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lunes, 25 de noviembre de 2013

ALICANTE. Dibujos y fotografías.

   Ya vamos consiguiendo hacer con las tintas, las estilográficas y los pinceles de agua algo parecido a lo que se pretende. Aquí se ve el trabajo con los colores fundidos en húmedo, los trazos que se desdibujan al pasar por encima el pincel mojado, las manchas que se extienden al pintar de nuevo sobre la capa anterior, todavía húmeda, algunos detalles aplicados en seco al final... Una técnica muy parecida a la acuarela, aunque las tintas también tienen su carácter.
   La imagen anterior es un detalle ampliado del siguiente dibujo, en este caso uno de esos asombrosos ficus elástica que abundan en algunas plazas y paseos de Alicante. Alcanzan un tamaño inmenso, y dejan caer desde sus gruesas ramas raíces aéreas que llegan hasta el suelo, donde se anclan y engrosan hasta formar nuevos troncos. En su base el árbol se ensancha y forma arquitrabes que refuerzan la estructura como si fuera una catedral gótica. Muy buenos para dibujar, por sus formas redondeadas, con suaves líneas curvas que se retuercen y producen luces y sombras, por sus hojas grandes y relucientes...
   Llegamos a Alicante buscando el sol, huyendo del frío de Albacete en estos días y fuimos al puerto y al paseo paralelo, La Explanada, lugar muy a propósito para nuestra intención, pues pensábamos comer por allí, al aire libre. Después de oler el mar, ver los barcos y hacer unas fotos para dibujar después, aunque estos lugares me los sé de memoria, quedé atrapado por el sonido de la trompeta de Louis Amstrong que ponía música a la presencia de un trompetista, marioneta a quien daban vida el artista que la manejaba y las notas de La vie en rose, exactamente como se puede escuchar en el enlace. Imposible no quedarse cerca a seguir disfrutando de la escena y de la música. Para mayor comodidad, tomo asiento en un cómodo sillón de mimbre en la terraza de enfrente y pido una cerveza, enorme por cierto, que la deshidratación es un peligro a ciertas edades y más con tanto sol.
   Tan cómodamente instalado, tampoco puedo evitar sacar el cuaderno y los apechusques de dibujar y, mitad mirando, mitad imaginando, hago un apunte de la escena, como se puede ver. Aunque llevo varias plumas con tintas surtidas, anoto que me falta una de color rojo rubí.

 
    Un poco más a la derecha había un artista haciendo caricaturas. A la otra mano, a unas decenas de metros, otro dibujante de retratos. Mientras el trompetista de tela descansaba y buscaba la partitura de otro tema de Louis Amstrong, se me va la vista hacia un fotógrafo que tengo casi enfrente de mí. Vestido con traje negro, con sombrero como el de Stan Laurel, Joaquín Sabina o Winston Churchill, haciendo juego con su maravillosa cámara de fuelle de ciento diez años, según me cuenta, montada en su trípode. En pocos minutos impresiona y revela una foto en blanco y negro, acelerando el proceso de una forma asombrosa. Le pido permiso al fotógrafo para metafotografiarlo y, amablemente, me lo concede. Luego lo dibujaré, que si me quedo aquí voy a tener que pedirme otra cerveza y va a ser peor. Por lo pronto, aquí van las fotos:
    Cuando algún turista o grupo pide ser fotografiado, el fotógrafo proporciona el atrezzo. Con unos sombreros, un pañuelo y poco más, los transfigura en la imagen de sus bisabuelos en dos minutos. Luego mete la cabeza bajo la tela negra, enfoca, encuadra, sale raudo para recolocar un sombrero, girar una cara unos grados para añadir mordente a la mirada, revisa el efecto y, ya satisfecho, dispara con su cable. En honor y agradecimiento al fotógrafo, un artista que tan amable fue conmigo, le quito el color a mis fotos. Ganan mucho en blanco y negro.

