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domingo, 31 de agosto de 2025

Dibujos y acuarelas agosto 2025

Dos dibujos con estilográfica y tintas o acuarela. El primero, con una pluma Jinhao de tajo curvo con tinta Platinum de registrador. La técnica usada ha sido ir mojando en agua el tajo para iniciar el dibujo, con trazos que quedan grises al diluir la tinta. Esta tinta da un gris cálido, mucho menos azulado que otras y, lo que es mejor, sin esos tonos de otras tintas negras que, al diluirse, van del morado al rojizo.

Según la posición del tajo, podemos hacer trazos de muy distintos grosores, ahora ya con la tinta negra sin diluir, tal como sale de la pluma. Mojando el pincel en el tajo y en agua, se va terminando el dibujo con una buena gama de grises. Luego, retoques finales en negro.

   Con esa misma tinta Platinum, indeleble, se hace el dibujo inicial que se colorea con acuarela cuando la tinta está seca. La estilográfica es una Namiki Falcon extrafina Flex, de Pilot Una joya.


   Y luego unas acuarelas con temas diferentes:


martes, 13 de abril de 2021

Dibujos en cuaderno abril 2021


   Con estos enclaustramientos y retiros, ya en el segundo año de la Peste, los cuadernos estaban bastante abandonados, porque se suelen llenar con los dibujos de viajes y salidas, ahora escasas. Aprovechando que va haciendo buen tiempo y para no dejar pasar la primavera de largo, salimos tres días seguidos a pueblos y lugares cercanos de Albacete, Cuenca y Ciudad Real: Villanueva de los Infantes, Sisante, Pozoamargo, Lagunas de Ruidera, Villalgordo del Júcar y otros parajes de la ruta.

    A Villanueva de los Infantes ya hemos ido muchísimas veces, y siempre merece la pena. En esta ocasión, esa plaza hermosísima estaba vacía. La hemos visto llena de gente, aunque ya hace muchos años que sin el ruido visual de los coches aparcados, afortunadamente, también ocupada por pintores con los caballetes desplegados para sus pinturas rápidas, con japoneses con sus cámaras y con paseantes o descansantes en las terrazas de los bares y restaurantes. Ahora las mesas y sombrillas de las terrazas se extienden y desparraman por la plaza, con poca gente para ocuparlas, que esos son los tiempos. Como siempre, aprovechamos para comprar queso y alguna botella de vino blanco, que es tierra de eso. Comemos (asadillo de pimientos y duelos y quebrantos, que tampoco hay que ser original) en una plaza con una fuente y una portada de las muchas que hay en Infantes. Muchos comercios, bares y garajes con escudo nobiliario en la fachada.
    Hacemosa un dibujo mientras nos traen la comida y otro más moroso en la plaza, tomando café. Copa no, que hay que conducir.
   La vuelta por las Lagunas de Ruidera, que están bien de agua, rebosantes, con caídas de agua de una a otra en su recorrido por Albacete y Ciudad Real, que las llevamos a medias. Muchas fotos y algún dibujo a lápiz en el cuaderno. Por cierto, este cuaderno de Paper Blanks se va terminando. Como llevo tantos en rueda, pocos acabados, veo que en él hay dibujos de los últimos siete años. AL pasar las hojas para llegar a las que quedan por llenar, vamos viendo desde el parque de la esquina de mi casa, Alicante, Frankfurt, Cohen, Colonia, varios encuentros de Elche, algunas visitas al Cisne, ese sitio de anticuarios, rastro, mercadillo y restaurantes entre Benidorm y Alfás del Pí, y otros muchos sitios. Ahora da gusto verlos y recordar, que para eso se hacen.

   Los dos días siguientes vamos a Sisante por la tarde. Poco más de media hora de viaje, pues está más cerca de Albacete que de Cuenca. Nos traemos miel y otro poco vino de Pozoamargo, vemos los almendros viejos y poderosos, llenos de hojas y frutos, y los olivos quemados, muertos, helados por las nevadas de la Filomena. Y los vamos viendo así, marrones, resecos, desde ayer, en algunas zonas de Ciudad Real y de Albacete, cerca de la Roda. Una pena.


Es Sisante un pueblo tranquilo, no sé si porque llegamos a la hora del café. Muchas fachadas interesantes, iglesias, conventos, la plaza del ayuntamiento, todo cuidado y en orden de revista. Algunos edificios antañones, algo destartalados, contrastan con el cuidado de todo lo demás. Abandonados por sus dueños que seguramente no vivirán aquí. Preguntamos. Eso fue cárfcel en la guerra, noi se ha usaso mucho desde entonces. Como da el sol en su puerta, mesas y sillas del bar de enfrente se han mudado allí para el café y la tertulia. Si uno afina la oreja pasa un buen rato escuchando comentar la actualidad política con una sabiduría, una retranca y una lejanía  que hace cordiales los desacuerdos. Mucho que aprender tendrían muchos, empezando por los tertulianos de los medios. Si retransmitieran una de estas charletas entre amigos de toda la vida, de ideas políticas opuestas que confrontan con ironía y puyas amables, aumentarían las audiencias. ¿De qué te quejas, que te han pagado la máquina del oxígeno? Y a tí buenas ayudas por quitar o poner viñas. Yo lo que digo es que van a provocar. Vaya, hombre, a ver si unos y otros no van a poder ir a dar mítines a donde quieran, faltaría más. Escuchamos, tomamos otro cortado y dibujamos la fachada y el debate.
    Las podas de los árboles, les hacen cabezones en las ramas principales, y de esos engrosamientos salen multitud de ramas que ya están llenas de hojas, soltando semillas para cabreo del dueño del bar que no para de quitarlas de las mesas y barrerlas del suelo. Tendrían que poner árboles de plástico, más limpios y educados.


