miércoles, 15 de octubre de 2014

Grafito acuarelable - ARTGRAF de VIARCO


    En el reciente encuentro en Cuenca de Ladrones de Cuadernos, ya reseñado en la entrada anterior, entre otras muchas satisfacciones y descubrimientos, no deja de tener su importancia el ver qué materiales emplea cada cual y de qué forma. La primera conclusión vista la producción ajena es que no hace falta mucha parafernalia para hacer grandes cosas, pues de un cuaderno, un pincel y una cajita con seis u ocho acuarelas puedes quedear asombrado de lo que puede salir. Como del lápiz de Quino, lleno de figuras e historias. Depende de las manos, claro está.
   Pero uno es un catacaldos. Por eso, una vez descubierto esto que ahora os muestro, en manos de Fernando Font de Gayà, al mismo llegar a casa me lancé en su búsqueda en una navegación virtual que me llevó hasta el fabricante en Portugal de este producto que no conocía. Se trata de grafito acuarelable. Presentado en barritas, pastillas como la tiza de sastre o una pastilla redonda en una pequeña caja metálica donde se puede tomar pigmento directamente con un pincel y agua. Sea como sea, siempre funciona igual de bien. Lo que me ha sorprendido agradablemente, es que, una vez seco, sigue siendo grafito. Por tanto se puede difuminar frotando con el dedo, se puede borrar si no se deja pasar mucho tiempo y se puede aplicar tanto en seco para extender después con un pincel mojado como directamente utilizarlo como acuarela. Es llevar tinta sólida en el bolsillo, eliminando riesgos y peligros. Comodísimo. Todo el invento cabe en el bolsillo.
     Esto es lo que se ha utilizado para el primer dibujo, una nubosa puesta de sol en Torrevieja. Aplicando baños disueltos en diferentes intensidades se han pintado las nubes. Como íbamos de pruebas, se ha frotado con el dedo, extendiendo el grafito, igual que si se hubiera aplicado con un lápiz blando. Se sacan blancos con la goma de borrar. Como no tenía a mano blanco en lápiz o barra de Conté, se han hecho algunos brillos con un rotulador de este color. Mejor hubiera sido ponerse a buscar, pero así quedó. Creo que tiene posibilidades. Tengo que probar mezclándolo con sanguina en lápiz o en barritas de Conté. También en un papel coloreado, pues el utilizado en estos dibujos era un tono marfil no totalmente blanco, Galgo verjurado de unos 200 gr.
   Este otro dibujo de unos árboles, cosa frecuente en esta casa, se utilizaron todos los formatos de este grafito. Dibujo con el perfil de la barrita, pinceladas diluidas, detalles con lápiz normal de grafito, también de la misma casa Viarco... Se ha frotado con el dedo igual que en el anterior. En fin, habrá que seguir explotando posibilidades de este invento.
   En realidad esta fue la primera prueba que hice, utilizando el primer papel con textura que encontré. Unas cuartillas de papel tela que tengo varios siglos en casa. Con la tiza, la barrita, el pincel, lápices, dedos, goma de borrar... Un apunte de una planta que tenía enfrente, sin entrar en honduras ni detalles. Visto así se notan todas esas formas de manchar el papel con grafito. Planificando un poco la cosa, creo que tiene muchísimas posibilidades. Cuando haga más pruebas las pondré aquí.
   Por último, el enlace a la página del fabricante que hace envíos por correo y acepta cualquier forma de pago. En Portugal, como os digo:


