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viernes, 29 de abril de 2016

Cuadernos en Elche



   El encuentro de Ladrones de Cuadernos en Cuenca fue el inicial, la primera ocasión para conocer en persona a amigos de los que sólo sabía a través de sus dibujos, comentarios y fotos. Aunque no es mala forma de conocer a alguien, un abrazo es mejor. Y también un pacharán mientras examinas cuadernos llenos de maravillas, una comida compartida, un café endulzado con palabras, dibujar juntos una misma cosa de formas tan distintas... De pronto te das cuenta que esas personas que viven en Gijón, en Barcelona, en Huesca, en Calpe o en otros lugares a veces distantes, hace tiempo que forman parte de tu vida. a veces de forma más cercana que otros a quienes ves todos los días. Y entonces estos cuadernos llenos de dibujos pasan a ser algo más que lo que allí se ve, pues cada uno está cargado de recuerdos de lugares, momentos y caras de personas a las que aprecias de verdad. Lamentablemente, al segundo encuentro, en JHuesca, con el amigo Lorés, no pude ir. Y bien que lo sentí.
   
   Ya al mismo llegar a Elche, buscando la Torre de la Calahorra. punto de encuentro y acreditación, hubo que detenerse al tropezar con Oñera al que vimos frente al Ayuntamiento junto a Abadía y Joshemari, que dibujaba a la sombra. Dolça en un banco cercano. Primer abrazo y tras la acreditación, ruta a dibujar que nos lleva al puente desde el que hacemos el primer dibujo, que se colorea allí mismo. Luego nos encontramos con Juananto, Jesús y familia, un reencuentro pues ya nos conocíamos de Cuenca y de Calpe. Otro abrazo. Un placer encontrar a Lola Clement y a otros amigos, algunos solo conocidos por los blogs.
    El segundo dibujo, ya en grupo, en la zona de la Calahorra y la basílica de Santa María rodeado de docenas de dibujantes desparramados por terrazas, escaleras, aceras y rincones. Como el sitio es cómodo, se hace este segundo apunte y da tiempo a aplicarle la acuarela. Mientras, hay quien va fotografiando a los dibujantes y sus cuadernos, con lo que queda un recuerdo del proceso. 


   Después de comer ya todo el grupo, seguimos con el tema, sin parar de comentar y contemplar los cuadernos de cada uno, (Allí fue donde pude disfrutar de los de Angels, Oñera y alguno de Joshemari), verdaderas maravillas, monográficos de un tema, sean bodegas o barcos, paisajes de una ruta o de un viaje o, como es mi caso, anárquicas mezcolanzas de lugares que vamos visitando, con técnicas y materiates distintos y sin llegar a completar ningún cuaderno, pues tenemos una docena en uso y varias más sin estrenar.
    La imagen que abre esta entrada es el resumen gráfico que Fernando Abadía fue realizando durante la charla de Joshemari, Oñera, Dolça, Juan Llorens y el mismo Abadía en la Torre de la Calahorra, en Elche, en una sala decorada con motivos egipcios y masónicos, sede de la Logia creada en 1878. La torre es de origen alhomade, del siglo XII, resto de la muralla y puertas de la ciudad, en parte destruidas por un terremoto en 1829. El trabajo de Fernando Abadía como Graphic Recorder, los dibujos de barcos de vela, bodegas y bares, calles y rincones de Joshemari, los delicados dibujos de Oñera en sus rutas por su Asturias, fueron protagonistas de esta charla que animaba a llenar los cuadernos de recuerdos y colores. Al final, mini concierto de Sazed Ul Alam, con su grupo.
   En una terraza empezamos a contemplar cuadernos de los amigos alredor de unas cervezas, procurando, cuando ya se nos hizo de noche, que no cayeran gotas de lluvia sobre los barcos de Joshemari, asombrándome de la insultante facilidad con los retratos de otro dibujante, y mostrándonos plumas, pinceles y aparejos varios, otro de los encantos del oficio. 
   Lamentablemente y por motivos que no vienen al caso, a las once de la noche hubo que dejar la reunión, como siempre interesante, despedirnos de los que por la mañana viajarían pronto, coger el coche con la intención de regresar temprano al día siguiente. Así hacemos. Reencuentro en la zona habitual, segundo desayuno en ese rincón tan acogedor que ahora se pinta sin prisas.
 