Desde allí vamos a Villalgordo del Júcar, al puente, un paraje muiy hermoso, a ver pasar el agua que ahora lleva bastante y a los patos y otras aves nadar, meter la cabeza para merendar y limpiarse el plumaje retorciendo los cuellos. Muy entretenido verlos. De paso los dibujamos.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Dibujos con pluma o rotulador. Febrero 2019


   En esta entrada aparecen algunos dibujos de árboles realizados con pluma estilográfica, rotulador calibrado o bolígrafo. En el primero de ellos, una rama de encina, se recurre al tradicional sistema de hacer tramas de líneas entrecruzadas para conseguir volumen por niveles de gris. Se procura que parte de estas líneas vayan modelando la curvatura del árbol, su rugosidad y la dirección de las estrías que produce el crecimiento en su corteza. Esas líneas van sugiriendo la textura y la forma de cada rama. Se trata de seguir el esquema de crecimiento del árbol, el punto en que nacen nuevas ramas, su curvatura, intentando resaltar por escorzo la zona cercana y la lejanía. Las jojas de las encinas son diferentes en la parte superior que las más bajas, pues estas últimas se curvan y hacen más ásperas, pinchan, evitando que sea más difícil que los animales las coman.
   El dibujo anterior, un madroño viejo, que ha sido podado varias veces, siguiendo el mismo sistema que en el dibujo anterior. Las hojas se han dibujado siguiendo un cierto patrón, detalléndolas más que en algunos otros dibujos en los que solamente se sugieren.
   Este olivo, sobre un papel cuadriculado, se hace con pluma estilográfica. Había estado cargada con tinta azul pero se ha recargado con un cartucho marrón, de forma que el color va cambiando del azul a este tono azul oscuro, agrisado. Las ramas se dibujan con líneas más o menos paralelas siguiendo la dirección de crecimiento. Se añaden otras para intensificar las sombras, intentando modelar la curvatura de las ramas y del tronco. Se dibujan hojas y aceitunas sin intentar llenarlo todo de ellas, incluso tramando algunas zonas más espesas y oscuras.
   Mismo papel y misma tinta para el dibujo anterior y el siguiente. Un macetero con pensamientos con un colgador de macramé. Lo he dibujado muchas veces, como acuarela o dibujo de línea. Cada una de esas cosas existe por separado, el colgador, los pensamientos y una maceta de cerámica similar, aunque es en el dibujo donde se juntan. La estilográfica es una antigua Inoxcrom que había afilado con piedra de Arkansas. Por presión las líneas aumentan su grosor e intensidad, aunque mucho menos que una plumilla flexible. De todas formas consigue esta pluma hacer líneas de diferentes grosores, lo que da color y vida al dibujo. Las ramas abocetadas del dibujo siguiente, dibujo de líneas, se refuerzan con unos trazos de pincel de agua mojando en el mismo tajo, aplicados de forma rápida para que manche de forma irregular dando textura.
   Un dibujo más elaborado, también con estilográfica, de esos que se hacen mientras uno escucha las noticias o música, insistiendo con las rayotas para ressaltar las zonas de sombra. la tinta marrón se extiende con pincel de agua y luego se intensifican con nuevos trazos con la pluma y con otra cargada con marrón más oscuro.