jueves, 9 de octubre de 2014

Por Cuenca. Dibujos y acuarelas

    El pasado día 27 de octubre se celebraba el I Encuentro de Ladrones de Cuadernos, colectivo de dibujantes en cuadernos que compartimos en el blog de ese nombre nuestros dibujos, acuarelas, informaciones sobre técnicas y materiales y, lo que es más importante, las vivencias a que dan lugar las situaciones de dibujar y pintar por esos mundos, hasta ahora, cada uno por el suyo. Después de varios años, iba siendo necesario poner cara y voz a esas personas con las que has ido manteniendo una relación cada vez más amiostosa y cercana. De forma que para Cuenca nos fuimos, que esa fue la mágica ciudad que para este primer encuentro se eligió, a propuesta de Anais que planificó todo con eficacia organizativa equiparable al desembarco de Normandía. Un éxito que habrá que repetir en otro lugar.
   Salimos el viernes 26, sin prisas, temprano, para hacer parada en Alarcón, que también merece una visita después de haber pasado de largo tantas veces y adivinado el castillo, torres y murallas del sistema defensivo de esta villa conquense y el pantano desde la carretera. Muchas fotos, un dibujillo y comida compartida con tres gatos en la plaza frente al castillo, ahora Parador Nacional "Marqués de Villena", que visitamos después. El castillo, de origen árabe, perteneció al califato de Córdoba hasta que fue tomado en 1184 por Fernán Martínez de Ceballos, capitán de las tropas de Alfonso VIII. Tuvo gran importancia en la época y a su alfoz pertenecían aldeas, villas y lugares como Belmonte, Albacete, La Roda, Garcimuñoz, entre otras sesenta y tres. Siempre tierra fronteriza. Guerreros de su concejo participaron en 1212 en la batalla de las Navas de Tolosa.
   Fue propiedad a principios del siglo XIV del Infante don Juan Manuel, como parte del señorío que le concedió Fernando IV. Allí escribio sus obras literarias. En el siglo XV, pasa al Marquesado de Villena, cuyo titular era Juan Pacheco. El paso de los siglos lo lleva de mano en mano, a manos tan nobles como indiferentes y descuidadas, casi hasta llevarlo a la ruina. El marqués de Frías, en 1863 se lo vendió a don Rafael Lázaro Álvarez de Torrijos por 20.000 reales, incluyendo "cuatro o cinco torreoncitos más". Se lo expropia el ministro Fraga Iribarne en 1963 para restaurarlo y convertirlo en el actual Parador de Turismo.
   Estas dos acuarelas se pintaron posteriormente en casa a partir de las fotos, apunte y recuerdo. Las dos en Garzapapel, al primera de 500 gramos, la segunda de 180. Los pigmentos son Daniel Smith, lo que aumenta la textura y granulación del resultado. Como sigo con mis pruebas con los Versátil de Escoda, con ellos se han pintado. El segundo, de 20x14, es un reto para la finura de sus trazos.
    A media tarde ya estábamos en Cuenca, la maleta en el hotel y los apechusques en el coche aparcado en toda la plaza mayor gracias a la extrema amabilidad y competencia de los funcionarios de la grúa municipal, supuesto espanto de aparcantes creativos. El primer contacto con ellos se produjo cuando hacía mil y una maniobras para conseguir desenhebrar el coche de una pequeña plaza cercana al hotel, placeta sin salida a la que ellos intentaban acceder para llevarse algún coche extremadamente mal aparcado. Al preguntarles por la existencia y ubicación de alguna plaza de aparcamiento para cojos, una vez acreditada por mi parte tan miserable condición, me remitieron a las que hay en la mentada Plaza Mayor, que ya había visto habitadas. Me indicaron que no tuviera inconveniente en ocupar la parada de taxis inmediata. Como tampoco allí había sitio, me dirigí al castillo, para dejar el coche allí encaramado, también sin éxito en mis búsquedas. Me los volví a encontrar y me insistieron en que volviera a la plaza y allí lo dejara en el lugar indicado como Dios me diera a entender. Lo dejé en la parada del autobús, en la que de todas formas observé que ni cabía ni utilizaba. No contentos con ello, volvieron por allí para indicarme que, cuando pudiera, lo aparcara mejor si algún lugar se quedaba libre y que mientras tanto no me preocupara. Me llevó dos cervezas esperar a que una de esas plazas al fin se desocupara. Y allí establecí mis reales durante toda la estancia.
    Me extiendo en el lance porque he tenido otras experiencias que contrastan con lo anterior, sin ir más lejos, en el castillo de Santa Bárbara de Alicante. En Cuenca me he sentido bien tratado, invitado a regresar, como sin duda haré y no podía dejar de reflejarlo aquí para aviso de renqueantes. Desde aquí mi felicitación y agradecimiento a esos funcionarios que trasladan a su trabajo su condición de buenas personas, que ayudan, hacen la vida fácil a los demás y aportan a la ciudad tanto valor como sus paisajes y monumentos. En realidad, esa es su misión, pero algunos no lo entienden así. Espero y deseo que, como funcionarios, dejen de ver congelados o recortados sus salarios. No se lo merecen.
 

