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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Diciembre 2025

   Terminamos el año con lo último que hemos ido pintando, que es menos de lo habitual. Arriba, ya con el paspartut puesto, una acuarela, ya mostrada en la entrada anterior, de un encierro en la zona de Santiago-Pontones, en Jaén, a partir de una foto antigua en blanco y negro.

La acuarela anterior, un paisaje nevado de la sierra de las Nieves de Málaga. La siguiente, un dibujo con plumas y tintas, terminado con pinceladas de la tinta diluida.

  Las acuarelas siguientes, eucaliptus australianos. Poco que explicar.



 

viernes, 31 de enero de 2025

Acuarelas Enero 2025 - Árboles


   En esta entrada, salvo un paisaje, todas las acuarelas son de árboles. Y casi todas ellas se han pintado en un bloc de Papel Canson Aquarelle de tamaño DIN A-4 de 300 gramos, un papel barato, pero con una textura de grano fino muy agradable. 

   Como ocurre con los pigmentos, no suelo escatimar a la hora de utilizar "los mejores materiales", es decir, los que por ser más caros, uno piensa que lo deben ser. Tras bastantes años pintando acuarelas, he llegado a la conclusión (he ido llegando a ella poco a poco), de que ya no me son tan necesarios como al principio. Para estas acuarelas he recurrido a colores, en tubo o pastilla, que tenía aparcados desde hace tiempo, y compruebo que los resultados son similares. Son pigmentos de Titán (serie Bizancio), Españoleto, Van Gogh, Sennelier, Cotman y algunos otros de esas marcas relativamente nuevas en el mercado español, como White Nights, rusas de San Petersburgo, Roman Szmal, de Polonia, o Rosa Gallery de Ucrania, sustancialmente más baratas que las marcas más conocidas y punteras. Hace tiempo que voy viendo que no es necesario utilizar siempre pigmentos de los más caros del mercado para conseguir resultados decentes. Poco a poco he ido sustituyendo muchos colores de los que utilizaba normalmente por otros mas baratos, pero en ningún caso peores. No tiene sentido pagar doce o quince euros por algo que puedes comprar por cuatro. Otra cosa es que pagues veinte por un lapislázuli, o quince por un verde de jade o un amatista.

   En fin, llegó un momento, viendo que cada día aparecían nuevas marcas y que los catálogos iba creciendo más y más, en que la cosa de las catas y pruebas se convirtió en una locura. No se puede probar todo, no todo lo caro es mejor, ni hace falta tanta artillería para las moscas que uno acaba matando. Llegué a probar las italianas de Nina Colori, buscando un índigo decente, pero siendo muy bueno, no era mejor que el índigo de Kremer, fabricante alemán, uno de los más recomendables, aunque sólo vende sus pigmentos en polvo o en pastilla. Ya he visto algunas nuevas marcas que he desistido de probar, colores naturales, minerales, muy bien publicitados y presentados. Una de ellas dice de sus colores que son veganos. Apaga y vámonos, hasta aquí hemos llegado. Bueno está que te digan que son artesanos, que llevan miel, que su goma arábiga es de la misma Arabia y que su lapislázuli lo ha traído Indiana Jones de Afganistán, pero uno pude ser tonto hasta un punto, pero esto no es un concurso, no hay necesidad de superarse ni aceptar retos al respecto.
   Al final, he ido seleccionando qué usar, con qué pigmentos reponer lo que se me va acabando. Y buen trabajo y dinero me ha costado durante muchos años llegar a estas conclusiones. Los colores básicos, pueden ser de White Nights o de Rembrandt, que sus tubos de 20 ml salen a cuenta y son de una calidad máxima. Sienas, ultramar, Sap green, amarillos, rojos, es decir, casi todos, no hay que buscar más. Incluso dos azules en los que soy muy exigente: cerúleo y cobalto. Estos no pueden ser malos, es decir, mezclas, hues. El cobalto de Rembrandt o el de Windsor & Newton, imprescindibles, como sus cerúleos. También algunos quinacridonas, que todas las marcas ofrecen: Gold, deep gold para cielos y dorados del atardecer y algún rosa o magenta, para las flores y algunas otras mezclas. De Daniel Smith sigo usando siempre el verde de jade y el violeta de amatista, maravilloso para sombras transparentes. También alguno de sus marrones que también granulan. El negro, sólo uso el de magnetita, que según fabricantes se llama de Marte, Lunar black o cualquier otra denominación, pero es el mismo. Granula un disparate, es transparente y no puedo pasar sin él. También hay algún color muy conseguido, como el sepia de Schmincke.
   El caso es que, sacando cajas llenas de pastillas y multitud de tubos, veo que tengo acuarelas para pintar un par de siglos y que poco tengo que comprar, que conviene ir usando todo ese material acumulado porque, al final, uno consigue lo mismo. Cierto es que eso ocurre ahora que ya se va teniendo oficio y experiencia. Cuanto más inexperto es uno, mejores materiales debería usar, para que aporten, no resten. Luego, poco a poco, ya tiene uno sus mezclas en la cabeza y va dependiendo menos de la excelencia, a veces supuesta, de los materiales más caros. Un buen papel es imprescindible, aunque los hay no demasiado caros que, como este de Canson o los de Soennecken, una vez les coge uno el tranquillo, resultan más que aceptables. Usemos lo que usemos, nuestros materiales son mejores que los que utilizaban los mejores pintores del pasado. O sea, que no va a ser eso.

