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lunes, 3 de octubre de 2011

Plumillas de dibujo - DRAWING PENS

    Cuando vemos algunas plumillas, aunque sepamos que fueron fabricadas para escribir, su diseño nos muestra que deben ser adecuadas para dibujar. Si son afiladas y flexibles, como todas las dedicadas a  copperplate, con seguridad serán maravillosas para el dibujo. En la imagen siguiente vemos el grosor de línea que es capaz de hacer esta plumilla, a pesar de que por su afilada punta, pueda también trazar líneas finísimas.

    No obstante, hay plumillas que fueron expresamente diseñadas y fabricadas para el dibujo. Suelen llamarse Drawing, lithographic, design, Artist pen, art pen, y nombres así. Suelen ser más pequeñas que las dedicadas a la escritura. Si las plumillas normales, dentro de la infinita gama de formas y tamaños existente, miden sobre los 35 milímetros, las de dibujo son algo más pequeñas, de 22 a 25 mm. La lámina de acero de la que se troquelaban era también más fina, son más ligeras y, por lo tanto, más flexibles. 
   Para que una plumilla pueda considerarse "de dibujo", debe ser capaz de trazar líneas al límite de lo visible. Por otra parte, debe de ser elástica, capaz de abrirse para producir diversos grosores de línea. El acero debe ser de calidad suprema y el templado perfecto, para, a pesar de su aparente fragilidad, recuperar la forma inicial. Las malas plumillas, tras un breve uso, pierden sus cualidades, quedando algo separadas las dos partes del tajo, incapaces de mantener su punta original, inútiles ya para el dibujo pues no volverán ha trazar las finas líneas que de nuevas conseguían.
   Para eso, los fabricantes, los mejores de ellos, desarrollaron tecnologías que llevaron a la perfección cada uno de los numerosos pasos del proceso de fabricación de sus plumillas. No era el menos importante de ellos el templado del acero. Como una espada toledana o una navaja de Albacete, ese proceso es el que marca la diferencia: conseguir el punto ideal de dureza, finura y flexibilidad. Es un difícil compromiso entre elasticidad y fragilidad. Proporcionan una exquisita dulzura en su uso, no se rompen, recuperan su forma, siguen haciendo finísimas líneas hasta el final. Éste se produce por rotura, normalmente ocasionada por el óxido y la tinta seca, es decir, por una mala limpieza tras su utilización. Bien cuidada, una buena plumilla puede durar mucho tiempo.


  Estas dos imágenes son fragmentos muy ampliados de un dibujo a plumilla hecho en tamaño DIN-A4, en papel Galgo verjurado de 90 gramos. No sería el más adecuado para dibujar con plumilla, pues su textura no ayuda a que se dibuje con la suavidad que proporciona un papel más satinado. Sin embargo, tiene su encanto, pues las líneas finas, rápidas, dejan un trazo discontínuo, superficial, que añade un cierto carácter a las zonas sombreadas con rayitas paralelas o cruzadas. Para casi todo el dibujo se ha utilizado una Gillott  290, la que se muestra antes de los dibujos. Para las líneas más finas, una Brandauer 518, una de las más afiladas plumillas que conozco.





    Como es natural, hemos empezado mostrando algunas de las plumillas que Gillott creó para el dibujo. Hay que probar cualquier plumilla, pues algunas de ellas nos pueden sorprender. Con Gillott hay poco que probar. Todas son una maravilla. Sobre todo si consigues encontrar plumillas antiguas, con 80, 100 o más años. Es relativamente fácil todavía, aunque cada vez cuesta más dar con ellas, y cuesta más dinero adquirirlas. De todas formas, una de éstas, puede valer lo que una cerveza. Valor y precio siempre ha sido tema vidrioso y resbaladizo. Al final, como tantas cosas, es cuestión de prioridades.

    Éstas que vemos ahora, están fabricadas en Estados Unidos, por Esterbrook o por Hunt. También maravillosas. Son relativamente fáciles de encontrar y también suelen estar bien conservadas. Comprar un lote o una caja de plumillas para descubrir que están oxidadas, es una experiencia frecuente y frustrante, pues estas plumillas antiguas no se adquieren en papelerías y tiendas de bellas artes, sino en mercadillos, anticuarios y, con más frecuencia en coleccionistas y tiendas online. Por eso tienen un precio elevado las supervivientes. Por cada una buena hay que desechar, por óxido, muchas de las compañeras. Si puedo, compro las plumillas en sitios donde no hay mar. Me importa menos cuando el vendedor asegura que su casa está libre de humos o que no tiene gato.