sábado, 30 de junio de 2018

Alpera. Concurso Pintura Rápida


    El pasado 28 de abril estuve en Alpera en un concurso de pintura rápida. No gané ningún premio, entre otros muchos motivos porque iba como parte del jurado. Coincidió con la presentación del libro sobre la historia de Alpera de mi amigo Rafa y pasamos allí unos días, cosa siempre agradable. Como es natural me llevé los apechusques de dibujar y la cámara de fotos. Hubo ocasión y tema para no parar de usar unas y otras cosas. También para ver a los amigos, charlar, saludar y abrazar a muchos antiguos alumnos, ya talluditos, comer, beber y pasar el mal trago de tener que decidir entre demasiados cuadros que merecían tener un premio.
    Siempre es difícil elegir entre tantas formas de ver y de hacer, de forma que hubo muchas deliberaciones hasta llegar a acuerdos que todos pudiésemos aceptar. Como siempre, sólo quedarían contentos los que ganaron los premios, generosos por cierto.
   El caso es que daba gloria ver las calles y las plazas, los rincones y los parajes de los alrededores llenos de caballetes plantados, bajo sombrillas que al final resultaron útiles cuando llovió. Y bien.
   En la plaza del Ayuntamiento es donde más pintores había. De forma que era buen sitio para pasar un rato entre recorrido y recorrido para ver cómo y qué pintaba el personal, tomarse una cerveza y, ya de paso, pintar a los pintores. Metapintarlos. En uno de los cuadernos ya tenía un dibujo de esa plaza, hecho desde el mismo sitio, que le tengo querencia a la barra. Aproveché la ocasión para terminarlo, que lo había sugerido a lápiz y lo rematé con estilográfica. Con un rotulador Pitt marrón hice otro igual, poblado esta vez de pintores.
   En los recorridos por los rincones y parajes en busca de pintores, a veces sin bajarme del coche, iba haciendo algunos dibujos en el cuaderno, bocetos rápidos que coloreaba después. Siempre hago una foto de lo que empiezo por lo que pueda pasar, que a veces pasa. Incluso pasan cosas que no pueden pasar.
    De algunos sólo me dió tiempo a hacer cuatro rayas; en otros me pude recrear más. Concluyo que además del tema, los materiales, el formato, la intención o la ciencia del pintor, la comodidad es un aspecto bastante influyente en el resultado final. Unas veces para bien, otras para mal, porque no siempre lo más acabado es mejor. Por lo menos no suele ser más sugerente.
    En otras ocasiones, escasas pero reales, dibujo en el cuaderno una imagen que se quedó en la cabeza en momentos en que no se puede ni siquiera empezar a dibujar. Como en el caso siguiente, un cielo lleno de nubes mientras voy conduciendo. En cuanto llego a un sitio más oportuno me pongo a ello, anrtes de olvidar qué quería uno contar con ese dibujo. Algunas veces tenemos las fotos, otras no. Algo así ha ocurrido en todos los siguientes dibujos, en cuaderno o en papeles sueltos.

sábado, 20 de agosto de 2016

Dibujos de Albacete IV. Paseo de Simón Abril

   Este dibujo, estilográfica con tinta Platinum de registrador y acuarela sobre  papel Claire Fontaine Extra Rough de 300 gramos, de 20 x 40 cm, que todo hay que decirlo, recoge una vista del Paseo de Pedro Simón Abril, de Albacete, eliminando en el dibujo un edificio en el primer plano a la izquierda que taparía parte de esa otra hermosa construcción, una de las dispersas sedes anteriores de la Policía Nacional. Este cuerpo las ocupaba hasta que les construyeron un nuevo, amplio y alegre edificio al lado del Puente de Madera, cerca de donde estaba la cárcel, y algo más lejos del cerrico donde estuvieron mucho antes el rollo —o picota— y la horca. Es una construcción con ventanas de colorines que dan lugar a que muchos la confundan con una guardería, error que para algunos puede resultar trágico.
   Es uno de los pocos edificios de época y porte similares que quedan en pie en un paseo en el que a principios de siglo pasado construyeron sus viviendas suntuosas y ajardinadas las clases acomodadas de Albacete, frente al Parque recién plantado, algo en las afueras, pero sin perder de vista los edificios de sus negocios: clínicas, comercios, bancos, hoteles o el casino de los hombres primitivos, que habían levantado en predominante estilo modernista en la cercana y estrecha calle Ancha. Torciendo a la derecha, Avenida de España, el majestuoso instituto "Bachiller Sabuco".
   Don Pedro Simón Abril, que da nombre a este paseo arbolado que curva suavemente sus brazos para abrazar al parque a lo largo de este tramo, nació en Alcaraz en 1530 y fue un eminente humanista, pedagogo, gramático y traductor, en su condición de excelso helenista y latinista, cuyas versiones en español fueron utilizadas durante siglos. Fue un teórico de la traducción, de la que decía: “El que vierte… lo vierte como de suyo, sin que quede rastro de la lengua peregrina en que fue primero escrito”. Por enseñar en Huesca donde, al parecer, no debía hacerlo por carecer de permiso, fue excolmugado, que su vida no fue tan plácida como a un ratón de biblioteca cabría suponerle. Publicó en 1589 sus "Apuntamientos de cómo se deben reformar las doctrinas", lo que ya era tentar la suerte.