   El primer agradable encuento fue con Oñera, delicado dibujante de árboles y farolas, hórreos y parques, al que sólo conocía por ellos y por sus excelentes escritos y comentarios. Ya en la plaza, mientras nos tomábamos algo, hice este primer dibujo que incompleto quedó e incompleto quedará. Poco a poco fueron acudiendo más, suficientes para irnos juntos a cenar y empezar a conocernos un poco mejor. 
  A la mañana siguiente, sábado 27, retrato oficial en las escaleras de la catedral, aunque todavía se fueron incorporando más amigos a lo largo del día. Abrazos, reconocimiento gracias a reventones claveles, caballetes, bolsas llenas de cuadernos y otros signos visibles. Luego dispersión por los mil y un rincones de Cuenca que da para pintar durante dos o tres vidas.

   Habíamos dormido en una celda del antiguo convento de San José, hoy posada, pues ya es sabida por los habituales de mi blog mi querencia por cenobios, conventos y monasterios. De este recomendabilísimo establecimiento es el dibujo que abre esta entrada, realizado en casa ya a la vuelta a partir de mis fotos. Fue en su origen casa palacio contruído en 1621 por Juan Bautista del Mazo, pintor casado con doña Francisca Velázquez de Silva, hija del famoso pintor de la corte de Felipe IV a quien durante mucho tiempo se atribuyeron varias pinturas de su yerno. Indudablemente Velázquez pasó temporadas en esa casa. Posteriormente sirvió de sede al Colegio de Infantes de Coro de la Catedral de San José, formado por doce niños cantores. Espero que algo de los artísticos y benévolos espíritus de pintores y escolanos se nos pegara en esas dos noches.

   La mañana del 27, dibujo con estilográfica coloreado con acuarelas posteriormente. La tinta es Carbon ink de Platinum, las acuarelas Rembrandt, colores básicos tradicionales y Jadeite de Daniel Smith, que nunca me falta. Sobre un cuaderno de Arches grano fino. Mirador con vistas a la iglesia de San Miguel. Un lugar maravilloso.
   Antes de comer, mientras los demás iban acudiendo por esas cuestas, apunte con esos mismos materiales: pluma y acuarelas. Plaza Mayor.
   Después de comer, en compañía de Virginia y Manuel Lorés, un dibujo con tintas y pincel de agua, terminado con toques de acuarela. Parte trasera de la catedral.
    Por la mañana del 28, ruta por el castillo, miradores, Hoces del Huécar y el Júcar, playa artificial, viendo los árboles que se iban volviendo amarillos y rojizos, invitando a regresar dentro de unas pocas semanas para pillarlos con todo su color. Apunte con acuarelas y muchas, muchas fotos. También buenos recuerdos de esta breve e intensa salida a Cuenca con mis amigos del blog. Gracias a todos y todas, especialmetne a Anais, la organizadora y promotora de este encuentro.
   Por último, ya en casa, otro dibujo, este con tinta china y pincel, de una de esas fotos del mirador ya mencionado. Habrá que hacer una acuarela con este tema.




