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miércoles, 28 de abril de 2021

Encuentro Virtual Dibujantes Urbanos Elche

   Hemos ido varios años a Elche, de Alicante, a dibujar con los amigos. De paso siempre hemos acabado tomándonos algo, porque duraba tres días la cosa. Es un b uen lugar de encuentro, con gente cariñosa e interesante y otros amigos que vienen de trtos lugares de España. Este año, como pasó con el otoño en Jaén,m que solemos pintar en vivo, ha tenido que ser virtual la cosa, desde casa. 

   Dibujos en cuaderno, a lápiz, acuarelados, o con algunos toques de estilográfrica. He hecho cuatro, en un cuaderno de Paper Blanks que estrené hace diez años. No es que haya dibujado tan poco, se trata de que llevo demasiados cuadernos en rueda, además de alguna docena de ellos sin inaugurar. 

Estos son los dibujos, todos ellos sin salir de casa. Una estantería con libros, con unas lilas encima de loa mesa, una caja de violetas que compré en otro encuentro en El Escorial, como siempre que voya a Madrid, unos libros porque empezaba el encuentro al alba del 23 de abril, y un pedrusco de los que me traje una vez del Cabo de Gata. Hay muchos trozos de mineral o de escoria, algunas piedras volcánicas de formas y colores atractivos. Y digo hay refiriéndome al lado de la carretera, no poniéndose siqwuiera a burcar por los cerros. De pisapapeles o, si se rompe algún trozo, abono para las plantas, que tienen mucho hierro estos peñascos.


