miércoles, 10 de abril de 2019

Dibujando entre palmeras. Elche 2019


    Un año más en Elche, dibujando entre palmeras, que es como se llama el encuentro de cuadernistas que allí se celebra este año en su quinta edición. Organizado por Cuadernos Viajeros, como en años anteriores acudimos varios miembros de Ladrones de Cuadernos procedentes de varios rincones de España. Cuando volvemos año tras año por algo será. Siempre hace buen tiempo, si por ello se entiende que hace sol y buena temperatura, aunque después de tantos meses sin llover los agricultores y yo, entre otros, agradecemos la lluvia que a ratos nos acompaña en esta ocasión. Al momento, el cielo volvía a lucir como en esa foto con azules de Elche.  Como la mayoría somos acuarelistas, el agua tampoco viene mal, las calles se llenan de reflejos que duplican la belleza del lugar, las palmeras brillan, los campos y los jardines se riegan y toca tomarse un café o un pacharán a cubierto.
   Tras la acreditación habitual en la Calahorra, primer encuentro con los amigos de Elche, hacemos el primer dibujo, ya bajo techado pues caen unas gotas. Ello nos permite dibujar un entorno ya conocido y dibujado, hoy con un color y unos reflejos inéditos. Como es costumbre no dejamos de añadir en el encuadre uno de los árboles de esta amplia plaza, amenizada por paseantes bajo el paraguas, eligiendo colores menos brillantes que en ocasiones anteriores. Allí, mientras dibujamos en el cuaderno, vamos viendo llegar a antiguos amigos que vienen desde Barcelona, El Escorial, de Ciudad Real, Madrid y de otros lugares. Gran alegría al verlos, tras preguntarnos por otros de Valencia, Zaragoza, Huesca o Asturias que en esta ocasión no han podido venir. Nos veremos en El Escorial, próximo encuentro.
    Cada uno con su gavilla de cuadernos, llenos y a medio, sus docenas de plumas y rotuladores, sus cajitas de acuarelas de todos los tipos y tamaños y, sobre todo, sus distintas formas de hacer. A lo largo de todo el encuentro es un continuo trasiego de cuadernos, viendo las maravillas que en ellos se hacen, algunas verdaderamente asombrosas. Unas rápidas, otras morosas, serias o coloridas, de tamaños distintos, a hoja completa o mosaicos de pequeños dibujos rodeados de arduas explicaciones y recuerdos caligrafiados, presentados por rótulos elaborados que a veces recuerdan manuscritos miniados con su capitulares, sus grafías y sus sorprendentes ilustraciones. Paisajes, edificios, personas, pueblos y ciudades, montañas y valles, árboles y flores, bares y catedrales llenan esas páginas. A veces se pegan hojas secas de flores o árboles, sellos, entradas o tikets, se estampan sellos de las estaciones de cada personal camino de Santiago. Sin duda es uno de los mayores placeres de estos encuentros. Se disfruta y se aprende, se comenta y se comparte, se habla y se escucha, se mira y se muestra. En fin, sólo por eso merecería la pena acudir a estos encuentros.
   La verdad es que también se come y se bebe, pues nunca perdonamos los calamares ni el pacharán. Miles de cortados, algunas cervezas y montaditos, y una comida de hermandad, multitudinaria en esta ocasión, que da la oportunidad de conocer y conversar con otras personas con las que no habías coincidido con anterioridad. Dada mi vida monacal, agradezco mucho estas conversaciones que te permiten conocer a personas de otros lugares y de otras profesiones, con otros intereses y otros conocimientos. Estas charletas a veces llevan a temas inusuales e inesperados, a lugares e historias sorprendentes. Junto a los cuadernos es otro de los encantos de estas juntas.
    El año pasado estuvimos en el Raval, antiguo barrio árabe que hace poco cumplió 750 años. Desde 1265 era el barrio de la morería, hasta 1526 cuando la conversión forzosa de los moriscos que lo habitaban, lo que le da un carácter especial al barrio, especialmente por el trazado de las calles, laberíntico como solía ser. Merodeo por la zona en el coche, sin  encontrar un lugar donde dejarlo. Hacemos unas fotos y buscando sitio más despedado vamos al mercado cruzando uno de los puentes que llevan a la otra parte del cauce del Vinalopó que sólo cuando hay grandes lluvias lleva agua. Cuando no, lleva dibujos, kilómetros de ellos.

