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sábado, 12 de abril de 2014

Pluma y tintas - Pen & Ink drawings - Namiki Falcon







    Para celebrar que colgaba los hábitos docentes, mis queridos compañeros del convento me regalaron una maravillosa pluma estilográfica Namiki Falcon Extrafina flexible, fabricada por Pilot. Hacía mucho tiempo que quería tener esta pluma. Casi una necesidad. Flexible y fina como su nombre indica, es de lo más parecido que hay en estilográficas a una plumilla clásica. Se abre, se engrosa la línea, vuelve a su finura extraordinaria cuando no le aprietas, fluye la tinta con generosidad, cosa necesaria para alimentar esas líneas gruesas y muy conveniente cuando se utiliza con un pincel de agua. Para escribir, es también maravillosa.
    Este dibujo es el primero que hice con ella y se nota que no quería soltar la pluma, porque me puse minucioso. Con el pincel de agua y vuelta a las rayitas para matizar y realzar zonas y detalles. Luego ya he ido haciendo cosas más sueltas, casi todas ellas árboles y algunas flores, con o sin extender la tinta con pincel. En las fotos se ve la pluma y el detalle de su tajo, realmente peculiar. Además, la capucha va a rosca, lo que para mi es un plus en una buena pluma. Todas deberían ser así y nos ahorraríamos muchos problemas de desajustes, faltas de anclaje y bolsillos de la chaqueta o la camisa entintados.

    En algunos ocasiones se utiliza para hacer el dibujo inicial que luego se colorea con acuarela o con lápices, como en estas hortensias. Esto es posible, lo de humedecer el dibujo, porque desde el principio la cargué con tinta Carbón de Platinum, que es indeleble a los pocos minutos de aplicarla. Prácticamente es tinta china para estilográfica, incluso brillan los trazos una vez seca. Esta tinta es verdaderamente una maravilla, a juego con la pluma.
   En otras, la he utilizado para añadir los últimos detalles o realzar zonas de sombra, diluyendo la tinta. El resto del dibujo se hizo con tintas marrones de Herbín (Café des Îles y Lieu de Thé).
   Diluyendo la tinta y dando pequeños puntos o trazos sobre la capa húmeda para que la tinta se exprese a su gusto, que también tiene su carácter.
   Este pino es más curioso. Se hizo con unas breves pinceladas aprovechando ese barro que queda al fondo del frasco del agua cuando se pintan  acuarelas. Suele salir un gris indeterminado, tendente al azul en este caso, sobre todo porque había utiliado Jadeite, el color de Primateck de Daniel Smith. Suele tener mucha goma arábiga ese poso, con lo que la textura es imprevisible y poco gobernable, pero no están los tiempos para tirar nada. Luego se añaden unos pocos detalles con la pluma y tinta descritas.
    El siguiente dibujo se inició con unos toques de la barra de tinta china algo humedecida, rascando sobre el grano del papel. Quedan así unas texturas rugosas y salpicadas que se aprovechan para ir diluyendo algunas zonas, dando forma al árbol y añadiendo, al final, algunos detalles y ramas con la pluma estilográfica. La rugosidad del tronco y el suelo, lo mejor de este dibujo, por tanto, es casual. A cada uno lo suyo.
   Este pino, más minucioso y detallado, se ha pintado en una de esas sentadas mientras uno se toma un café sin prisas al lado del mar. Un papel pequeño, pues va en el bolso y la pluma y tinta ya descritas, intentando, de abajo hacia arriba, seguir el crecimiento del pino, de sus ramas y pinochas. Como se ve, se intenta con la dirección de los trazos indicar y sugerir estos elementos, trenzando x, lo que confunde la vista, da idea de superposición, sugiere distintos planos y, por acumulación, da zonas de sombra tapando la luz trasera que por otros lugares se puede ver. Se procura que esas zonas de sombra vayan separando las hojas de una rama de las que tiene detrás. Como se ve, en este dibujo hay menos casualidad que en el anterior.
    Este último, de la Fábrica de Tabacos de Alicante, sentado en un banco enfrente, sobre un cuaderno de Paper Blanks, rápido, diluyendo con urgencia la tinta para añadir antes de que seque otras líneas y detalles. Digo con urgencia, porque ya se explicó que esta tinta es indeleble. Se seca pronto y ya no se puede modificar. Pasando el pincel mojado se extiende la tinta, unos segundos después únicamente se difuminan algunas líneas, lo que es un recurso. Aunque estos pormenores, dejados al azar nos llevan a difuminar la parte cercana de la reja dejando nítida la más lejana. Por eso, habría quedado mejor sin dejar ciertas cosas al azar, pero la urgencia de este tipo de dibujos, por ahora, nos lleva a incurrir en estos errores fácilmente mejorables. Las manchas grises se hacen mojando el pincel en el tajo de la pluma, con bastane agua pues la tinta es muy cubriente.






