domingo, 29 de julio de 2018

Olivos y otros árboles

   Como siempre, sigo pintando árboles. La mayor parte de ellos son ejemplares singulares que nunca dejo de visitar cuando se ponen a tiro en algún viaje. No es la primera vez que quedar a doscientos kilómetros se considera suficientemente a tiro. Cieza, Ricote, El Maestrazgo, la sierra del Segura o Cazorla, Villajoyosa, Daimiel... Algunos otros, los menos, recurro a alguna foto o reportaje en internet o en alguno de los libros que tengo sobre árboles catalogados, guías y otras fuentes.
    La rugosidad de sus cortezas, las formas retorcidas y caprichosas, los almendros o cerezos en flor, los olivos, pinos y encinas, siempre son excusa para trabajar las texturas, las sombras, los colores, las luces. Unas veces con acuarela o tintas, pluma estilográfica o rotuladores, últimamente con lápices, pasteles sobre papeles tintados, lo que permite fuertes contrastes al utilizar el blanco.
   En esta entrada va una mezcla de todo ello, dibujos y acuarelas, casi todos de este mes de julio que ahora termina, unos in situ, los menos, los más recurriendo al arsenal de fotos que tenemos almacenado para tiempos de sequía viajera.
Árbol, montaña y nubes. Nogalina y lápiz blanco

Algarrobo de Guadalest (Alicanrte)
Cielo y ramas a partir de una foto del amigo Vilaboa, desde Galicia.

Un olivo de Cieza

Olivera gorda de Ricote, en Murcia.
Olivo centenario de Cieza.
Olivo centenario de Cieza
Olivo de Daimiel
Olivera de Villajoyosa, en Alicante
Taray de Las Tablas de Daimiel

viernes, 27 de julio de 2018

Dibujos en papeles tintados. Árboles, flores y barbas.

 Últimamente estoy haciendo probaturas con papeles tintados. Un bloc de papel marron, papeles kraft verdes, azules, amarillos... Pendiente está el papel Canson negro que he comprado en bloc. Empecé con estilográfica cargada con tinta indeleble negra o marrón y sacando algunas luces con un lápiz blanco o rotulador. De ahí pasé a buscar en los cajones cajas de lapiceros de color que hace muchos años que no usaba. Los hay acuarelables de Conté, lápiz pastel de la misma marca y dos cajas de Poychromos de Faber-Castell. Una de ellas una gama de 12 del blanco al gris; otra un arcoiris de 36 colores
    Como de una cosa se va pasando a otra, recordé un plumier lleno de lápices de Conté y Pitt de Faber Castell,  un lote de sanguinas, sepia, negros y blanco, completado con algún otro lapicero blanco graso, de esos que dibujan en cualquier sueprficie. Al final es el que más he usado. También los he encontrado en barritas. Ya ni recuerdo cuándo compré estas cosas.
    Aqui se ven algunos de esos materiales y el bloc de papel marrón, donde se han hecho casi todos los dibujos de esta entrada.
   Aqui, para este jarrón con flores, se ha usado algo de acuarela, aunque hay mucho trabajo con el lápiz. Buscando lápices encontré algunos bastante antiguos que compré en un rastro. Lápices copiativos, de esos que se mojaban con la lengua para marcar bien, en violeta y un rojo oscuro, borgoña. Como lleva toques de témpera blanca también, se ha mezclado a veces con la acuarela ultramar que usé en el jarrón. Los verdes también de acuarela.
   Papel kraft verde. Dibujo con lápices de colores, blanco entre ellos.
   Acuarela, témpera blanca y lapicero blanco.
   Lápiz carbón, sanguina, sepia y blanco sobre el consabido papel marrón.
   Probatura con lápices pastel de Conté. Quería aplicar una técnica que muchas vevces he utilizado dibujando con grafito. Se trata de grabar unas rayas en el papel, presionando ligeramente con algo afilado pero que no corte. En este caso fue con una capucha de boli Bic, lógicamente no con el extremo romo, sino con el trozo que hace de clip. Al dibujar por encima de esas hendiduras en el papel no toman el color, quedan del tono del fondo. Muy dulzón y relamido ha quedado, pero lo que se quería probar funciona.
    Un taray de las Tablas de Daimiel con estilográfica, lápices acuarelables verde y siena claro y trazos con el lápiz blanco en fondo y luces.