     Paramos cerca del mercado, donde compramos salazones y algas. Hacemos un dibujo y acabamos en la terraza de un bar desde donde bajo un cielo soleado, tomando una cerveza, hacemos otro dibujo de ese puente, el cauce y los árboles que alli alcanzan una altura notable.
    Mi buen amigo Joshemari Larrañaga me regala un dibujo que hace en uno de mis cuadernos. De pie en medio de la plaza, mientras caen algunas gotas, lo hace a una veclocidad que no les da tiempo a caer sobre el dibujo. Luego, si alguna cae, la aprovecha para extender la tinta de algunas líneas para sacar unas sombras.
     Bajo la sombrilla de una cafetería hacemos un esbozo a lápiz de la portada de este convento que al año pasado pintamos por dentro. En todos los dibujos colocamos los cuños del Encuentro, para el recuerdo.
    Ya el domingo por la mañana, después de desayunar tras la Calahorra, frente a esa hermosa pared tapizada por un jardín colgante, se cuelgan algunos de los dibujos y cuadernos en una colada sujeta con pinzas que siempre dibujo. Es ocasión aprovechada para ver con detenimiento algunos otros cuadernos, verdaderas joyas. Cuestión de tomar nota de blogs y paginas personales para seguir disfrutando de la producción de algunos amigos, unos antiguos, otros nuevos. Ya antes lo habíamos venido haciendo, como es el caso del libro recién publicado por Joaquín González Dorao sobre su último viaje a Argentina. Como los anteriores, el libro será hermoso, pero ver el original y tenerlo en las manos es algo impagable. Terminamos con la tradicional foto de familia.


   Es hora de ir volviendo cada uno a su sitio, que a veces está lejos. Nos quedamos a comer con un pequeño grupo de amigos y amigas, y allí nos despedimos de ellos, entre los que están quienes nos invitaron la primera vez, Juan Llorens y Ramón Sempere. Por ellos, por Dolça, Blasco y por otros, tantos que sería largo nombrarlos a todos, no hemos dejado de regresar a Elche.


sábado, 16 de marzo de 2019

Cieza y Valle de Ricote. Floración 2019

   Una vez más nos acercamos a Cieza para disfrutar de la floración. Aunque conviene visitar la zona cuando sus campos están adornados por las flores multicolores de millones de árboles frutales, siempre hay muchas otras cosas que ver, historias que conocer y delicias que comer. Incluso árboles antañones con leyenda, que no libran ni toman vacaciones.
   Hacemos muchas fotos de la floración por los alrededores de Cieza, aunque en esta ocasión dedicamos un tiempo a visitar ciertos árboles que merecen especial atención, respeto y un dibujo. Las fotos quedan para acuarelas en casa, de forma más reposada y a tamaño poco manejable en el lugar de los hechos. No me gusta plantar un caballete en un bancal para pintar allí mientras pegas la hebra con los encimarios. O los aventas, según su actitud. Me me he vuelto muy cómodo y a veces arisco.
    En un cuaderno Fabriano de 15x23,5 cm, vertical, que abierto da una superficie de 23,5x30 cm. de buen papel, se hacen unos dibujos con pluma estilográfica, tintas negra o marrón indelebles, para colorearlos con acuarela posteriormente. También en cada uno de estos dibujos se cuenta por encima la historia o la leyenda de estos monumentos vivos.
    En el primero de ellos, separándonos de la hermosa vereda que corre paralela al Segura, Cieza a la izquierda, nos acercamos a la Acequia de la Andelma, fuente de agua en árabe, para ver y dibujar la Olivera llamada de los fantasmas o de el Algás. Una hermosura. Sus raíces beben de la acequia y parte del cuerpo del olivo está enterrado en ese ribazo húmedo y sombreado. En la otra parte del puentecillo sobre la acequia crece enmarañada una higuera también inmensa, aunque ahora sin hojas.
   Un cartel nos cuenta la historia y la leyenda de este olivo magnífico, cuyas ramas enormes dejan en el centro un hueco inquietante. Nos enteramos de que esa olivera, antaño escoltada por fantasmas, se encuentra a unos 150 metros de unas cuevas donde en tiempos ejercían su oficio personas de moral distraída. Para evitar ser vistos y reconocidos por huertanos y vecinos, los clientes de esas casas de lenocinio se embozaban con capas o pañuelos, ocultando sus caras durante sus expediciones nocturnas. Se decía que los que se atrevieran a mirarlos a la cara, si con ellos se cruzaban, eran metidos en el agujero central del olivo, no siendo vistos nunca más. Temible. Con tales espantos intentaban chocear a posibles testigos de sus deslices, siendo zona evitada al llegar la noche por la atemorizada vecindad. Eso dice la leyenda, aunque dudo mucho de que los habitantes de las inmediaciones, incluso de las lejanías, de esta hermosa olivera, no supieran la clase de fantasmas que alrededor pululaban, así como los negocios que hasta allí les llevaban a horas intempestivas. El caso es que mucho tendría para contar este árbol si a hablar se decidiera. Pero la naturaleza nos gusta, entre otras cosas, porque ni se fija ni tiene opinión sobre nosotros. 

