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miércoles, 15 de diciembre de 2021

Colores Primatek de Daniel Smith


    Hace ya bastantes años, nueve creo, que empecé a utilizar algunas acuarelas de Daniel Smith, atraído especialmente por las de la serie Primatek. Son unos pigmentos de origen mineral, resultado de la molienda de piedras de distintos colores, algunas de ellas semipreciosas, como la sodalita, el jade o el lapislázuli. Ya lo conté aquí en su momento y hay muchas entradas en las que se prueba y describe algún color concreto o se muestran acuarelas pintadas con ellos, comentando a menudo lo que, a mi parecer, aportan este tipo de pigmentos minerales.

    En primer lugar su granulación, además de su belleza y transparencia. Muchos de estos minerales tienen una estructura cristalina y en algunos de ellos, una vez terminada la acuarela, al mover el papel ante una luz directa se ven puntitos microscópicos reflejar la luz, a causa de los pequeños cristales que contiene el pigmento. La amatista o el Sugilite producen ese efecto de una forma más evidente. No tienen nada que ver con otros colores, estos llamados Duocrome, irisados, a los que se les añade mica y que llevan al papel reflejos y refracciones similares a las del nácar de las conchas, el plumaje de algunos pájaros o los reflejos de las alas de las libélulas. Cuando se sintetizó por fin el azul ultramar y se pudo ofrecer a un precio asequible, a pesar de que químicamente era igual al que hasta entonces se sacaba del lapislázuli a un precio prohibitivo, ya había quien avisaba de que físicamente eran cosas distintas. La irregularidad de las partículas del pigmento natural reflejaban la luz de otra forma, la diferencia era sutil, pero evidente. Así ocurre con estos pigmentos que ahora comentamos.

    Todo empezó para esta entrada, que me ha llevado casi un mes de trabajo, con las conversaciones con amigos acerca del Lunar Black, de su fuerte granulación y de su aprovechamiento, tanto utilizado solo, como mezclado. En facebook fui colgando algunas pruebas y comentarios dirigidos especialmente a mis amigos Joshemari Larrañaga y Ana Grasset, pues sólo de pigmentos, si acaso, tengo algo que descubrirles. Lo malo de facebook para estas cosas, aunque bueno para algunas otras, es que es información fungible, pasajera, algo que se pierde como las noticias de los diarios, que mueren al día, salvo para estudiosos que escarban en los archivos. Por eso recupero aquí algunas de las probaturas y de las acuarelas que hice y publiqué allí para ilustrar los comentarios sobre estos pigmentos.