   A estas alturas ya me había quitado la chaqueta. La bufanda mucho antes, al mismo bajar del coche al llegar a Alicante. De forma que en manga corta nos fuimos a comer a la terraza de un restaurante cercano, sin perder de vista el mar, las flores y las palmeras. Tampoco la mesa ofrecía mal paisaje, que el arroz al lado del mar gana mucho. No penséis mal de mi, que no estaba solo para comerme todo eso, sino muy bien acompañado. Tal vez por nostalgia de Albacete, añado al menú unas chuletitas de cordero en su más tierna infancia. Helas:
   De camino hacia otra terraza en El Postiguet, sin tiempo para dibujar los mil temas que salen al paso, les hago unas fotos para, con más reposo, pintar algo después. Por ejemplo:
   Nos sentamos en la terraza de una cafetería enfrente de la playa, en unos confortables sillones que tienen en el respaldo una mantita por si algún turista tiene frío. Viniendo de Albacete que, por estas fechas, viene a ser como Groenlandia, o mirando a los turistas que se dejan caer desde Alemania o Noruega hasta Alicante para tomar el sol, las mantas deben de estar sin estrenar. Un cremoso cortado y un Vichy Catalán mientras, en un alarde de oportunidad y buen gusto, con un sonido más que decente, se puede escuchar el saxo de Stan Getz dando contrapunto a la voz de Astrud Gilberto, que canta las bossanovas de un disco que hace muchos años yo escuchaba en vinilo. Doble con sus tapas verdes.
   Mientras escucho tal maravilla, saboreamos el café y conversamos sin prisas, no se me olvida que a mi espalda queda el castillo de Santa Bárbara, encaramado en el Benacantil desde que los árabes lo levantaron allí a finales del siglo IX, y que navegando sobre esas olas que ahora lamen la arena, llegaron griegos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes, piratas berberiscos y otros turistas. Casi se pueden ver desde aquí, al menos se adivinan, las balsas talladas en la roca de la factoría de salazones donde los romanos fabricaban el garum y que ahora llaman los Baños de la Reina.
   En fin, un día redondo si así lo quiere uno ver. También se podría interpretar, sin faltar a la verdad, que vine a Alicante, comí, me tomé un café y que me dolían las piernas. Pero para eso están la literatura, la música y la pintura, para embellecer la vida. La propia y, si puede ser, la ajena.
 Ya en casa, todavía en Alicante, pinto unas frutas con tintas de colores y otra vez con tinta china. También el tiovivo del puerto, de memoria, con unos boligrafos Bic de colores que acababa de comprar. Tiene unos toques de tinta con Parallel Pen. 
    La siguientes fotos muestran los utensilios que llevaba en el bolso para hacer estos dibujos.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Tintas de otoño. Plumas y pincel de agua.


    He cargado mis plumas con colores de otoño. En realidad, sólo he añadido un naranja (una tinta perfumada de Herbin) a mis colores habituales: Musk green de Stipula, Café des Îles de Herbin, Azul 4001 de Pelikan, negro de Lamy, y un borgoña de Montblanc. Otros verdes utilizados son el Evergreen, de Diamine y el Jonathan Swift, de una serie especial de Montblanc. También he añadido el Lie de Thé de Herbin y he dejado aparte el verde oliva, también de Herbin y algún otro, más primaverales y frescos.

    El dibujo anterior, en papel de Garzapapel para dibujo de 180 gramos, sale de otro anterior, creo recordar que hecho con tinta marrón de Montblanc, con algunos toques de nogalina. Como era para un regalo, fue enmarcado convenientemente, con lo que gana mucho.


   En el siguiente dibujo, las tintas mencionadas se aplicaron con cuatro Parrallel Pens de Pilot, que permiten aplicar manchas de tinta de distintos tamaños (desde 1,4 hasta 6 mm.), y hacer líneas finas trazando en distintos ángulos. Dan mucho juego estos ingeniosos artilugios, pues no sé si llamarlos plumas o no. A continuación se muestra un detalle del árbol para ver mejor esos diferentes trazos, que se han extendido con pincel de agua, volviendo a dibujar encima, antes de que se seque, para que las tintas se mezclen y emborronen.


    Misma técnica y materiales. Unas acacias otoñales.

   La mayoría de ellos, excepto el realizado sobre Garzapapel, de mayhor tamaño, son dibujos en un cuaderno de Paperblanks. Tiene una textura verjurada, y aguanta perfectamente los baños sin traspasar nunca a la otra cara, sobre la que se hace sin problemas otro dibujo. Además esos cuadernos son de los más bonitos que se pueden encontrar. Tengo varios modelos, de diferentes tamaños, distintas encuadernaciones, hermosas y sólidas, y papeles de diversos tonos, blanco o marfil. Una maravilla.
   Como estos dibujos se han hecho, en su mayor parte, en vivo, he llegado a tener cargadas de tintas de colores una barbaridad de plumas estilográficas, aunque todas caben en una bolsa antigua de cuero con cremallera. Incluso una pequeño frasco con agua.
   Ahora no hay luz suficiente. Mañana pondré unas fotos de los aparejos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Tintas con plumilla y pincel