   También en Cieza, cruzando el Puente de los Nueve Ojos sobre el Segura, que ahora viene lleno hasta los bordes, imagino que por aguas del trasvase desde el Tajo, pues poco ha llovido en los últimos meses, llegamos a una olmeda que ya se ve desde lejos. Se trata de la Olmeda del Maripinar, compuesta por las dos filas de ejemplares inmensos que bordean la carretera. Con los troncos con banda blanca pintada para señalizar el camino en la noche, algo que hacía tiempo que no veía, estos olmos son, se nos cuenta, el conjunto de olmos comunes mejor conservados de Europa, de alguna forma inmunes a la grafiosis, lo que los convierte en un reservorio que permitiría repoblar otras zonas con ejemplares resistentes a esa enfermedad que acabó con casi todos los olmos de Europa, que antes nunca faltaban en plazas, caminos, riberas de los ríos y otros lugares. Convendría venir en otro momento en que estén con hoja, verde u otoñal. Se plantaron a la vez que se construyó ese puente de nueve ojos, con lo que sabemos que viven desde 1892-1899, cuando la guerra de Cuba. Ya tenemos otra excusa para volver por Cieza.

    Como otras veces, desde Cieza nos vamos al valle de Ricote. Ya dedicamos una entrada anterior del blog a Cieza, y otra a este hermosísimo paraje, valle del que fueron expulsados los últimos moriscos, mediante un decreto especial en 1613. Dudo que todos se fueran, y más de que otros tantos no volvieran. Ya Cervantes nos cuenta en El Quijote el reencuentro gozoso de Sancho Panza con un vecino morisco,  apodado Ricote, que regresaba a su aldea de incógnito.
   No es cuestión de repetir lo ya contado en esas entradas anteriores, volver a hablar sobre el carácter volcánico de esta zona que nos lleva a Archena, con sus aguas termales, así como del aspecto norteafricano que hace tan característico el paisaje que rodea al Segura en su lento paso por el valle. Nos acercamos una vez más a saludar a la Olivera Gorda, hacerle más fotos y dibujarla. Está cambiada, más cuidada, recién pasada por la peluquería y su tronco y ramas colosales se ven mejor. Está recién regada y en las inmediaciones la huerta y sus árboles reciben las atenciones y mimos del dueño del bancal, mientras charlamos con él y echamos un cigarro sentados en el banco que hay al lado del olivo.
   Un cartel nos relata la historia, trufada de leyendas como suele ocurrir, de esta olivera. Desde luego fue plantada por los árabes, dada su edad, siempre menor de la que se les atribuye, pero increíble. Bajo sus ramas se coronó rey Ibn Hud, de la cora de Tudmir, que se acabó apoderando de casi todo Al-Andalús en disputa con los feroces alhomades. También se nos cuenta que a su sombra los moros se rindieron a Jaime I, que hasta para rendirse es preferible estar la sombra que al sol, como en los toros. En un cartel se nos cuentan estas y otras cosas. Un incívico visitante, aunque más leido o imparcial que quien redactó el texto informativo, ha rascado la palabra "catalano-", dejando sola la más verdadera "aragonesa" como gentilicio de la corona del tal Jaume.
   Como esta olivera es tan grande todavía puede alojar más leyendas, como la que afirma que los vecinos de Ojós, tratando de arrebatar a Ricote la imagen de su santo patrón, San Sebastián, cuando su raptora comitiva  llegó a la altura de este olivo, el peso que en esos momentos adoptó el santo hizo imposible seguir adelante con su impío secuestro. Ni las caballerías podían mover el carro con el San Sebastián. Hubo de ser devuelto a su domicilio habitual y, desde entonces y a perpetuidad, el aceite producido por esta olivera es cedido  para alimentar las candelas que alumbran su imagen en esa capilla que se negó a abandonar, ayudado por esta olivera. Tal vez fuera tallado en olivo, que no en ciruelo, de ahí la milagrosa solidaridad arbórea. Me encantan estas historias.