     Los pigmentos minerales son los más antiguos, los primeros que se utilizaron. Principalemente las tierras, los ocres. Según procedencia y aunque a veces se presentan juntos, su color va desde el blanco y el amarillo hasta el negro, pasando por toda la gama de marrones más o menos rojizos, incluso verdosos. Ellos solos ya nos brindan una gama que ofrece infinitas posibilidades cromáticas. Desde la más remota antigüedad se utilizaron, fáciles de obtener por su blandura y ubicuidad. A menudo para pintarse la cara o el cuerpo, siendo algún ocre concreto seña de identidad de algunos pueblos, también se usaba en lugares diversos y alejados para pintar de rojo los muertos que enterraban o para decorar las cerámicas que cocían. Pero principalmente estos ocres nos retrotraen a las pinturas rupestres, que utilizaban toda esa gama de colores para representar su mundo, cada uno con lo que más a mano tenía. Para no extenderme demasiado, no me detendré en anécdotas, descubrimientos y curiosidades de esos lejanos momentos del pasado, aunque merecería la pena hacerlo color a color, pues cada uno tiene su historia, incluso su leyenda. Por lo pronto, basta ver o recordar algunas pinturas rupestres, obras maestras de la humanidad que deberían bajarnos los humos acerca de esa idea de progreso, con grandes dosis de adanismo, que nos lleva a creer que hemos inventado todo, que nuestros lejanos antepasados eran parientes tontos que miramos con condescendencia. Los colores, los pigmentos, vienen a ser los mismos que yo he utilizado para pintar un árbol. Y se nota, como mi menor habilidad. Además, a mí me salen más caros.
Árbol. Acuarela. Pigmentos Primatek: Lunar black, Goethite
y Burnt Tiger's eye, sobre papel verjurado.
    La goethita, mineral bautizado así en honor a Goethe, es otro óxido de hierro (oxihidróxido), una de las menas de donde se extrae ese metal. En las minas de Riotinto y Tharsis, en Huelva, se explotó industrialmente, como en Asturias, Vizcaya y Teruel. En Riotinto sobra decir de dónde sacan sus aguas parte de su color. El ojo de tigre es una piedra semipreciosa, con bandas de colores ocre y amarillo. El Lunar black es el nombre comercial que Daniel Smith da al negro de magnetita.
    Con colores sacados de estas tres piedras, bien molidas, mezcladas con goma arábiga y metidas en tubo, se ha pintado esa acuarela. Mucho han tenido que viajar y sufrir hasta llegar a mi papel.
    El árbol que sigue, también de una foto de mi amiga Edith Calisto Silva, está pintado con Hematite Genuine, otro pigmento de la serie Primatek de Daniel Smith, sobre papel Arches satinado.
    Granula de forma parecida al Lunar Black o al Bloodstone, de los que ya hemos hablado, de forma que vale lo dicho sobre ellos, la necesidad de usar bastante agua para dejar jugar a las indecisas partículas hasta ver dónde ponen el huevo. Lunar blue o lunar red, se comportan de forma parecida.
    Es más cálido que aquellos dos colores de la acuarela anterior y en la paleta vemos las partículas del pigmento, todas juntas, acechando, flotando en un aguachirle de color marrón rojizo claro, bastante apagado. En el papel ocurre algo parecido si no escatimamos el agua. También vende Daniel Smith, entre otros  muchos pigmento de óxido férrico, el llamado Hematite Burnt Scarlet, más tostado y rojizo, como su nombre indica.
    Me ha contado la Wikipedia que esta fue la primera piedra que fue bautizada con un nombre terminado en '-ita', que vendría a ser resumen, por aféresis, de lithos, piedra. Y fue acristianada nada menos que por el griego Teofrasto, unos 300 años antes de Cristo. Como Bloodstone, también por sus partes rojas, hace referencia a la sangre, como hematíes llamamos a los glóbulos rojos y hematocrito al porcentaje de ellos que hay en el volumen de una muestra de sangre. También se le llama oligisto, fíjate tú. Me refiero, claro está, al pedrusco no al análisis de sangre. Me entero de paso de que es la principal mena del hierro y que de ella salen muchas tierras rojizas usadas en las pinturas rupestres. A veces se presenta como rosas de hierro. De todo ello deducimos que, según la composición de la roca, variable según zonas, produce una gama muy alta de colores, más o menos oscuros, rojizos o agrisados según su origen y mezclas. Los más rojizos llevan proporción variable de arcillas, como el almagre. Incluso metálicos, aunque aquí hablamos de la hematita terrosa. A la más metálica, que se llegó a usar en la antigüedad para hacer espejos, se le llama especularita. Más pardo-amarillento sería Goethita, más negro, magnetita (el lunar black o el negro de Marte), y más azulado, pirosulita. Daniel Smith fabrica otro color de esta serie, que llama Goethite, y nosotros cuando estudiantes llamábamos «Pirolusito» a nuestro profesor de Ciencias Naturales, por su fijo y azulado mirar. Al final todo se junta, aunque me dediqué más a las artificiales.
     Como las palabras aún me gustan más aún que los colores, siempre me han hecho gracia los nombres que les endosan a muchos minerales indefensos que se encuentran cerca de los volcanes, las emergencias de aguas, a veces fétidas y ardientes, donde suelen construir balnearios. Estos apodos minerológicos, más propios de una prima hermana que de un pedrusco: Jumillita, fortunita, cancarita, californita, y así. Van por Jumilla o Fortuna en Murcia, Cancarix en Albacete, o California, ya en tierra de infieles. Me enteré de estas circunstancias onomásticas informándome tras algunas visitas al valle de Ricote, antigua zona volcánica, que viene a ser la mesa camilla alrededor de la que han encontrado sentada una gran familia de estos minerales de nombre tan simpático. Y algo escribí sobre ello en otras entradas de este blog.

