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jueves, 30 de octubre de 2025

Octubre 2025. Dibujos y acuarelas


Otoño. Algunas salidas a los montes cercanos a Albacete. Bogarra, Paterna del Madera, Peñascosa... Ya están los ocres y amarillos puestos en los árboles y toca sacar los cadmios y las quinacridonas a escena. Fotos y dibujos a botepronto, para luego pintar en casa. De todas formas, tenemos ya un archivo más que sobrado para inspirarnos. De forma que quedan algunos dibujos con rotuladores, con lápices o con pluma estilográfica, con tinta marrón o negra.

   Luego, en casa, se hacen otros con mas calma. En este caso un viejo cerezo con álamos, chopos y pinos al fondo.
   Muchas encinas y nogueras, que ahora los frutales andan escondidos y solo se les ve cuando echan la flor en primavera. Con los robles ocurre al revés y es ahora cuando ves que hay más de los que creías, desperdigados con sus tonos marrones rojizos del otoño. Aunque lo que más brilla es la gama de amarillos, naranjas y ocres, poniendo fondo a estos árboles más serios y recatados. En otras zonas de estas sierras hay algunos arces, que por aquí no se dan a vistas para aportar sus rojos y granates.


Como decía, algunos dibujos con lápices, de grafito o de colores. De vez en cuando escarbamos en los cajones y le quitamos el polvo a tesoros escondidos, a veces desde hace ya muchos años. No es rara la sorpresa de dar con algunas cosas olvidadas, que es lo que tiene el bendito vicio de acumular maravillas de estas.



 

domingo, 31 de agosto de 2025

Dibujos y acuarelas agosto 2025

Dos dibujos con estilográfica y tintas o acuarela. El primero, con una pluma Jinhao de tajo curvo con tinta Platinum de registrador. La técnica usada ha sido ir mojando en agua el tajo para iniciar el dibujo, con trazos que quedan grises al diluir la tinta. Esta tinta da un gris cálido, mucho menos azulado que otras y, lo que es mejor, sin esos tonos de otras tintas negras que, al diluirse, van del morado al rojizo.

Según la posición del tajo, podemos hacer trazos de muy distintos grosores, ahora ya con la tinta negra sin diluir, tal como sale de la pluma. Mojando el pincel en el tajo y en agua, se va terminando el dibujo con una buena gama de grises. Luego, retoques finales en negro.

   Con esa misma tinta Platinum, indeleble, se hace el dibujo inicial que se colorea con acuarela cuando la tinta está seca. La estilográfica es una Namiki Falcon extrafina Flex, de Pilot Una joya.


   Y luego unas acuarelas con temas diferentes:


martes, 13 de abril de 2021

Dibujos en cuaderno abril 2021


   Con estos enclaustramientos y retiros, ya en el segundo año de la Peste, los cuadernos estaban bastante abandonados, porque se suelen llenar con los dibujos de viajes y salidas, ahora escasas. Aprovechando que va haciendo buen tiempo y para no dejar pasar la primavera de largo, salimos tres días seguidos a pueblos y lugares cercanos de Albacete, Cuenca y Ciudad Real: Villanueva de los Infantes, Sisante, Pozoamargo, Lagunas de Ruidera, Villalgordo del Júcar y otros parajes de la ruta.

    A Villanueva de los Infantes ya hemos ido muchísimas veces, y siempre merece la pena. En esta ocasión, esa plaza hermosísima estaba vacía. La hemos visto llena de gente, aunque ya hace muchos años que sin el ruido visual de los coches aparcados, afortunadamente, también ocupada por pintores con los caballetes desplegados para sus pinturas rápidas, con japoneses con sus cámaras y con paseantes o descansantes en las terrazas de los bares y restaurantes. Ahora las mesas y sombrillas de las terrazas se extienden y desparraman por la plaza, con poca gente para ocuparlas, que esos son los tiempos. Como siempre, aprovechamos para comprar queso y alguna botella de vino blanco, que es tierra de eso. Comemos (asadillo de pimientos y duelos y quebrantos, que tampoco hay que ser original) en una plaza con una fuente y una portada de las muchas que hay en Infantes. Muchos comercios, bares y garajes con escudo nobiliario en la fachada.
    Hacemosa un dibujo mientras nos traen la comida y otro más moroso en la plaza, tomando café. Copa no, que hay que conducir.
   La vuelta por las Lagunas de Ruidera, que están bien de agua, rebosantes, con caídas de agua de una a otra en su recorrido por Albacete y Ciudad Real, que las llevamos a medias. Muchas fotos y algún dibujo a lápiz en el cuaderno. Por cierto, este cuaderno de Paper Blanks se va terminando. Como llevo tantos en rueda, pocos acabados, veo que en él hay dibujos de los últimos siete años. AL pasar las hojas para llegar a las que quedan por llenar, vamos viendo desde el parque de la esquina de mi casa, Alicante, Frankfurt, Cohen, Colonia, varios encuentros de Elche, algunas visitas al Cisne, ese sitio de anticuarios, rastro, mercadillo y restaurantes entre Benidorm y Alfás del Pí, y otros muchos sitios. Ahora da gusto verlos y recordar, que para eso se hacen.

