm me dediqué a pintar árboles, lo que requiere eliminar todo lo demás: coches, autobuses, turistas, tiendas de chinos, ingleses en poder de las uvas vociferando en paños menores en las terrazas de los bares... Mejor pinto árboles, obviando a estos señores que no saben beber. Ni tomar el sol, que ya están semicocidos por fuera, del todo por dentro, y el verano no ha hecho más que empezar.


   Por último un apunte de un árbol y unos muros del Castillo de Santa Bárbara, en Alicante. Hice muchas fotos porque es enorme y cuesta trabajo recorrerlo todo, de forma que no creo que vuelva a menudo, aunque merece la pena. No creo que haya otro complejo defensivo en lugar más adecuado que este, con un tamaño tan desmesurado, con tantas almenas, murallas, aljibes, salas... y tan bien conservado. Hasta una taberna del siglo XV.
   Además puede comprobar que vivir o trabajar en un castillo, con sus cañones recuperados de navíos históricos, sus aspilleras para lanzar las flechas a gusto, sus mazmorras, instrumentos de tortura y demás elementos defensivos y ofensivos, puede hacer que algunos de sus moradores se vuelvan hostiles, malcarados y desabridos. El guardia que protege la entrada sabe a quien me refiero y por qué. Pero lo comprendo.  A quien no es capaz de entender bien su actual misión, un lugar así puede retrotraerle al pasado, incitándole a hacer desagradable una visita que no se ha conseguido impedir. Quienes hasta allí suben hoy en día no son enemigos, piratas berberiscos, vikingos o cualquiera otra marca o modelo de incordio, sino los turistas que le dan de comer. Su no entendida misión es dar facilidades, hacerles agradable la visita, provocar que deseen volver, dejar un buen recuerdo. No pido que te devuelvan la sonrisa, que no estaría demás, pues la mayoría lo hacen, pero cada uno debe sufrir en silencio sus dolencias gástricas o de otro tipo. Con Dios, hermano.

lunes, 19 de mayo de 2014

Acuarelas y dibujos de Andalucía I


    Observo que, aparte de mis habituales escapadas por tierras de Alicante y algunas más breves a pueblos de la provincia de Albacete, los viajes de los últimos años han sido siempre a Andalucía: Málaga, Granada, Almería, sucesivamente, y ahora Córdoba y Sevilla, pasando por Úbeda y Baeza, en Jaén. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. La verdad es que tiene todo lo que me gusta: historia, paisaje, rincones, belleza, gastronomía y, algo no menos valioso: buen humor. Sólo por escuchar hablar a la gente, merece la pena ir. Música para los oídos. Para otro futuro viaje quedan Cádiz y Huelva. Nos pondremos a ahorrar.
    Resulta que uno de los fines de estos viajes es dibujar, pintar, realizar bocetos y apuntes, haciendo así acopio de fotos e ideas para nuevas acuarelas. Por ejemplo, todo lo que se muestra en esta entrada del blog, una parte de la producción de este corto viaje. Quedan unas 600 fotografías, que como recuerdo y documentación no están nada mal. 
   En esta escapada de unos pocos días, siempre insuficientes para tanto que ver, pues Úbeda y Baeza sin ir más lejos y que sólo vimos de paso en una mañana para las dos ciudades, ya merece un viaje aparte. Igual con Córdoba o Sevilla, que llevaría meses conocer a fondo. Se te saltan las lágrimas de ver los pueblos que van quedando a orillas de la carretera, a los que siempre promete uno volver. Al menos a la ida pasamos y nos detuvimos en La Carlota, una de las Nuevas Poblaciones fundadas en los reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla por Carlos III y repobladas con inmigrantes alemanes, flamencos y suizos, junto con La Carolina, Olavide, Carboneros, Luisiana, Santa Elena, Navas de Tolosa, Guarromán y Aldeaquemada, entre otras, por cuyas cercanías también anduvimos. La emigración, como vemos, no siempre tiene unas mismas rutas y direcciones, algo que a nadie convendría olvidar. En este caso, la mafia que los embarcaba era el bávaro Türriegel, que cobraba de las arcas del reino un tanto por colono, atendiendo a las demandas de Pedro de Olavide, promotor y encargado de la repoblación de estos desiertos. La vuelta fue por Despeñaperros, que se supera volando por túneles y altos viaductos que  ahorran tiempo, cuestas y peligros. Me refiero a los del tráfico, pues los antiguos bandoleros de estos parajes, como los de Sierra Morena, se sientan hoy en día en ciertos consejos de administración y en el Consejo de Ministros.
   Pedro de Olavide también inmigró desde Perú, muerta su familia en el terremoto que destruyó Lima en 1746. La verdad es que tuvo que salir huyendo de allí lleno de deudas, cuyas culpas echaba al muerto. Y me refiero a su señor padre. También por gastarse en contruir un teatro una parte de los fondos procedentes de
los bienes de los fallecidos, que le habían encomendado administrar para acometer las obras de reconstrucción. Buen pájaro era el tal Olavide. Al final fue perseguido y condenado por la Inquisición y tuvo que hacer las maletas e irse a Francia. No sé si la inquisitorial inquina vendría de que los dineros para financiar las Nuevas Poblaciones provenían en parte de los bienes incautados a los jesuitas en la desamortización, tal vez, por importar libros de dudosa doctrina o, más bien, por sostener veintiséis proposiciones heréticas, tales como defender a Copérnico o prohibir que las campanas tocaran a muerto en el imperio. Con tantas bajas como la peste provocaba en esos momentos, se iban a abatir los ánimos de la población superviviente. ¡Qué tiempos!
    Tanto estas Nuevas poblaciones como la fábrica de Tabacos de Sevilla, me interesaban especialmente por ser escenario de algunos de los capítulos de mi inconclusa narración  sobre el convento de San Odón de la Muela, que retomaré en cuanto tenga tiempo, interpretando a mi manera los eventos de la época ilustrada.
 