sábado, 9 de septiembre de 2023

Un roble, una novela y cuatro versiones


Estaba estos días pintando, entre otras cosas, unos robles de Peñascosa, un pueblo serrano de la provincia de Albacete, a partir de unas fotografías que hice de esa zona el otoño pasado, cuando las hojas, antes de caer, cambian a ese color inconfundible que te permite ver que, entre pinos y carrascas, hay muchos más robles de los que pensabas. Incluso una extraña combinación de pino y roble, creciendo uno dentro del tronco del otro. Por cierto, ya debería estar yendo si quiero llegar a tiempo de cosechar un par de kilos de endrinas para hacer pacharán.

El caso es que empecé por un dibujo a plumilla con tinta china aprovechando la variabilidad del grosor de los trazos para sugerir las grietas del tronco. No es necesario dibujar el árbol entero, que cada vez más elijo una parte del tronco, unas ramas, por eso de más es menos. Las posibilidades de equivocarse, en pintura como en todo, son infinitas. Además está ese axioma de que no hay nada tan fácil que no se pueda hacer mal. Uno de los errores en los que caigo a menudo es, deslumbrado por un paisaje, tirarme de una y pintarlo todo. Un paisaje te incita a pintarlo por una luz concreta, la forma de una montaña, un contraste entre lo cercano y la lejanía... Y si eso es lo que quieres recoger en tu pintura, la peor manera de resaltarlo es rodearlo de elementos inútiles, secundarios, que más distraen y quitan que atraen y aportan. Como dibujante, más que pintor, el segundo error, la segunda tentación, es entrar en demasiados detalles. Esta tendencia ya me la conozco, de forma que casi siempre parto teniendo en mente la intención de corregirla. Pintando árboles, sería arduo y estéril intentar pintar rama a rama y hojita por hojita. Pinceles del mayor tamaño posible, manchas, colores y cortar todo lo a tiempo de lo que uno es capaz, que no es mucho.
   El dibujo no se elaboró demasiado, porque la idea era de colorearlo con acuarela después. Se planean las formas y se sugieren las rugosidades y grietas del tronco, que de eso iba la cosa, con trazos de plumilla, sin intentar ir demasiado lejos en el detalle. Bien. Ni siquiera le hice una foto a esa primera versión, salvo esta donde se ve el tintero y el palillero con la plumilla, antiguo todo, salvo la tinta china. Se ve que la tinta china tampoco es ya lo que era y, cuando le metí el primer brochazo, la tinta empezó a correrse, de forma que hubo que echar mano del pañuelo de papel para limitar daños. Mucho cuidado desde entonces y ya no había vuelta atrás. ¡Porqué no lo había dejado así? Bueno, siempre se puede hacer otro, que es cosa de unos minutos. El resultado es la primera imagen. Dibujo, acuarela y unas líneas a plumilla con tinta blanca. No sé si ha ganado o ha perdido, pero eso es lo que hay.
   El caso es que no quedó uno contento. Demasiada línea, demasiado detalle. Seguramente se podía decir lo mismo, o casi, con bastante menos. Una paletina de dos pulgadas, de pelo de cerda, con perdón, como para pintar radiadores. Una mezcla de siena y negro de óxido de hierro, esa acuarela que unas marcas llaman Lunar black, otras negro de Marte y otras negro óxido. Cuanto más bonito y peregrino sea el nombre comercial, más caro lo venden, pero es el negro de magnetita de Kremer o el negro óxido de Van Gogh. El mismo pigmento. Como viene de pedruscos, puede cambiar el tono, unas marcas más cálido, como el de Van Gogh, o más frío, como el de Kremer o Daniel Smith. también intervendrá la molienda, y las partículas más o menos finas influirán en la granulación, uno de los encantos de este pigmento.