    Ese nombre, «piedra de sangre», se refiere a las manchas o gránulos rojos que aparecen en el mineral donde Dios les da a entender. También se llama calcedonia o heliotropo, nombre que se ganó por la forma de reflejar el sol en algunas de sus variedades. Aunque principalmente se componen de cuarzo, también llevan, entre otras cosas, óxido de hierro y según aspecto y proporciones, a algunas se les llama jaspe. Según el pedrusco usado, al moler sale un tono distinto de pigmento, oscuro, cálido, algo parecido al bistre. En el catálogo se describe como color berenjena oscuro. Granula mucho, seña de que la molienda no es demasiado fina ni uniforme, por lo que esas partículas se disgregan y pululan nadando en el agua por encima del papel. Muy entretenido. Es parecido en comportamiento y resultado al Lunar Black, negro de magnetita, que además se puede pastorear con un imán. Usando papel satinado, liso o de grano grueso podemos influir más en el resultado final. Y, siempre, agua como si fuésemos regantes.
     Cada color tiene su historia y su leyenda. O varias. La sangre de Cristo para los primitivos cristianos, la de los muertos en las batallas para los guerreros antiguos, señalando su presencia el lugar donde en algún momento se había celebrado alguna. En fin, hasta llegar a moler momias egipcias para hacer el cálido Mummy brown, en esto de los colores ha habido y se ha probado con todo. No es imprescindible, pero a mí me gusta conocer estas cosas al mojar en un color, porque añaden un no sé qué y un que sé yo al momento de dar un brochazo.

    El Lunar Black es la marca comercial, la denominación que utiliza Daniel Smith para el negro de magnetita, el pigmento PBk11. Otros fabricantes lo llaman negro de Marte y Kremer, directamente magnetita, pero es el mismo. Bueno, dentro de que es difícil que los minerales se presenten como pedruscos puros en su composición, normalmente veteada, mixta o impura. En realidad hablamos de óxidos de hierro y estos pueden presentar proporciones variables de sus componentes. Luego intervienen la molienda, más o menos fina, así como la técnica inmemorial de tostar estas tierras para obtener un color nuevo, normalmente más cálido y oscuro. Hasta el rojo o el marrón más renegrido. Así, decir que el siena es el pigmento PBr6, o PBr7 tostada, no evita que los sienas comercializados por cada fabricante, como las tierras y piedras de que los obtienen, presenten de un 45% a un 70% de hierro, variabilidad que se traslada al color obtenido.
     Se ha puesto de moda este color, esta granulación. Siempre ha estado en los catálogos de los fabricantes, como negro de Marte, Mars black, pero solo úlimamente es frecuente oír hablar de él, incluso sacar al mercado series de colores que lo incorporan para hacer granular otros colores más usados. Schmincke ha comercializado muy recientemente una serie de colores con nombres sugerentes, mezclas de negro de magnetita con ultramar, cobalto, cerúleo o sienas. Ya había comprado este negro de Kremer, luego el de Daniel Smith y después uno de Talens, de la serie Van Gogh, que granula igual, es bastante más calído y más barato, además. Incluso lo vende mezclado con amarillo o verde, amparado en un nombre exótico, como si fuera un invento. Las mezclas, prefiero hacerlas yo, que bastantes tubos tengo ya como para comprar los colores mezclados, que conozco infinitas formas mejores para acabar de arruinarme. Mientras se pueda, puros, de un solo componente.

   Arriba, la sodalita, que a veces aparece junto al lapislázuli. Abajo, una acuarela pintada con lapis, sodalita y cobalto, tres azules. La fuente nevada en la plaza Benjamín Palencia de Albacete, en la esquina de mi casa.
     Si las tierras se usan desde antiguo, en gran parte se debe a su blandura, que hace fácil su extracción, casi siempre en la superficie. Además de que las hay por todos sitios. Más difícil es encontrar otros minerales y, una vez encontrados, extraídos y acarreados, a veces desde la otra punta del mundo, queda moler estos minerales tan duros, cristalinos, hasta obtener un polvo finísimo, con partículas que se miden en micras. La foto anterior era de la sodalita, las siguientes de ojo de tigre y lapislázuli. Esa lejanía, escasez y dureza, es la que hizo que algunos pigmentos llegaran a costar tres veces su peso en oro. La historia del lapislázuli, el oro azul, precedente del ultramar, como la de otros pigmentos, es una aventura de largos viajes y rutas comerciales por zonas siempre conflictivas, de monopolios, guerras, significados religiosos, falsificaciones y enriquecimientos rápidos. Aun hoy es relativamente difícil y caro conseguir el mejor del mundo, el de Afganistán. Y no es que el de Chile o el de otros lugares sea malo ni barato, pero como en todo, también el romanticismo se paga. Desde luego no es algo que se encuentre en cualquier cerro, como las tierras ocres. Ni que se pueda sintetizar en un laboratorio, como se obtienen la mayoría de los pigmentos actuales. Hay libros, muchos y buenos, para disfrutar conociendo la historia compleja de estos colores. 
    Fuente de la Peña. Acuarela. Peñascosa (Albacete). De foto propia.
Con los pigmentos de estos días, Primatek de Daniel Smith: Lapis, sodalita, jadeita, burnt Tiger's eye, Lunar black y Hematite burnt scarlet. Papel Arches satinado, 23x32 cm.
Otoño. De otra foto de Edith Calisto Silva.
    Aparte de un baño muy diluido de verde de jade (Jadeite) en algunas zonas, el resto cuatro pigmentos: Burnt Tiger's eye, Piemontite, Sodalita y Lapislázuli. Los mismos colores prácticamente que se usan en esta otra acuarela de un roble en Peñascosa (Albacete), de una escapada por esa zona serrana de hace unos días.
  Como esto se va alargando, mejor dejarlo en este punto. Queda tema, quedan colores por probar y faltan muchas cosas que aprender. Si ya estas pruebas resultan una ruina, imposible comprar todo el catálogo, ni siquiera todos los de esta serie. Por lo pronto he comprado algunos libros sobre colores, de los que hablaré en otra próxima entrada.

