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viernes, 13 de mayo de 2016

Benidorm en mi cuaderno. Dibujos

    Unos días, pocos, de merecidísimo descanso por Benidorm y alrededores, en plan familiar. Pero siempre con el cuaderno a cuestas. Pocos aparejos, pues esta vez todo va en el bolso. Una sola pluma estilográfica, una Pilot extrafina con tinta indeleble de Platinum. Una cajita con acuarelas de fabricación casera cargada con Rembradnt y Daniel Smith y un pincel Escoda de viaje, de marta kolinsky Tajmyr del número 4. Un pincel increíble. Para su tamaño carga mucha agua, hace líneas finísimas y no necesita uno nada más. Todos los dibujos en un mismo cuaderno, uno de Paper Blanks de la serie Old Leather.
   Aunque ha llovido bastante, como en casi toda España, ha sido más por la noche y quedan días de sol y sombra, con buenas nubes y luz intensa. Incluso ratos para dorarse al lado del mar, en Finestrat, dibujando el paisaje mientras uno se toma una cerveza, o en una cafetería en Benidorm en esa zona atestada de tiendas, guiris, y scooters. Tengo que alquilarme uno para andar por allí sin andar.
   La vegetación brilla, por el sol y por la lluvia, las palmeras como recién sacadas de la tintorería, las flores recién regadas y algunos paraguas que aún dan más color al conjunto. Aunque cuando era más joven no me gustaba Benidorm, he llegado a encontrar encantador este monocultivo de turistas en altura. Hay de todo. Y hay más de un Benidorm, sólo falta buscarlos. Sitios de bulla, tostaderos de turistas color gamba a la plancha, remansos de paz entre palmeras y flores, calas ahora con poca gente, una oferta de hostelería inigualable en variedad y buenos precios, peces, salazones, gambusinos y arroces, soles y sombras, cervezas y cafés, desayunos con huevos y beicon con judías, chinos vendiendo de todo, nórdicos en su punto, vuelta y vuelta, ingleses a medio cocer y civilizar, otros del todo, jóvenes en pleno desmadre, jubilados oreándose, en fin, que tema hay.
   Las paradas para descansar se aprovechan para dibujar. Cortado y dibujo. Si hay tiempo, que lo hay, se da la acuarela allí mismo. En los que se puede se cuña con el sello del establercimiento,. Para ello tiene que haber cuño y establecimiento. Aunque estuvimos un par de veces en El Albir, no he dibujado allí como en otras ocasiones, pues hacía un día algo desapacible y alli hay bastante viento, a la orilla de la playa. Pero el motivo era otra visita casi obligada a un supermercado donde se venden productos internacionales para la abundante colonia extranjera que vive en la zona. A reponer un poco de queso cheddar curado, galletas de canela, mermelada de gengibre y de lima, miel de limón, algún jabón, vino blanco de Jalón, un seco de uva moscatel que me gusta, y algunas otras cosas. Entre ellas, cepillos de dientes Jordan, noruegos, de mango muy fino y cerdas en su punto de tiesas que llevo usando 40 años hasta que dejé de encontrarlos para recuperarlos aquí después de que hasta en El Corte Inglés dejaran de venderlos. Aunque el jabón de verbena, hecho en Marsella, lo compré en Carrefour, una gozada de espuma y aroma. Termino que esto parece una guía de compras.
   Como siempre que hay ocasión y es de jueves a domingo, visita al Cisne, sitio inclasificable pues reúne tiendas de antigüedades, mercadillo, bares, restaurantes, música en vivo y en muerto, hasta cuadro flamenco en que los turitas acaban bailando sevillanas o algo muy parecido, pintas a dos euros y plato de paella a un euro. Por diez euros una jarra de sangría y dos platos de paella y dos cafés. No es de extrañar el éxito. En dos horas me dió tiempo a tomarme dos pintas, un plato de paella, un café y a hacer tres dibujos en el cuaderno, que me cuñaron amabilísimamente.
   Patio que ya he dibujado mil veces, con su ficus, sus buganvillas y jazmines, palmeras, pinos, flores y laa montaña al fondo, casi siempre con alguna  nube en la cima.
   Una calle del Rincón de Loix.