viernes, 18 de febrero de 2011

Guan Weixing - Watercolors

    
La “Luxun Art Academy” nació a propuesta de los líderes chinos Mao Zedong y Zhou Enlai en 1938. El mismo Mao bautizó la academia, a la que asignó el lema “Alert, Earnest, Hardworking, and Modest”, que puede traducirse como “Atención, seriedad, trabajo duro y modestia”. En 1958 pasó a llamarse definitivamente “Luxun Academy of Fine Arts”.

     Tras 70 años de vida, ha tenido una gran influencia en China y alta consideración fuera de ella. En sus 11 departamentos se estudian 21 especialidades, entre ellas, la pintura tradicional china y la acuarela. Junto a 395 profesores, trabajan expertos extranjeros y viejos maestros, famosos por su actividad artística.

     En esa institución inició sus estudios  de pintura Guan Weixing en 1960, a los veinte años de edad. Poco después ya era considerado un maestro. Ha realizado numerosas exposiciones por todo el mundo, recibiendo importantes premios, entre ellos el “International Best Illustration Award “ tres años consecutivos (1992,1993 y 1994) por las 80 ilustraciones del libro “Memories of Peking: South Side Stories”. Su exposición en Estados Unidos en 2005 fue todo un acontecimiento recogido por radios y cadenas de televisión, incluso se publicó para la ocasión un libro sobre su obra.  Volvió en 2007, obteniendo igual éxito, alcanzando sus acuarelas precios elevadísimos.  Obtuvo el “Former President Award”  de la 85 Exhibición Nacional de Acuarelas, y fue nombrado miembro de la American National Watercolor Society. 

     Sin duda, puede ser considerado uno de los mejores acuarelistas actuales, especialmente por sus retratos. La elegancia del uso del color, la solidez de la estructura y composición de sus obras, el  difícil equilibrio entre la precisión del dibujo y la soltura de su pincelada, son las características que lo hacen inconfundible.




























    
   En este enlace podemos ver sus obras y leer más sobre su trayectoria. De allí se han tomado las imágenes mostradas.
  
En estos enlaces podemos disfrutar de  vídeos del pintor realizando algunas obras:
 


 

miércoles, 16 de febrero de 2011

Llega la primavera a San Odón

Capítulo anterior: La despensa del convento de San Odón


istas las provisiones de boca con que contaba el convento, el agua asegurada por dos aljibes, uno en la cima, que atesoraba las lluvias de la primavera y el otoño,  y otro en la ladera norte, alimentado por una fuente que manaba durante todo el año, abundante leña, molino, horno y caza, es fácil entender que no era la subsistencia el origen de sus inquietudes. El futuro, más que el presente, se cernía negro sobre la congregación. 
Si alguien ha tenido la curiosidad de, por el número de gorrinos, deducir el de frailes, habrá llegado a censar 19. Es sabido que el monje benedictino es especie con una paupérrima tasa de reproducción y,  entre los monjes de San Odón, los más ya eran talludos, muchos,  venerables ancianos y sólo había tres novicios. De no producirse nuevas vocaciones, y si éstas, una vez producidas, no podían ascender a la cima de la Muela, el futuro del convento se contaba por los años de vida que Dios concediera  a los más jóvenes.
El invierno fue frío. Ventiscas de nieve azotaban los muros de la parte del convento que ofrecía su rostro al valle. Las ráfagas de viento no traían ahora los reconfortantes aromas acostumbrados, sino más frío y desesperanza a unos monjes que se refugiaban en la dura rutina que la Regla de San Benito les marcaba, siguiendo con sus oraciones y labores, más ocupados que de costumbre por los trabajos de reconstrucción de cuanto el  seísmo dañó. Sus gregorianos sonaban tristes pero, al menos, mostraban a los aldeanos de los valles que los monjes seguían vivos.
Un día llegó la primavera. Las brumas fueron al fin arrastradas por el viento, cómplice ahora de un sol fortalecido que, un año más, vencía al hielo y a las sombras. Donde ayer había un mundo que parecía agonizar, decrépito y  temblón, apareció otro nuevo, brillante como moneda recién acuñada.  Las copas de los pinos se sacudieron el gris que habían mostrado hasta ayer para lucir el verde fresco y joven de sus primeros brotes, volviendo a ser igual de hermosos que el primer pino que Dios creó. Al fondo del valle, ya sin niebla, los monjes que no habían consumido sus ojos en el scriptorium, afirmaban ver las primeras flores en los almendros y, en lugar de los agoreros buitres, que silenciosos habían volado en círculos sobre San Odón durante el invierno, pájaros más amigables piaban y trinaban en el monte.
Sus salmos también reflejaron ese renacer, sonando con más fuerza y alegría, invitando a los aldeanos a acudir en su ayuda. No confiando en su piedad, el prior, observando escrutador a la tropa, eligió a los tres novicios, más ágiles y dispuestos, para que intentaran descender por el escarpado sendero que permitía llegar a las últimas terrazas desde la cima de la Muela. Regresaron con dos cabras y con la noticia de que había un punto imposible de rebasar. Un despeñadero de unos ocho metros, totalmente vertical y sin agarradera alguna, se reveló insuperable. Debajo de él, una pequeña plataforma enlazaba con lo que del sendero quedó tras el terremoto. Era imposible saber si el camino, que a unos pocos metros se perdía en una revuelta, tenía salida. 
Como se hace en algunos cenobios del oriente, también encaramados en riscos inaccesibles, acordaron intentar salvar el cortado que detuvo a los novicios con una plataforma que, sujeta por fuertes maromas, permitiera acceder al sendero, tanto para bajar, como para subir. Las cuerdas de las campanas unidas a las que, previsores, almacenaban para reemplazarlas cuando fuere necesario, podrían servir. De cabina, no hallaron nada más a propósito que un gran tonel de vino en el que cabían dos frailes holgadamente. Se repartieron los trabajos de construir y asegurar en el sitio una estructura de madera que sujetara el invento, según la habilidad y ciencia de cada uno. De igual modo, se acordó que vaciar el tonel sería faena en la que toda la comunidad se afanaría con gran celo.

