domingo, 4 de junio de 2017

Alpera, mayo 2017


   Volvimos a Alpera tres días. El primero para poner música a la jubilación de Rafa Soler, más que un amigo. No hay aquí espacio para contar los buenos ratos que juntos hemos pasado. Miles. Cierto es que también ha habido alguno más que malo. La vida tiene de todo y no siempre es justa. A veces es trágica. Como en las adivinanzas, en ciertos momentos lo principal no se nombra, aunque sobrevuele todo el tiempo.
   Pasamos en la celebración el hambre y la sed habituales en Alpera, hasta el punto de tener que quedarnos otros dos días para intentar acabar con las viandas y bebidas preparadas para la ocasión, intento inútil.
   El campo estaba hermosísimo, que ha nevado mucho y llovido, había flores y agua por todos sitios y recorrimos los parajes de los alrededores para hacer fotos y algún que otro dibujo, como los que se muestan aquí.

Created with flickr slideshow.








miércoles, 10 de mayo de 2017

Elche. III Encuentro Dibujantes Urbanos


   Por segundo año hemos ido a Elche al III Encuentro de Dibujantes Urbanos, convocados por los amigos de Cuadernos Viajeros. Eso es señal de que el año pasado lo pasamos bien allí y predispone para volver el año próximo. Unos cuantos colegas de Ladrones de Cuadernos nos sumamos a esta convocatoria, Joshemari Larrañaga, Juananto, Joaquín González Dorao y yo mismo, junto con Dolça y Juan Llorens, que están en los dos grupos y viven allí. Ellos y los demás amigos de Elche, muchos y buenos, fueron excelentes anfitriones y siempre estuvieron con nosotros, llevándonos a donde no podíamos dejar de ir. A dibujar y a comer, que este oficio requiere no desatender la hidratación ni caer en el desmayo. No corrimos ninguno de esos peligros y hubo mil y una ocasiones para charlar, dibujar, tomar algo y, sobre todo, manosear los cuadernos ajenos, verdaderas joyas. Eso sí, echamos de menos la presencia de algunos compañeros de Ladrones de Cuadernos que suelen acudir a estos eventos, pero las circunstancias o la distancia no siempre lo permiten. Urumo, Oñera, Lorés, Abadía, Angels Prat, entre otros y otras, estuvieron presentes en nuestras conversaciones. También es cierto que, entre tanta gente, no llegué a coincidir con otras personas que conozco y que allí estaban. Otra vez será.


   En estas fotos vemos algunos de esos momentos, dibujando o reponiendo fuerzas en alguno de los bares pintorescos y castizos a los que nos llevaron, viendo a Juan retratando a todo lo que se movía, más si lo hacía con garbo, aunque tampoco hacía ascos a dibujar nuestros quejumbrosos organismos.
   Tanto el entorno como el clima eran propicios, y pudimos disfrutar de las terrazas, de estar siempre al aire libre y de los encantos de Elche, que no son escasos. Ya de camino empezamos a hacerlo, pasando por la playa del Pinet a comer viendo las olas y a hacer el primer dibujo para ir entrenando.
   Tras la acreditación y primeros saludos y abrazos en La Calahorra, a Juan y a Ramón, nos ponemos a dibujar que ya el entorno estaba lleno de gente cuaderno en mano. Aquí van algunos de los dibujos que hicimos estos días, aunque lo más importante fue la convivencia con los amigos, el disfrute de ver sus cuadernos, dibujar juntos, ver cómo cada uno hace cosas tan diferentes de un mismo tema y admirar las genialidades que abundan. Sería injusto nombrar solo a algunos de ellos, pues hay colegas de quien seguimos uno a uno los dibujos que hacen, como Joshemari Larrañaga o Juananto. De otros amigos, como Juan Llorens, no es frecuente tener en las manos sus dibujos, o de Joaquín Dorao que hizo el más hermoso de los cuadernos sobre Elche y de quien nos trajimos un libro sobre sus dibujos de Croacia. Ver dibujar a Juan Espallardo, algo que hay que hacer sin parpadear o te pierdes el proceso, dada su rapidez vertiginosa en dibujar retratos en papel con tinta china. Conocer a Demetrio, como Juan, artista del cómic que ha ilustrado a Tarzán, Hazañas Bélicas y muchas publicaciones principalmente en USA y en Reino Unido. O a Manolo, otro personaje de interés turístico y cultural. 
   Como digo, imposible nombrar a todos los cuadernistas que allí nos reunimos, cerca de 200, pero fue un placer encontrarse con algunas personas que conoces virtualmente de los blogs, como Lola Clement, o que te conocen por visitar el mío y aprovechan para saludarte y comentar algo sobre él, cosa que se agradece.
   Dibujamos algunos rincones de esa zona pues había tema suficiente como para no abandonarla, con sus monumentos y plazas cercanas, palmeras, iglesias y terrazas, naranjos y paseantes, con las luces y sombras de la mañana o la calidez de las luces del atardecer, con una temperatura que tras el largo invierno invita a estar en la calle hasta altas horas.