Vídeos:


jueves, 18 de septiembre de 2014

Pinceles Versátil de Escoda - Escoda Brushes - Acuarela


   Los habituales de mi blog ya saben que soy un catacaldos, que me gusta probarlo todo y que mi afición por plumillas, tintas, papeles, pinceles y demás instrumentos de dibujo y escritura linda con lo enfermizo, siendo una de las causas de mi ruina.
    No es de extrañar, pues, que tenga varias gavillas de pinceles de las más variadas marcas, formas, tamaños y procedencias. Cada pincel es diferente, ninguno está demás y nunca tendremos suficientes.
     Dicho esto, resulta que uno comprueba que, catas aparte, al final vuelves a tus papeles, colores, tintas y pinceles de siempre, aquellos que te ayudan, que te hacen fácil el trabajo y que, lo que es esencial, suman en lugar de restar al resultado final. Una buena herramienta debe ser dócil, previsible, fiable, duradera, y de la máxima calidad que uno pueda permitirse. Sería lamentable que si un día las Musas se acuerdan de nosotros nos pillaran pintando sobre el reverso de un almanaque, con malos pigmentos y con un pincel penoso. Hay que estar siempre prevenido por si las musas se dan a vistas. Yo no puedo escribir una novela en la parte de atrás de un mazo de facturas. Antonio Gala puede, pero yo  no. Tampoco podría escribirla en una mazmorra como Cervantes, pero por eso, entre otras cosas, era Cervantes.
    Los más antiguos pinceles que conservo, además en buen uso, son dos de Escoda de marta kolinsky. Uno del 8 y otro del 10. Vergüenza me da decir los años que están en mis manos. Ahora tengo además uno nuevecito del 12. Una acuarela que hice con el 8, el primero que compré, está fechada en 1980. Cierto es que ha perdido algo de punta, porque mi inexperiencia permitió que lo frotara con frecuencia contra unas acuarelas en pastilla que, por su uso poco habitual, eran un verdadero papel de lija. Por eso me compré unos años después otro del 10. Entonces esos tamaños eran bastante gruesos para mi. Luego ha habido que ir añadiendo otros de mayor tamaño, vacuna contra el exceso de detalle y capaces de pintar un cielo en tres brochazos. En la siguiente foto se ven algunos de mis Escodas.
   Lo más peliagudo, palabra que viene al pelo, es comprar un pincelazo de marta del 24. Una fortuna y dos martas sin rabo. Recurrimos a los de petit gris, de esos atados con un alambre. Toman muchísima agua y pigmento, son suaves y sedosos, algunos puntean, pero carecen de nervio. Como le ocurre a los pinceles chinos, se quedan en la última pose adoptada, lo que puede ser útil para la forma china de pintar hojas y flores, aprovechando las insólitas formas que va adoptando el mechón. Además está lo del alambre. El agua se mete por dentro del plástico que envuelve el mechón, se mancha la madera, se moja, se estropea, se le cae el barniz... Hay a quienes eso de la igual. A mi no y a las ardillas creo que tampoco.
   La acuarela necesita un pincel suave, que acaricie el papel. Si se pasa sobre una capa ya pintada, incluso húmeda, debe ser tan poco abrasivo y sutil que no la levante y se la lleve puesta. Debe almacenar mucha agua y pigmento, algo esencial, sobre todo cuando el formato de la pintura aumenta. Aunque sea un formato pequeño, la acuarela necesita agua, no tanta como algunos piden, que más parecen regantes, pero no obligarte continuamente a recargar el pincel, incluso volver a buscar la misma mezcla... Hasta las líneas finas salen mejor con un pincel, si no grueso, al menos largo de mechón, para que almacene suficiente pigmento. En fin, no todos los pinceles son adecuados para este arte exigente y particular.
   El tema del precio hace que miremos hacia las fibras artificiales. También otras consideraciones, no poco relevantes, sobre de dónde salen esos pelos maravillosos de ciertos pinceles de fibra natural. No falta mucho tiempo para que algunos de estos pinceles escaseen, y que comparlos y utilizarlos sea visto con la misma simpatía que quien sale a la calle forrado de cadáveres de zorro o de visón.
    Hace bastantes años leía en Hispacuarela las prolijas y detalladas explicaciones de Josep Escoda sobre la construcción de pinceles, los experimentos y búsquedas de fibras artificiales que fueran sustituyendo a las naturales, por los motivos mencionados. No es de ahora la cosa, pues. He ido probando estos años todas esas fibras, me falta la Toray blanca, que dicen que resulta ser la más suave de todas, y cada día se han ido superando. La suavidad, la punta, la respuesta, la duración... Cada vez más difícil distinguirlas de las naturales. El único problema siempre ha sido su menor capacidad para retener líquido, aunque las fibras que conocía de Escoda pasan holgadamente dicha prueba. Los pinceles de Sabadell, ellos sabrán cómo lo hacen, duran una eternidad, y sean de lo que sean tienen una punta afiladísima, que además conservan con el tiempo, nunca se les cae un pelo ni termina la virola por tomar holgura con el mango de madera. Además son hermosos, construidos por gente que se nota que disfruta haciéndolos.
   Lo de soltar pelos no va de broma. Los pinceles chinos, —y digo los que utilizan los pintores chinos, no los que venden en las tiendas de chinos, que eso no merece ser llamado pincel—, son suaves y afilados, con un comportamiento parecido al petit gris. Sin embargo, una vez terminada la acuarela, hay que depilarla a conciencia, pues se queda medio pincel viviendo en el paisaje que acabas de pintar. Con los hake anchos ocurre igual con demasiada frecuencia.
   Los Escoda de la serie Último, imitación de petit gris, tienen muchas de sus cualidades, especialmente la de retener mucho líquido, aunque tienen más nervio y respuesta que los naturales. A cambio, son ligeramente más duros. Para ciertos temas y algunas formas de pintar, retirando pigmento para abrir blancos, son insuperables. No es de extrañar que Cembranelli les preste su nombre, pues utiliza mucho ese recurso. También usa otros planos de la serie Tendo, que no he probado. Viendo sus vídeos se nota que absorbe mucha pintura, puesto que es capaz de retirarla del papel mojado, abriendo unos blancos perfectos para sus flores.
   Los de la serie Versátil han sido toda una sorpresa para mi. Empecé con dos, uno redondo del número 10 y otro del 6, de mechón largo, ideal como rigger, para detalles, largos trazos finos, firmas y demás. Hace un par de semanas compré otros tres: uno plano de 1 pulgada, otro redondo del 18 y uno de bolsillo del 12. La primera de las acuarelas se ha pintado íntegramente con ese pincel de bolsillo, una joya.
   No sé si será posible que una fibra artificial se asemeje más a la marta. Hay que tener en cuenta que el mechón está formado por fibras de diferentes grosores y, por las variaciones de color, tal vez también tipos de fibra. Es un experimantado blended, un adecuado coupage como en los buenos cavas, pero hecho con pelos. Tienen todas las virtudes de esos pinceles de marta que vienen a sustituir, a un precio verdaderamente asequible. La punta es marca de la casa, como el acabado y los materiales utilizados en su manufactura. Seguramente ya no tenga que reponerlos, dada mi avanzada edad y lo que me han durado los que tengo de Escoda.

