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sábado, 29 de noviembre de 2025

Noviembre 2025

 

   Una acuarela de una escena de Pontones (Jaén), a partir de una foto en blanco y negro. Ayudaba mucho ese muro en diagonal.

Dos dibujos con tintas, estilográficas o rotuladores, terminados con unas aguadas de esas mismas tintas. Últimamente ando desempolvando lapiceros, carbones y tintas y haciendo probaturas.
Dos versiones, dos acuarelas de un mismo asunto, un eucaliptus. Dos papeles distintos, pigmentos diferentes y otros estados de ánimo.

Por Peñascosa, en Albacete. Un árbol en otoño con las hojas movidas por el viento.

jueves, 30 de octubre de 2025

Octubre 2025. Dibujos y acuarelas


Otoño. Algunas salidas a los montes cercanos a Albacete. Bogarra, Paterna del Madera, Peñascosa... Ya están los ocres y amarillos puestos en los árboles y toca sacar los cadmios y las quinacridonas a escena. Fotos y dibujos a botepronto, para luego pintar en casa. De todas formas, tenemos ya un archivo más que sobrado para inspirarnos. De forma que quedan algunos dibujos con rotuladores, con lápices o con pluma estilográfica, con tinta marrón o negra.

   Luego, en casa, se hacen otros con mas calma. En este caso un viejo cerezo con álamos, chopos y pinos al fondo.
   Muchas encinas y nogueras, que ahora los frutales andan escondidos y solo se les ve cuando echan la flor en primavera. Con los robles ocurre al revés y es ahora cuando ves que hay más de los que creías, desperdigados con sus tonos marrones rojizos del otoño. Aunque lo que más brilla es la gama de amarillos, naranjas y ocres, poniendo fondo a estos árboles más serios y recatados. En otras zonas de estas sierras hay algunos arces, que por aquí no se dan a vistas para aportar sus rojos y granates.


Como decía, algunos dibujos con lápices, de grafito o de colores. De vez en cuando escarbamos en los cajones y le quitamos el polvo a tesoros escondidos, a veces desde hace ya muchos años. No es rara la sorpresa de dar con algunas cosas olvidadas, que es lo que tiene el bendito vicio de acumular maravillas de estas.



 

jueves, 9 de diciembre de 2021

Dibujos a tinta


    En esta entrada, algunos dibujos con tintas. Estilográfica, pincel de agua usado unas pocas veces para extender la tinta de algunos trazos y otro de esos pinceles rotulador cargado con tinta china. Los cuatro son árboles, aunque se han trabajado de formas muy diferentes.
   En el primero de ellos se ha explotado la gestualidad del pincel del rotulador con tinta china, afiladísimo, que ofrece esos trazos de grosor variable similares a la plumilla flexible, aunque capaz de dar brochazos de más anchura y rotundidad. Si se dan con el pincel paralelo al papel y de forma rápida, se realta la textura del papel, tintado solo en las partes altas del grano, como se ha hecho en el segundo dibujo. Luego se han dado las sombras del fondo con tramas de rayitas entrecruzadas. Los trazos con el pincel han ido siguiendo las formas curvas del tronco, sugiriendo el volumen. Queda casi como un grabado.

   En este tercer dibujo se ha diluido la tinta con mucha agua para sacar esos grises no presentes en los dos anteriores. Unos toques con rotulador blanco para terminar.
   Este último lleva dos tintaa: Una marrón oscuro con una estilográfica de tajo flexible, casi como una plumilla, la Namiki Falcon de Pilot. Luego unos trazos con el pincel de tinta china, finísimos y también variables en su grosor. Y eso es todo.



domingo, 14 de noviembre de 2021

Dibujos y acuarelas - Noviembre 2021

 
   Entre las circunstancias que aconsejan salir menos, especialmente a encuentros de numerosa asistencia, y la necesidad de organizar biblioteca y materiales, poco hemos dibujado y pintado últimamente. A menudo pinto en casa, especialmente las acuarelas, más si son de formato medio o grande. Pero casi siempre a partir de fotos propias, de esas que se hacen en unas salidas y viajes tan poco frecuentes ahora. Echamos mano de archivo. Como en ese primer dibujo acuarelado apartir de una fotografía de un olivo del amigo Enric Serra Vilar.