   De los cafés paso a un martini blanco, a dibujar la basílica de Santa María y luego, cuando va acudiendo gente, consigo el libro de Joshemari sobre bodegas y bares del barrio de Gracia en Barcelona, me lleno los ojos de dibujos de algunos de sus cuadernos, y finalmente lo interesante de la conversación me hace dejar el cuaderno a un lado. Juananto y Jesús suelen hacer viajes por sitios exóticos y lejanos, que se pueden ver en su blog El viajero librero. Resulta que Jesús es o fue marino, y aún tiene un barco, con lo que de Blas de Lezo y su hazaña de Cartagena de Indias contra los ingleses, pasamos a las bitácoras, la cangreja y el bauprés, las corrientes marinas, Trafalgar, el tesoro del Nuestra Señora de las Mercedes, felizmente en Cartagena,  de las diferencias entre los barcos españoles, holandeses e ingleses en la época de los descubrimientos, de las patentes de corso, de los portugueses, de Pérez Reverte y de mil cosas más. De allí nos vamos a comer todos juntos, con los compañeros de Cuadernos viajeros y seguimos la conversación, que quedó a medio después de varias horas. Habrá que buscar lugar y momento para continuarla, que mi ignorancia sobre el tema es tan grande como mi interés.

   Después de comer, de una larga sobremesa en la que docenas de cuadernos repletos de dibujos pasaban de mano en mano a lo largo de las mesas, de una despedida musical con el "gracias por venir" de Lina Morgan, simpático y emotivo, últimas despedidas y abrazos y regreso a Albacete.

   Ya en Albacete, limpiando plumas, pinceles, organizando cuadernos y papeles, descargo en uno de ellos las palmeras y cúpulas azules que aún llevaba rondándome por la cabeza y, a partir de una foto, dibujo a Sazed Ul Alam tocando el sitar, algo que nos quedó pendiente.


viernes, 31 de enero de 2014

3º Aniversario de mi blog. Año jubilar

   Bueno, pues ya estamos otra vez de cumpleaños. El que suscribe, 60 tacos de almanaque, mi blog tres añitos. Hemos pasado de las 400.000 páginas vistas, que ya va siendo un número importante, y más viendo la procedencia de muchas de ellas, teniendo en cuenta que se escribe en castellano. Pongo el mapa que señala los lugares de donde proceden esas 406.000 visitas, agradeciendo su interés a los cientos o miles de personas a las que cada puntito se refiere.
  Este cumpleaños es especial, y me refiero al mío, que el blog es todavía muy joven. Prácticamente un bebé. Aprovechando la redondez de la cifra cumplida, me retiro del trabajo en la escuela y mi organismo y yo empezaremos a dedicarnos a otras cosas. A esas cosas que se hacían en los ratos libres, que se dejaban sin terminar, que nunca encontrabas momento para hacer con el sosiego y esmero que requieren. Mi retiro se limita a mi condición de trabajador de la enseñanza en un centro docente —una maravillosa escuela pública, en mi caso—, que no a la de maestro, pues son demasiados años, todos, para que el cerebro modifique su estructura, adaptada a intentar enseñar lo poco que uno sabe.