    Casi todo se ha hecho con pincel y tinta china de barra. Se ha diluido más o menos según las zonas. Al final lleva unos detalles y realces con plumilla, una Brause 710 de la que hemos hablado en otras ocasiones. Hace trazos gruesos y suaves, muy adecuada para el papel rugoso de acuarela, en este caso Guarro por la cara más lisa. Se trata de una placeta de Alicante, por la calle Canalejas, de una foto que hice un día que iba a la Decoradora a comprar unos pinceles (de Escoda, por cierto).

   Otro árbol con tinta china. Plumilla y pincel. De una foto de internet, aunque interpretada especialmente en cuanto al ramaje y las hojas, de la misma forma que las hago con pluma estilográfica y pincel de agua: un baño de color diluido al que se le van superponiendo manchas y valoraciones en distintos momentos. Unas veces permitiendo que se funda la nueva capa y otras aplicándolas una vez seca la anterior. Por último, con la tinta casi sin diluir se añaden los detalles y algunas hojas, dando textura y volumen. Bloc Canson Montval de 300 gr.
   Esto es un experimento hecho pintando unos pocos elementos con tinta china, otros con Parallel Pen con tinta azul. Pincel de agua para extender la tinta azul, pues la tinta china seca es indeleble. Algunas manchas se han dado tomando la tinta azul directamene del tintero. Seco todo, se añaden algunos detalles y realces con Parallel Pen. Es una versión de un tema que ya había hecho en acuarela hace tiempo:
    Por último, un dibujo a plumilla y tinta china. Plumilla Brause 710, que usada con rapidez en papel con grano medio o grueso, ofrece una textura muy interesante en las líneas. Una vez seca, se le ha añadido acuarela. Es una cala del Rincón de Loix, en Benidorm. Se muestran las dos etapas.

jueves, 17 de mayo de 2012

Parallel Pens - Pincel de agua -


   Estoy utilizando mucho últimamente los Parallel Pens de Pilot. Los había comprado y usado para caligrafía. En principio para ello son. Como he comentado en entradas anteriores, vienen a ser una versión actualizada y recargable de útiles de escritura antiguos como los Witch pens, que permiten trazar anchas líneas pero que, por el borde, ofrecen un trazo fino. Se utilizan como cualquier otra plumilla para letra gótica, itálica, uncial y otras similares.  
   El dibujo anterior se ha hecho con el de 6 mm. —el más ancho de los cuatro disponibles— terminando con pincel de agua sobre la tinta recién aplicada, que se diluye y extiende. Abajo se muestra el dibujo inicial en el que se ven los distintos grosores que se obtienen con esa pluma.


  Si se tiene experiencia previa con la caligrafía, se lleva mucho adelantado, pues con los Parallel Pens vamos haciendo trazos y gestos caligráficos. Si vemos los trazos y líneas con que se han ido formando estas letras itálicas, reconoceremos movimientos muy similares en los dibujos que les siguen.






   Si giramos ligeramente la pluma al final de un trazo haciendo que parte de ella pierda contacto con el papel, técnica muy usada en caligrafía con plumas o cálamos, se obtienen unos finales de línea muy afilados y expresivos. Para hacer ramas y tallos son ideales. Por supuesto, para que salga bien requiere, como todo, algo de práctica.
   Dibujando en la dirección de la parte estrecha de la pluma tendremos una línea fina, que se va ensanchando según vamos cambiando la dirección de la línea, lo que supone un giro de la pluma. El dibujo siguiente se ha iniciado pintando con el pico de la pluma, que hace la más fina de las líneas posible con ella. Algunos trazos más gruesos para las hojas y relieves del árbol completan esta fase. No hay que abusar de tinta si queremos utilizar después el pincel de agua.
   A continuación con el pincel de agua extendemos aquellas zonas de tinta que nos interesan, reservando en otras el blanco del papel. Después viene  un abanico de posibilidades entre pluma y pincel de agua. Dibujar mde nuevo sobre el papel mojado, dejando que la tinta se extienda. Usar la pluma como tintero del que se va tomando tinta con el pincel mojado. Podemos, como en estos dibujos utilizar plumas cargadas con tintas distintas, con lo que tenemos una gama mayor de valores... Poir último, con la parte más fina se pueden volver a resaltar algunos detalles perdidos con la aplicación del agua o con la parte más gruesa, intensificar sombras. Si se hace mientras no se ha secado del todo, pueden conseguirse fundidos, bastante imprevisibles, como es de suponer.
   Os cuento aquí cómo trabajo yo, aunque cada uno tendrá su forma de usarlas y descubrirá nuevas aplicaciones y recursos.