   Al final, el domingo, se cuelga una colada de dibujos, algunos de los muchos que se hicieron, pues los cuadernos pesan mucho, ocasion para volver a hacer algunos últimos apuntes del encuentro.


domingo, 30 de abril de 2017

Árboles. Texturas en acuarela I


   Pintando árboles te encuentras con el reto de conseguir de alguna forma reflejar la textura de la corteza de sus troncos y ramas, de la tierra, así como sugerir una infinidad de hojas que es poco recomendable intentar reproducir, además de imposible. Buscando y estudiando cómo otros lo han solucionado y, lo más importante, probando una y otra vez, vamos acercándonos a conseguir algunos resultados.
   En este tronco seco de un olmo de San Gregorio, en Alpera (Albacete), la textura se afronta a base de baños superpuestos y pinceladas finas siguiendo el relieve de la corteza, más que aprovechando la textura del papel o la granulación de los pigmentos, salvo en la zona de las sombras en que sí se recurre a ambas cosas.
   Un papel con grano grueso y pinceladas con el pincel bastante seco a lo largo de troncos y ramas permite sugerir la rugosidad de la corteza de esta encina, sus grietas y su aspereza.

Ampliando se ve mucho mejor.
    En la siguiente acuarela, el papel es satinado y de nuevo, baños superpuestos y trazos finos de pincel sugieren la piel de esos troncos, no demasiado rugosos. Ni siquiera se ha recurrido a pinceladas rápidas casi en seco que hubieran quedado excesivamente agresivas en este caso.


   En la siguiente acuarela, un paraje de Bienservida, en Albacete, se amplía el repertorio de recursos. Papel de grano medio, en este caso Garzapapel, pigmentos Primatek de Daniel Smith, que ya de por sí ofrecen un granulado muy evidente. Rascados en húmedo, trazos finos sugiriendo esas fibras de la corteza que se desprende del tronco, brochazos rápidos con mucho pigmento y poca agua...




   En la siguiente acuarela, otro árbol de Bienservida (Albacete). Prácticamente iguales recursos que en la anterior, incluso el mismo papel y pigmentos. Se recurre a otra técnica que no en todos los papeles funciona: rascados en seco, con un cutter o algo afilado. Al trazarlos a lo largo del tronco, siguiendo sus formas, se aporta un relieve y una textura especialmente controlable. En los árboles del fondo, una pincelada rápida, casi en seco, deja visible el grano del papel, blanco, sin pigmento. Eso añade una rugosidad muy fuerte, que queda así en las zonas de luz o que se cubre con una capa diluida bastante transparente que deje traslucir esos brillos.


   En esta acuarela de un pinar en Bienservida (Albacete), se recurre a todo lo anterior. Como el tamaño es mayor se aprecian menos en pantalla  los rascados y granulado de los pigmentos.
   Para no alargar excesivamente esta entrada, se deja para la siguiente una explicación más detallada de cada uno de estos recursos, tratando al tema con algo más de estructura y orden.


sábado, 15 de abril de 2017

Acuarelas - Arboles y paisajes

   Seguimos con árboles y paisajes. De la Ribera del Júcar en Albacete, por la Mariquillas o Valdeganga, donde ya de niños íbamos con mi padre a comernos a la vera del río lo que él llamaba "un lepórido con liliáceas", o solanáceas, según se nos antojaba. Yeste, de Baños de Tus hacia el Calar del río Mundo, parajes recorridos cientos de veces durante cincuenta años. Luego Cullera, acompañando al Júcar hasta el mar. También Tibi, en Alicante, viendo las nubes rebosar sobre las montañas. En fin, acuarelas de recuerdos a partir de fotos de rutas que hacemos a menudo y que recuperamos para dibujar cuando esos lugares están llenos de gente y no invitan a acudir a ellos. Pronto llegará otra vez el momento.