El caso es que se resolvió con pocas pinceladas. Casi se pueden contar. Menos detalle, pero seguramente dice más que las dos versiones anteriores.

La cosa hubiera quedado aquí, dándole vueltas a esas cosas que comento, la sugerencia, el parar a tiempo, la sencillez, la renuncia al detalle. Pero resulta que estaba leyendo un libro, bastante recomendable por cierto. «La hija del curandero», de Amy Tan, californiana de origen chino. Lo acabé anoche y, en uno de los últimos capítulos, me encuentro con este párrafo:

«—En cada forma de la belleza hay cuatro niveles de talento. Ocu­rre en la pintura, la caligrafía, la música y la danza. El primer nivel es la competencia. –Mirábamos una página en la que había dos di­bujos idénticos de un bosquecillo de bambúes, una pintura típica, bien hecha, realista e interesante por los detalles de dobles líneas, una imagen que expresaba las ideas de la fuerza y la longevidad—. La competencia –prosiguió– es la habilidad para dibujar algo una y otra vez con los mismos trazos, la misma fuerza, el mismo ritmo y la mis­ma sinceridad. No obstante, esta clase de belleza es corriente.

»El segundo nivel –prosiguió Kai– es la excelencia. –Contempla­mos otro dibujo de varios tallos de bambú—. Éste va más allá de la competencia. Su belleza es única. Y sin embargo es más sencillo que el otro, hace menos hincapié en los tallos y más en las hojas. Expre­sa a un tiempo fuerza y soledad. El pintor menor es capaz de captar una de estas cualidades, pero no la otra.

Volvió la página. La ilustración siguiente era un solo tallo de bambú.

—El tercer nivel es lo divino —dijo—. Las hojas son ahora sombras mecidas por un viento invisible, y el tallo sólo es perceptible como una sugerencia de lo que falta. Sin embargo, las sombras están más vivas que las primeras, pues aquéllas tapaban la luz. La persona que ve esto no tiene palabras para describir cómo lo han hecho. Por mucho que lo intente, el pintor no podrá volver a captar el sentimien­to de esta pintura, sólo una sombra de la sombra.

—¿Cómo es posible que la belleza sea algo más que divina? –pre­gunté, sabiendo que pronto oiría la respuesta.

–El cuarto nivel –explicó Kai Jing– es superior a éste, y todo mortal tiene en su naturaleza la capacidad de hallarlo. Sólo podemos percibirlo si no intentamos percibirlo. Se manifiesta sin motivación ni deseo ni conocimiento del posible resultado. Es puro. Es lo que tie­nen los niños inocentes. Es lo que los viejos maestros recuperan cuan­do han perdido la razón y vuelven a ser niños.

Volvió la página. En la siguiente había un óvalo.

Esta pintura se llama En el interior de un tallo de bambú. El óva­lo es lo que ves si estás dentro, mirando hacia abajo o hacia arri­ba. Es la simplicidad de estar dentro, sin razón ni explicación para ello. Es la natural fascinación ante el descubrimiento de que todas las cosas guardan relación con otras, un óvalo de tinta con una página de papel blanco, una persona con un tallo de bambú, el espectador con la pintura.»

Aunque no consiga llegar a la excelencia, menos a lo divino, no me puedo resistir a hacer otra versión aún más simple. Otra paletina algo más fina, acuarela Lunar Black de Daniel Smith, aunque algo de siena quedaba en la paleta que no había limpiado demasiado bien. Ahora sí que se pueden contar las pinceladas, no sé si llegan a diez, incluyendo algunas manchas para aportar algo de sombra. Se me olvidó recurrir a esa técnica, también oriental, de poner más pigmento en un lado de la brocha que en el otro, como ellos hacen para dar relieve y curvatura a los troncos de bambú. Igual luego me animo a hacer otra probatura. Por ahora, así queda la cosa.




 

jueves, 9 de diciembre de 2021

Dibujos a tinta


    En esta entrada, algunos dibujos con tintas. Estilográfica, pincel de agua usado unas pocas veces para extender la tinta de algunos trazos y otro de esos pinceles rotulador cargado con tinta china. Los cuatro son árboles, aunque se han trabajado de formas muy diferentes.
   En el primero de ellos se ha explotado la gestualidad del pincel del rotulador con tinta china, afiladísimo, que ofrece esos trazos de grosor variable similares a la plumilla flexible, aunque capaz de dar brochazos de más anchura y rotundidad. Si se dan con el pincel paralelo al papel y de forma rápida, se realta la textura del papel, tintado solo en las partes altas del grano, como se ha hecho en el segundo dibujo. Luego se han dado las sombras del fondo con tramas de rayitas entrecruzadas. Los trazos con el pincel han ido siguiendo las formas curvas del tronco, sugiriendo el volumen. Queda casi como un grabado.