lunes, 16 de diciembre de 2019

Cazorla. Encuentro Acuarelistas

    Una vez más, encuentro con los buenos amigos de Acuarelistas de Jaén, esta vez en Cazorla, algo que cuento hoy con mucho retraso. Ya habíamos disfrutado de su hospitalaria amistad y de su instructiva conversación otros años y otros otoños en Baeza, Úbeda, Santiago de la Espada, La Matea y otros sitios cercanos. Como se ve, lugares siempre hermosos, que te permiten pasar en un momento de la naturaleza de ese inmenso Parque Natural que une a Albacete con Jaén, a comer en un palacio renacentista, cosa que uno no hace todos los días. Si la ruta la hacemos pasar por Alcaraz, cuna de Andrés de Vandelvira, ya tenemos un anticipo de lo que vamos a ver en esos pueblos y ciudades que supieron apreciar a este arquitecto que tantas maravillas construyó en la comarca. Raro profeta en su tierra.
   Lo mejor es siempre el reencuentro con los amigos, que conversar y pintar son los principales objetivos de estas juntas, aunque la congregación no haga ascos a la gastronomía. Salimos de La Mancha, que produce más vino que todo el conjunto del resto del mundo para meternos en ese inmenso olivar, más de sesenta millones de oliveras en Jaén, el mayor bosque cultivado que existe, que hace otro tanto con su producción de aceite, el mejor del planeta, en esa zona alta que ya se inicia en Albacete.
    En esta ocasión, como digo, se elige como sede a Cazorla, una ciudad antigua y monumental por la que mucha gente pasa casi de largo, cosa difícil, porque hay que atravesarla por turnos vadeando calles estrechas que caracolean para salvar las cuestas. Imposible no parar a mirar, que mucho hay allí que ver, aunque nuestra civilización ha creado una nueva especie de viajero que ni mira ni ve, ni conoce ni aprende, si acaso se hace una foto, algunas veces la última, despeñándose en el intento de asombrar a la peña, y marca una muesca más en el volante del coche para recordar que ha pasado por otro lugar que le seguirá siendo desconocido. Tal vez la necesidad me obligue a detenerme a menudo en recodos y miradores, descansar e incluso hacer un dibujo, a veces frente a un café o una cerveza. Quizás lo único malo para mí sean, precisamente, las cuestas, pero sólo para los que no andamos todo lo bien que quisiéramos. Hay que tomar la visita con calma, cosa que en esta ocasión podemos hacer. Otras veces nuestra estancia ha sido corta, de paso de ida o de vuelta del Borosa,  Hornos, Torre Vinagre o el Tranco, viaje que hemos hecho muchas veces.
     Nos alojamos en la plaza de la Iglesia de Santa María, de sus restos, para hablar con propiedad, pues siempre ha estado en ruinas, prácticamente desde su inadecuada construcción al final de una rambla, siendo tal vez la única iglesia del mundo construida sobre un río. Desde el balcón de la casa que alquilamos en la última esquina de esa plaza casi se pueden tocar con las manos  los primeros muros de ese templo hundido y aun así hermoso. Se le hizo el encargo a finales del XVI a Vandelvira para levantarlo precisamente allí, donde no había sitio, creando para ello una plaza al fondo de una rambla que se inicia mucho más arriba, en esas montañas inmensas que rodean la ciudad de Cazorla. Hubo que hacer un túnel de 123 metros soportado por una sólida bóveda de cañón  para que las aguas canalizadas del río Cerezuelo pasaran por debajo de ese terreno llano que se creó para albergar plaza e iglesia. El canal sigue activo, tanto como la gran plaza hoy llena de bares, sombrillas y terrazas, pero, ya antes de terminar la construcción de la iglesia, el 2 de junio de 1694, una gran riada fue acumulando en la boca del canal piedras y troncos, taponando el inicio del túnel y embalsando el agua contra los muros de una iglesia que no pudo resistir su empuje. Hacía falta mucha fe y mucha soberbia para conseguir inundar casas que cuelgan en la empinada ladera de esa montaña, pero ambas cosas, además de dinero, sobraban a Francisco de los Cobos, jefe de la familia de altivos señores que también llenaron de maravillas de piedra las vecinas Úbeda y Baeza, casi siempre con la ayuda de Vandelvira. Unas disputas entre el arzobispado de Toledo y los marqueses de Camarasa, Adelantados de Cazorla en aquellos tiempos, llevó a que nunca se llegara a reconstruir totalmente el templo. Como las desgracias nunca vienen solas, cuando Napoleón pasaron los franceses por allí para terminar de rematar la faena.
    El Adelantamiento de Cazorla pertenecía al arzobispado de Toledo desde 1231, donado por Fernando III el Santo tras su conquista a los árabes. El arzobispo Juan Tavera lo cedió en 1534 al ubetense Fernando de los Cobos, secretario de Carlos V, que consiguió una bula del papa Paulo III haciendo perpetua y hereditaria la cesión. Muerto Tavera, su sucesor Juan Siliceo inicia un pleito para recuperar el Adelantamiento, pleito que dura varias décadas y que acaba en 1606 con su recuperación por parte del arzobispo Bernardo de Sandoval.
   Una mañana, nos despiertan unas voces destempladas que discuten y argumentan en la plaza bajo nuestra ventana acerca de un pleito, el ya reseñado, que dividió al pueblo de Cazorla hace siglos. Resultan ser los ensayos para la representación que sobre ellos se llevará a cabo por la tarde. Todo el pueblo lleva días deambulando y trabajando vestidos con disfraces de esa época. Una feria más medieval que renacentista llena las plazas y calles, decoradas con banderolas, tapices, rótulos, carpas, toneles, alfombras y pacas de paja, recorridas por airosos caballos engalanados como sus jinetes, paseantes ante picudas tiendas de lona con cetreros, artesanos y reposteros recreando viandas típicas que poco han cambiado desde entonces. Afortunadamente, los corderos segureños siguen tal cual.
   Hay cierta tradición teatral, pues desde 1996 se celebra un festival que ha traído hasta estos hermosos parajes a Nuria Espert, Tricicle, La Fura dels Baus y a Marsillach, entre muchos otros, programación propia de Gerona. También celebran un festival internacional de blues, con gran éxito. Igualmente ha sido Cazorla apropiadísimo escenario donde rodar películas de bandoleros y salteadores, desde Curro Jiménez hasta "Llanto por un bandido" de Carlos Saura, y no pocos del gremio son de aquí, como Carlos Cuadros, que fue director general de Cinematografía. Desde la ventana de la casa también veíamos el castillo de la Yedra y un viejo torreón en los aledaños que, en sus tiempos, compró Ava Gardner.
   Huelga decir que mucho había para dibujar, para ver, comer y beber. Hicimos todas esas cosas con gusto y en los cuadernos quedaron como buenos recuerdos de estos días en Cazorla, que cortos se nos hicieron.
   A otro extremo de la plaza, termina el túnel abovedado que arroja las aguas del Cerezuelo a un hondo cauce rodeado de árboles y otras plantas frondosas. Frente a la casa donde vivimos estos días, la fuente de las Cadenas, levantada en 1605 en honor de Felipe II, el dueño del mundo, cuando falleció en 1598. Los habitantes del pueblo distinguen el sabor del agua de las distintas fuentes, todas sabrosas para nuestro gusto.
Castillo de la Yedra
   El último día fuimos a La Iruela, a pintar y a comer. Hicimos ambas cosas y algunas más y desde allí nos despedimos. Un largo y productivo fin de semana en buen sitio y con buenos amigos. No se puede pedir más.