    En el Azud de Ojós, término de Blanca, cerca del túnel y del Salto de la Novia, de trágica leyenda que por ubicua es fácil de adivinar, nos detenemos una vez más bajo el pino del Solvente, en el paraje del mismo nombre. Al lado hay una enorme higuera, más antigua que el pino, que sólo tiene unos 25 años. No es el auténtico pino a que se refiere la historia que el cartel nos cuenta. Ya se nos advierte en él que se plantó simbólicamente éste para que recordara al antiguo, pues hace siglos que desapareció el enorme ejemplar a cuya sombra se reunian los mudéjares de todas las aljamas para acordar temas importantes para los vecinos del valle, como repartos y turnos de riegos, nombramiento de cargos públicos y otras cuestiones de interés para la comunidad. Tomada Granada y en especial tras la guerra de las Alpujarras, se ven presionados a convertirse al cristianismo, arrinconándolos cada vez más hasta 1613, cuando son expulsados los moriscos del valle de Ricote, que en gran parte ya vivían como cristianos. Como antes hemos contado, ellos son los últimos en salir. Como, más o menos, cristianos, siguen reuniéndose para elegir alcaldes y debatir sus asuntos bajo ese emblemático pino. Es un buen sitio para detenerse a almorzar o a merendar si uno lleva con qué.
    En otro cuaderno, de papel kraft marrón, con lápices, pluma, acuarela y un poco de témpera blanca sola o mezclada, se hacen otros dibujos de cosas interesantes. En el anterior, una parada en la carretera bajo uno de esos olmos inmensos de la Olmeda del Maripinar.
    En el siguiente, un eucaliptus hermosísimo al lado del puente sobre el Segura que ya hemos comentado al hablar de la Olmeda. Hay muchísimos eucaliptus en la comarca, algo que no me explico, dada la afición de estos árboles por chupar agua del suelo, hasta el punto de que se usan para desecar zonas inundables. Sí me he enterado de que hay uno en Sangonera la Verde que fue el primero de ellos que llegó a España, pues las primeras semillas fueron traídas desde Oceanía, por el "evangelizador de Australia", el misionero gallego fray Rosendo Salvado, en la segunda mitad del XIX. Mala fama tienen estos árboles, pues se dice que secan las fuentes. Lo malo es que se dice con verdad, por lo que poco adecuado parece plantarlos aquí. Pero una vez plantados es un disparate, a mi escaso juicio, talar los que han llegado a centenarios, como se hizo en la mañana del 22 de noviembre de 2004 en El Palmar con el eucalipto monumental de La Fábrica y todo el conjunto. Con cinco metros de diámetro era uno de los cinco mayores de la región. Era. Este que hemos dibujado en Cieza ha tenido y tiene mejor suerte. Es una verdadera hermosura y tiene al Segura a mano, o mejor a sus pies, para beber.
   En el valle de Ricote, muchas fotos y algunos dibujos en este otro cuaderno. Palmeras, frutales, naranjos, limoneros llenos de limones y de flores de azahar, que estós árboles nunca se cansan. Hay montones de cosas que pintar. Hasta un burro ramoneando plácidamente, a la sombra y con la pereza de la hora de la siesta, en la hierba fresca a escasos metros del Azud de Ojós.