     Por supuesto también en Alemania, Francia y Austria, donde se encontraban otros de los mejores fabricantes de plumillas, se produjeron modelos de extraordinaria calidad. Junto a Birmingham en el Reino Unido, también Boulogne-sur-mer en Francia, Iserlhon en Alemania o Viena en Austria tenían prósperas industrias de fabricación de extraordinarias plumillas: Blanzy-Poure, Cie. Fraçaise, Baignol & Farjon, Brause, Soennecken, Heintze & Blanckertz, Carl Khun, la anglo-francesa Mallat, muy innovadora (y copiada) en sus diseños, etc. Vemos aquí unos pocos modelos de entre la infinidad que ofrecían. Entre ellas una de Brandauer, otro excelente fabricante británico.



    Esta plumilla es la Brandauer 518, con la que se han dibujado las líneas más finas del trozo que aquí se muestra muy ampliado. El fragmento de DIN-A4 que se amplía debe tener 7x10 cm.


  Al ser tan finas y pequeñas estas plumillas, necesitan un portaplumas o palillero especial. Las crow quill, tubulares, uno especialmente fino que se introduce en la plumilla.
    En este palillero de Conté, la parte metálica puede ser separada del palillero, alojándola al revés en el hueco, con lo que queda protegida la plumilla:
 Otros palilleros, por su diseño, pueden alojar plumillas
de diferentes tamaños:
Para ver más plumillas: Spanibs. Mi tienda en ebay

domingo, 19 de junio de 2011

Historia de las plumillas metálicas I - De la antigüedad hasta la revolución industrial.

Plumilla fabricada en Inglaterra en honor de la Reina Victoria con motivo de la celebración de sus 50 años de reinado (1887)



o abunda la documentación para acercarse a la historia de las plumillas. A partir del momento en que se inició su producción industrial en Birmingham, ya disponemos de más recursos, pero para estudiar su aparición en épocas anteriores lo mejor que conozco es el libro “La mèmoire des Sergent Major” de Jean-Pierre Lacroux y Lionel van Cleen, editado por Ramsay/Quintette, París, 1988. Este libro está agotado y, tanto nuevo como usado, alcanza precios muy altos, pagados por coleccionistas y amantes de la escritura. Tengo un ejemplar que me regaló mi buen amigo Jean-Marc, de Córcega.

  Otra publicación imprescindible es “The story of the invention of steel-pens” de Henry Bore. London/New York, 1890. Esta última, afortunadamente, está disponible de forma gratuita en la página de “Gutenberg Project” o en la Universidad de California. Esta obra trata principalmente de la industria británica de fabricación de plumillas metálicas, desde sus inicios. Hace unas breves referencias a testimonios históricos de los que se puede deducir que antes de 1800 ya se habían utilizado. Estas referencias son escasas y poco fiables, posiblemente errores de traducción o interpretaciones interesadas. Así recoge una referencia en la Biblia  y, posteriormente, otra a una pluma de plata propiedad del poeta latino Ovidio, que encontrada en unas ruinas fue a parar a las manos de la reina de Hungría en 1540. Hay que tener mucha fe.
    Basado en parte en el anterior, el libro “The steel pen trade”, de A.A.S. Charles, de la empresa D. Leonardt & Cº, fabricante inglés de plumillas, trata de su producción y comercialización desde principios del S. XX. Es muy interesante por proporcionar información sobre los principales fabricantes británicos del ramo, con datos imposibles de encontrar en otros lugares, aunque no nos aporta nada sobre la invención de la plumilla metálica. Puede accederse a esta obra en IAMPETH.com. (International Association of Masters Penmen, Engravers and Teachers of Handwriting).
    Más documentado es el libro de “La mémoire des Sergent-major”. Argumenta que habría sido imposible que no se hubiera intentado hacer en metal y, especialmente en oro o plata, algo que imitara la forma de los instrumentos de caña o pluma de ave con que se escribía. El metal, escaso, brillante y duradero, sería un signo de distinción y buen gusto. Por otra parte, las plumas tradicionales eran  muy poco duraderas, había que volver a cortar su punta, algo que no era fácil ni rápido y que no todos sabían hacer con buenos resultados.
   Claro es que se hicieron estas réplicas y también que escribían peor que las que intentaban sustituir. Serían más brillantes, prestigiosas y duraderas, pero una pluma de ave bien tallada era infinitamente más dúctil y suave que las metálicas que entonces se podían fabricar. Por tanto, no debemos buscar quién inventó la plumilla metálica, sino quién y cuándo tuvo la suficiente habilidad y capacidad técnica para hacer bien algo que muchas veces se había intentado previamente con resultados mediocres. Fueron los insuperables problemas de fabricación lo que retrasó su aparición tal como las conocemos hasta principios del siglo XIX.
Pompeya. Tabla encerada y un estilo
    No obstante, se han encontrado juncos o cañas huecas armadas con puntas de cobre del 3500 a.C. Es más que dudoso que con ellas pudieran escribir. Lo que sí está probado es el empleo de plumas de cobre en tiempos de Ramsés II (siglo XIII a.C.). Otra certeza es el uso de plumas metálicas por parte de los romanos. Son plumas tubulares cuyo corte está formado por la unión de los dos bordes de la lámina metálica. Dos plumas similares se exhiben en el museo de Brescia, descubiertas en el templo de Vespasiano. Anteriores al 79 a.C. son las encontradas en Pompeya que se conservan en el museo de Nápoles. En el British Museum se muestra otra pluma romana de forma cónica. Otras más hay en las colecciones de los museos de Nîmes, Liège y Aoste. Por tanto, no deberían ser algo excepcional, aunque sí escasas.
Primera forma de construir una pluma tubular
Esta es la forma en que se construyen en la actualidad