   Los dos días siguientes vamos a Sisante por la tarde. Poco más de media hora de viaje, pues está más cerca de Albacete que de Cuenca. Nos traemos miel y otro poco vino de Pozoamargo, vemos los almendros viejos y poderosos, llenos de hojas y frutos, y los olivos quemados, muertos, helados por las nevadas de la Filomena. Y los vamos viendo así, marrones, resecos, desde ayer, en algunas zonas de Ciudad Real y de Albacete, cerca de la Roda. Una pena.


Es Sisante un pueblo tranquilo, no sé si porque llegamos a la hora del café. Muchas fachadas interesantes, iglesias, conventos, la plaza del ayuntamiento, todo cuidado y en orden de revista. Algunos edificios antañones, algo destartalados, contrastan con el cuidado de todo lo demás. Abandonados por sus dueños que seguramente no vivirán aquí. Preguntamos. Eso fue cárfcel en la guerra, noi se ha usaso mucho desde entonces. Como da el sol en su puerta, mesas y sillas del bar de enfrente se han mudado allí para el café y la tertulia. Si uno afina la oreja pasa un buen rato escuchando comentar la actualidad política con una sabiduría, una retranca y una lejanía  que hace cordiales los desacuerdos. Mucho que aprender tendrían muchos, empezando por los tertulianos de los medios. Si retransmitieran una de estas charletas entre amigos de toda la vida, de ideas políticas opuestas que confrontan con ironía y puyas amables, aumentarían las audiencias. ¿De qué te quejas, que te han pagado la máquina del oxígeno? Y a tí buenas ayudas por quitar o poner viñas. Yo lo que digo es que van a provocar. Vaya, hombre, a ver si unos y otros no van a poder ir a dar mítines a donde quieran, faltaría más. Escuchamos, tomamos otro cortado y dibujamos la fachada y el debate.
    Las podas de los árboles, les hacen cabezones en las ramas principales, y de esos engrosamientos salen multitud de ramas que ya están llenas de hojas, soltando semillas para cabreo del dueño del bar que no para de quitarlas de las mesas y barrerlas del suelo. Tendrían que poner árboles de plástico, más limpios y educados.


Desde allí vamos a Villalgordo del Júcar, al puente, un paraje muiy hermoso, a ver pasar el agua que ahora lleva bastante y a los patos y otras aves nadar, meter la cabeza para merendar y limpiarse el plumaje retorciendo los cuellos. Muy entretenido verlos. De paso los dibujamos.

