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Una salida de fin de semana al campo. A El Robledo, en Albacete, ya cerca de Alcaraz. En una casa rural que fue en tiempos una estación de un tren que nunca llegó a pasar. La línea Baeza-Utiel, hoy sin raíles, convertida en una ruta verde. Algunos túneles llegaron a usarse para cultivar champiñón, cuentan. Las estaciones se han ido desmoronando con los años en cuanto les quitaron las tejas, salvándose las pocas que se vendieron y que se usaron como viviendas, como ocurre con esta estación. Una historia de errores, abandonos y dudosas rentabilidades que se impusieron a la necesidad de vertebrar un territorio que sigue en gran parte aislado. Ahora se está haciendo una autovía que una Albacete con Jaén, la meseta con esa parte montañosa de Andalucía en gran parte despoblada, como es natural, viendo lo poco que se ha hecho nunca para evitarlo. Antes eran el lugar que proporcionaba madera al reino, primero a sus barcos en Cádiz o Cartagena, o a la fábrica de tabaco de Sevilla. Luego traviesas a la Renfe y siempre caza, reservas naturales y zonas protegidas. Más que sus habitantes. En fin. Maravillosas para recorrerlas y para pintarlas. Buena gente, tanto como sus paisajes..
Estas son las acuarelas pintadas durante este mes de marzo, que ha sido en esto bastante productivo. Poco hay que comentar, pues seguimos con los árboles, las texturas y jugando con las luces y las sombras. El papel utilizado en muchos de ellos es Hanhnemüle Anniversary Edition, de 425 gramos, en otros vuelvo a los restos que conservo de Garzapapel. Las últimas, sobre un papel crema de Clairefontaine.
Los pigmentos son Daniuel Smith y Rembrandt normalmente, con alguno concreto de Windsor & Newton como el azul Smalt. Los pinceles son muy a menudo chinos, suaves, dóciles y con escaso nervio. No recuperan la forma al pasarlos sobre el papel, como ocurre con los pinceles occidentales. Eso viene muy bien para hojas, ramas y trazos gestuales. Toman mucha agua y, en definitiva, responden muy bien, cuando se les va conociendo.
Pocas explicaciones requieren las acuarelas de este mes de marzo: unos árboles, unas flores y un paisaje nevado. Casi todas ellas aplican la recomendación de Charles Reid de que toda acuarela debe tener alguna zona en blanco. En mente mi admirado Laurentino Martí, de quien hablaremos en la siguiente entrada, y, por supuesto, Sorolla. La luz, siempre la luz. La primera y las cuatro últimas son pinturas con técnica mixta, acuarela y lápices o témpera blanca, sobre papeles tintados, gris en este caso.
Las acuarelas siguientes las he pintado sobe papel color crema. He recurrido a la témpera blanca, dejando algunas zonas sin pintar, una forma muy diferente de trabajar, con resultados también distintos. Seguiremos probando con papeles coloreados, azul, verde, negro, gris y seguramente utilizando lápices, pasteles y otros medios, solos o mezclados. El caso es no parar.