   Aunque utilizo muchos colores, en cada acuarela solo unos pocos son necesarios, y casi siempre los tonos vienen determinados por el azul elegido como base de las mezclas. Unas veces ultramar de Van Gogh o Rembrandt, otras Cobalto de Windsor & Newton, raramente cerúlero de Daniel Smith o Rembrandt, utilizado con cuidado, pues puede resultar demasiado pinturero y siempre usando estos pigmentos de marcas de la mayor calidad, sin mezclas de blanco, que lo hacen pastoso y repelente. Diluido puede ser delicioso, como ese tono del cielo tras las nubes en la siguiente acuarela. Dado su nombre, debe ir bien tanto en los cielos como en la tierra, pues mezclado con naranja de cadmio, aleación cromática que aprendí en un libro de Charles Reid, un maestro de las mezclas, da un gris interesantísimo. Con tonos tierra también puede sorprender.
   Algunas veces se recurre a una paleta clásica, con sus sienas natural y tostada, tonos quebrados mezclándolas con ultramar, incluso utilizando con infinito cuidado el viridian o esmeralda, único verde de muchos acuarelistas clásicos, un verde tan hermoso como lleno de peligros, casi hiriente si se usa solo, sin matizar con los otros colores usados en la acuarela, pero que aporta un cromatismo que ningún otro verde ofrece. En estos casos, como es la siguiente acuarela de la Ribera del Júcar en Albacete, prácticamente se utilizan solo esos cuatro colores.
   En estas ramas, para los tonos cálidos, oxidados, quinacridonas de Daniel Smith, muy transparentes y brillantes. Gold o Red Gold. Para hacer verdes jugosos y frescos, muy luminosos, estos tonos amarillos y rojizos mezclan muy bien con prusia incluso índigo.
   En este caso, el otoño se ha pintado con cadmios de Rembrandt y esos quinacridonas de Daniel Smith. Algunas sombras se refuerzan con el violeta oscuro de amatista de esa marca.
   Este paisaje, incorpora el verde de jade que utilizo mucho, y un verde serpentine, ambos de Daniel Smith. Siena, cobalto y violeta ultramar de Daniel Smith. Se trataba de jugar con transparencias, veladuras aplicadas una vez seca la capa anterior, aunque la base se da todo en húmedo de una sola vez, marcando de entrada las zonas de sombra con el mismo azul del cielo, al que también se recurre para matizar los verdes.
    Detalle de la anterior acuarela.
   En esta última se toma como azul base el índigo, tanto para el cielo como para las sombras, mezclado ahí con siena tostada y con  toques de alizarina. Hay un marrón oscuro, con matices apagados, que utilizo bastante en las ramas de los árboles para dar textura, por su tono berenjena y porque granula mucho, Bloodstone Genuine de Daniel Smith. Se puede ver en los arbustos de la parte inferior izquierda. En las mezclas da vida a muchos otros colores, amarillos o rojizos. verdes o azules. Una joya, como el azul oscurísimo de Sodalita, que uso cada vez más en las sombras, una especie de índigo más agrisado y granular.

domingo, 26 de marzo de 2017

Acuarelas de Alicante. Almendros


   De los recorridos desde Alcoy hasta la costa cerca de Calpe, llegando hasta casi Alicante por el interior, trayecto montañoso con nieblas, curvas y barrancos, embalses y terrazas en las laderas de las montañas, además de pueblecitos de nombre morisco y llenos de encanto, salieron unos dibujos con tintas de la entrada anterior. Ahora se tratan los mismos temas y rincones con acuarela, intentando recoger las nubes, los contraluces, el color de los almendros y las montañas que se pierden en el horizonte, muchas veces cubiertas a medias por la niebla, por las nubes en las que se mete la carretera al subir a los puntos más altos del recorrido, como Aitana.
   Poco hay que explicar sobre las acuarelas, pues los materiales son los de costumbre, unos pinceles de petir gris de Escoda y un rigger o una pluma de ave para algunas ramas de los árboles usando los pigmentos habituales, Daniel Smith, W&N y Rembrandt. Papeles de Arches, grano fino o satinado, Garzapapel y Daler Rowney, en los de formato más apaisado. Normalmente las zonas claras de los almendros se evitan al pintar, no hago reservas de blancos con líquido de enmascarar en esta ocasión. Luego se añaden diluidos los tonos rosas con madder lake de W&N. Algunas gotas de témpera blanca en algunos de ellos y poco más.



   Esta última, de un viaje anterior por la misma zona, el Mirador des Rates, cerca de Jalón, con el mar y Calpe al fondo.