    El dibujo inicial de esta entrada está hecho en el jardín que rodea al edificio de educación infantil de mi cole, dibujando unos árboles que durante años me han rodeado y acompañado, que he pintado mil y una veces, como los del patio y alrededores del edificio principal, en la acera de enfrente, con su reja amarilla sugerida en los dibujos:
 
    Porque en lo tocante a los colegios públicos de Albacete, algo que honra a nuestros administradores municipales y educativos, desde siempre han tenido el buen criterio de edificar en cada barrio sólidos edificios, muchas veces rodeados de jardines, tan abundantes en una de las ciudades más ajardinadas de España, para proporcionar un lugar digno donde educar a los niños. Menos criterio han tenido en evitar la desaparición de muchos nobles y antañones edificios para permitir que en sus solares se edificaran arquitectónicos mostrencos que ofenden la vista y quitan la luz. Si bien esto último es mal común, el mimo a parques y colegios es bien extraño en algunas ciudades y comunidades, donde aún siguen levantándose barracones para escolarizar a sus niños. Ya que en mi blog Desconcertatus - Epistolarium, me dedico a sacar la piel a tiras a los nefastos gestores que, a veces bordeando la criminalidad, a ambos lados de la raya, nos gobiernan y administran, reconozcamos aquí que algunas cosas buenas hicieron y continúan haciendo. A continuación algunas fotos de entre los cientos que he hecho en el trayecto desde mi casa a mi escuela, en su calle o en su patio.
  De forma que este es el entorno que veo en mi trabajo en mi colegio o en la ruta que todos los días sigo para llegar hasta él. No es extraño que me haya dado por pintar árboles. Con más calma, ampliaremos el radio de acción y dibujaremos otras especies que hay en otros jardines, parques y parajes cercanos a Albacete. O más lejanos, ahora que nos sacudiremos el yugo del calendario y la agenda.
   Varias docenas de dibujos tengo sobre estos setos, árboles y rosales hechos mientras tomo café en el bar de la esquina, a las 8:30 antes de entrar, o los días que me quedaba a comer en terraza de la tapería  Observo que empiezo a hablar en pasado aunque, cuando esto escribo, aún me queda un lunes para repetirlo. Por última vez.
   Si ya empiezo a echar de menos mis árboles, para qué vamos a hablar de las personas. Mucho más. Pero las personas se mueven más que los árboles y ya nos encontraremos allí y en otros lugares. Desde aquí un fuerte abrazo a mis amigos del colegio, a mis alumnos y a todas las personas que han sido mi paisaje vital durante tantos años.

Por último, un enlace a la página web de mi cole, el "C.E.I.P. "Federico Mayor Zaragoza" de Albacete, y la epístola dirigida a mis amigos y compañeros de la docencia y de la música. Hasta siempre.


Queriedos hermanos:

Hoy, 25 de enero de 2014, día de San Bretanión, San Pablo  y San Popón, varones de nombre sonoro y de aparato, cumplo seis décadas que, dicho así, parece menos tiempo. Como entré en una escuela hace 55 años y en ella sigo, aunque obviamente en otra, aprovecho tan fausta efeméride para abandonar los alpinos, las tizas y los catecúmenos, a sus padres y a sus madres, que Dios guarde, y abandono la industria de la educación, que en manos de contables dejo. Lamento no tener tiempo para quedarme a disfrutar de las excelencias del  enésimo parto legislativo que un ministro del ramo alumbra a lo largo de mi vida como docente.

No sé si esto es jubilación o huída; el caso es que dentro de unos días pasaré a ser una carga para el Estado, después de que él lo haya sido para mí desde cuando mi memoria alcanza. Espero que quienes a partir de ahora deberán sufragar mi pensión con sus impuestos, antes de echarme a mí la culpa de la ruina del país, causa de la suya, hagan cuenta de que yo se la pagué con los míos durante 38 largos años, mes a mes, a  sus abuelos o a sus padres. No se me escapa que tal y como nuestros dirigentes reparten la caja, más seguro está el hoy por mí que el mañana por ti, pero así soplan los vientos  en las velas del barco de la hacienda del reino. De ahí lo de pisar el billete.

Habiendo hecho mi trabajo lo mejor que he sabido y podido, desde el primer día de septiembre de 1976 hasta el de la fecha, no he llegado a sentir que sea el mío un trabajo especialmente valorado por la sociedad. Por tanto, me voy con la tranquilidad de que, siendo algo intrascendente y de escaso mérito lo que otros muchos y yo venimos haciendo durante toda una vida, nada importante debe resentirse cuando dejemos de hacerlo.