   Como ya he dicho, el primer café y el primer paseo, en Úbeda, sobre las 9 de la mañana, que las del alba serían cuando salimos de viaje. La segunda parada, en Baeza, a tomar algo más sólido. Tras concluir que era ofender a estas dos ciudades, Patrimonio de la Humanidad, el dedicarles tan poco tiempo, hicimos un dibujo de un pino, nos inventamos los edificios del fondo, tapados por los coches y camiones que nos ocultaban los que de verdad había, sin duda más hermosos, y nos prometimos volver de nuevo a ver las renacentistas Úbeda y Baeza como se merecen.

CÓRDOBA

   Llegamos a Córdoba con toda la fuerza del sol  y dejamos el coche a escasos metros de la Mezquita, haciendo verdad el dicho que reza "tienes más suerte que un quebrado", pues quebrado estoy, de la pata derecha por más señas. Ello me permite dejar la diligencia en los espacios que las ordenanzas nos reservan a cojos y tullidos en lugares estratégicos. Si lo llego a saber me quedo cojo antes. Aunque, bien pensado, mejor no. De forma que maleta en mano nos dirigimos al hotel, justo enfrente de la Mezquita. Pasamos por el Palacio episcopal, y me paro a pensar que tiene cuajo que el señor obispo de Córdoba, cuando se asome a la ventana de su palacio, tenga una mezquita como inevitable visión. Tendrá que levantar la cabeza para ver la torre de la catedral cristiana incrustada en medio de tal maravilla levantada por los infieles. Infieles para ellos, pues para los musulmanes, lógicamente, los infieles somos nosotros. 
   Me asombra la carestía secular de solares que ha obligado a emplazar las iglesias sobre las mezquitas que previamente se habían levantado sobre los escombros de las iglesias visigodas que, a su vez, se habían edificado con las piedras de los templos romanos arrasados, construidos sobre viejos santuarios iberos o fenicios. Seguramente eran lugares de culto desde cuando el mundo es mundo. Las religiones han sido el origen de la existencia y de la destrucción de muchas maravillas, y de millones de vidas todavía más maravillosas, y mi modesto entender no alcanza a comprender cómo un hermoso y antiguo edificio puede ser tenido como hostil a la propia fe. A mi escaso juicio, tanto esta catedral como el palacio renacentista realquilado en la Alhambra, son obras arquitectónicas sublimes, monumentos de primer orden, pero que deberían haberse contruido en otro lugar, sin demoler otros para mi más hermosos, más escasos y obviamente más antiguos. Levantados en tal lugar, mutilando parte de estas joyas únicas, lo siento, pero los considero un pegote por el que paso de largo. Y merecen ser vistos.
 