   Como casi siempre hablamos de árboles, flores del campo, trinos de pajaritos y demás espiritualidades, pudiera parecer que no nos queda tiempo para otra cosa, que vivimos del aire, que somos san Frascisco de Asís y que nada nos interesan las cosas de intendencia y los placeres de cerebro para abajo. Error. Ya hemos contado otras veces cómo hacemos acopio de miel cuando pasamos por lugares donde la producen buena, de quesos, de vinos, aceites, salazones, perniles o, usando nuestra barriga como envase, engullimos frituras de pescado, especialmente cuando pasan en minutos del mar a la sartén. No somos de los que saben por qué no beben los vinos de las tabernas, ni mucho menos; ni siquiera hacemos ascos a los pacharanes ni a los whiskies de malta. En cada sitio hay que probar su vino, su queso y su pan, incluso su agua, aunque con prudencia, y conocer su gastronomía y los primores de su cocina. Muy incompleto quedaría un viaje y el sesudo estudio de la historia y el carácter del sitio que uno visita si se limita a museos y castillos, a árboles, cerros o ríos. Siempre lo más importante son las personas que habitan el lugar que visitamos, que en definitiva ellos y sus antepasados son quienes han levantado todo lo anterior, los que han perdonado la vida, podan y riegan los árboles que tanto nos gustan, recogen las frutas que nacen de las flores que pintamos, recolectan la miel, vendimian los majuelos, pescan los peces y crían los corderos que devoramos cuando toca.
   Es la gastronomía parte no menor en un viaje que quiera conocer un pueblo, una comarca o un país. Para cubrir este apartado en una forma que esté a la altura de lo visto, tan hermoso, nos acercamos en Cieza al restaurante Tarradellas, con un sol Campsa. Teníamos buenas referencias de él, y lo conocimos porque su carta se decoró con algunas acuarelas mías sobre la floración y algún árbol emblemático de la ciudad y su entorno. Aparte de su generosa amabilidad, comprobamos que eso del sol Campsa y de los elogios que habíamos leído sobre sus fogones y trato se quedaban cortos con lo que allí probamos sentados  en la barra. Su amistad y su cocina, llena de sabores que se realzan unos a otros, buenos y variados productos elegidos y guisados con mimo y sabiduría, presentados y servidos con arte y donde tampoco faltaban las flores. Un plato decorado con pensamientos da para comer y pensar. Excelente. Muchas gracias por vuestra amabilidad. Volveremos.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Dibujos con pluma o rotulador. Febrero 2019