Una de las grandezas del cerebro humano es que es impredecible, algo que supone la mayor diferencia entre una persona y una cebolla o un boquerón. Por tanto no descarto la improbable y remota posibilidad de que llegue a echar de menos mi trabajo en la escuela, porque sobrado tiempo he tenido para satisfacer tales ansias. Por contra,  estoy seguro de que de otra forma muy distinta viviré la separación de los amigos con los que he trabajado día a día, compartido alegrías y disgustos, quebrantos y satisfacciones, aficiones, intereses y cafés. Es el lado triste del asunto, pues les voy a echar de menos. Con su trabajo bien hecho han hecho fácil el mío, y no hay palabras para agradecer la confianza, el apoyo, el mimo en muchos casos, con que me han apuntalado, arropado y hecho posible que aguantara hasta estas fechas. Pero habrá más propicios momentos y parajes donde encontrarme con ellos, alrededor de un café, no de un problema.

El próximo día 5 de febrero, día de santa Felicia, Santa Gadea y San Bertoldo, san Ingenuino, santa Águeda y san Adán, primer día de mi vida contemplativa, quisiera reunir en un antro de perdición a los amigos y compañeros de mis dos mundos: la educación y la música, para presumir de los unos ante los otros, y viceversa. Si la cantidad y calidad de los amigos que alguien consigue atesorar a lo largo de su vida es buena vara de medir a una persona, sube a los cielos mi autoestima mientras hago la lista de aquellos que no pueden faltar. Nos despediremos con música, arrullados por los salmos que durante años hemos cantado en la ermita del abad Germán de Navarra y en los más pintorescos e inusitados garitos, interpretados por los monjes que han poblado mi convento, prolongado mis vigilias y puesto en compromiso mis higadillos.

Allí nos veremos, hermanos, para que ese último día sea ocasión de cánticos, buen  humor, antífonas y libaciones, que esto son cuatro días.

Lugar: “Chapó”. (Antes “Bossanova”, y mucho antes “Crossroad”)
Calle Teodoro Camino
Día 5 de febrero a partir de las 5:30 o 6:00 de la tarde.
Los más pendones seguiremos allí después de cenar, hasta que la aurora de rosados dedos nos muestre el grado de nuestra desvergüenza.

domingo, 12 de enero de 2014

Dibujar con tintas


    Todos los dibujos de esta entrada están hechos con tintas negras. Unos con plumilla, otros con estilográfica y pincel de agua; los menos con cálamos y otras cañas. Siempre se recurre al pincel de agua para extender las tintas, tambiéno para añadir algunos detalles o baños de superficies grandes.
    Para algunos detalles en los que se buscaba un negro intenso, se ha utilizado un brushpen de Pentel con tinta indeleble. En esta ocasión, sólo uno de los dibujos está hecho con tinta china líquida. 
   No hay que explicar uno por uno pues, a estas alturas, creo que se distingue el material y el proceso seguido, explicado muchas veces con anterioridad. El boceto anterior de un olivo se dibujó con un cálamo, tallado en una caña cortada en Denia hace unos años. Cuando la tinta se va secando, las líneas van saliendo más tenues, añadiendo unos matices característicos de esta herramiena. En el siguiente dibujo se puede ver también cómo se utiliza esta característica de los cálamos, de trazo ancho y suave, con matices de tono cambiantes. Incluso restregado sobre el papel cuando ya apenas mancha:

   En muchos de los siguientes podemos ver variaciones de tono, aunque sólo se haya utilizado tinta negra, en este caso Quink de Parker. Como hemos explicado en entradas anteriores, es raro que una tinta mantenga su color cuando se diluye. Todas varían, mostrando matices y tonos inesperados. Unas veces las tintas negras tienden al morado, otras al rojo, al azul... Un truco que utilizo con frecuencia es tomar color con el pincel de agua en la tapa del tintero. Allí se ha secado la tinta y ya proporciona variaciones más controlables, encontrando matices azulados o cálidos a partir de una misma tinta. Al dejar una mancha diluida en una servilleta o papel absorbente, se forman zonas concéntricas con estos tonos cambiantes. Así pruebo yo las tintas.