   Apartando japoneses llegamos a la oficina de turismo, metros después del obispado ya reseñado. Un patio encantador, donde hay mesas, sillas, sombrillas, olivas, cervezas y más japoneses con sus cámaras. Clic, clic, clic... Un remanso de paz que aprovechamos para descansar, reponer fuerzas e informarnos. De paso hacemos el dibujo anterior, con estilográfica caligráfica sobre papel galgo verjurado de 200 gramos, que junto con unas bolsas de Garzapapel de 180 gr. de 14x20, es lo que llevamos en el bolso para tales menesteres. De ahí al hotel, a pocos metros, a darnos el gusto de dormir la siesta un ratito, que el día es muy largo, a pocos metros frente a la Mezquita, que se ve desde las ventanas de la habitación. Seguro que soñé con patios con fuentes en un palacio de las mil y una noches, aunque no consigo recordarlo.
    Ya repuestos, salimos a la tarde cordobesa, derechos a ver algunos patios llenos de flores, pues es la semana de los patios.  Cruzamos el barrio judío, saliendo por la puerta de Almodóvar, hacia San Basilio, donde hay una especial concentración de patios que merece la pena visitar. Patios, calles, plazas y rincones, pues Córdoba no tiene desperdicio. No puedo evitar pararme a hacer otro dibujillo: 

 No sólo los patios, pues calles, fachadas y balcones están llenos de macetas azules de las que cuelgan geranios y otras flores que llenan de color el recorrido. Vamos haciendo fotos que sirven para hacer otros dibujos, que más tarde se colorean con acuarela.
   En el barrio de San Basilio, nuevo descanso, que madre no hay más que una, pero piernas no hay más que dos, y no muy poderosas en mi caso. Voy alternando cervezas, aguas minerales y cafés en estas paradas que hago en las terrazas de las placetas y rincones que salen al paso, pues dudo si es mejor estar nervioso o mareado. Este dibujo, calles Postrera y En medio, también con pluma estilográfica, china de tajo torcido con tinta carbón de Platinum, sobre Garzapapel de acuarela, de 180 gramos. Una maravilla de plaza y de papel.
   Mi santa me abandona para visitar otros patios mientras yo hago el dibujo anterior. De sus fotos, en otro momento, hago un dibujo con los mismos materiales, que posteriormente me recreo en colorear con la cajita de acuarelas que llevo en el bolso. Se muestra el antes y el desps:
     A la mañana siguiente muy temprano, tomando el primer café en el patio del hotel ya planeé dibujar lo que se ve en este otro apunte, que hice al volver de la Mezquita, no con el café. Se estaba allí que daba gloria, pero queríamos entrar en la Mezquita a las 8, antes de la invasión japonesa, para poder ver alguna columna. Luego lo colorearé y lo pondré multicolor en la siguiente entrada, cuando os cuente la visita a la Mezquita y algunos dibujos y andanzas por Córdoba y Sevilla.  

 SEVILLA

 De Córdoba a Sevilla, y no me voy a poner aquí a contar la historia de Sevilla ni a describir sus bellezas, que muchas tiene. Me falta ciencia y espacio para tales propósitos. Me detengo en las jacarandas, árboles de encanto que abundan en Sevilla, igual que las mimosas —o sensitivas— de hojas huidizas y colores variados. Una maravilla de árboles para no desentonar con el entorno. Como en la acuarela siguiente:
   La siguiente acuarelilla que sigue se hizo sentado en un banco, con agua de un estanque, que fuente no la había en el parque desde donde dibujaba tan hermosa perspectiva, también adornada de jacarandas. Voy a tener que incluir en el kit de pintura una petaca de ginebra seca o de cognac como los acuarelistas ingleses de antaño, a ver si consigo similares tonos. No para beber, que me da ardor. Al fondo las torres de la Plaza de España, en el Parque de María Luisa, construida para la Exposición Iberoamericana de 1929. La primera piedra fue puesta por Alfonso XIII, pero una nada más, que eso cansa mucho y ensucia las manos. De las demás, que son las que más mérito tienen, desconocen los historiadores quiénes las fueron poniendo. Subido el rey a la torre, mohíno y disgustado al ver que se habían levantado edificios de cinco, incluso seis pisos, dejó dicho que no se construyeran edificios altos que compitieran con las bellezas de la ciudad, y menos que taparan su vista. Ni puto caso, en términos científicos.
   Lo de la exposición iberoamericana tal vez fuera una excusa siendo la realidad que, con gran visión de futuro, se construyera para servir de decorado al rodaje de Lawrence de Arabia, Star Wars II y otras películas como El dictador o El viento y el león, con Sean Connery.
      El dibujo siguiente se hizo frente al hotel Alfonso XIII, mientras refrescábamos el gaznate en un bar frontero. De tal apunte y de unas fotos que desde allí hicimos sale la acuarela que inicia la entrada. Fue el trabajo que nos ocupó el día de ayer.