domingo, 12 de enero de 2014

Dibujar con tintas


    Todos los dibujos de esta entrada están hechos con tintas negras. Unos con plumilla, otros con estilográfica y pincel de agua; los menos con cálamos y otras cañas. Siempre se recurre al pincel de agua para extender las tintas, tambiéno para añadir algunos detalles o baños de superficies grandes.
    Para algunos detalles en los que se buscaba un negro intenso, se ha utilizado un brushpen de Pentel con tinta indeleble. En esta ocasión, sólo uno de los dibujos está hecho con tinta china líquida. 
   No hay que explicar uno por uno pues, a estas alturas, creo que se distingue el material y el proceso seguido, explicado muchas veces con anterioridad. El boceto anterior de un olivo se dibujó con un cálamo, tallado en una caña cortada en Denia hace unos años. Cuando la tinta se va secando, las líneas van saliendo más tenues, añadiendo unos matices característicos de esta herramiena. En el siguiente dibujo se puede ver también cómo se utiliza esta característica de los cálamos, de trazo ancho y suave, con matices de tono cambiantes. Incluso restregado sobre el papel cuando ya apenas mancha:

   En muchos de los siguientes podemos ver variaciones de tono, aunque sólo se haya utilizado tinta negra, en este caso Quink de Parker. Como hemos explicado en entradas anteriores, es raro que una tinta mantenga su color cuando se diluye. Todas varían, mostrando matices y tonos inesperados. Unas veces las tintas negras tienden al morado, otras al rojo, al azul... Un truco que utilizo con frecuencia es tomar color con el pincel de agua en la tapa del tintero. Allí se ha secado la tinta y ya proporciona variaciones más controlables, encontrando matices azulados o cálidos a partir de una misma tinta. Al dejar una mancha diluida en una servilleta o papel absorbente, se forman zonas concéntricas con estos tonos cambiantes. Así pruebo yo las tintas.








   Incluso en el dibujo anterior y en el siguiente únicamente se ha utilizado una tinta. Los tonos cálidos salen al usar lejía aplicada con un pincel fino de fibra artificial, más o menos diluída. Esto debe de ser una herejía, pero hay que probarlo todo.


   Las flores del dibujo siguiente se han dibujado, casi en su totalidad, con el brushpen de Pentel, por un trazo caligráfico, pero con más control que con un pincel normal, por muy fino que sea. Siempre conserva una punta afiladísima. Jugando con la humedad, aplicada con pincel de agua, se ha extendido la tinta en algunas zonas, aplicando nuevas líneas y manchas antes de que se seque. Con el pincel de agua se ha tomado tinta del tajo de otra estilográfica para algunos detalles. Se nota porque el tono varía. El brushpen da un color totalmente negro.
  En todos los siguientes se ha utilizado plumilla, algo inconfundible por la finura del trazo y por las variaciones de grosor que ofrece esta versátil herramienta. Unos son dibujos de línea, con tramas como el siguiente y algunos posteriores. Cuando es necesario, se extiende la tinta con pincel de agua.


lunes, 25 de noviembre de 2013

ALICANTE. Dibujos y fotografías.

   Ya vamos consiguiendo hacer con las tintas, las estilográficas y los pinceles de agua algo parecido a lo que se pretende. Aquí se ve el trabajo con los colores fundidos en húmedo, los trazos que se desdibujan al pasar por encima el pincel mojado, las manchas que se extienden al pintar de nuevo sobre la capa anterior, todavía húmeda, algunos detalles aplicados en seco al final... Una técnica muy parecida a la acuarela, aunque las tintas también tienen su carácter.
   La imagen anterior es un detalle ampliado del siguiente dibujo, en este caso uno de esos asombrosos ficus elástica que abundan en algunas plazas y paseos de Alicante. Alcanzan un tamaño inmenso, y dejan caer desde sus gruesas ramas raíces aéreas que llegan hasta el suelo, donde se anclan y engrosan hasta formar nuevos troncos. En su base el árbol se ensancha y forma arquitrabes que refuerzan la estructura como si fuera una catedral gótica. Muy buenos para dibujar, por sus formas redondeadas, con suaves líneas curvas que se retuercen y producen luces y sombras, por sus hojas grandes y relucientes...
   Llegamos a Alicante buscando el sol, huyendo del frío de Albacete en estos días y fuimos al puerto y al paseo paralelo, La Explanada, lugar muy a propósito para nuestra intención, pues pensábamos comer por allí, al aire libre. Después de oler el mar, ver los barcos y hacer unas fotos para dibujar después, aunque estos lugares me los sé de memoria, quedé atrapado por el sonido de la trompeta de Louis Amstrong que ponía música a la presencia de un trompetista, marioneta a quien daban vida el artista que la manejaba y las notas de La vie en rose, exactamente como se puede escuchar en el enlace. Imposible no quedarse cerca a seguir disfrutando de la escena y de la música. Para mayor comodidad, tomo asiento en un cómodo sillón de mimbre en la terraza de enfrente y pido una cerveza, enorme por cierto, que la deshidratación es un peligro a ciertas edades y más con tanto sol.
   Tan cómodamente instalado, tampoco puedo evitar sacar el cuaderno y los apechusques de dibujar y, mitad mirando, mitad imaginando, hago un apunte de la escena, como se puede ver. Aunque llevo varias plumas con tintas surtidas, anoto que me falta una de color rojo rubí.