martes, 8 de octubre de 2019

VI Encuentro de "Ladrones de Cuadernos" en El Escorial

    Organizado por Ana Grasset, nos dimos cita en El Escorial un grupo numeroso de cuadernistas, muchos ya habituales en encuentros previos, lo que suma a la belleza del lugar el placer de los reencuentros con buenos amigos. Seguramente eso es lo esencial de estos akelarres pictóricos, en los que no falta la tertulia, la gastronomía, el aprendizaje ni el afecto, cosa evidente en algunas de las fotos. ¡Cómo no te voy a querer, Joshemari!
    Como este grupo de Ladrones de Cuadernos, al que se le unen muchos amigos de Cuadernos Viajeros de Elche y de otros grupos de dibujantes en cuaderno y acuarelistas, está formado por gentes variopintas y valdemoras de muchos lugares de España, es normal que no todos puedan acudir, como a mí me pasó en el de Huesca, único al que no pude asistir. Y bien que lo sentí. Pero sí estuve en los de Cuenca, Tarazona-Veruela, Elche y Sigüenza. Esperemos el siguiente, aunque aún no se ponen de acuerdo los científicos acerca del lugar más conveniente. Si no ocurre nada, en Elche, como todos los años, nos volveremos a ver. ¡Calamares, temblad!
   Conseguí terminar otro cuaderno, cosa rara, pues muchos tengo a medio, con un dibujo o con dos, de todos los colores y tamaños, que más me gusta comprarlos que tiempo tengo para llenarlos. Dibujos con tintas, estilográficas y pincel de agua, a veces acuarelados, y otros con lápices o rotuladores sobre cuaderno Canson de papel negro oscuro.
   Aunque hay demasiadas cosas y lugares para ver, es imposible en tan poco tiempo visitar tanta maravilla. Una que no quería dejar de disfrutar era la biblioteca del monasterio, acercar las narices a dos dedos de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, el Libro del Ajedrez y el de la Montería, entre los miles de joyas que allí se atesoran. Una gozada. Me dio tiempo a hacer dos dibujos de esa hermosísima biblioteca, uno de ellos sentado en el sillón cedido por una amable funcionaria de los servicios de vigilancia de la sala. Además se tomó la molestia de ir a buscar el sello en seco del bibliotecario, para imponerlo en las hojas de mi cuaderno. Un lujo y una comodidad que agradezco desde aquí, pues es la amabilidad un bien escaso que nunca hay que dejar de resaltar. Mucho tienen que aprender otros vigilantes de palacios, castillos y fortalezas que creen estar defendiendo de atacantes hostiles en lugar de limitarse a hacer agradable la visita de turistas y estudiosos, sin renunciar a la seguridad y al respeto a las normas del establecimiento, que una cosa no quita la otra. No se me olvida un vigilante de un elevado castillo de la costa levantina que me trató como si fuera un corsario de Túnez en el siglo XVI. Un bárbaro este señor, haciendo juego con el nombre de la fortaleza.

El hotel estaba justo enfrente del Monasterio y desde su balcón se veía hermoso por la mañana temprano o ya de noche, al retirarnos a nuestras habitaciones que dirían los primeros nobles habitantes de estas casonas antañonas y palacetes que ahora se alquilan al vulgo. 

    Con estilográfica y pincel de agua mojado en el tajo, dibujo a don Crispín, la estatua del personaje de don Jacinto Benavente a cuya espalda nos refugiamos de un aguacero imprevisto, acogidos en un café atendido por un profesional no menos amable que la bibliotecaria, que llevó sus mimos hasta el nivel inaudito de ir a comprar otra botella de pacharán cuando la peña había dado fin a las existencias. No está mal contarlo pues no es norma general, que hubo quien nos dio veinte minutos, ni uno más ni uno menos, para tomarnos una copa en otro garito, justo hasta las doce, como a Cenicienta. Nadie perdió el zapato de cristal pero pudo atragantarse con el gintonic. Al comer en esa otra hermosa plaza al día siguiente, reconociendo al de las prisas, buscamos otro lugar con menos urgencias, que el cliente, como el dinero, vota con los pies.


   Ana Grasset, para cuya afectuosa amabilidad no hay palabras, nos llevó en su coche a visitar las casitas del príncipe Carlos y del Infante don Julián, en las cercanías del monasterio, lejanías para mí, dado el penoso estado de mi esqueleto, ese antepasado que llevamos dentro en palabras de Umbral.  Me ha salido respondón ese pariente interno que debía sostenerme él a mí, que no yo a él, como es el caso. Allí hay otra clase de monumentos que no me gustan menos que los de piedra. Sequoias y cedros del Líbano, ya creciditos, que no tuvimos más remedio que llevarnos dibujados en los cuadernos. Sabían vivir estos señores de la corte, la verdad sea dicha. Habría mucho que hablar acerca del origen de tal solvencia, del derroche real y eclesiástico que contrastaba de forma infame con una mayoría de súbditos, de los cuales muchos malvivían cerca de este lujo. Como hoy no toca hablar de ese espinoso tema, nos quedamos con que, al menos, no se lo gastaron todo en guerras dinásticas, banquetes y joyas, dejando una infinidad de edificios, cuadros, estatuas y jardines que hoy podemos disfrutar todos. Otros reyes y  dirigentes no coronados ni mitrados, de variado pelaje, no dejaron ni eso. La Historia no es un libro de contabilidad, y de otros grandes imperios no queda ni con qué encender.
   El caso es que dibujamos algunos árboles hermosos, aunque antes de empezar a hacerlo ya sabíamos que era imposible trasladar al formato y tamaño de un cuaderno, ni de un lienzo más sobrado, la majestuosidad de estos ejemplares. Por su tamaño y por su estado se ve que se encuentran a gusto en estas tierras. Nosotros también. Volveremos.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Dibujos con pluma o rotulador. Febrero 2019