    Lo que es claro es el hecho de que esos maravillosos manuscritos iluminados que nos siguen asombrando, se escribieron con pluma de ave, que también, junto con pequeños pinceles, se usaban para ilustrarlos.
    Desde estos momentos deja de haber referencias hasta casi el fin de la edad Media, siendo dudosas las pocas que se encuentran, pues, como en el caso de las plumillas de plata pertenecientes a los patriarcas de Constantinopla, debían ser cálamos de lujo, forrados de este material, pero no su punta.
   A partir de entonces, muchos se atribuyen su invención y cada investigador arrima el ascua a su sardina, llevándose para casa el mérito del invento.
  Siguiendo lo que en el libro de Lacroix y van Cleen dan por probado, podemos recoger una lista cronológica de las apariciones de la pluma metálica desde 1500:
  • 1544. Neumann, maestro de escritura en Nurenberg, fabrica plumas de chapa de cobre y latón.
  • 1563. en la Escuela de Tonbridge (Kent) se entregan plumas en la distribución de premios: Pluma de plata dorada al primero (precio 2 chelines y 6 peniques), parcialmene dorada para el segundo (2 chelines) y sin dorar para el tercero (20 peniques).
  • 1579. Ludwig, comerciante alemán, ofrece plumas en chapa de latón.
  • 1606. Joost Lips, filólogo que falleció en Lovaina en ese año, en su testamento dona a la Virgen su "pluma de plata".
  • 1648. Se redacta el Tratado de Westfalia con una plumilla de acero.
  • 1657. Se comercializan en París unas plumas con reservorio para almacenar tinta.
  • 1691. Los religiosos de Port-Royal utilizan plumillas de cobre fabricadas por ellos mismos.
  • 1692. André Dalesme, miembro de la Academia de las Ciencias, vende en la calle Saint Denis plumas de acero de su invención.
  • 1698. Martin Lister, narrando un viaje a París, declara haber visto en la bilbioteca Sainte-Geneviève una pluma formada con una hoja de metal enrollada.
  • 1700. Roger North, en una car a a su hija, revela que la ha escrito con una plumilla de acero, mala copia de otra francesa. Afirma que quien las haya probado no querrá oir hablar de las de ave.
  • 1717. Los procesos orales de los Estados Generales de los Países Bajos son redactados con una pluma tubular de plata, montada en un mango también de ese metal.
  • 1723. El poeta John Byrom cuenta que tenía una pluma de plata y manifiesta su pesar por no haberse podido procurar una segunda... señal de que estas plumas eran raras, pero muy apreciadas. Afirma haberla buscado en vano en 375 tiendas.
  • 1738. El 26 de noviembre Voltaire escribe a Thierot para encargarle plumas de oro.
  • 1748. Un tal Johan Jannsen, de Alaix-la-Chapelle, rivindica la invención de una nueva clase de plumas en acero. Después de un congreso que reúne a los embajadores en el ayuntamniento de su villa, se las vende para que puedan firmar un tratado que dure tanto como la pluma con que se firmará. Afirma que sabe que su invención será copiada por otros, curándose en salud, lo que nos confirma la existencia de imitaciones, clásico procedimiento.