   En esta entrada aparecen algunos dibujos de árboles realizados con pluma estilográfica, rotulador calibrado o bolígrafo. En el primero de ellos, una rama de encina, se recurre al tradicional sistema de hacer tramas de líneas entrecruzadas para conseguir volumen por niveles de gris. Se procura que parte de estas líneas vayan modelando la curvatura del árbol, su rugosidad y la dirección de las estrías que produce el crecimiento en su corteza. Esas líneas van sugiriendo la textura y la forma de cada rama. Se trata de seguir el esquema de crecimiento del árbol, el punto en que nacen nuevas ramas, su curvatura, intentando resaltar por escorzo la zona cercana y la lejanía. Las jojas de las encinas son diferentes en la parte superior que las más bajas, pues estas últimas se curvan y hacen más ásperas, pinchan, evitando que sea más difícil que los animales las coman.
   El dibujo anterior, un madroño viejo, que ha sido podado varias veces, siguiendo el mismo sistema que en el dibujo anterior. Las hojas se han dibujado siguiendo un cierto patrón, detalléndolas más que en algunos otros dibujos en los que solamente se sugieren.
   Este olivo, sobre un papel cuadriculado, se hace con pluma estilográfica. Había estado cargada con tinta azul pero se ha recargado con un cartucho marrón, de forma que el color va cambiando del azul a este tono azul oscuro, agrisado. Las ramas se dibujan con líneas más o menos paralelas siguiendo la dirección de crecimiento. Se añaden otras para intensificar las sombras, intentando modelar la curvatura de las ramas y del tronco. Se dibujan hojas y aceitunas sin intentar llenarlo todo de ellas, incluso tramando algunas zonas más espesas y oscuras.
   Mismo papel y misma tinta para el dibujo anterior y el siguiente. Un macetero con pensamientos con un colgador de macramé. Lo he dibujado muchas veces, como acuarela o dibujo de línea. Cada una de esas cosas existe por separado, el colgador, los pensamientos y una maceta de cerámica similar, aunque es en el dibujo donde se juntan. La estilográfica es una antigua Inoxcrom que había afilado con piedra de Arkansas. Por presión las líneas aumentan su grosor e intensidad, aunque mucho menos que una plumilla flexible. De todas formas consigue esta pluma hacer líneas de diferentes grosores, lo que da color y vida al dibujo. Las ramas abocetadas del dibujo siguiente, dibujo de líneas, se refuerzan con unos trazos de pincel de agua mojando en el mismo tajo, aplicados de forma rápida para que manche de forma irregular dando textura.
   Un dibujo más elaborado, también con estilográfica, de esos que se hacen mientras uno escucha las noticias o música, insistiendo con las rayotas para ressaltar las zonas de sombra. la tinta marrón se extiende con pincel de agua y luego se intensifican con nuevos trazos con la pluma y con otra cargada con marrón más oscuro.

jueves, 7 de febrero de 2019

Dibujos y acuarelas del VIII aniversario del blog

Dibujo de un olivo con estilográficas. Dos tintas sobre papel crema verjurado.
     Por estas fechas cumple mi blog ocho años. Empezamos comentando acuarelas antiguas, sacadas de libros ingleses de viajeros románticos y de pintores victorianos. Algunas entradas sobre otros acuarelistas más actuales, pocas, y una atención especial a las plumillas de dibujo y escritura. Algunas de esas entradas han llegado a recibir entre 30.000 y 80.000 visitas y muchas hay con más de 10.000. Seguramente son esas entradas las que hacen que el blog mantenga un número elevado de visitas, cuyo total ya se acerca a 1.300.000. Una barbaridad. Dos cosas me extrañan especialmente: una que temas menos atractivos en principio, como son los escritos, sigan teniendo miles de visitas, como las andanzas de mis frailes de San Odón de la Muela o mis escritos del convento. Otra es la procedencia de los visitantes. Los hay de todo el mundo, incluso de lugares alejados geográfica y culturalmente, como Groenlandia, Alaska o islas del Pacífico, países árabes y asiáticos, pero el grueso de las visitas proceden de España, Estados Unidos, México, Argentina, Alemania y, últimamente, Rusia. Sólo de estos países se han registrado casi un millón de páginas visitadas.
   Como este blog no se hace para obtener ningñun beneficio económico, se ha rechazado la posibilidad de insertar anuncios en él, cosa que a menudo se ofrece. Tampoco se procura incidir en aquellos temas más visitados, evidentemente las plumillas y los estudios sobre pintores muy conocidos. Los de Rembrandt, Hokusai, Van Gogh, David Roberts y otros acuarelistas y grabadores ingleses. O Guan Weixing, Laurentino Martí, y otros españoles, éstos de princios del siglo XX, como Jimenez de Aranda o Villaamil, también han cosechado miles de visitas. Pendientes tengo desde hace tiempo entradas sobre Goya o Fortuny, que habrá que ir terminando.
    Evidentemente mis acuarelas y dibujos no son algo que pueda atraer tanto como ellos, menos a esos visitantes de países lejanos, pero por ahí van ahora mis intereses. Mis escritos, normalmente enfadados pues se refieren a la actualidad encanallada, los alejé de este blog a otro mucho menos seguido, Desconcertatus Epistolarium, que apenas ha llegado a unas decenas de miles de visitas.