   Por aquellos años, la ciudad de Alcaraz, en la sierra albaceteña, empezaba a mostrar una menguante prosperidad económica pero un poderío cultural que se nos revela al considerar que, subiendo sus cuestas, nos podíamos encontrar con el arquitecto Andrés de Vandelvira, que construyó su hermosísima plaza renacentista, la casa de la Aduana y muchos nobles edificios de Úbeda, Baeza o Jaén. Entre otros ilustres caballeros y damas del lugar, también nos toparíamos con el bachiller Sabuco, gran filósofo y entendido en medicina, aunque parece que no fue médico, tal vez boticario, empujado a su ejercicio por las epidemias que diezmaban la ciudad, confundido quizás con algún pariente del mismo nombre, y con su hija Oliva Sabuco de Nantes, de cuya obra "Nueva filosofía de la naturaleza del hombre", publicada en Madrid en 1588, siguen discutiendo ciertos especialistas a quién atribuir la autoría, al padre o a la hija.
    En su testamento el bachiller se adjudica él  mismo la obra, diciendo haberla atribuido a su hija para acrecentarle la gloria, que no el provecho. ¡Vaya padre! Muerto dos días antes de testar habría quedado mejor ante la historia, si no como filósofo, sí como amante progenitor, aunque la culpa, como es natural, la tenía el yerno. Según afirma mi profesor de filosofía don Domingo Henares, y de ello entiende, el autor fue el padre, no la hija. Y lo siento. No sé por qué, pero lo siento. Don Aurelio Pretel, medievalista que sabe más de Alcaraz que el ordenador de Montoro, remata la jugada en una publicación del Cultural Albacete, y en ella apuntilla las tesis proolivescas de un profesor que conoció hace poco la existencia del tal bachiller Sabuco y de su hija, intrigado por el nombre del instituto en el que trabajaba,  docente que se metió brioso y altanero en estas esgrimas sin mayores averiguaciones y sin calibrar adecuadamente lo afilado del florete de don Aurelio, al que hay que intentar rebatir con más fuste. Difícil es, a estas alturas, entrar en esa disputa familiar por los derechos de autor que se alarga hasta nuestros días. Lo cierto es que cuando el libro se publicó, en la portada y en los trámites para su autorización, aparecía Oliva como autora, no su padre. Que se diera por bueno en la época ya es mucho, pues no hay noticias de que a nadie le pareciera entonces descabellado que ella, con ayuda paterna o sin ella, fuera capaz de haber escrito la obra, autoría que permaneció indiscutida durante siglos. Es bonito pensar que es de Oliva, algo que, como lo contrario, es arduo ya acreditar. Mejor dejarlo ahí, que la duda y el misterio siempre es un plus. El caso es que, según los que entienden, la obra es deslumbrante y muy novedosa para la ápoca, incluso en la actualidad.

   Unos pocos años después por allí andaba como profesor de latinidad don Pedro Collado Peralta, autor de "Explicación del libro cuarto del arte nuevo de gramática de Antonio", refiriéndose a Nebrija con gran familiaridad, como se ve, aunque es altamente improbable que hubieran comido juntos, entre otros motivos porque Nebrija había muerto en 1522. En 1601, nacería allí el padre Sebastián Izquierdo, autor de "Pharus Scientiarum", y no son los únicos que daban lustre a esa ciudad medieval fortificada, que fue última frontera frente al reino nazarí de la próxima Granada.

   La estadía de Simón Abril en Alcaraz, su pueblo, distó mucho de ser gloriosa, pues no fue especialmente valorado como docente, cosa no rara en nuestro oficio, siendo obligado a examinarse a pesar de ser un reconocido catedrático que había ejercido anteriormente en algunas universidades españolas. Sus frecuentes ausencias y abandonos de las labores docentes viajando a Madrid y Toledo para tratar de reimpirmir sus traducciones sobre Aristóteles o de las seis comedias de Terencio,  tampoco ayudaron a elevar el aprecio local y, para rematar la suerte, tras conseguir un aumento de sueldo de 30.000 a 40.000 maravedíes, tuvo que salir por piernas de Alcaraz por un lío de faldas, según he leído, aunque ahora no encuentro dónde. Tengo que preguntarle a don Aurelio Pretel.

    Ambos Simón Abril y el bachiller Sabuco intentaron ser reformadores de la enseñanza, de las leyes, la administración del reino y de todo lo divinio y lo humano, para el bien de la res publica, con escaso éxito, como tantos otros, pero asombra leer como Simón Abril propone métodos de aprendizaje de la lectura y la escritura para inculcar tales ciencias en las "tiernas molleras de los niños", o Sabuco propone eliminar las más de las leyes, asfixiantes, heredadas de los romanos en un latín incomprendido por los más y que dejaban poco campo a la vida real. De paso, dejaba constancia del paso del cometa Halley por los cielos de la sierra alcaraceña en 1572, que nada escapaba a su escrutinio. Simón Abril en sus "Apuntamientos" y Sabuco en su "Coloquio de las cosas que mejoran este mundo y sus repúblicas", vienen a coincidir en no pocas cosas, como cuando este último señala el gran daño y perdición que significan los pleitos y su duración:


 
   Bueno, pues Simón Abril tiene un paseo en Albacete, Oliva Sabuco de Nantes otro y su padre un instituto, el más bonito, además. A Simón Abril se llega por Arquitecto Vandelvira. Sabias decisiones bautismales en la onomástica viaria, no siempre acertadas ni duraderas. 
   Escarbando entre legajos digitales, lo que es la vida, vuelvo a aprender de don Domingo Henares, a quien tuve como profesor de Filosofía en bachiller hace más años de los que yo quisiera y ahora descubro como uno de los dos sabucólogos punteros del mundo, junto al francés Guy, filósofo en Touluse-Le Mirail que considera a Sabuco precursor de la medicina psicosomática. En los interrogatorios en la pizarra, tras advertirnos que para hablar de Platón o de Aristóteles habia que levantarse de la silla, nos escuchaba atentamente y concluía que a los de letras, aun cuando no dijéramos nada atinado, daba gusto oírnos. También me encuentro con frecuencia rebuscando en los archivos con don Alfonso Santamaría Conde, a don Samuel de los Santos Gallego y a don Daniel Sánchez Ortega, que fue mi último maestro antes de ingresar yo en el Instituo Bachiller Sabuco y él en la mili. De este último recuerdo haber colaborado en pintar unas enormes carabelas que todos los días descubrían América desde el mar de la pared de nuestra clase, o verlo esculpir en arcilla una imagen de la Virgen, no sé si del Pilar o de los Llanos, para llevarle flores en mayo.