   Pero antes de terminar, una última acuarela, esta vez utilizando toda la artillería. Los Primatek de los que hemos hablado, añadiendo la gama de amarillos y rojos de cadmio y alguno de quinacridona. Un paisaje otoñal, de una foto de mi amigo Enric Serra Vilar, de Castellón.

martes, 4 de diciembre de 2018

Acuarelas de árboles

Dos vistas en detalle
   Seguimos con los árboles, en esta ocasión todos con acuarela. Los papeles utilizados son diferentes, desde pruebas con algunos nuevos hasta el Garzapapel de siempre. Para conseguir textura pudiera parecer que es imprescindible el papel rugoso, de grano grueso. Sin embargo, utilizando pigmentos de Daniel Smith Primatek o Kremer, que producen mucha granulación, uno puede jugar con sus efectos de sedimentación incluso con papel satinado. El primero, un álamo viejo de la Casa Gil, en Alpera (Albacete), un árbol que sale en las guias de árboles pintorescos de la provincia y que he dibujado y pintado en numerosas ocasiones, con hojas verdes, ocres y amarillas o sin ellas, pues tengo muchas fotos de cuando vivía en Alpera. El papel es Saunders Waterford satinado, como decíamos.
    
    La anterior acuarela, vista en detalle de un trozo de un tronco, está pintado sobre papel Windsor & Newton satinado, de 300 gr., papel que es una novedad para mí. De los tres satinados que he probado para esta entrada lo colocaría en segundo lugar, casi igual que el Arches, mi preferido, ambos mejores que el Saunders, a mi escaso juicio. Al menos para mi forma de trabajar, porque estos colores que sedimentan tanto a veces son problemáticos para conseguir un baño unidorme. Son papeles similares, más los dos primeros que el último, pero el Arches permite mezclar mejor sin dejar bordes, cosa útil cuando se da un baño en toda la superficie o en gran parte de de ella, como un cielo. Con el Saunders y estos pigmentos hay que andar listo. Luego está la formna de tomar el agua y el color. Ver una pincelada gruesa recién aplicada sobre el Arches satinado es una gozada, algo muy diferente que con el mismo papel con grano gueso o fino, también maravillosos para otros momentos, temas y formas de hacer. Además, terminada la acuarela, el Saunders se comba más que los otros dos.
   ¡Por qué usar papel satinado si buscamos textura? Muchas veces para hacer resaltar algo se recurre a rodearlo de elementos o zonas tratadas de manera diferente en algún aspecto, de forma que contrasten con lo que queremos hacer evidente o relevante, el asunto principal. Los colores brillan más si están rodeados de grises o tonos quebrados. Un fondo bastante claro evita tener que cargar las tintas para resaltar el tema principal;  una zona suave, de color uniforme, sobre un papel satinado dirige la atencion por contraste hacia la textura y la rugosidad del árbol, en este caso. Eso sí, para conseguir esos efectos ya no contamos con el grano del papel. Hay que jugar con la granulaciòn de los pigmentos (azul lapislázuli, marrón rojizo oscuro de hematita, azul profundo de sodalita o negro de magnetita, comercialmente Lunar Black, todos de Daniel Smith. También las tierras granulan mucho, especialmente las muchas que ofrece Kremer. Pinceladas secas y rápidas en el la dirección del crecimiento del tronco, pequeñas grietas sugeridas con pincel fino o dibujadas con pincel, lápiz graso blanco frotado con suavidad dando puntos de luz, rascaduras con cúter o a navajazo limpio... Esas cosas ya las hemos explicado en otras entradas del blog dedicadas a las texturas
   La siguiente acuarela, sobre un olivo del Maestrazgo, en Castellón, que me traje de allí buena provisión de fotos, se hizo sobre Garzapapel y se ven las diferencias. Ya hemos hablado muchas veces de este extraordinariio papel artesano fabricado en Alcoy, en Alicante. Tiene un grano fino pero evidente, permite mezclas en húmedo y toda clase de manipulaciones, pues tarda en secar más que otros. Y nunca se comba ni alabea, ni siquiera el de 180 gramnos. Me parece excelente, tiene un comportamniento muy noble y controlable y para muchas cosas no he encontrado nada mejor.