   Esta otra acuarela anterior, sobre Guadalest, se ha pintado con dos Versátil: redondo del 10 y largo del 6, para detalles y ramas de los árboles. Los verdes siempre incluyen jadeite en su mezcla, y en las zonas a las que quiero añadir textura, suelo recurrir a Sodalite, un azul casi negro, unos pigmentos de la serie Primatek de Daniel Smith, que se han hecho también insustituibles para mi. Igual que algunos azules y tierras de esa marca.
   Para los efectos de las rocas, la rugosidad de un trazo rápido con un pincel plano y con poca agua, se ha usado la paleta de 1 pulgada de la serie Versátil. También para el cielo y los lienzos de las paredes. Con su canto afilado salen rectas para ramas, tejados y ventanas. Lo demás con el redondo Versátil del 18 y el de bolsillo del 12. Parece que, para los formatos habituales en mi, esos son los tamaños adecuado, pues creo que siempre hay que utilizar un pincel del mayor grosor posible en cada situación. La punta de estos pinceles lo permite.
   En resumen, no creo que haya nada que con estas fibras no pueda pintarse a gusto. Si te gusta utilizar pinceles de marta, estos de la serie Versátil es una sabia elección. Por su precio y por sus características. Sin duda uno de los mejores pinceles que actualmente ofrece el mercado.