   Como otros no se han dedicado a la investigación ni han  publicado, que yo sepa, el producto de su sabiduría, que no era poca, desafortunadamente no tropiezo ni con doña Rosario Juncos Sáez, mi primera maestra, ni con don Samuel o don Jesús José, mis queridos profesores de latín y griego. Este último, sacerdote adscrito a la catedral, se emocionaba hablándonos de Atenea, la de los ojos de lechuza, o se acaloraba escenificando escenas de la guerra de Troya, cual Ajax con sotana. Con ellos aprendí a disfrutar con las resonancias de palabras como platirrino, nematelminto, cefalópodo o mitocondria. Lo poco que sé de ciencias lo aprendí en griego. Y no sé cuántos euros debe Grecia al resto de Europa, pero los actuales europeos, cuanto más al norte más bárbaros,  no quieren hacer cuentas de cuánto debemos a este pequeño país. Hasta el nombre (Εὐρώπη), mucho más de lo que todo el dinero de Draghi podría nunca pagar. Tambien nos contaba con entusiasmo don Jesús José la feliz coincidencia toponímica entre la aldea de Los Pocicos, donde el pan, y Puzzuoli la de las aguas volcánicas, la latina Puteoli, que fue colonia griega con el nombre de Dicearquía, 'el lugar donde reina la justicia'. Hasta me ha acrecentado el disfrute de ver salir el sol en la zona de Jávea y Denia, la Hemeroscopeion griega, (Ἡμεροσκόπειον), la que mira el día, el primer lugar donde amanece en nuestra península, de la misma raíz que hemeroteca. La Diánion (Διάνιον) griega, la Dianium romana, la Denia española.

    Tampoco me cruzo con don Abelardo Cuesta, el padre de Drake, gran batería y bongosero, —Drake, no su padre, aunque no hubiera sido raro—, ni doy con otro profe cuyo nombre lamento no recordar, procedente de Canadá creo, tan buen dibujante como persona, gran fumador de Bisonte, ni con don Vicente Gaitano, que fueron todos ellos mis profesores de dibujo. A este último, vecino mío, le obligaron a impartirnos geografía de España y nos hizo aprendernos los pueblos de España en verso: 

Albacete, Hellín, Almansa,
Chinchilla, Alcaraz y Yeste,
La Roda y Villarrobledo,
Casas Ibáñez, Caudete,
Madrigueras y Tobarra,
Tarazona y Montealegre.

Madrid y Navalcarnero,
Chinchón, Pinto y Colmenar,
Buitrago, El Pardo, Getafe,
Torrelaguna, Alcalá [...]

Soria y ruinas de Numancia, 
Burgo de Osma y Almazán [...]

Y así, todas las provincias de España, en cuyo mapa aparecían aún el Sáhara, Fernando Poo, Guinea Ecuatorial, Sidi Ifni y otros restos coloniales y ultramarinos.

    La verdad es que se lo curró don Vicente. También es verdad que lamento no haber conservado mi cuaderno de Geografía, cada provincia con su mapa y su verso. Sería algo impagable. Sí conservo, a Dios gracias, los apuntes de Historia y de Historia del Arte, los morosos cuadros sinópticos con que don Alfonso Santamaría Conde condensaba en la pizarra la ciencia que iba desgranando, apoyado en cientos y cientos de diapositivas. Con él visité por primera vez la Cueva de la Vieja de Alpera, el castillo de Almansa, Chinchilla, Alcaraz y otros lugares. Lo de Alcaraz no se me olvida pues,  en un archivo-desván, lleno de libros, papeles y palomas, habían descubierto y desemparedado parcialmente un par de momias, aún con pelo, a las que los más díscolos intentaban meterles un dedo en el ojo, en las cuencas de un calavero forrado de pergamino, ya bastante desmejorado, aprovechando algún descuido de don Alfonso. Goscinny, en El Pequeño Nicolás, —el amigo de Alcestes, no el fantasma actual—, ha tenido que inventar poco. En la figura del malvado visir Iznogud, que quería ser califa en lugar del califa, el bondadoso Harun-el-Pussa, tampoco, que vamos camino de las terceras elecciones.

     A algunos de mis amados profesores, como digo, no los encuentro, pero no los olvido. Sí que he dado con don José García Templado, al que localizo en la Complutense, un verdadero lujo de profesor de Literatura, ya en el Instituto Tomás Navarro Tomás, que entonces era simplemente "el dos". Contagioso su amor por el teatro, cuyas pausadas lecturas y comentarios en clase usando bien encuadernadas antologías de Martín de Riquer, de tapas verdes si no recuerdo mal,  han ejercido más y mejor influencia de la que él, —imposible que me recuerde—, podría nunca suponer. Siendo nuestro profe, cuando dió a luz su mujer, fuimos una comitiva a su casa  en la calle Dionisio Guardiola a llevarles un regalo agradecido. Que nos llevara a ver Tirano Banderas al Teatro Circo y cuantas obras allí se representaban, me permite hoy recordar a actores como Manuel Dicenta en escena y a disfrutar del teatro y de la literatura. A él le escuché por primera vez nombrar a Chejov. Lo he encontrado en facebook y le he enviado una petición de sincera amistad, ya que no hay peticiones de agradecimiento en ese antro de perdición telemática.