Dejemos a los frailes tiempo para concluir estas arduas labores y al que escribe ocasión para seguir escarbando en archivos y crónicas y así poder continuar la narración de lo acontecido en San Odón de la Muela en 1756.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Plumillas para caligrafía árabe - Arabic calligraphy pen nibs

         La caligrafía árabe utiliza instrumentos de escritura con una forma similar a las que se emplean para letra gótica, uncial, itálica, o redondilla. Es decir, terminadas en una punta biselada, recta o inclinada, que permita trazar líneas de diferente grosor según la dirección de escritura. Tanto pueden ser cálamos, para grandes tamaños, como plumas de ave o plumillas metálicas.
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 Muchos de los mejores fabricantes europeos han producido plumillas adecuadas para esta escritura. Casi todas ellas están grabadas en árabe y son tan hermosas como la escritura  para la que fueron diseñadas. Se muestran algunas de estas plumillas, de Blanzy-Poure (Francia), o fabricadas en Alemania, como las Brause o Müller.
   También en Inglaterra Gillott, Geo. W. Hughes, o Hinks, Wells & Cº. tienen modelos dedicados a este mercado.
Son plumillas bastante difíciles de encontrar, aunque a veces puedes llevarte una agradable sorpresa en algún mercadillo o rastro.
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Es un placer escribir o dibujar con ellas, utilizando tinta china y un buen papel.


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 Como en otros tipos de plumillas, algunas fueron fabricadas por encargo del gobierno de algún país. Se muestra una de Gillott, en Birmingham, para el gobierno egipcio.
Estas plumillas, aunque es difícil saberlo, deben tener al menos 100 años.

O esta maravillosa plumilla, dedicada a Claopatra, fabricada en Inglaterra para Egipto.


domingo, 6 de febrero de 2011

English watercolour - La acuarela: arte nacional inglés

     La acuarela fue un medio empleando en distintos lugares y épocas por grandes artistas, normalmente usando aguadas para añadir volumen a bocetos que posteriormente se realizaban con otros medios más valorados. Tuvo gran importancia su utilización para estudios botánicos, por su delicadeza y transparencia, lo que la hacía especialmente indicada para ese fin.
Thomas Girtin - BORROWDALE
   Considerada el Gran Bretaña como un arte nacional, el único verdaderamente inglés, hubo varios factores que la llevaron a tener dicha importancia, tanto por el gran número de pintores que producían sus obras con pigmentos al agua, no cubrientes, por la calidad de las obras producidas, ganándose un lugar como técnica con valor propio, no preparatorio para ser desarrollado finalmente al óleo, como por la presencia y aprecio que tuvo, y tiene, en esa sociedad.