    Se muestran ampliadas unas zonas de los dos árboles en las que se ven claramente las técnicas utilizadas.

 
Como puede verse, también aquí se han usado dos tintas distintas.




Caligrafía ornamental con Parallel Pen

sábado, 12 de mayo de 2012

Tinta y pincel de agua - Estilográficas y plumilla

Puedes verlo en grande en este enlace.
   Aunque he estado algo perezoso para ponerlas en el blog, no tanto en seguir dibujando. Sigo experimentando con las plumas estilográficas de todo tipo que ya mostré en una entrada anterior, terminando los dibujos con un pincel de agua chino.
   El sistema cada vez me gusta más y voy probando temas y elementos nuevos. Entre los temas he añadido los olivos y algunas flores, como lirios y claveles. Queda mucho que hacer con ellos, porque ofrecen infinitas posibilidades de texturas, luces y sombras. El primero, hecho en casa, sobre papel Guarro de acuarela por la parte más lisa, se dibujó con plumilla y tinta china. Después baños sucesivos de tinta china en barra, cada vez menos diluida. En ese papel toma una textura muy especial.
   Para estudiar los olivos me he estado ilustrando con fotos de los ejemplares milenarios del Maestrazgo, en Castellón, la mayor acumulación mundial de estos monumentos vivientes. Muchos son romanos, como el acueducto de Segovia, y de la misma edad, pero además puedes poner su aceite en la ensalada, lujo asiático que pocos monumentos permiten. Con unos nueve metros de calibre los más viejos, lo que requiere más de 2.000 años de cuidados, en el Territorio del Sénia, donde se juntan Aragón, Valencia y Cataluña, hay censados más de 4000. Un museo viviente inexplicablemente conservado.
   Por haberlo mantenido así, habría que erigir un monumento a los agricultores de la zona, pues gracias a ellos están todavía en pie, a pesar de que un olivo alcanza el máximo de producción a los 65 años, edad de la jubilación humana —al menos lo era hasta la catacumbre actual—. A partir de entonces, cada vez dan menos olivas. Echando cuentas, cuando Jaime I tomó Morella, en 1232, ya estaban hermosos, aunque producían poco, pues ya habría ejemplares de más de mil años, plantados por los fenicios y por los romanos. Cuando Almanzor debían de estar en todo los suyo. Tengo que estudiar mejor este tema.
   Aunque no con esa asombrosa acumulación, hay ejemplares similares en muchos lugares de España. En Cieza, Mallorca, Andalucía... Me estoy acordando de "La vida de Brian". Roma se llevaría mucha plata, todo el oro, aceite, trigo, estaño, junto con algún nativo al que llegó a hacer emperador, bailarinas gaditanas... es decir, todo lo mejor que el terreno de Hispania podía ofrecer. Pero también dejó muchas cosas. Se ha dicho que en España lo que no hizo Carlos III lo habían dejado hecho los romanos. Siempre ha sido así y con la historia no hay que llevar contabilidad. En paz estamos.
   Estos otros árboles no producen nada, si acaso sombra o alergia, pero también merecen que ses le pinte, porque alegran las calles y los parques.

   Como tenía unos marcos alargados, pensé que árboles y lirios encajan bien en ese formato. He hecho unos cuantos, con Pilot Parallel o la Osmiroid sketch. Tintas diversas y pincel de agua.
   Aquí se muestran los dos pasos. Dibujo a pluma y baños de agua limpia con el pincel, que diluye la tinta y dan tono y relieve.




   Los dibujos con Parallel Pen, cargado con tinta Parker Quink azul. Las hojas se hacen de un solo trazo, girando al final la pluma para conseguir esa terminación afilada. Con estas plumas, incluso con  la más gruesa (6 mm.), dibujando con el canto, sale una línea muy fina.



   Éste es una versión en tinta china de un dibujo de Zu Chuan'an, de la entrada anterior. Dibujo a plumilla y baños de tinta china diluida. La tinta es de barra, es decir, china de verdad. Los pinceles también.