   En esta entrada aparecen algunos dibujos de árboles realizados con pluma estilográfica, rotulador calibrado o bolígrafo. En el primero de ellos, una rama de encina, se recurre al tradicional sistema de hacer tramas de líneas entrecruzadas para conseguir volumen por niveles de gris. Se procura que parte de estas líneas vayan modelando la curvatura del árbol, su rugosidad y la dirección de las estrías que produce el crecimiento en su corteza. Esas líneas van sugiriendo la textura y la forma de cada rama. Se trata de seguir el esquema de crecimiento del árbol, el punto en que nacen nuevas ramas, su curvatura, intentando resaltar por escorzo la zona cercana y la lejanía. Las jojas de las encinas son diferentes en la parte superior que las más bajas, pues estas últimas se curvan y hacen más ásperas, pinchan, evitando que sea más difícil que los animales las coman.
   El dibujo anterior, un madroño viejo, que ha sido podado varias veces, siguiendo el mismo sistema que en el dibujo anterior. Las hojas se han dibujado siguiendo un cierto patrón, detalléndolas más que en algunos otros dibujos en los que solamente se sugieren.
   Este olivo, sobre un papel cuadriculado, se hace con pluma estilográfica. Había estado cargada con tinta azul pero se ha recargado con un cartucho marrón, de forma que el color va cambiando del azul a este tono azul oscuro, agrisado. Las ramas se dibujan con líneas más o menos paralelas siguiendo la dirección de crecimiento. Se añaden otras para intensificar las sombras, intentando modelar la curvatura de las ramas y del tronco. Se dibujan hojas y aceitunas sin intentar llenarlo todo de ellas, incluso tramando algunas zonas más espesas y oscuras.
   Mismo papel y misma tinta para el dibujo anterior y el siguiente. Un macetero con pensamientos con un colgador de macramé. Lo he dibujado muchas veces, como acuarela o dibujo de línea. Cada una de esas cosas existe por separado, el colgador, los pensamientos y una maceta de cerámica similar, aunque es en el dibujo donde se juntan. La estilográfica es una antigua Inoxcrom que había afilado con piedra de Arkansas. Por presión las líneas aumentan su grosor e intensidad, aunque mucho menos que una plumilla flexible. De todas formas consigue esta pluma hacer líneas de diferentes grosores, lo que da color y vida al dibujo. Las ramas abocetadas del dibujo siguiente, dibujo de líneas, se refuerzan con unos trazos de pincel de agua mojando en el mismo tajo, aplicados de forma rápida para que manche de forma irregular dando textura.
   Un dibujo más elaborado, también con estilográfica, de esos que se hacen mientras uno escucha las noticias o música, insistiendo con las rayotas para ressaltar las zonas de sombra. la tinta marrón se extiende con pincel de agua y luego se intensifican con nuevos trazos con la pluma y con otra cargada con marrón más oscuro.