 
    Un poco más a la derecha había un artista haciendo caricaturas. A la otra mano, a unas decenas de metros, otro dibujante de retratos. Mientras el trompetista de tela descansaba y buscaba la partitura de otro tema de Louis Amstrong, se me va la vista hacia un fotógrafo que tengo casi enfrente de mí. Vestido con traje negro, con sombrero como el de Stan Laurel, Joaquín Sabina o Winston Churchill, haciendo juego con su maravillosa cámara de fuelle de ciento diez años, según me cuenta, montada en su trípode. En pocos minutos impresiona y revela una foto en blanco y negro, acelerando el proceso de una forma asombrosa. Le pido permiso al fotógrafo para metafotografiarlo y, amablemente, me lo concede. Luego lo dibujaré, que si me quedo aquí voy a tener que pedirme otra cerveza y va a ser peor. Por lo pronto, aquí van las fotos:
    Cuando algún turista o grupo pide ser fotografiado, el fotógrafo proporciona el atrezzo. Con unos sombreros, un pañuelo y poco más, los transfigura en la imagen de sus bisabuelos en dos minutos. Luego mete la cabeza bajo la tela negra, enfoca, encuadra, sale raudo para recolocar un sombrero, girar una cara unos grados para añadir mordente a la mirada, revisa el efecto y, ya satisfecho, dispara con su cable. En honor y agradecimiento al fotógrafo, un artista que tan amable fue conmigo, le quito el color a mis fotos. Ganan mucho en blanco y negro.

   A estas alturas ya me había quitado la chaqueta. La bufanda mucho antes, al mismo bajar del coche al llegar a Alicante. De forma que en manga corta nos fuimos a comer a la terraza de un restaurante cercano, sin perder de vista el mar, las flores y las palmeras. Tampoco la mesa ofrecía mal paisaje, que el arroz al lado del mar gana mucho. No penséis mal de mi, que no estaba solo para comerme todo eso, sino muy bien acompañado. Tal vez por nostalgia de Albacete, añado al menú unas chuletitas de cordero en su más tierna infancia. Helas:
   De camino hacia otra terraza en El Postiguet, sin tiempo para dibujar los mil temas que salen al paso, les hago unas fotos para, con más reposo, pintar algo después. Por ejemplo:
   Nos sentamos en la terraza de una cafetería enfrente de la playa, en unos confortables sillones que tienen en el respaldo una mantita por si algún turista tiene frío. Viniendo de Albacete que, por estas fechas, viene a ser como Groenlandia, o mirando a los turistas que se dejan caer desde Alemania o Noruega hasta Alicante para tomar el sol, las mantas deben de estar sin estrenar. Un cremoso cortado y un Vichy Catalán mientras, en un alarde de oportunidad y buen gusto, con un sonido más que decente, se puede escuchar el saxo de Stan Getz dando contrapunto a la voz de Astrud Gilberto, que canta las bossanovas de un disco que hace muchos años yo escuchaba en vinilo. Doble con sus tapas verdes.
   Mientras escucho tal maravilla, saboreamos el café y conversamos sin prisas, no se me olvida que a mi espalda queda el castillo de Santa Bárbara, encaramado en el Benacantil desde que los árabes lo levantaron allí a finales del siglo IX, y que navegando sobre esas olas que ahora lamen la arena, llegaron griegos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes, piratas berberiscos y otros turistas. Casi se pueden ver desde aquí, al menos se adivinan, las balsas talladas en la roca de la factoría de salazones donde los romanos fabricaban el garum y que ahora llaman los Baños de la Reina.
   En fin, un día redondo si así lo quiere uno ver. También se podría interpretar, sin faltar a la verdad, que vine a Alicante, comí, me tomé un café y que me dolían las piernas. Pero para eso están la literatura, la música y la pintura, para embellecer la vida. La propia y, si puede ser, la ajena.
 Ya en casa, todavía en Alicante, pinto unas frutas con tintas de colores y otra vez con tinta china. También el tiovivo del puerto, de memoria, con unos boligrafos Bic de colores que acababa de comprar. Tiene unos toques de tinta con Parallel Pen. 
    La siguientes fotos muestran los utensilios que llevaba en el bolso para hacer estos dibujos.