  • 1763. La princesa de Carignan regala al joven Mozart plumas de metal troquelado. Él se apresura a guardarlas y olvidarlas en su escritorio, para seguir componiendo con sus plumas de ganso.
  • 1772. Fontaine, joyero de la calle Carignan vende las plumas de acero importadas de Inglaterra al precio de una libra y 10 soles la pieza. Estas boquillas de acero se montaban sobre las plumas de ganso.
  • 1776. Joseph Arnoux, mecánico relojero es recompensado por la Academia Real de las Ciencias recibiendo un privilegio real por la invención de una pluma metálica económica, que remedia los defectos de las plumas metálicas de la época, especialmente la falta de flexibilidad y elasticidad. Su modelo sigue siendo absurdo, como el de los romanos, siendo la hendidura el mismo borde de la chapa doblada. Las vendía en siete grosores, a tres libras cada una. Aunque muchos le conseideran en Francia el inventor de la pluma, los conociera o no, existían esos y otros avances en lugares diversos. El plagio era cosa muy común.
  • 1780. Samuel Harrison, fabricante de llaveros en Birgmingham, se pasa a la manufactura de plumillas metálicas. Algunas de ellas adquierieron celebridad por hacerse por encargo de Joseph Priestley, descubridor del nitrógeno.
  • 1790. aloys Senefelder, inventor de la litografía, fabrica algunas plumas a partir de piezas de relojería.
  • 1795. La villa de Sedgley, en las Midlands, reivindica el título de cuna de la pluma de acero por haber sido teatro de operaciones del herrero Fellows, que produjo algunas. En el escudo de la villa figuran dos plumas.
  • 1800. Peregrine Williamson, joyero de Baltimore fabrica plumas de acero con cortes laterales. En Estados Unidos se considera su inventor, afirmando que sus ingeniosos inventos fueron copiados por comerciantes ingleses sin escrúpulos, desarrollando gracias e ellos una próspera industria.
  • 1808. En Königsberg, Johann-Heinrich Burger se arruina intentando la fabricación de plumas.
  • 1818. Sheldon, aprendiz de Fellows, se lanza a fabricar plumas de artesanía. Hasta 1828. Como los demás, no podrá resistir la competencia de las máquinas —ni los precios— de Joseph Gillott y los hermanos Mitchell.
  • 1820. Dejernon intenta, sin éxito, implantar una fábrica de plumas en París.
    A partir de ese momento, la fabricación industrial de las plumas termina con los artesanos y todos los experimentos anteriores. Un artesano puede hacer un buen pincel. Para hacer una buena plumilla hace falta una maquinaria sofisticada.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Plumillas - Maestros de la Caligrafía - Copperplate - Engraving - Flourishing