   Esta acuarela es un paisaje de bosque otoñal en parte inventado, tomando de aquí y de allí, de varias fotos y dejándome llevar por los amarillos y anaranjados. Cadmios, sienas y gamboge. Sobre un papel de Clairefontaine que funciona bien, y que es bastante más barato que otros que suelo utilizar.
   Un dibujo de un olivo con estilográfica, rotulador blanco y pincel de agua, sobre ese mismo papel. Ese color de la tinta resulta de cargar la estilográfica con tinta azul sin limpiar la marrón siena que aún le quedaba. Sale un color entre nogal y bistre, que irá azulándose cuanto más dibuje.
La siguiente es otro dibujo de olivo con estilográficas y pincel de agua. Dos tintas: Brown de Online y Oyster Grey de Montblanc.
   Y, por último, un dibujo de una montaña con pluma estilográfica, una Namiki de plástico con plumín para manga, que se vende como plumilla "G". Ellos deben saber cómo son esas plumillas, mucho más flexibles que esta, que parece de roca, pero, al parecer, así venden más. No va mal, pero no es lo que se anuncia.

domingo, 1 de agosto de 2021

Julio 2021: Dibujos y acuarelas

   Desde finales de junio hasta ahora he ido haciendo cosas diferentes. Unas en casa, otras en alguna salida, aquí en las cercanías de albacete o a Benidorm o Mojácar, en Almería. En cuaderno, como estas o acuarelas en formato mayor. Si estoy en casa a veces recurro a pastillas de tinta china y plumillas, si estoy fuera, estilográfica (Namiki Falcon flexible, en este caso). Luego en casa les doy sombras, diluyendo algo de tinta china, si no usé pincel de agua en su momento, si había tiempo y comodidad para hacerlo.
   
El anterior dibujo acuarelado, dibujado en los Pinares del Júcar, en las cercanías de Albacete, luego acuarelado en casa, que fuera hace mucho calor.
   La siguiente es una acuarela sobre unos árboles otoñales, probando un nuevo líquido enmascarador, más fluido y manejable, de Liquitex. 

   Unos días en Mojácar, en Almería, en la misma orilla de la playa, antes de que empiece a hacer calor en serio y de que todo se llene de gente, aunque en Almería no suele ocurrir. Dibujando desde la terraza del apartamento, a unos metros del mar.
   Con acuarela o con grafito, desde el mismo lugar, también en cuaderno. El cuaderno es de Hahnemülhe, formato cuadrado, 195x195 mm, papel de 140 gramos.
Unos bocetros en acuarela del movimiento de las olas, dibujados desde el mismo sitio que los anteriores. Papeles de acuarela distintos, satinados y de grado medio.
Un dibujo de paisaje imaginario con grafito y algunos toques de acurela:
   Una acuarela del entorno del Viso del Marqués.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Valencia. Encuentro virtual de Ladrones de Cuadernos.


    Por estas fechas y desde hace muchos años, el grupo de dibujantes urbanos (y rurales) de Ladrones de Cuadernos, nos reunimos en artñístico concilio para dibujar todo lo que se pone a tiro, charlar y degustar los productos de la zona y algunos de fuera de ella. Este año está la cosa cruda por las virulencias y los obligados retiros. No se compadece la situación con nuestra forma de relacionarnos y, a falta de abrazos, tertulias, cercanías y la unión fraternal en el refectorio o en algñun antro de perdición, no merece la pena convocar junta si hay que mantener distancias y comparecer embozados. Como ocurrió con el encuentro en elche al que comparecemos invitados por nuestros colegas de Cuadernos Viajeros, pasamnos a un encuentro virtual, es decir, cada uno o cada una dibuja en su cuaderno en su casa o donde le venga bien, en la soledad del claustro o en el campo, si le es posible.
   El lugar elegido en esta ocasión era Valencia y la Albufera. Antes fueron El Escorial, Tarazona y el monasterio de Veruela, Huesca, Sigüenza, Elche, y otros lugares. Como puede verse siempre buenos sitios. La compañía, desgraciadamente, no puede verse, pero es a juego con los lugares de cita, incluso mejor.