 “WINDSOR CASTLE: VIEW OF THE ROUND AND
DEVIL’S TOWERS FROM THE BLACK ROCK”
BY PAUL SANDBY, R.A.
(Size, IN.)
11¾ × 17¼
(Acquired by the National Art Gallery of Victoria, Melbourne)

     En primer lugar, en el S. XVIII, entre las clases acomodadas, el dibujo y, especialmente la acuarela, fueron considerados un complemento necesario en una buena educación. Muchos pintores se mantuvieron gracias a las clases que impartían. En segundo lugar, a falta de fotografía, se hizo necesaria la presencia de pintores llamados “topográficos” que ilustraran lugares, países, terrenos, mapas, con fines prácticos, arqueológicos, muchas veces militares y de exploración. No faltaban estos pintores entre quienes extendieron y consolidaron el Imperio británico por el mundo. Por último, el interés romántico por lo antiguo, lo lejano y exótico, las ruinas y los paisajes rurales, provocó una infinidad de obras sobre viejas iglesias, ruinosos castillos y estampas sobre lugares considerados pintorescos. El llamado “English journey”,  por su propio país, por el Mediterraneo, Oriente Medio, India, llenó el país de obras realizadas en acuarela, frecuentemente reproducidas en láminas, postales o ilustraciones de los innumerables libros que desde entonces se imprimieron. 

 “FURNESS ABBEY, LANCASHIRE”
BY EDWARD DAYES
(Size, IN.)
27½ × 20¾
(In the possession of Victor Rienaecker, Esq.)

     Muchos de los tópicos románticos que existen sobre algunos países vienen de este momento y de estas obras, en las que se resaltaba, o se añadía directamente, lo que el público esperaba encontrar en ellas. España también fue profusamente visitada y pintada, en especial Andalucía, destacando su pasado árabe. En aras de lo pintoresco, de no defraudar el exotismo previsto,  algunos pintores no dudaban en incluir una sevillana, un bandolero de Sierra Morena o un guitarrista aunque estuvieran ilustrando un lugar de León, Gerona o Asturias.
 Paul Sandby (1750-1809) St. Augustine's Gate, Canterbury Cathedral Beyond
    Todo ello confluyó en la configuración de la acuarela como arte nacional inglés. Tres pintores tienen especial relevancia en este proceso:  Paul Sandby, (1730–1809), llamado el padre de la acuarela inglesa, Thomas Girtin (1775–1802), pionero en utilizar acuarela en grandes formatos para sus paisajes con los aditamentos románticos citados y, en especial,  el reverenciado William Turner (1775–1851), que llevó este movimiento a su máxima expresión. Podemos ver una vertiginosa evolución que les aparta, aunque no a todos, de la mera añadidura de aguadas que coloreen un minucioso dibujo a lápiz, o de la necesidad de añadir un perfilado en los elementos de la obra.

 “LUCERNE: MOONLIGHT”
BY J. M. W. TURNER, R.A.
(Size, IN.)
11½ × 18¾
(In the possession of R. W. Lloyd, Esq.)

    Aunque muchos pintores persistieran en producir estampas que, más que acuarelas, eran grabados coloreados, sorprende la modernidad de algunos acuarelistas de la época, bien es cierto que de los mejores de entre una multitud de ellos. El canon que uniformaba cómo debía ser un árbol y cómo unas nubes, se va relajando y aparecen interpretaciones más sueltas, enérgicas y personales. Y estamos hablando del S. XIX.

 “VIEW IN ITALY”
BY JAMES BAKER PYNE
(Size, IN.)
10¾ × 17
(In the possession of R. W. Lloyd, Esq.)

“NEAR JUMIEGES”
BY RICHARD PARKES BONINGTON
(Size, IN.)
8¾ × 12¼
(In the possession of Messrs. Thos. Agnew & Sons)
    Podemos profundizar en lo dicho leyendo el breve estudio de H. M. CUNDALL ilustrado con excelentes acuarelas de estos pintores: “Masters or water-colour painting”, de donde salen las obras mostradas y que puede ser descargado gratuitamente desde Gutenberg Project, en este enlace: 
Masters of water-Colour Painting 
“PALAZZO CONTARINI FASAN
ON THE GRAND CANAL, VENICE”
BY SAMUEL PROUT
(Size, IN.)
16? × 11½
(In the Victoria and Albert Museum)
     Un libro donde se trata de forma más extensa este momento de la acuarela y los pintores que en 1897 eran considerados no sólo precursores sino ya reconocidos maestros es el siguiente: The earlier English water-colour painters
   Puede descargarse completo desde ese enlace a la University of British Columbia Library. Lamentablemente las imágenes no son en color, pero el texto, en inglés, es más exhaustivo (más de 300 páginas).