   De Ciencias sólo recuerdo bien a Sotoca, mi mejor profe de Matemáticas, orondo hermano gemelo del notario que escrituró la casa que aún estoy pagando. No sé si tuvo algún error, pero se me está haciendo eterno. Tampoco olvido a don Francisco Pérez, "Menos Uno" por mal nombre pero, más que en clase, en esas aulas con tarima para el dómine y grada para los pupilos, se me representa en la calle, de porte magro, gafas de Woody Allen, pelo crespo, canoso y algo enmarañado, traje también gris con el pantalón hasta medio pecho y el País bajo el brazo, rumbo al Milán, pues sólo estuve en su aula una hora, lo que duró el examen de matemáticas de primero de bachiller al que me presenté en convocatoria libre en septiembre. Tuvo sobrado tiempo con esa hora para calibrar mi ignorancia numérica y me suspendió como era su costumbre, aunque supongo que justamente, poniendo un borrón no repetido en mi inmaculado expediente. Cuando oigo hablar de polinomios, algo que siempre me ha sonado a cosa insana e infecciosa, bullendo llena de patas, me sale un sarpullido. Un logaritmo, aunque ya me parece algo más cantarín, también me da grima. Si es neperiano, por demás.

   Pero, visto lo visto, no tengo la culpa de mi desafección hacia los números., pues compruebo hasta qué punto me gusta lo que me gusta, soy como soy y pienso como pienso gracias a estos entusiastas colegas docentes que nos inculcaron el aprecio por las palabras y el pensamiento, el disfrute de la lectura, el amor por la historia o el respeto y admiración por los restos del pasado. A alguno de ellos, coincidiendo en alguna cafetería, he tenido ocasión de darles un abrazo agradecido e intentar invitarlos a un café, sin pretender que reconozcan en mis restos a un muchacho que tuvieron en su clase cuando ellos tenian 30 años y yo 15 o 20 menos que ellos. En mis 38 años en la escuela siempre los he tenido en mente, intentando, dentro de lo posible, parecerme a estos profesores con los que he tenido la suerte de aprender.

   También gracias a estos impagables —y escasamente pagados— docentes, sobre todo a la lectura que consiguieron hacerme tan agradable como imprescindible, al echar mano a la cesta buscando la cereza de Simón Abril, salen enredados con ella otros personajes, recuerdos, historias, y sentimientos que uno creía olvidados.  Ya me perdonaréis mi consecuente desparrame y dispersión.


"Nueva Filosofía ..." Sabuco- Biblioteca Digital Hispánica
"Apuntamientos de cómo se deben reformar las doctrinas" Simón Abril. BDH
Revista Cultural Albacete nº 12/13. 2008
 

Manuscrito Nueva Filosofía Sabuco
Sabuco: "De la Música: la qual alegra, y afirma el cerebro, y da salud a toda enfermedad", en la Nueva Filosofía...