sábado, 31 de agosto de 2013

LISBOA - Bocetos pluma, rotulador y pincel

   Muy pocos días para disfrutar de una ciudad con tres mil años de historia. Después de Atenas, la más antigua de todas las capitales europeas, anterior a Roma en 400 años. A veces la historia sólo deja ruinas, en otras ocasiones hace florecer maravillas como Lisboa. Tal vez el terremoto y maremoto de 1755 y los posteriores incendios fueran cura de humildad que apartaron a sus habitantes del error, propio de nuevos ricos —tanto personas como países—, de levantar altas torres de Babel. Siendo una gran ciudad, si no muy poblada, sí muy extensa, se ha sabido amoldar al terreno sobre el que ha crecido, echando raíces en las colinas y bordeando el estuario del Tajo. Además de asombrarte con sus monumentos, que abundan, se muestra Lisboa en su conjunto como una unidad monumental, viva, orgánica, con las arrugas y cicatrices propias de la edad, pero hermosa. Da que pensar cómo sería Lisboa si conservara todo lo que el terremoto destruyó. También inquieta imaginar que la posterior reconstrucción, dirigida por el Marqués de Pombal, hubiera caído en manos de una banda similar a la de nuestros gobernantes, financieros y constructores actuales. Seguramente no merecería la pena visitar Lisboa hoy en día. Gracias, marqués.
En esta foto se muestra dónde se hizo el dibujo de la Praça da Figueira, con un rotulador
calibrado de 0,2 y sombras aplicadas con pincel de agua y acuarela gris Payne.
También para mostrar las diferencias entre lo que uno ve y lo que pinta.
   Llevado, subido, bajado y zarandeado por los encantadores tranvías, hemos podido llegar a más sitios de los que habríamos sido capaces de disfrutar si tuviéramos que haber ido andando, que de las patas andamos peor que regular. Seguramente estos dibujos, fotos, bocetos y escritos den para una pequeña guía de "Lisboa para cojos". Afortunadamente, hay muchas plazas y miradores, muchos bares, terrazas, bancos y otros lugares donde descansar en calles y plazas, reponer fuerzas, hidratarse y dibujar. O hacer fotos, porque es demasiado lo que Lisboa ofrece a la vista. Puede resultar excesivo. Acostumbrado a La Mancha, donde con un lápiz y una regla haces un paisaje, hay que tomarse Lisboa con calma, pues en cada recodo hay cien temas para pintar.
  Rotulador calibrado y acuarela. Se dejó sin terminar porque la luz iba desapareciendo. Fue preferible hacer una foto del momento y la iluminación por si del tema queremos hacer una acuarela. No obstante, hay que incorporar sombras y dejar sin colorear únicamente los edificios con la típica piedra blanca de las construcciones nobles. En lugar de pintar, me tomé una caipirinha mientras veía anochecer. Pasaban tranvías hasta las 11 de la noche.

 Rolulador-pincel Pentel con tinta china (Brushpen).


   El anterior, de la Praça do Rossio, con una de las dos fuentes y la fachada del Teatro Nacional. Lugar típico para quedar en Lisboa. Hay kioscos de flores, de donde salieron las que taparon las bocas de los fusiles en la revolución de los claveles. Estilográfica con tinta marrón, pìncel de agua y Pentel brushpen.
   Rapidísimo apunte de esa plaza, desde la calle Calçada do Carmo, hecho con rotulador. El tranvía se añadió para dar color al tema, pues no pasan por allí.
   Otro boceto. Rotulador y acuarela gris Payne con pincel de agua. Se inició con esos maceteros. Luego me fui animando y dada la grandiosidad del escenario, para dar cabida a los elementos recogidos en el encuadre, las plantas quedaron inmensamente desproporcionadas. Licencias del artista, ripios gráficos o como queramos llamarlo, pero así quedó. La foto muestra el ambiente cercano, dominado por una enorme cerveza en la copa más bonita que recuerdo. Os aseguro que no me la llevé. Sólo en foto.
 
   Para terminar por ahora con Lisboa, pues tengo mucho más, el último boceto, más que rápido, vertiginoso. En la esquina del hotel, en el momento de regresar a España, dibujando aún, sentado ya al volante del coche subido a la acera, estacionado de forma digamos que creativa, mientras no me percataba de que a la altura de la ventana de la derecha abierta, paró en paralelo un coche de la policía interesándose por qué leches estaba haciendo allí. Viéndome dibujar, saludaron amablemente y se marcharon. Un encanto. De todas formas, ya no me quedaron ganas de seguir, tengo fotos y además, la calle y la plaza ya las sé de memoria después de tomar en esas mesas cafés pingados y garotos escurinhos durante varios días. También alguna ginjinha.