sábado, 5 de febrero de 2011

La despensa del convento de San Odón

Capítulo anterior: El terremoto de Lisboa y el convento de San Odón de la Muela



os primeros intentos de bajar desde el convento al valle fueron vanos, lo que en un principio llenó de zozobra y desesperanza a sus frailes. Pasados pocos —pero largos— días desde el terremoto, se confirmó que la situación era en verdad difícil, pero no irremediable, ni aún desesperada.
     A lo largo de siglos el ingenio y la industria de la congregación habían ido labrando en las laderas de la Muela unas terrazas en las que, con los riscos arrancados a la montaña, se sujetaban pequeñas porciones alargadas de tierra que descendían escalonadamente por el lado de la solana. Allí depositaban el estiércol de los establos y otros desperdicios que, con el tiempo, fertilizaron la poca tierra que al principio había, creando así unos bancalillos que, abrazados a las curvas de la ladera como verdes olas, daban de lejos a la Muela una estampa que más semejaba ser Laos o Vietnam que la Sierra del Segura.  En unos se retorcían los viejos olivos, rebosantes de fruto, en otros, crecían coles, habas y legumbres que abastecían y surtían las despensas del convento. En recodos soleados y protegidos de las terrazas más bajas habían medrado algunos manzanos y no faltaba tampoco el trigo ni la cebada.
     Cuando el viento soplaba desde el valle llevaba hasta el convento los aromas de salvias, tomillos y romeros de los muchos que alfombraban las quebradas laderas cubiertas de pinos, entre los que se mezclaban algunas encinas en la parte inferior del cerro y a cuya sombra se escondían abundantes setas. Por la montaña ramoneaban desconfiadas cabras y gregarios muflones que, atrapados cuando se aventuraban a acercarse a las alturas, en  las cocinas del cenobio se convertían en salazones y tasajos.
     En noviembre, los últimos cencibeles que había dado su llorada viña, dulces y abundantes, ya habían pasado en su mayor parte a convertirse en un excelente vino que dormía en las bodegas dentro de enormes toneles y panzudas barricas. Las restantes ganchas se convertirían en momificadas pasas que, desde las alturas, alegraban la vista de los monjes, formando un agradabilísimo y dulce techo que completaba el bodegón colgante de las despensas, de la mano de perniles, morcillas, salchichones y catalanas, morcones, tasajos y cañas de lomo, con el añadido multicolor de ajos, pimientos y algún que otro melón.  


    Completaban la decoración de la despensa sacos de legumbres, barriles de manzanas, orzas rebosantes de escabeches y ya hueras las de embutidos, pendientes éstas últimas de recarga y renovación el próximo 11 de noviembre, día de San Martin de Tours, fecha tan esperada por nosotros como temida por los 43 gorrinos con cuyo sacrificio celebrarían la efeméride. Esto supone 2 gorrinos y un cuarto por fraile y temporada, más allá sería gula y vicio. Afortunadamente, el terremoto no afectó gravemente a las pocilgas donde gruñones, pero confiados, acababan de redondear sus formas y alcanzar sazón tan nobles animalillos del Señor.
     No faltaban alacenas ni fresqueras repletas de conservas, mermeladas y encurtidos que, junto con innúmeros quesos de cabra que reposaban en sus baldas, ahuyentaban todo temor de hambruna a tan frugal congregación como la nuestra.
     Siendo, como era y es, la moderación una de las virtudes que han hecho aposento en nuestra Orden, no nos entregamos a los excesos en que incurren luteranos y calvinistas. Antón Praetorius, pastor de la ciudad de Dittelsheim llegó al desvarío de poner como bandera que proclamara la supremacía de su fe el barril grande que construyó en 1592 Michael Werner de Landau por encargo de Johann Kasimi, regente del Palatinado, que podía albergar 130000 litros y que, puesto de pie, llegó a tener encima una pista de baile. En la guerra de los 30 años fue destruido y quemado. Así lo quiso el Señor.


     Las anteriores referencias a las provisiones del convento así como los efluvios que emanan de sus cocinas inundando el scriptorium han despabilado mis hambres.  A causa de estas circunstancias y por lo avanzado de la hora, cercana ya la Nona,  el mondongo profiere feroces rugidos más propios de salvaje tigre que de piadoso fraile, lo que aconseja dejar la continuación del relato para ulterior ocasión, una vez disipados los temores del lector por si ayunos y penitencias pudieran acabar con las vidas de mis hermanos.