martes, 5 de julio de 2016

Dibujos de Albacete II

   En esta segunda entrega de dibujos sobre Albacete, comienzo con un dibujo del edificio del Gran Hotel, en el Altozano, con estilográfica y tinta, terminado con ligeros toques de rotulador-pincel chino. Sobre un papel artesano, casero, que hizo mi hijo Pepe. En él aún aparecen algunas letras incrustadas en la masa, procedentes de noticias de periódico que no llegaron a disolverse. Espero que esas noticias fuesen buenas, aunque la probabilidad es mínima.
     El anterior dibujo es de una de las calles principales de Albacete, llamada Marqués de Molins en este primer tramo y Tesifonte Gallego en el que va del cruce con la calle Mayor hasta el parque de Abelardo Sánchez. En tiempos fue el lecho de un río, el río Piojo y, como el agua es terca, para hacer los cimientos de algunos edificios han tenido que estar bombeando agua durante meses. Piojo se llamaba el río cubierto y así se llamó la calle en sus orígenes, para pasar a ser el Callejón de Agraz y de Suárez y en 1854, denominarse Val General. Luego se volvió a rebautizar en 1903 y 1911 para recibir los nombres actuales en sus dos tramos. Trabajo inútil porque siempre se la ha conocido como calle Ancha, a pesar de que no lo es. A todas horas concurrida, es una de las calles más comerciales de la ciudad, con varios hermosos edificios que sobrevivieron durante el siglo pasado, mientras muchos fueron sustituidos por otros de menos mérito. En fin, esto es lo que hay, o lo que queda.
   Dos dibujos sobre la feria de Albacete, ambas a partir de fotos, reciente la primera, antigua la segunda, del templete del anillo central de la feria. Inmensa construcción es este recinto de edificios concéntricos que se construyó inicialmente en 1783, modificado y ampliado en varios momentos de su ya larga historia, y que sólo se utiliza diez días al año. Sus "redondeles" se conforman por círculos llenos de casetas, un conjunto con forma de sartén, donde abundan los puestos de venta de navajas, bebidas, miguelitos, café, chocolate y churros para la madrugada, mariscos, pollos asados con cava, bocadillos de morcilla o de jamón de Teruel, recuerdos, juguetes para feriar a los niños, cerámicas, pero sobre todo, cosas para comer y beber, que la feria desgasta mucho, pero mucho. Fuera del recinto, otro círculo de casetas privadas, carpas para la música y el baile, puestos de alfombras, artesanías, objetos varios y más jamón, quesos, embutidos y otras sutilezas gastronómicas y bebetorias. Aún quedan los restos de lo que antes era la principal actividad, la compra y venta de aperos de labranza, ollas y sartenes enormes de cobre o acero para la matanza, lonas, cuerdas, marroquinería y cosas similares.
   Cientos de miles de personas que para llegar hasta allí tienen que desfilar por el largo y abarrotado paseo franqueado de atracciones de feria, entre las que hay algunas que cobran por martirizar a sus usuarios, estudios de televisión instalados para el evento, casetas con vinos dulces de Málaga y Cariñena con su barquillo y todo, tómbolas, caballitos y demás. Cuando yo era pequeño no faltaba un circo ni el Teatro Chino de Manolita Chen. En la Caseta de los Jardinillos, en donde en aquella época pedían corbata para entrar, actuaban los mejores grupos y cantantes, acompañados por las mejores orquestas. Entre ellas, alguna en la que yo estaba. Hoy es un lugar más de música y baile, que no son tiempos para los derroches de antaño.
   Veo que en el dibujo olvidé incluir una de las figuras que más me enternecen del evento, una persona semiescondida en su propia selva andante, acarreando sudorosa una maceta descomunal, de varios metros de alta, que de forma poco meditada ha tenido la desgracia de conseguir en una rifa  de esas casetas que las sortean mediante sobres con cartas de la baraja española. Unos trileros tampoco solían faltar, aunque se les ve cada vez menos pues, igual que los payasos, son oficios que sufren un gran intrusismo profesional y es fácil encontrar a sus encorbatados competidores en los lugares e instituciones más variopintas. 
   La primera, acuarelada, tinta indeleble en la estilográfica, recoge la gente que suele abarrotar a todas horas ese recinto ferial, su paseo y los aledaños, dedicados principalmente a comer y beber. Jamón de Teruel, queso, miguelitos de la Roda, gambas, morcillas, guarrillas y demás exquisiteces. Entre las bebidas, aparte de las cervezas y vinos de rigor, triunfan los mojitos, decenas de miles de ellos. ¡Cuánta perversión!
   De la feria de septiembre pasamos a la del libro, que todos los años se instala en el paseo de la Libertad, frente a la Diputación Provincial. Muy oportuno el lugar elegido, porque libros y libertad siempre han caminado juntos. Se viene celebrando desde 1979, en marzo o abril, nunca en semana santa, y siempre aprovechando los pocos días de lluvia de que dispone la ciudad. En épocas de sequeras en lugar de sacar al santo en procesión, la feria del libro viene mostrándose sumamente eficaz para atraer las lluvias. Se venden libros y se recargan los acuíferos. Al fondo a la izquierda el hermoso edificio del Gran Hotel, en el centro, voluntariamente difuminado por el dibujante, el del Banco Central, hoy Santander. El cambio de nombre de la entidad no ha mitigado su ofensiva horripilancia. Los árboles rebrotando, si es que ese año no se les ha ido la mano con las podas y los han dejado como postes del teléfono.
   Chalet Fontecha, Gobierno Civil, Cámara de Comercio... Ese hermosísimo edificio, uno de los que se salvaron de los califatos municipales que condenaron a la ruina no pocos los que en esa calle tenían un valor similar, para edificar esas cosas que se van alternando con los que aún quedan de una calle que perdió su encanto y su unidad arquitectónica de principios del siglo XX en aras del progreso.
   Por el momento, adquirido por la Diputación Provincial, parece destinado a albergar un Museo de Arte Realista. Esperemos que llegue a buen puerto esa buena idea.
   El dibujo, con estilográfica y pincel de agua, extendiendo la tinta de los trazos y reforzando después algunas sombras mojando el pincel en el tajo de la pluma para cargar algo las tintas.
   El siguiente, también a partir de una foto, es un dibujo que recoge desde el Parque una esquina del Instituto Bachiller Sabuco, que durante mucho tiempo fue el único de la capital. En él estudiamos —al menos el ingreso y primer curso de bachiller y entre otros muchos que sería largo enumerar—, Don Ramón Menéndez Pidal y yo, con desigual aprovechamiento y trayectoria.
   Finalizamos la entrada del blog con un dibujo de una esquina del Paseo de la Libertad, recogiendo parcialmente el edificio de la Diputación Provincial. Sentado en la terraza del Milán, tomando una copa de pacharán en honor y recuerdo de mi siempre amigo y ocasional compañero de dibujos callejeros, Joshemari Larrañaga, pintor de barcos, bares y bodegas de Barcelona. Los dibujos hechos en su sitio, sin foto, son otra cosa. Tienen un no sé qué y un qué se yo que los hace más frescos y espontáneos, es decir, mejores.