lunes, 25 de agosto de 2014

PALETA BÁSICA I - Acuarelas - Watercolor

   Si somos estrictos, la paleta básica podría estar compuesta por solo tres colores, los tres primarios: amarillo, magenta y cián, es decir y en su defecto, un amarillo , un rojo y un azul, procurando que, dentro de lo posible, sean colores neutros, sin mezclas de otros colores, pues un rojo demasiado cálido, que ya incorpora amarillo, nos dificultaría obtener, mezclado con azul, un violeta razonable o, de igual forma, un azul con demasiada tendencia al rojo o al morado, desvirtuarían los verdes que podemos obtener al mezclarlo con amarillo. Si el amarillo ya tiene un punto de rojo o de azul, como sucede respectivamente con los amarillos oscuros o limón, dificultará que el rojo que salga al mezclarlo con magenta sea adecuado.
    Decir que el naranja sale de añadir amarillo al rojo, el verde de la mezcla del azul on el amarillo y el morado de la combinación del rojo con el azul, resultará casi ofensivo para el lector, pero hay que nombrar paso a paso los complementarios que obtenemos de la mezcla de primarios, antes de decir que con esos seis colores de los que ahora diosponemos, podemos obtener colores terciarios, quebrados, con una teórica infinidad de tonos y matices.

  Como ya se ha sugerido, la elección inicial de nuestros primarios va a determinar el resultado de sus combinaciones, cosa más que lógica. Por ello, se muestran tres pruebas de los resultados de las mezclas ya apuntadas partiendo de un amarillo, azul y rojo diferentes.
 
    La primera de las acuarelas de esta entrada se ha pintado con esos únicos tres colores, pues mezclando un naranja con algo de verde obtenemos tonos marrones, que calentamos con rojo o enfriamos con azul. Mezclando los otros dos secundarios, el morado y el verde, obtenemos una amplia gama de tonos neutros, llegando a un gris bastante razonable, cosa que todos sabemos viendo el resultado de la mezcla de todos los colores al fondo de nuestro vaso del agua: un gris con tendencia al tono predominante en la acuarela en la que estamos trabajando. La mezcla del marrón con azul es especialmente agradecida para sombras y fondos, haciendo brillar a los colores más puros que ponemos a su lado.
   Esta otra acuarela ha necesitado más colores. Se ha usado el ultramar y el cerúleo como azules, un viloleta ultramar para las montañas lejanas y las sombras, tanto de las ramas de los árboles como en el suelo, el amarillo de aureolina y un ocre dorado, en este caso quinacridona oro, el siena tostado, mezclado en el cielo con el cerúleo o en los troncos de los árboles y algunas zonas del suelo. Se oscurece con el azul ultramar. Los verdes se han obtenido con mezclas de los colores anteriores, pero se ha recurrido para los tonos verde más brillantes a jadeita y silverine de Daniel Smith, tanto por su tono como por su granulación. Podría haber sido verde esmeralda. Total: 8 colores, aunque básicamente la acuarela está resuelta en su mayor parte por mezclas de los tres primarios. Tanto en la primera como en esta segunda acuarela, esta austeridad es lo que le da cierta armonía y coherencia al color.