   Un ficus elástica en la Plaza de España de Águilas, en Murcia, en la siguiente acuarela. Lo dibujé en un cuaderno tomándome  un café sentado debajo, a pocos metros, frente a este tronco chorreante como un reloj de Dalí que parece un muro vegetal, vivo y ondulado. Hice fotos para retomar el tema después, algunas alejándome un kilómetro para sacarlo entero, pues es una enormidad de árbol. Una hermosura. Ya hemos dibujado alguno más, de Alicante, Valencia o Sevilla. Este está también hecho sobre Arches satinado. Se ha tenido especial cuidado, por lo que hablábamos de contrastes, en conseguir lejanía por el sistema de dar poca intensidad a los colores del fondo, con un poco azul o violeta en algunas zonas. La tentación patriótica de darle un rojo y gualda intensos a la bandera la hubiera traído al primer plano. Paliducha queda mejor, en este caso. También reducir detalles y nitideces, que se dejan para el primer plano que se quiere destacar. Las ventanas y balcones tienen arcos lobulados, neomudéjares deben de ser. Con sugerir ese detalle en uno de ellos ya basta, el resto queda borroso como corresponde a un segundo plano relativamente lejano. Los chistes mejor no explicarlos.
    Empezábamos la entrada del blog con un árbol de la Casa Gil, en Alpera. No muy lejos de él crecen otros, rodeados de setos de matas y árboles más pequeños, casi todos chopos, álamos y acacias. Y algunos lirios. De una foto de una primavera pasada vuelvo a hacer esta acuarela, que en otra ocasión ya pinté. Es curioso cómo un mismo tema, incluso basado en una misma foto, puede dar lugar a resultados tan dispares. Aquí, un contraluz en el que se trataba de resaltar la luminosidad del fondo sin llegar a oscurecer demasiado la parte de los árboles que nos dan la cara a nosotros y la espalda al sol. Licencias del artista, como es dejarlos más claros de lo que eran en ese momento. Las hojas contra el sol se prensentan sueltas, puntos aislados, incluso simples salpicados. Pierden estas hojas y algunas ramas su forma y casi su color, muy desvaído, incluso en el fondo se deja brillar más el blanco del papel que el azul del cielo y el ocre del suelo.
   El problema de estos temas con tanta vegetación es tratar de no hacer un catálogo de Tintanlux, con cuarenta verdes distintos. Como se ha usado un azul, cerúlero en este caso, con él y un amarillo tenemos que tratar de valernos para los verdes preponderantes. Añadiendo a la mezcla un poco de índigo, siena o azul turquesa sacamos muchos verdes armoniosos. Luego se ha recurrido al verde de jade de Daniel Smith, solo o mezclado, para los verdes más intensos y por dar algo de variedad sin pasarnos.
   Tanto la anterior como las dos siguientes acuarelas se hacen sobre un papel de Fabriano Studio con un grano medio. Muy similar al Canson Montval.
   Casi monocromáticos, estos dos trabajos tratan de pintar un bosque, jugando con los distintos planos de los árboles. El primero con azul de lapislázuli y lunar black, el segundo con tintas marrón y negra.
   Un divertimento otoñal, de una foto vista por ahí. Cielo de lapis, montañas lejanas con índigo y Prusia muy diluido, ocres y un rojo oscuro, o Madder Lake, carmín de alizarina o similar. Verdes dos, el sap green, siempre fresco y jugoso y el verde de jade oscurecidos a veces con sodalita, un azul oscuro tipo índigo, aunque con mucho grano, o aclarados con el ocre dorado.
   Otoño, agua, ramas blancas dejadas sin pintar, ocres, rojizos (hematite o Venezia) y río Júcar en un paraje cerca de Albacete.
    Sobre papell satinado de Saunders Waterford, un pino con las raíces al aire, sujetándose como puede en una ladera del monte por Bienservida, en Albacete. Se ha jugado con las intensidades y los tonos para sugerir la lejanía del fondo contrastando con el detalle y nitidez del primera plano. Los colores cálidos de una y otra zona contribuyen a reforzar el efecto, acercando las raíces por color y nitidez. 
      Normalmente uso ese sello para los dibujos en cuaderno, pero veo que en la acuarela no queda mal.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Acuarelas. Provincia de Albacete