sábado, 30 de junio de 2018

Alpera. Concurso Pintura Rápida


    El pasado 28 de abril estuve en Alpera en un concurso de pintura rápida. No gané ningún premio, entre otros muchos motivos porque iba como parte del jurado. Coincidió con la presentación del libro sobre la historia de Alpera de mi amigo Rafa y pasamos allí unos días, cosa siempre agradable. Como es natural me llevé los apechusques de dibujar y la cámara de fotos. Hubo ocasión y tema para no parar de usar unas y otras cosas. También para ver a los amigos, charlar, saludar y abrazar a muchos antiguos alumnos, ya talluditos, comer, beber y pasar el mal trago de tener que decidir entre demasiados cuadros que merecían tener un premio.
    Siempre es difícil elegir entre tantas formas de ver y de hacer, de forma que hubo muchas deliberaciones hasta llegar a acuerdos que todos pudiésemos aceptar. Como siempre, sólo quedarían contentos los que ganaron los premios, generosos por cierto.
   El caso es que daba gloria ver las calles y las plazas, los rincones y los parajes de los alrededores llenos de caballetes plantados, bajo sombrillas que al final resultaron útiles cuando llovió. Y bien.
   En la plaza del Ayuntamiento es donde más pintores había. De forma que era buen sitio para pasar un rato entre recorrido y recorrido para ver cómo y qué pintaba el personal, tomarse una cerveza y, ya de paso, pintar a los pintores. Metapintarlos. En uno de los cuadernos ya tenía un dibujo de esa plaza, hecho desde el mismo sitio, que le tengo querencia a la barra. Aproveché la ocasión para terminarlo, que lo había sugerido a lápiz y lo rematé con estilográfica. Con un rotulador Pitt marrón hice otro igual, poblado esta vez de pintores.
   En los recorridos por los rincones y parajes en busca de pintores, a veces sin bajarme del coche, iba haciendo algunos dibujos en el cuaderno, bocetos rápidos que coloreaba después. Siempre hago una foto de lo que empiezo por lo que pueda pasar, que a veces pasa. Incluso pasan cosas que no pueden pasar.
    De algunos sólo me dió tiempo a hacer cuatro rayas; en otros me pude recrear más. Concluyo que además del tema, los materiales, el formato, la intención o la ciencia del pintor, la comodidad es un aspecto bastante influyente en el resultado final. Unas veces para bien, otras para mal, porque no siempre lo más acabado es mejor. Por lo menos no suele ser más sugerente.
    En otras ocasiones, escasas pero reales, dibujo en el cuaderno una imagen que se quedó en la cabeza en momentos en que no se puede ni siquiera empezar a dibujar. Como en el caso siguiente, un cielo lleno de nubes mientras voy conduciendo. En cuanto llego a un sitio más oportuno me pongo a ello, anrtes de olvidar qué quería uno contar con ese dibujo. Algunas veces tenemos las fotos, otras no. Algo así ha ocurrido en todos los siguientes dibujos, en cuaderno o en papeles sueltos.

martes, 19 de junio de 2018

Otros dibujos y acuarelas

   Se me amontona la faena. Van en esta enytrada algunos dibujos en cuaderno, pintados en las calles de Albacete, como estos dos primeros. Otros, en tintas o acuarela, a partir de fotos o insistiendo en pintar las macetas que tengo en la mesa, al lado de la ventana, o en el balcón.
El anterior dibujo acuarelado es un pino de la plaza del Ayuntamiento de Alpera, que otras veces he pintado como fondo de la fuente o en otros dibujos de esa plaza que he dibujado muchas veces y que me sé de memoria. Le sigue una prueba en papel de arroz, chino. Tengo ese papel desde hace tiempo, junto con tinta china en pastillas, líquida, pinceles chinos y demás, en espera de tiempo para meterme a fondo con esos materiales. Hay que cambiar la forma de trabajar y es algo que voy dejando.
   De unas fotos que guardo desde hace tienpo y que pinto de vez en cuando. Me gusta sobre todo porque una acuarela parecida fue el cartel de mi primera exposición.
   Unos dibujos rápidos mientras veo una pelicula en la tele. Con pluma estilográfica y pincel de agua o con rotuladores pincel de Faber Castell, que tengo casi inéditos, a pesar de su comodidad y posibilidades.


Acuarela - Paso a paso - Sacra Capilla El Salvador - Úbeda

   En esta entrada se muestran unas fotografías con distintos momentos de la pintura de una acuarela sobre la Sacra Capilla del Salvador, de Úbeda. Es un tema que he pintado varias veces. Una de ellas desde el coche en un día de lluvia, mojando el pincel en las gotas del espejo retrovisor. Esta vez, en casa, más cómodo y a partir de unas fotos.
   Se hace esta acuarela en una hoja completa de papel Arches de 56x75 cm, de grano fino. Los pigmentos utilizados son, en su mayoría de Daniel Smith, como es habitual, aunque el siena tostado es de Rembrandt. En realidad, todo se hace con cinco o seis colores, algunos para unos pocos detalles, como las banderas o las figuras.
   Me cuesta más hacer una buiena fotografía de este papel grande que la propia pintura- Veo que al no fotografiar con la cámara totalmente paralela al soporte salen las verticales algo deformadas, pero no me quiero meter a hacer arreglos con Photosop.
   Aquí se ven esos pasos, desde el dibujo inicial hasta el resultado final.



   Como digo, es un tema que he pintado varias veces. Vemos aquí otra de las acuarelas sobre esta hermosa iglesia de Úbeda.