martes, 5 de diciembre de 2017

ALTEA

   Huyendo de los fríos de Albacete, que se han echado de una, nos vamos para la costa, un recorrido por esa zona de Alicante tan familiar y tan hermosa. Pasando por Alcoy, de Campello a Calpe, con base esta vez en Altea. Muchos dibujos en un cuaderno Art Book de Canson, de 18 x 25, con estilográfica, bic negro o lápiz, acuarelados después si no da tiempo en su sitio, que a veces si da.
   El primero es la iglesia ortodoxa que hay en la zona de Altea Hills. La había visto aparecer en una curva siempre que pasábamos por allí  yendo hacia Calpe. Parece de un cuento de hadas, con las cúpulas como cebollas doradas reluciendo al sol, que es lo primero que sobresale entre los árboles de esas montañas costeras. Esta vez ha tocado por fin dedicarle un dibujo.
   El segundo dibujo es una especie de mapa del trayecto, una vista desde esas montañas llenas de casitas, el mar al fondo y el cielo vestido con nubes y en una ocasión hasta luciendo un arcoiris. No se puede pedir más. El anochecer cuando hay nubes es una pintura, uno de esos cielos que cuando se llevan a un cuadro parecen una exageración de la mano del pintor. Cuando amanece no puedo nunca dejar de recordar a los griegos que bautizaron Hemerospopeion a esta zona cercana a Denia, Ἡμεροσκόπειον, "la que mira a la mañana", primer lugar por donde amanece en la península. En griego todo suena a poesía.

    Las montañas de la costa están cubiertas de casitas, salvo Benidorm, criadero de turistas en altura. Visto desde aquí, desde lo alto y a distancia, se dibuja el skyline de rascacielos en la misma costa, seguramente más plazas hoteleras que en toda Grecia, ciudad con nombre de regusto árabe hoy llena de bares, hoteles, cafés, restaurantes y tiendas, siempre invadidas por guiris saliendo de los supermercados con carros llenos de botellas o sentados a pleno sol como lagartos, patidifusos, las piernas extendidas, dispersas, caras color langosta cocida, vaso en mano y con un relajo cercano a la catalepsia. Sólo resurten sobresaltados cuando recuerdan o les mientan a Cameron, a Farage o a May, a los del tiro en el propio pie del brexit, y se les conoce porque les cambia la cara, maldicen y se dan otro trago, pensando pedir la nacionalidad española, esa a la que los alucinados pares locales de los próceres mentados quieren renunciar. También hay muchos rusos y nórdicos, cosa que se nota en los carteles de comercios e inmobiliarias. Incluso hay españoles, pero menos.
   Dibujo en una calle de Benidorm, hecho dentro del coche, esperando a que abrieran la churrería para tomar un chocolate con churros. Extraño horario de churrería, evitando madrugones y asorratos. Un sindiós.
   En Calpe, a comer en el puerto, como es costumbre. Una fritura de pescado y un arroz caldoso con bogavante por poco más de lo que en otros sitios te cobran por un plato combinado o un par de bocadillos de anchoas. Ventajas de esa competencia feroz que lleva a perseguir a los paseantes ofreciendo vasos de sangría y un calamarcillo intentando arrastrar  a los turistas hasta su local. Aunque uno vaya a tiro hecho conviene dejarse querer, porque llegan a hacer ofertas de mariscadas a los indecisos a precios asombrosos. Y el pescado de la zona es de los mejores del mundo.
    Otro día, entre entre Alfaz del Pi y Benidorm, el Cisne, lugar del que ya hemos hablado y dibujado en otras ocasiones. Música, babel de guiris, unos en camiseta, otros como para ir a Alaska, antigüedades y cosas viejas, mercadillo, zoco y rastro, comidas y bebidas, mil recovecos llenos de objetos y plantas, en gran parte techado, de obra o zonas cubiertas por lonas o madera que parece sujetarse en los troncos de palmeras y otros árboles de cuando aquello era la huerta de una finca con su casona con torreón. Músicos curtidos en las verbenas y hoteles intepretando con solvencia música internacional para que se desgarabiten los guiris, algunos en poder de las uvas, de trapillo o vestidos para una cena en Versalles, en un ambiente siempre agradable y a veces sorprendente.
   Estamos allí tres o cuatro horas que dan para visitar el mercadillo, algunos puestos del rastro, tres libros a un euro (si eliges solo dos tienes que discutir porque insisten en que son tres, lo que sirve para practicar el inglés), a veces cuadernos artesanos surtidos para todos los gustos y bolsillos. Como no hay que obviar la hidratación, que hasta en diciembre hace sol, se aprovecha el tiempo dibujando el percal, siempre sugerente. Comemos, tomamos café, dibujamos algunos rincones y nos vamos. Volveremos.