    En esta época parece que toca vivir de las rentas fotográficas del verano, pendiente de que los árboles se decidan por fin a echar mano del vestuario otoñal, aún en el armario. En algunas zonas ya están en todo su esplendor; en otras las hojas se resisten a amarillear antes de caer. Habrá que hacer otra expedición fotográfica y tomar fotos y apuntes de estos cambios, que duran poco.
    Estas acuarelas, de Alpera y de otras zonas de la provincia de Albacete, se hacen con los materiales de costumbre, aunque ha habido algunas incorporaciones. Especialmente unos pigmentos nuevos de Kremer y de Daniel Smith, ampliando una paleta ya excesivamente surtida. Los azules de Kremer son bastante inusuales, con una gama de cobaltos y ultramar, claros y oscuros, que se apartan del tono que esos nombres ofrecen habitualmente. 
   La primera acuarela es por la entrada a Alpera, la vega desde la carretera de Carcelén y Alatoz, en un día de lluvias de este pasado agosto. La siguiente, un pastor apacentando uno de los pocos rebaños que aún se pueden ver por estas zonas donde antes tanto abundaban. Cerca de Tobillos, aldea de Alpera, en Albacete. Levantando el polvo en busca de la poca hierba que había en agosto junto a un bancal en barbecho. Al pastor, le acompaña Calcetines, su perro negro con manos blancas.
   La polsaguera que llevan "cara alante" las ovejas se hace eliminando el pigmento con el pincel y un pañuelo de papel mientras está húmedo, como es obvio. Las piedras del primer plano, aprovechando los huecos que dejan las pinceladas rápidas con un pincel grueso de petit gris no demasiado cargado de agua. Luego se le añade un trazo sugiriendo la sombra en algunos de estos puntos que quedan con el blanco del papel. Ahora que la veo terminada veo que no caí en incluir en el cielo un águila que sobrevolaba la escena. Aparece en varias fotos de las que hice ese día por la zona. A tiempo estamos.
 

    También es nuevo para mi el pigmento Smalt de Daniel Smith, que había comprado para compararlo con el lapislázuli. Son los dos pigmentos más caros que utilizo. Su base son cristales de potasio coloreados por el óxido de cobalto, finamente molturados. Deja mucho sedimento, es bastante cubriente y, cuando seca, aflora ese azul agrisado que mezcla muy bien con otros colores. Difícil de usar si no se diluye con mucha agua, igual que el lapislázuli, pues deja poco margen a modificaciones. Una vez aplicado, mejor no volver a pasar el pincel poe encima, pues quedaría su rastro que lo estropea todo. Si se acierta, es transparente en los baños diluidos, cubriente y muy visible en las zonas en que se posa y sedimenta si el papel está inclinado. Esto se ve bien en las dos siguientes acuarelas.
   En esta acuarela hemos jugado mucho con ese pigmento, dando las sombras con él. Tenía pensado utilizar un índigo para reforzar las zonas de sombra más intensas, pero me gustó así y así quedó. En este caso, la fotografía no recoge adecuadamente el efecto que se puede ver sobre el papel, pues ese azul es especialmente sugerente. Hay que tener en cuenta que, como otros pigmentos de Daniel Smith, es un mineral cristalizado, con lo que produce brillos y reflejos, como la amatista, sugilite, y otros pìgmentos de esta marca.
   Los verdes, son tierras de Kremer, bastante suaves y poco cubrientes. En algunas zonas se ha recurrido al verde de perileno o de jade de Daniel Smith, mucho más rotundos y cubrientes, por lo que necesitan mucha agua.