   Como Valencia nos pilla cerca y suele además ser zona de paso hacia otros lugares, es ciudad muy conocida y su entorno visitado con cierta frecuencia. Gracias a eso no han faltado fotos para inspirar dibujos y acuarelas sobre esta ciudad maravillosa. Todos los dibujos están hechos sobre un cuaderno de papel kraft, marrón, con estilográfica cargada con tintas variadas, casi siempre marrón o negra. Unas veces se coloresa con acuarela, otras con lápices, sin olvidar el blanco que tanto juego da con los papeles tintados.

    No es lo mismo que dibujar rodeado de lo que estás pintando y de buena gente, pero a la fuerza ahorcan. Al ser las fotos propias, cierto es que cuando una foto se hizo es porque algo vimos en el lugar, de alguna forma ya estábamos pensando que eso se podría pintar, incluso a veces el encuadre ya quedó hecho. Hay sitios tan hermosos que es dificil equivocarse, donde hay mil y un parajes, monumentos, recodos, árboles o temas que pintar. De hecho lo que ha costado es parar, decir que ya había suficientes, pues en esos encuentros en carne mortal tampoco suelo hacer más, prefiero dedicar el tiempo a conversar ante un café o un pacharán, que es lo que ahora echo en falta. Y me refiero a mis amigos y mis amigas, porque si no están no apetece tomarse el pacharán.
    Bueno, aquí están los dibujos de este encuentro virtual, hechos a ratos en tres o cuatro días y esperando ver los de el resto de la congregación, uno de los placeres de los encuentros reales.



martes, 8 de octubre de 2019

VI Encuentro de "Ladrones de Cuadernos" en El Escorial

    Organizado por Ana Grasset, nos dimos cita en El Escorial un grupo numeroso de cuadernistas, muchos ya habituales en encuentros previos, lo que suma a la belleza del lugar el placer de los reencuentros con buenos amigos. Seguramente eso es lo esencial de estos akelarres pictóricos, en los que no falta la tertulia, la gastronomía, el aprendizaje ni el afecto, cosa evidente en algunas de las fotos. ¡Cómo no te voy a querer, Joshemari!
    Como este grupo de Ladrones de Cuadernos, al que se le unen muchos amigos de Cuadernos Viajeros de Elche y de otros grupos de dibujantes en cuaderno y acuarelistas, está formado por gentes variopintas y valdemoras de muchos lugares de España, es normal que no todos puedan acudir, como a mí me pasó en el de Huesca, único al que no pude asistir. Y bien que lo sentí. Pero sí estuve en los de Cuenca, Tarazona-Veruela, Elche y Sigüenza. Esperemos el siguiente, aunque aún no se ponen de acuerdo los científicos acerca del lugar más conveniente. Si no ocurre nada, en Elche, como todos los años, nos volveremos a ver. ¡Calamares, temblad!
   Conseguí terminar otro cuaderno, cosa rara, pues muchos tengo a medio, con un dibujo o con dos, de todos los colores y tamaños, que más me gusta comprarlos que tiempo tengo para llenarlos. Dibujos con tintas, estilográficas y pincel de agua, a veces acuarelados, y otros con lápices o rotuladores sobre cuaderno Canson de papel negro oscuro.
   Aunque hay demasiadas cosas y lugares para ver, es imposible en tan poco tiempo visitar tanta maravilla. Una que no quería dejar de disfrutar era la biblioteca del monasterio, acercar las narices a dos dedos de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, el Libro del Ajedrez y el de la Montería, entre los miles de joyas que allí se atesoran. Una gozada. Me dio tiempo a hacer dos dibujos de esa hermosísima biblioteca, uno de ellos sentado en el sillón cedido por una amable funcionaria de los servicios de vigilancia de la sala. Además se tomó la molestia de ir a buscar el sello en seco del bibliotecario, para imponerlo en las hojas de mi cuaderno. Un lujo y una comodidad que agradezco desde aquí, pues es la amabilidad un bien escaso que nunca hay que dejar de resaltar. Mucho tienen que aprender otros vigilantes de palacios, castillos y fortalezas que creen estar defendiendo de atacantes hostiles en lugar de limitarse a hacer agradable la visita de turistas y estudiosos, sin renunciar a la seguridad y al respeto a las normas del establecimiento, que una cosa no quita la otra. No se me olvida un vigilante de un elevado castillo de la costa levantina que me trató como si fuera un corsario de Túnez en el siglo XVI. Un bárbaro este señor, haciendo juego con el nombre de la fortaleza.