Imagen 23 del libro "Gems of flourishing" de Charles Paxton Zaner, 1888 (Acceder a las imágenes)

 
Eliseo Carlos Enriquez. (1907-1952) Calígrafo filipino
     Para quienes nos gusta trabajar con plumillas, apreciamos la caligrafía y el dibujo y nos entusiama admirar el trabajo de los grandes maestros de este arte, es un placer visitar sitios en la red como ZANERIAN.COM, o el de  I.A.M.P.E.T.H. (The International Association of Master-penmen Engrossers and Teachers of Handwriting.

George A. Gaskell (1844-1885). Uno de los más famosos calígrafos americanos. Su libro Complete Compendium of Elegant Writing, vendió más de 250.000 ejemplares en diez años.
    Allí podremos encontrar ejemplos de la extraordinaria maestría de los mejores artistas del pasado y del presente en estas especialidades. Se nos hablará con admiración de quienes prestigiaron esta actividad, haciendo de ella una profesión respetada y un arte valorado e imitado. 

Clinton H. Clark
1864 - 1937
 
    Muchos de ellos crearon escuela, tanto en sentido figurado como real. Algunos de ellos escribieron e hicieron populares sus propios métodos de enseñanza de la caligrafía, diseñaron su personal tipo de escritura, llegando hasta nuestros días sus obras, sus técnicas y sus nombres: Zaner, Spencer, Gaskell, Madarasz. Ellos son algunos de los que iniciaron escuelas que encontraremos en los sitios citados, llenos de documentación, ejemplos, vídeos, tutoriales, junto con espectaculares realizaciones de estos maestros y sus discípulos actuales, como DeCollibus o Joe Vitolo.
Del libro "Gems of Penmanship"
John D. Williams and S.S. Packard
I.A.M.P.E.T.H. Acceder a las imágenes
Del libro "Gems of Penmanship"
John D. Williams and S.S. Packard
I.A.M.P.E.T.H. Acceder a las imágenes
Del libro "Gems of Penmanship"
John D. Williams and S.S. Packard
   Hay disponibles en la red numerosas revistas, libros por su grosor y contenido, donde `podemos recrearnos viendo los diseños mostrados, las técnicas, la publicidad con los materiales y maestros de la época.




    En los enlaces citados se nos ofrecen cientos de libros sobre el tema junto a valiosos enlaces a otros recursos disponibles en la red. Entre estos, haremos referencia a algunos vídeos donde admirar el proceso de realización de algunas obras:


martes, 3 de mayo de 2011

Plumillas y palilleros - Porteplumes - Pen holders - Canello


    Los palilleros o portaplumas que hoy en día podemos encontrar en papelerías y tiendas especializadas ofrecen poca variedad. Serán modelos de madera o plástico fabricados actualmente o, con suerte, hallaremos en alguna tienda antigua palilleros que hayan quedado en un rincón hasta que el vendedor haya recibido tan insólita petición.
    En rastros y anticuarios podemos dar con otras cosas. Con fortuna, algún modelo fabricado cuando las plumillas eran usadas de forma general. Yo los busco en ebay igual que hago para comprar plumillas, pues es la única forma de encontrar en distintas partes del mundo cosas que merezcan la pena. Así he ido reuniendo una pequeña colección, pues nunca vendo los que más me gustan, si sólo tengo un ejemplar.
    Podemos mostrar algunos de ellos, aunque por muchos que aparezcan, igual que ocurre con las plumillas, sólo serán una ínfima muestra de la infinita variedad de modelos, formas y materiales en que se fabricaban.


   Lamentablemente, entre los que tengo no hay ninguno de oro, o con un baño de este metal. No eran infrecuentes, igual que más tarde algunas plumas estilográficas se ofrecían con este acabado. De plata, madreperla, marfil, hueso, laca china... Cualquier material noble podía servir para hacer un palillero para satisfacer un capricho o para hacer un regalo que cualquiera recibiría con aprecio. Sí puedo mostrar algunos fabricados con estos materiales, como los de la foto anterior o el siguiente, de bolsillo, que puede invertirse quedando la plumilla en el interior. En este caso, para no desentonar con el palillero se ha completado con una Principality de Gillott:
  
   Lo más usal es que los palilleros fueran de madera y tuvieran una férula de metal para sujetar el plumín. Por supuesto, los hay de varios tamaños pues también se da esa variedad en el de las plumillas. La diversidad de formas y calidades es enorme. Veremos algunos a continuación:



    He encontrado muchos de madera de haya, pésimamente terminados, simplemente tintados y sin barnizar. Suelo aprovecharlos para, con una navaja de Albacete, ir tallándolos como Dios me da a entender. También chopsticks, palillos chinos que pueden encontrarse fabricados en maderas tropicales, pueden servir para hacer uno propio. Salen cosas como éstas. El de arriba se muestra sin terminar, para que veamos la situación inicial:

    Los más frecuentes son ingleses y de Estados Unidos, aunque también se encuentran franceses, italianos, alemanes, austríacos, australianos, etc. 
    Para letra inglesa (Copperplate), flourishing o engraving, suelen utilizarse los plumines en una posición inclinada, lo que facilita la escritura. O bien se usa una plumilla de bayoneta o un palillero especial que permite que cualquier plumín adopte este ángulo:


    En ebay, he conseguido algunos usados que me han llamado la atención por su forma, su comodidad, o por su rareza:

 
    Por último, uno fabricado aprovechando una púa de puercoespín africano, que hay que manejar con precaución porque, muerto el propietario inicial, sigue pinchando una barbaridad:

Puedes ver algunas de estas plumillas y algunos palilleros en mi tienda de ebay