    Desde hace muchos años, me asombra pensar cuántos ya, nunca he dejado de parar en esa curva cuando voy a Riópar. La Fuente de la Plata. Para beber y, si es verano, mojarme la cara, el pelo y los brazos con ese agua cristalina y helada que nunca deja de manar por los caños de la fuente. Si se mira detrás de ella, se ve el lugar donde se va remansando conforme aflora y cae filtrada por los farallones de caliza de varios cientos de metros que hay arriba, entre pinos, romeros e higueras. Estamos muy cerca del Calar del Mundo, un lugar mágico. Tenía ganas de pintar el lugar a partir de una foto del verano pasado, en un momento en que la luz proporciona buenas sombras y brillos. Aunque tenga encima de la mesa varias cajas de acuarelas y docenas de tubos en una caja, en realidad se ha resuelto con 5 colores. Es como la cocina, no hay que usar todo lo que hay en la despensa en cada guiso que se prepara, pero ayuda mucho tener donde elegir.
   La de la foto siguiente es otra fuente que hay unos metros antes, pues por toda la pared de piedra mana el agua que se canaliza por esos caños. Desde allí se hizo la foto de la acuarela. No deja de asombrarme ver esas fuentes llenas de cabelleras de Venus, (Adiantum capillus-veneris), ese helecho delicado de hojas tiernas y tallos finos y brillantes, que sobrevive a la intemperie en estos lugares requemados por el sol en verano o rodeados de hielos en invierno y que en casa duran tan poco aunque les pongas música de Mozart y los riegues con agua de Lanjarón. Desde luego, siempre prosperan en paredes húmedas donde nacen aguas limpias y frescas. 

 
   El árbol siguiente, en realidad son dos. Se trata delo pino-roble de Pañascosa, en la provincia de Albacete. Un pino que ha arraigado y crecido dentro del tronco de un roble, hasta que termine con él, que en ello está. En la naturaleza también son frecuentes los casos de ingratitud. Parece ser que llevan juntos algún siglo y que no es caso único. En otoño, cuando las hojas del roble cambien de color aún debe de estar más vistoso. Como queda a la orilla de la carretera, tengo varias fotos de este portento. Casi todas las acuarelas de esta entrada están pintadas sobre Garzapapel. Esta se hace sobre Fabriano Studio grano fino de 300 gr. utilizando azules de Kremer y verdes de Daniel Smith.
   Por último, una foto con algunas de las cajas de acuarelas con los pigmentos de que hablo con tanta frecuencia. Schmincke, Daniel Smith, Kremer y algunos godets con colores de Rembrandt. También los pinceles que estoy utilizando últimamente, dos de petit gris y uno de marta de Escoda. Del 10 y del 12. Para estos tamaños, de 21 x 30 van muy bien.

domingo, 30 de noviembre de 2014

ÁRBOLES: Tintas, bistre, nogalina y acuarela


   En esta entrada, que debería haber titulado "las tintas de mis amigos", los dos primeros dibujos están hechos con bistre, de una muestra que me envió mi amigo Esteban Romay del que él elabora con los pigmentos de Kremer. Como el medio es goma laca, con las finas plumillas puede dar ciertos problemas al secarse y atascar la punta. Hay que limpiarla a menudo para que vuelva a fluir. Pero merece la pena. Las líneas quedan nítidas, brillantes, en relieve. Los baños, ya disueltos en agua ofrecen un tono maravilloso, cálido, austero, diferente a cualquier otra cosa. Si acaso la tinta china puede comportarse de forma parecida.
   Seca rápido, se funde en húmedo si se aplica rápidamente sobre la capa anterior. Una vez seco es transparente con las capas inferiores y las zonas aplicadas quedan a veces nítidamente resaltadas por un cerco en sus bordes. Estas características son las que hay que aprovechar para intentar sacar partido a este bistre.