   En este tercer dibujo se ha diluido la tinta con mucha agua para sacar esos grises no presentes en los dos anteriores. Unos toques con rotulador blanco para terminar.
   Este último lleva dos tintaa: Una marrón oscuro con una estilográfica de tajo flexible, casi como una plumilla, la Namiki Falcon de Pilot. Luego unos trazos con el pincel de tinta china, finísimos y también variables en su grosor. Y eso es todo.



sábado, 28 de agosto de 2021

Agosto 2021

 

   Tres dibujos en cuaderno. Un cuaderno Hahnenmüle de papel de 140 gramos y tamaño 195x195 cm. Están dibujados con estilográficas, unas veces con tinta negra de regitrador, indeleble, acuareladas después, o con tinta marrón soluble, extendiendo con pincel y agua parte del color para sacar las sombras.
  La primera es de las plantas de casa, del balcón. Las otras dos son dos dibujos urbanos de Albacete. Nos movemos poco ahora y cuando lo hacemos, quedan algunas fotos, pero pocos dibujos. Valencia, la Albufera, Cullera y algún otro sitio quedaron sin pasar al cuaderno. Habrá que retomar las buenas costumbres.
    Una acuarela de la ventana de un amigo, a partir de una foto suya. Me gustó ese contraluz y el reto de contender con tanto verde, diferenciando las hojas de la parra del vidrio de las damajuanas. Pigmentos de Daniel Smith, como se acostumbra.


domingo, 1 de agosto de 2021

Julio 2021: Dibujos y acuarelas

   Desde finales de junio hasta ahora he ido haciendo cosas diferentes. Unas en casa, otras en alguna salida, aquí en las cercanías de albacete o a Benidorm o Mojácar, en Almería. En cuaderno, como estas o acuarelas en formato mayor. Si estoy en casa a veces recurro a pastillas de tinta china y plumillas, si estoy fuera, estilográfica (Namiki Falcon flexible, en este caso). Luego en casa les doy sombras, diluyendo algo de tinta china, si no usé pincel de agua en su momento, si había tiempo y comodidad para hacerlo.
   
El anterior dibujo acuarelado, dibujado en los Pinares del Júcar, en las cercanías de Albacete, luego acuarelado en casa, que fuera hace mucho calor.
   La siguiente es una acuarela sobre unos árboles otoñales, probando un nuevo líquido enmascarador, más fluido y manejable, de Liquitex. 

   Unos días en Mojácar, en Almería, en la misma orilla de la playa, antes de que empiece a hacer calor en serio y de que todo se llene de gente, aunque en Almería no suele ocurrir. Dibujando desde la terraza del apartamento, a unos metros del mar.
   Con acuarela o con grafito, desde el mismo lugar, también en cuaderno. El cuaderno es de Hahnemülhe, formato cuadrado, 195x195 mm, papel de 140 gramos.
Unos bocetros en acuarela del movimiento de las olas, dibujados desde el mismo sitio que los anteriores. Papeles de acuarela distintos, satinados y de grado medio.
Un dibujo de paisaje imaginario con grafito y algunos toques de acurela:
   Una acuarela del entorno del Viso del Marqués.

martes, 31 de diciembre de 2019

Últimos dibujos y acuarelas

    Acaba el año. Publico en esta entrada los últimos dibujos y acuarelas de 2019, un conjunto variopinto con tintas, plumillas y cálamos, lápices o con las acuarelas de siempre, a las que hemos ido incorporando otras marcas y pigmentos, pues nunca dejamos de probar. Ya comentaremos.
   Los temas son variados, como los sitios, unos visitados en persona y otros en las fotos de algunos amigos, cosa que siempre les agradezco. También hay una basada en un óleo de John Singer Sargent, que siempre es bueno ponerse a interpretar obras maestras, cosa que ya habíamos hecho con Sorolla.
    Poco más que explicar, pues los temas son los habituales, predominando los árboles y paisajes. Empezaremos así el 2020 con la carpeta en blanco, procurando avanzar, probar y descubrir nuevos materiales, técnicas y temas.
    Feliz año nuevo.