    En esta entrada se reúnen dibujos y acuarelas del mes de enero, diferentes en técnicas y medios. El anterior, un pinar dibujado con tintas y estilográficas, líneas difuminadas después con pincel de agua y unos toques de lápiz blñanco en el pino del primer plano, aprovechando la textura del papel verjurado. El siguiente dibujo, otro pino, se ha dibujado con tinta china de barra disuelta en esa piedra tallada tan hermosa. el pincel también es chino. 
    Cuando hago dibujos con tintas o cuando limpio las plumas que tengo cargadas con tintas diversas, si uso un pañuelo de papel para secarlas acaba hecho un arcoiris. Al extenderlo viene a resultar una imagen sugerente que con un buen título podría enviarse a alguna bienal con ciertas esperanzas de resultar premiada. Fundamental lo del título. en este caso, entre otros, podría llamarse la obra "Nieve sobre las montañas de Jujuy".
 
    La siguiente acuarela es un intento de recoger el ambiente de "Los Invasores", tradicional mercado de los martes en los alrededores del recinto ferial de Albacete.
    Un árbol en acuarela, un antiguo olmo. Como siempre procurando dar textura al tronco.
   Una acuarela sobre un paisaje imaginario, unas nubes y un suelo típico de esta zona, con sus encinas y sus bancales.
    Una acuarela, como las demás sobre papel satinado Arches o Wuindsor & Newton. Las acuarelas usadas son de Daniel Smith noramalmente, aunque también hay otras, como la anterior con Rembrandt. En este caso a partir de una foto de hace unos años a una venta que da entrada a un cámping en la antigua casa de postas de Contreras, justo frente a la presa del embalse de Contreras en Cuenca, ya cerca del linde con Valencia.

   De otra foto propia, un rincón de Altea, donde todos los rincones merecen ser pintados.
    Unos eucaliptus del Altet en la Marina de Alicante, cerca de Elche y de la desembocadura del Segura.
   Por último, un paisaje imaginario jugando con el color y la luz.

domingo, 6 de enero de 2019

Acuarelas enero

   Empezamos el año con flores. Y con árboles. La primera acuarela ha sido un gozo pintarla, algo más que las otras, verla terminada muy similar a cómo la habíamos pensado durante días. Supone el placer de imaginar algo y llevarlo a un papel en blanco. Muchas horas imaginando algo que luego se hace en un par de horas cuando ya tenía forma en nuestra cabeza. Sería muy dificil concretar cuánto se ha tardado en crear esta acuarela, pues el rato con el pincel en las manos no es ni lo más largo, ni lo más difícil, ni lo más laborioso. Ni ese jarrón existía, ni ese colgador de macramé, ni esas flores. Hasta que las he pintado. Tal vez eso sea lo mas hermoso de la pintura, trasladar a un soporte algo que antes sólo vivía en tu cabeza. Tengo en el balcón y en el alféizar de mi ventana algunos pensamientos en maceteros; también alguna maceta colgando sujeta por los nudos que hicimos hace muchos años y, lo más valioso, tengo aprendida una forma de pintar cacharros viendo cómo lo hace Geoffrey Wynne. Parece mentira que ese cuenco orientalizante primero haya sido amarillo, luego naranja al añadir rojo, luego de un violáceo inedetermimado y sucio, aunque muy transparente, tras la última capa de ultramar. Se aplican una sobre otra antes de que se seque la anterior, dejando correr el agua hacia abajo. Una vez seco sale ese blanco real, roto, que no es blanco, sobre el que hacer brillos y superponer, tambien en dos veces, los dibujos que le adornan. Primero cuando aún queda algo de humedad; una vez seco se repasan las formas rápidamente con pintura: Potter's Pink, el rosa de alfarero, tal cual. El colgador de macramé se reservó previamente con líquido enmarcarador. Una vez termidado lo demás y quitada esa goma, aparece el blanco del papel, blanco hiriente y crudo que se suaviza, se sombrea para intentar separar los nudos del cacharro dando relieve a la cosa. Para todo ello se necesitaba una luz lateral que produjera esas sombras. Inventado lo demás, poco cuesta inventar la luz.
   Para explicarlo todo, ya puestos, el papel es Arches de grano fino, un cuarto de hoja; los pigmentos Daniel Smith, con dos violetas a cual más hermoso, Carbazole y Amatista. Ultramar, amarillo oscuro, rojo de alizarina, ocre dorado, verde de jade, sodalita en algunas mezclas de sombra intensa y el citado Potter's Pink para el cacharro. Un pincel de Escoda de petit gris y uno chino más fino.