El hotel estaba justo enfrente del Monasterio y desde su balcón se veía hermoso por la mañana temprano o ya de noche, al retirarnos a nuestras habitaciones que dirían los primeros nobles habitantes de estas casonas antañonas y palacetes que ahora se alquilan al vulgo. 

    Con estilográfica y pincel de agua mojado en el tajo, dibujo a don Crispín, la estatua del personaje de don Jacinto Benavente a cuya espalda nos refugiamos de un aguacero imprevisto, acogidos en un café atendido por un profesional no menos amable que la bibliotecaria, que llevó sus mimos hasta el nivel inaudito de ir a comprar otra botella de pacharán cuando la peña había dado fin a las existencias. No está mal contarlo pues no es norma general, que hubo quien nos dio veinte minutos, ni uno más ni uno menos, para tomarnos una copa en otro garito, justo hasta las doce, como a Cenicienta. Nadie perdió el zapato de cristal pero pudo atragantarse con el gintonic. Al comer en esa otra hermosa plaza al día siguiente, reconociendo al de las prisas, buscamos otro lugar con menos urgencias, que el cliente, como el dinero, vota con los pies.


   Ana Grasset, para cuya afectuosa amabilidad no hay palabras, nos llevó en su coche a visitar las casitas del príncipe Carlos y del Infante don Julián, en las cercanías del monasterio, lejanías para mí, dado el penoso estado de mi esqueleto, ese antepasado que llevamos dentro en palabras de Umbral.  Me ha salido respondón ese pariente interno que debía sostenerme él a mí, que no yo a él, como es el caso. Allí hay otra clase de monumentos que no me gustan menos que los de piedra. Sequoias y cedros del Líbano, ya creciditos, que no tuvimos más remedio que llevarnos dibujados en los cuadernos. Sabían vivir estos señores de la corte, la verdad sea dicha. Habría mucho que hablar acerca del origen de tal solvencia, del derroche real y eclesiástico que contrastaba de forma infame con una mayoría de súbditos, de los cuales muchos malvivían cerca de este lujo. Como hoy no toca hablar de ese espinoso tema, nos quedamos con que, al menos, no se lo gastaron todo en guerras dinásticas, banquetes y joyas, dejando una infinidad de edificios, cuadros, estatuas y jardines que hoy podemos disfrutar todos. Otros reyes y  dirigentes no coronados ni mitrados, de variado pelaje, no dejaron ni eso. La Historia no es un libro de contabilidad, y de otros grandes imperios no queda ni con qué encender.
   El caso es que dibujamos algunos árboles hermosos, aunque antes de empezar a hacerlo ya sabíamos que era imposible trasladar al formato y tamaño de un cuaderno, ni de un lienzo más sobrado, la majestuosidad de estos ejemplares. Por su tamaño y por su estado se ve que se encuentran a gusto en estas tierras. Nosotros también. Volveremos.