   Incluso en el dibujo anterior y en el siguiente únicamente se ha utilizado una tinta. Los tonos cálidos salen al usar lejía aplicada con un pincel fino de fibra artificial, más o menos diluída. Esto debe de ser una herejía, pero hay que probarlo todo.


   Las flores del dibujo siguiente se han dibujado, casi en su totalidad, con el brushpen de Pentel, por un trazo caligráfico, pero con más control que con un pincel normal, por muy fino que sea. Siempre conserva una punta afiladísima. Jugando con la humedad, aplicada con pincel de agua, se ha extendido la tinta en algunas zonas, aplicando nuevas líneas y manchas antes de que se seque. Con el pincel de agua se ha tomado tinta del tajo de otra estilográfica para algunos detalles. Se nota porque el tono varía. El brushpen da un color totalmente negro.
  En todos los siguientes se ha utilizado plumilla, algo inconfundible por la finura del trazo y por las variaciones de grosor que ofrece esta versátil herramienta. Unos son dibujos de línea, con tramas como el siguiente y algunos posteriores. Cuando es necesario, se extiende la tinta con pincel de agua.


lunes, 25 de noviembre de 2013

ALICANTE. Dibujos y fotografías.

   Ya vamos consiguiendo hacer con las tintas, las estilográficas y los pinceles de agua algo parecido a lo que se pretende. Aquí se ve el trabajo con los colores fundidos en húmedo, los trazos que se desdibujan al pasar por encima el pincel mojado, las manchas que se extienden al pintar de nuevo sobre la capa anterior, todavía húmeda, algunos detalles aplicados en seco al final... Una técnica muy parecida a la acuarela, aunque las tintas también tienen su carácter.
   La imagen anterior es un detalle ampliado del siguiente dibujo, en este caso uno de esos asombrosos ficus elástica que abundan en algunas plazas y paseos de Alicante. Alcanzan un tamaño inmenso, y dejan caer desde sus gruesas ramas raíces aéreas que llegan hasta el suelo, donde se anclan y engrosan hasta formar nuevos troncos. En su base el árbol se ensancha y forma arquitrabes que refuerzan la estructura como si fuera una catedral gótica. Muy buenos para dibujar, por sus formas redondeadas, con suaves líneas curvas que se retuercen y producen luces y sombras, por sus hojas grandes y relucientes...
   Llegamos a Alicante buscando el sol, huyendo del frío de Albacete en estos días y fuimos al puerto y al paseo paralelo, La Explanada, lugar muy a propósito para nuestra intención, pues pensábamos comer por allí, al aire libre. Después de oler el mar, ver los barcos y hacer unas fotos para dibujar después, aunque estos lugares me los sé de memoria, quedé atrapado por el sonido de la trompeta de Louis Amstrong que ponía música a la presencia de un trompetista, marioneta a quien daban vida el artista que la manejaba y las notas de La vie en rose, exactamente como se puede escuchar en el enlace. Imposible no quedarse cerca a seguir disfrutando de la escena y de la música. Para mayor comodidad, tomo asiento en un cómodo sillón de mimbre en la terraza de enfrente y pido una cerveza, enorme por cierto, que la deshidratación es un peligro a ciertas edades y más con tanto sol.
   Tan cómodamente instalado, tampoco puedo evitar sacar el cuaderno y los apechusques de dibujar y, mitad mirando, mitad imaginando, hago un apunte de la escena, como se puede ver. Aunque llevo varias plumas con tintas surtidas, anoto que me falta una de color rojo rubí.