   El anterior, segunda de este año, un olivo con el que mantengo una cierta amistad, aunque me lleva bastantes siglos de edad, la olivera gorda de Ricote. La he visitado en más de una ocasion y pintado en bastantes más. Es hermoso visto desde cualquier lado y sólo una de sus ramas ya es tema agradecido. Sobre papel satinado de Windsor & Newton, las acuarelas San Petersburgo, White Nights, rusas, de la que habrá que hablar despacio. Las tengo en pastilla desde hace unos años, aunque ahora ya se venden tambien en tubo. Son muy baratas y resultan ser pigmentos de un solo componente, incluso el índigo y el cerúleo, cosa rarísisma incluso en marcas más costosas. No tienen estos pigmentos nada que envidiar a otros de más postín y podrían sacarle los colores a algunas de esas marcas si comparamos los precios. Con los pinceles, en este caso chinos, pero de la China, no de la tienda de la esquina, ocurre otro tanto. Cada día me gustan más, aunque hay que acostumbrarse a ellos y hacer de sus defectos virtudes, que es lo que hacen los asombrosos pintores orientales, por cierto inventores del pincel, el papel y esa tinta que los ingleses llaman india y nosotros china.
   Merecería dedicarle una entrada a una comparativa de pigmentos entre varias marcas, al menos entre las seis o siete que conozco y utilizo. Podrían sacarse muchas consecuencias interesantes, a la vez que ahorrar bastante dinero eligiendo bien, sin dejar de ussar lo mejor.
    Un eucaliptus gigante de una plaza de Valencia. Pasé por allí, hice unas fotos y ahora las aprovecho. No recuerdo cómo se llamaba la plaza. Sí que ese hermosisimo árbol se encontraba parcialmente tapado por otros, lo que me ha complicado mucho pintarlo a partir de las fotos. No hay nada como pintar en vivo, pero no siempre es posible hacerlo, menos pintar todo lo que uno va viendo.
    La siguiente es otro viejo conocido, un olivo del Maestrazgo, al atardecer y en contraluz. De unas fotos de un viaje por Castellón del que me traje varias docenas de olivos majestuosos.
   La siguiente acuarela fue la última del año pasado. Una vez más la tentación irresistible de una foto de Juan Manuel Vilaboa. Un camino de su Galicia, simpre misteriosos y mágicos en sus fotos.
   La siguiente también es de este año recién estrenado, un olmo de Cabeza de Buey, en Caceres, de una foto que publicita esta zona. Ya la había pintado antes, pero siempre se puede intentar hacer algo diferente con una misma imagen.  En este caso probar nuevamente texturas y recuperar como en una anterior esas acuarelas rusas, White Nights, de San Petersburgo. Las compré allì por intenet, ahora ya se venden en España. Son más que buenas, además de baratas, por lo que volveremos a ellas, como decía. Tiene unos toques de lápiz blanco.
   Por último, una recién terminada, de una foto de 2015 que hice desde Altea, con Calpe y su peñón de Ifach al fondo. Un atardecer. En la foto se pierden parte del degradado azul del cielo, que prácticamente se pierde. Lo dejaremos así, aunque mejor hubiera quedado fotografiándola a la luz del día, que un foco cercano no ayuda a reproducir sutilezas cromáticas.