viernes, 20 de mayo de 2016

Dibujos de Albacete

    Después de una temporada más que complicada en la que he pintado pocas acuarelas, últimamente las circunstancias han hecho que casi todo se hiciera en cuadernos, de viaje en Almería, Murcia, Úbeda y Baeza, Madrid, Elche, Alicante o Benidorm. He recuperado la inmediatez de una pluma estilográfica y unas pocas pastillas de acuarela para hacer dibujos y poder llevar encima todos los aparejos.
     Estos dibujos son de Albacete, mi ciudad, que tengo abandonada. A diferencia de otros pueblos, villas y ciudades de una de las provincias más extensas, variadas y hermosas de España, no es Albacete, su capital, una ciudad monumental, para mi pesar, pues es joven para los estándares europeos, y nada anterior al siglo XVI sigue en ella en pie. Si escarbáramos, —si escarbásemos aún más—, encontraríamos restos iberos, romanos o árabes y también agua, porque vivimos sobre un lago subterráneo, aunque ya sobreexplotado, que inunda los cimientos si se ahonda mucho. Antes los niños al hacer un gua para jugar a las bolas encontraban agua, cerámica ibérica o una losa del Camino de Aníbal. En Roma encuentran un anfiteatro, apunta mi amigo José Javier, que es arqueólogo. A cada uno lo suyo.
    Por eso, muchos nativos, al viajar, nos portamos como si fuésemos de Illinois, boquiabiertos y admirados ante las piedras antiguas bien colocadas, sin esa vacuna que capa la capacidad de asombro y disfrute de quien desde su ventana ve cada día una catedral gótica o un acueducto romano. En eso somos como niños, en el mejor de los sentidos de la palabra. Úbeda y Baeza pueden resultarnos apabullantes, por poner un ejemplo de los muchos que hay en España.


   Aunque no es que en Albacete se haya arramblado con el pasado arquitectónico en mayor proporción que en otros lugares, la inicial escasez hace más dolorosos esos derrumbes para dejar el solar a mostrencos de hormigón que hieren nuestra vista. Mal común, como la ola de progreso que derribó prácticamente todas las murallas y puertas de las ciudades muradas para los ensanches del XIX y que a nosotros nos ha privado de algúnos palacios, iglesias, conventos o nobles edificios de principios del siglo XX que daban unidad y encanto al centro de Albacete. Algunos quedan, ofendidos por la compañía arquitectónica, pero ahí están.
   Por contra, tenemos muchos árboles, parques y jardines, un aire limpio, hermosas puestas de sol, buen queso, excelentes vinos, y gente con un humor propio de naúfragos y supervivientes a los que nada les fue fácil. Un humor que nos permite reirnos de nosotros mismos y de quienes dicen vivir en territorios históricos, que parece ser que Dios vino a estos desolados páramos, ya bien entrada la historia, a remediar un olvido del día de la creación. Terreno fronterizo y de paso, tal vez el problema es que hayamos tenido historia demás e inversiones de menos, lo que provocó la pérdida de lo mejor del terreno, sus gentes, que tuvieron que emigrar a buscarse la vida, muchas veces siguiendo a sus aguas arrebatadas, para ser mirados con desdén en las regiones cuya prosperidad ayudaron a levantar con sus manos. Una prosperidad ajena muy ligada a nuestra ruina y despoblamiento. Entender más de la bolsa que de la historia lleva a algunos a hablar, sin tener que apuntalarse la cara con recios andamios, de algunas gilipolleces sobre deudas históricas y otras garambainas. A ver si un día tenemos tiempo y vergüenza y echamos cuentas.
    Dejemos sufrir a los que tienen que remontarse siglos para encontrar motivos de orgullo, cuanto más antiguos más ajenos, y admiremos a nuestros antepasados más o menos cercanos que, olvidados y teniendo todo en contra, consiguieron sobrevivir y permitir que aquí estemos ahora nosotros, su prole, gente genéticamente estoica, resistente y tenaz. Nosotros, poniendo patas a sus genes, pululamos hoy en día en busca de una mesa en el bar, donde hidratarnos al sol o a la sombra, según mercado y estación para, de paso, guarecernos de este clima inclemente que remata la suerte para hacernos berroqueños.
   Puestos a hablar de historia, cuando Albacete era una aldea árabe, allá por 1252, el alcalde se llamaba Wahb Alláh y la aldea Al-Basit, el llano. De ahí hemos pasado a Albacete, cuya terminación diminutiva de lugarejo o aldehuela, como sucede a otros lugares de similar nombrecillo, nos ha colocado a sus casi 180.000 habitantes a vivir en un sitio propicio para los chistes fáciles, rimas propias del encefalograma plano de la creación literaria y demás escarnios. Si eso evita que personas así se dejen caer por estos llanos, por bien tengamos el no contar con topónimo más rimbombante, como los 1544 habitantes de Madrigal de las Altas Torres, por poner un caso.
  Como decía fray Gerundio de Campazas, su aldea era pequeña por no haberse sus vecinos propuesto hacerla mayor, que sitio tenían. Aquí ocurre igual, porque sitio tenemos mucho. Y sobre el nombre, no corren tiempos de recuperar el Al-Basit de cuando los almohades, ahora de vuelta, pero con kalashnikov.
   Van pues aquí unos primeros dibujos de Albacete, con estilográfica, a veces plumilla, tintas, acuarelas y tamaño 24x30 cm. en la mayoría de los casos, pues en parte se preparan para mitigar el olvido a mi ciudad en mis cuadernos de dibujo y también con vistas a una posible exposición cuando haya suficientes que se consideren presentables.