    En la acuarela hay que tener siempre en mente que la más alta intensidad de la luz es el blanco del papel. Cada capa de color que añadimos resta luminosidad y transparencia al resultado final. Cuantos más colores mezclemos para obtener el tono deseado, más oscuro, menos brillante y transparente será. El resultado puede eliminar totalmente el inicial brillo del papel, quedando un color turbio, opaco. En inglés le llaman "mud", (lodo, barro, fango), es decir enfangado, enlodado.
   Por eso convendría ser capaces de aplicar a la primera el color adecuado en la intensidad idónea. Se dice muy pronto pero, al menos a mi, me resulta muy difícil. Nuestra vista percibe infinitos tonos, matices y valores que nosotros intentamos sugerir con los pigmentos disponibles, disueltos en la cantidad de agua conveniente y siendo el papel el máximo de luz posible. Cuando empezamos a valorar los distintos elementos de nuestra composición, yendo de claro a oscuro no es raro que cuando vamos por lo que la naturaleza nos muestra como un valor medio hayamos requerido ya toda nuestra artillería. ¿Cómo pintamos lo que aún es naturalmente más oscuro en nuestro modelo o intención? Es el momento de cargar las tintas y arruinar completamente nuestra acuarela recurriendo a tonos y mezclas excesivamente espesos, cubrientes y opacos. Ya tenemos el mud. Otra manera de obtenerlo es la inversa. Quedarse corto en las primeras zonas pintadas, teniendo que volver sobre ellas y oscurecerlas a costa de brillo y transparencia.
   Un color sólo cuando se sitúa al lado de otro muestra su verdadera valoración tonal. Añadiendo a esto el hecho de que los tonos se aclaran cuando se secan, se añade inquietud al proceso. La práctica continuada es la única manera de no estar continuamente desagradablemente sorprendido por los resultados que obtenemos.
    Y ¿que tiene esto que ver con la paleta y los pigmentos usados? Pues mucho, pues cuando se trabaja con pocos colores, siempre los mismos, acaba uno conociendo sus posibilidades: cómo mezclarlos, qué colores y matices se obtendrán, acertar con el valor tonal adecuado.... Dominar las posibilidades del azul ultramar con el siena tostado, por poner un caso, ya es un avance gigantesco. Con esos dos colores se puede pintar una acuarela casi en su totalidad, como en la que se muestra a continuación. Algunos detalles podrían haberse presentado en otros colores, pero para la mayor parte del tema basta con las mil y una variaciones sutiles de  la mezcla entre siena tostada y ultramar.. Tomando otros dos ocurre igual. Cuando dominemos unos pocos colores y sus casi infinitas posibilidades de mezcla, ya estamos al cabo de la calle.
   ¿Quiere esto decir que pintemos cualquier tema, sea el que sea, siempre con los mismos colores? No. No basta con tener una paleta de tres colores, ni de seis, ni de ocho. Pero siempre, en una acuarela concreta, deberíamos utilizar el mínimo de pigmentos diferentes que nuestra ciencia y el tema a pintar nos permita. Eso dará armonía, coherencia y solidez a nuestras acuarelas. Tal cosa parece estar en contradicción con la recomendación sobre cómo evitar enfangar el papel. Si tenemos docenas de colores parecería una opción razonable utilizar cuantos más de ellos mejor, lo que evitaría mezclas y pérdida de transparencia al utilizar coolores de un solo pigmento. En primer luagr, tal y como salen del tubo, pocos colores pueden ser usados para zonas amplias, y suelen resultar enriquecidos con el matiz que añade la sutil adición de otro tono. En segundo lugar, si pintamos un paisaje con mucha vegetación, utilicemos seis o siete verdes distintos y desengañémonos por nosotros mismos ante el catálogo de Tintalux obtenido. Eso sin contar con que hay menos verdes en un paisaje de los que la inexperiencia interpreta. Muchos más ocres, grises y colores terciarios que luminosos verdes primaverales cuyo encaje adecuado en una acuarela entra dentro del terreno de lo milagroso.