 
    Un poco más a la derecha había un artista haciendo caricaturas. A la otra mano, a unas decenas de metros, otro dibujante de retratos. Mientras el trompetista de tela descansaba y buscaba la partitura de otro tema de Louis Amstrong, se me va la vista hacia un fotógrafo que tengo casi enfrente de mí. Vestido con traje negro, con sombrero como el de Stan Laurel, Joaquín Sabina o Winston Churchill, haciendo juego con su maravillosa cámara de fuelle de ciento diez años, según me cuenta, montada en su trípode. En pocos minutos impresiona y revela una foto en blanco y negro, acelerando el proceso de una forma asombrosa. Le pido permiso al fotógrafo para metafotografiarlo y, amablemente, me lo concede. Luego lo dibujaré, que si me quedo aquí voy a tener que pedirme otra cerveza y va a ser peor. Por lo pronto, aquí van las fotos:
    Cuando algún turista o grupo pide ser fotografiado, el fotógrafo proporciona el atrezzo. Con unos sombreros, un pañuelo y poco más, los transfigura en la imagen de sus bisabuelos en dos minutos. Luego mete la cabeza bajo la tela negra, enfoca, encuadra, sale raudo para recolocar un sombrero, girar una cara unos grados para añadir mordente a la mirada, revisa el efecto y, ya satisfecho, dispara con su cable. En honor y agradecimiento al fotógrafo, un artista que tan amable fue conmigo, le quito el color a mis fotos. Ganan mucho en blanco y negro.

   A estas alturas ya me había quitado la chaqueta. La bufanda mucho antes, al mismo bajar del coche al llegar a Alicante. De forma que en manga corta nos fuimos a comer a la terraza de un restaurante cercano, sin perder de vista el mar, las flores y las palmeras. Tampoco la mesa ofrecía mal paisaje, que el arroz al lado del mar gana mucho. No penséis mal de mi, que no estaba solo para comerme todo eso, sino muy bien acompañado. Tal vez por nostalgia de Albacete, añado al menú unas chuletitas de cordero en su más tierna infancia. Helas:
   De camino hacia otra terraza en El Postiguet, sin tiempo para dibujar los mil temas que salen al paso, les hago unas fotos para, con más reposo, pintar algo después. Por ejemplo:
   Nos sentamos en la terraza de una cafetería enfrente de la playa, en unos confortables sillones que tienen en el respaldo una mantita por si algún turista tiene frío. Viniendo de Albacete que, por estas fechas, viene a ser como Groenlandia, o mirando a los turistas que se dejan caer desde Alemania o Noruega hasta Alicante para tomar el sol, las mantas deben de estar sin estrenar. Un cremoso cortado y un Vichy Catalán mientras, en un alarde de oportunidad y buen gusto, con un sonido más que decente, se puede escuchar el saxo de Stan Getz dando contrapunto a la voz de Astrud Gilberto, que canta las bossanovas de un disco que hace muchos años yo escuchaba en vinilo. Doble con sus tapas verdes.
   Mientras escucho tal maravilla, saboreamos el café y conversamos sin prisas, no se me olvida que a mi espalda queda el castillo de Santa Bárbara, encaramado en el Benacantil desde que los árabes lo levantaron allí a finales del siglo IX, y que navegando sobre esas olas que ahora lamen la arena, llegaron griegos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes, piratas berberiscos y otros turistas. Casi se pueden ver desde aquí, al menos se adivinan, las balsas talladas en la roca de la factoría de salazones donde los romanos fabricaban el garum y que ahora llaman los Baños de la Reina.
   En fin, un día redondo si así lo quiere uno ver. También se podría interpretar, sin faltar a la verdad, que vine a Alicante, comí, me tomé un café y que me dolían las piernas. Pero para eso están la literatura, la música y la pintura, para embellecer la vida. La propia y, si puede ser, la ajena.
 Ya en casa, todavía en Alicante, pinto unas frutas con tintas de colores y otra vez con tinta china. También el tiovivo del puerto, de memoria, con unos boligrafos Bic de colores que acababa de comprar. Tiene unos toques de tinta con Parallel Pen. 
    La siguientes fotos muestran los utensilios que llevaba en el bolso para hacer estos dibujos.