   Sobre el bistre podemos encontrar información, aunque menos que de otras tintas y pigmentos. Se ha llamado bistre a distintas cosas, a veces simplemente a cualquier tinta que tuviera ese color marrón oscuro e intenso. Siempre se nos dirá que se fabrica a partir del hollín obtenido quemando algunos tipos de madera, cuyas cenizas contienen alquitrán, hollín y resina.. Se le conoce también como laca parda, marrón de hollín, y se nos dice que puede obtenerse a partir del lignito, como el pardo Van Dick o el pardo de Cassel, llamado también pardo de Colonia por extraerse allí el lignito del que se obtenía el pigmento. También en Turinga y Sajonia. Se usaban estos últimos mezclados con aceite para pintura al óleo, dando unos tonos tran atractivos como poco duraderos, o si lo eran, acababan oscureciendo los colores que se les habían superpuesto. Por eso se buscaron otros sustitutos. 
    En "Los materiales de pintura y su uso en el arte", de Max Doemer, de Editorial Reverté, en las páginas 79 y siguientes se nos ilustra sobre el origen y características de estos y otros pigmentos pardos, sombras, ocres, sepias, como en otros lugares del libro se hace con los demás colores. Capítulo aparte merece el Mummy brown, marrón de momia, elaborado a partir de auténticas momias embalsamadas durante milenios, por lo que se le conocía como marrón egipcio. Lo más parecido que se puede obtener en la actualidad, se conoce con el alegre nombre de Caput Mortuum, con que los romanos llamaban el color de la sangre seca de los muertos. Asombra saber que hermosos cuadros han sido pintados con sustancias repugnantes, si no perversas. Sobre estos pigmentos, su origen, uso, elaboración y características habrá que tratar en otra entrada, aunque con ciencia de segunda mano, leída, que no probada, pues afortunadamente algunos de estos colores no se encuentran hoy en día en el mercado.
   En el dibujo anterior se aplicaron unas reservas con líquido enmascarador para salvar el blanco de las flores sin perder la vista. El resto, más pincel que plumilla para aplicar el bistre, en baños disueltos o tal cual es.
   El siguiente dibujo muestra un fracasado experimento de fabricar una tinta con el color deseado mediante la mezcla de tintas comerciales de diversos colores: Coffee brown de Montblanc, Ambre de Herbin y negro de carbón de Platinum. La tinta que como café se vende, da un color granate francamente horrible cuando se diluye. Se intentó calentar ese tono con el naranja amarillento de Herbin y oscurecerlo con el negro, con el penoso resultado que se muestra. Además, después de utilizar el bistre, estas tintas resultan algo muy diferente. Y peor. Más cómodas, pero menos consistentes. Las tintas, hechas para la estilográfica, suelen desilusionar bastante cuando son disueltas en aguas y aparecen matices que estaban agazapados en el frasco para desvirtuar lo que hacemos, o queremos hacer. Quede este árbol de muestra.


   Mucho mejor la nogalina, en este caso en cristales que me regaló mi amigo José García. Tiene un tono distinto del bistre, menos espeso y reluciente, pero agradable y consistente. Las capas superpuestas funcionan de maravilla, con plumilla se aplica sin problemas y, como el medio disolvente es agua, podemos obtener la intensidad y espesor adecuados para cada ocasión. El dibujo se hizo sobre una foto propia de un paraje cercano a Peñascosa, en Albacete, con un árbol al lado de un peñasco que tiene una fuente. Encantador lugar.
    La siguiente foto, basada en una foto propia de las dunas del Pinet en la Marina de Alicante, es un dibujo realizado con tinta artesana de palo Campeche de mi amigo Carlos María Sánchez. Maravillosa para escribir o dibujos de línea, muy difícil para baños. Cuando se aplica, como todas las ferrogálicas, tiene un tono transparente, marrón en este caso. A loos pocos minutos empieza a oxidarse y a ganar intensidad. Prácticametne se vuelve negra, de un negro cálido e intenso. Como esto va ocurriendo poco a poco, nunca sabes cómo va a quedar exactamente. Ni exactamente ni por aproximación. Incluso muy diluida, cuando crees que has pintado con agua casi limpia, va oscureciéndose en zonas que deberían quedar mas claras. Por eso es muy difícil matizar los tonos con estas tintas, que una persona más razonable que yo reservaría para dibujos a plumilla, con líneas, tramas y detalles dibujados no pintados con pincel. Pero todo hay que probarlo. Al final se consiguen cosas inesperadas. O no se consigue nada, pero hay que probar.
    De una foto, en este caso ajena, hice el siguiente dibujo con tintas comerciales, las que se muestran después del dibujo: Lie de Thé y Ambre de Herbín y azul Quink de Parker. Con pocos colores se consigue una armonía de tonos que más adiciones van comprometiendo. Se mojó el papel con un pincel ancho antes de aplicar muy diluidas las tintas del fondo, que se funden bien, aunque algo más difíciles de controlar que la acuarela. en cuanto a transparencia nada tienen que envidiarle.



   Las dos últimas son dos acuarelas, una inspirada en un dibujo a grafito de Denis Chernov, maravilloso dibujante de árboles, figuras y cualquier tema que se propone, al que se ha quitado la nieve que presentaba el árbol en su dibujo. Se ha usado Siena tostada, pardo Van Dick y azul ultramar francés de Rembrandt. La otra una vista del cámping de Peñascosa, en cuyo comedor y al lado de la chimenea, hicimos los honores a un arroz caldoso hace unos días, mientras llovía fuera.