lunes, 28 de julio de 2014

Últimos dibujos con tintas


   Cuando voy a publicar esta nueva entrada, observo asombrado que en mi blog hemos pasado de las 500.000 páginas visitadas. Me resulta asombroso y muy gratificante. Muchísimas gracias por vuestra atención y vuestro valioso tiempo.
   Después de la exposición de acuarelas, con muchas de ellas pintadas en las semanas previas, vuelta a las tintas, las plumas y los formatos pequeños. En el primero de los dibujos, con nogalina, se vuelve también a un tema pintado ya previamente. Se añaden dos versiones anteriores, una con plumilla y otra con tinta Montblanc color burdeos. Para ver de dónde salen, también se muestra la fotografía en blanco y negro que hice hace bastantes años en Tinajeros, un pueblecito cercano a Albacete. En el original, haciendo honor al nombre, aparecían dos enormes tinajas de vino, tan tradicionales en la zona.


   De este fin de semana, con tintas, pincel de agua y algunos toques de acuarela salen los dos siguientes dibujos, mitad de memoria y mitad inventados, sobre dos macetas de mi casa, aunque en el momento de dibujarlas no las tenía delante. Para los fondos se ha usado un amarillo de Nápoles, normalmente empleado para pintar retratos, por su color carne. Mezclado con ultramar en el primero y verde Hooker en el segundo. En el primero de ellos  las hojas se han pintado con verde musgo, esa tinta de Stípula que siempre utilizo. Mojando el pincel en la estilográfica. El ultramar es tinta azul Quink de Parker. La 5001 de Pelikan tiene un tono ligeramente más morado. Para las sombras del fondo también se ha recurrido a un violeta de Daniel Smith.
   En este dibujo, aparte del fondo ya explicado, se utilizó Siena tostado para la pared. Para los tonos rojizos y violáceos, una gama conseguida con ultramar y Madder lake de W&N. Los verdes: Sap green de Rembrandt y jadeita de Daniel Smith. El blanco, un rotulador.
   Dibujo a pluma y rotulador pincel Pentel, dibujado una de las tardes que pasaba en ese patio durante mi exposición de acuarelas en la Casa Vieja.
   Los dos siguientes están pintados con pluma, pincel y nogalinas. Son los castillos de Peñarroya en Ciudad Real y Alcalá del Júcar en Albacete.
Paisajillo imaginario para probar una nueva tinta azul de Pelikan que me trajo de Madrid mi hijo. Me gustan mucho esos reflejos rojizos-violáceos que ofrece al diluirse.
Con mis tintas de siempre y pincel de agua:
   Probando unas titnas rojas para comprobar, una vez más, que no son rojas. Herbin y Montblanc.

    El siguiente dibujo, con la estilográfica Namiki Falcon cargada con tinta Platinum (Carbon Ink). Al secar se añaden las sombras con esa misma tinta diluida con el pincel de agua. Se trata del castillo-palacio de Magalia, en Navas del Marqués. Es en el único castillo en el que he pasado una noche. En este caso una semana entera, hace muchos años durante un curso de organización de bibliotecas y animación a la lectura. No pudieron encontrar un lugar mejor.
    La última, un apunte con pluma, tintas y pincel de agua, se trata de una vista del castillo de Ambra, en Pego (Alicante). Desde un cerro cercano, por el que pasa la carretera, se ve el valle y el mar al fondo. Imposible en una fotografía o una pintura reflejar la inmensidad de la vista.