miércoles, 10 de abril de 2019

Dibujando entre palmeras. Elche 2019


    Un año más en Elche, dibujando entre palmeras, que es como se llama el encuentro de cuadernistas que allí se celebra este año en su quinta edición. Organizado por Cuadernos Viajeros, como en años anteriores acudimos varios miembros de Ladrones de Cuadernos procedentes de varios rincones de España. Cuando volvemos año tras año por algo será. Siempre hace buen tiempo, si por ello se entiende que hace sol y buena temperatura, aunque después de tantos meses sin llover los agricultores y yo, entre otros, agradecemos la lluvia que a ratos nos acompaña en esta ocasión. Al momento, el cielo volvía a lucir como en esa foto con azules de Elche.  Como la mayoría somos acuarelistas, el agua tampoco viene mal, las calles se llenan de reflejos que duplican la belleza del lugar, las palmeras brillan, los campos y los jardines se riegan y toca tomarse un café o un pacharán a cubierto.
   Tras la acreditación habitual en la Calahorra, primer encuentro con los amigos de Elche, hacemos el primer dibujo, ya bajo techado pues caen unas gotas. Ello nos permite dibujar un entorno ya conocido y dibujado, hoy con un color y unos reflejos inéditos. Como es costumbre no dejamos de añadir en el encuadre uno de los árboles de esta amplia plaza, amenizada por paseantes bajo el paraguas, eligiendo colores menos brillantes que en ocasiones anteriores. Allí, mientras dibujamos en el cuaderno, vamos viendo llegar a antiguos amigos que vienen desde Barcelona, El Escorial, de Ciudad Real, Madrid y de otros lugares. Gran alegría al verlos, tras preguntarnos por otros de Valencia, Zaragoza, Huesca o Asturias que en esta ocasión no han podido venir. Nos veremos en El Escorial, próximo encuentro.
    Cada uno con su gavilla de cuadernos, llenos y a medio, sus docenas de plumas y rotuladores, sus cajitas de acuarelas de todos los tipos y tamaños y, sobre todo, sus distintas formas de hacer. A lo largo de todo el encuentro es un continuo trasiego de cuadernos, viendo las maravillas que en ellos se hacen, algunas verdaderamente asombrosas. Unas rápidas, otras morosas, serias o coloridas, de tamaños distintos, a hoja completa o mosaicos de pequeños dibujos rodeados de arduas explicaciones y recuerdos caligrafiados, presentados por rótulos elaborados que a veces recuerdan manuscritos miniados con su capitulares, sus grafías y sus sorprendentes ilustraciones. Paisajes, edificios, personas, pueblos y ciudades, montañas y valles, árboles y flores, bares y catedrales llenan esas páginas. A veces se pegan hojas secas de flores o árboles, sellos, entradas o tikets, se estampan sellos de las estaciones de cada personal camino de Santiago. Sin duda es uno de los mayores placeres de estos encuentros. Se disfruta y se aprende, se comenta y se comparte, se habla y se escucha, se mira y se muestra. En fin, sólo por eso merecería la pena acudir a estos encuentros.
   La verdad es que también se come y se bebe, pues nunca perdonamos los calamares ni el pacharán. Miles de cortados, algunas cervezas y montaditos, y una comida de hermandad, multitudinaria en esta ocasión, que da la oportunidad de conocer y conversar con otras personas con las que no habías coincidido con anterioridad. Dada mi vida monacal, agradezco mucho estas conversaciones que te permiten conocer a personas de otros lugares y de otras profesiones, con otros intereses y otros conocimientos. Estas charletas a veces llevan a temas inusuales e inesperados, a lugares e historias sorprendentes. Junto a los cuadernos es otro de los encantos de estas juntas.
    El año pasado estuvimos en el Raval, antiguo barrio árabe que hace poco cumplió 750 años. Desde 1265 era el barrio de la morería, hasta 1526 cuando la conversión forzosa de los moriscos que lo habitaban, lo que le da un carácter especial al barrio, especialmente por el trazado de las calles, laberíntico como solía ser. Merodeo por la zona en el coche, sin  encontrar un lugar donde dejarlo. Hacemos unas fotos y buscando sitio más despedado vamos al mercado cruzando uno de los puentes que llevan a la otra parte del cauce del Vinalopó que sólo cuando hay grandes lluvias lleva agua. Cuando no, lleva dibujos, kilómetros de ellos.

     Paramos cerca del mercado, donde compramos salazones y algas. Hacemos un dibujo y acabamos en la terraza de un bar desde donde bajo un cielo soleado, tomando una cerveza, hacemos otro dibujo de ese puente, el cauce y los árboles que alli alcanzan una altura notable.
    Mi buen amigo Joshemari Larrañaga me regala un dibujo que hace en uno de mis cuadernos. De pie en medio de la plaza, mientras caen algunas gotas, lo hace a una veclocidad que no les da tiempo a caer sobre el dibujo. Luego, si alguna cae, la aprovecha para extender la tinta de algunas líneas para sacar unas sombras.
     Bajo la sombrilla de una cafetería hacemos un esbozo a lápiz de la portada de este convento que al año pasado pintamos por dentro. En todos los dibujos colocamos los cuños del Encuentro, para el recuerdo.
    Ya el domingo por la mañana, después de desayunar tras la Calahorra, frente a esa hermosa pared tapizada por un jardín colgante, se cuelgan algunos de los dibujos y cuadernos en una colada sujeta con pinzas que siempre dibujo. Es ocasión aprovechada para ver con detenimiento algunos otros cuadernos, verdaderas joyas. Cuestión de tomar nota de blogs y paginas personales para seguir disfrutando de la producción de algunos amigos, unos antiguos, otros nuevos. Ya antes lo habíamos venido haciendo, como es el caso del libro recién publicado por Joaquín González Dorao sobre su último viaje a Argentina. Como los anteriores, el libro será hermoso, pero ver el original y tenerlo en las manos es algo impagable. Terminamos con la tradicional foto de familia.


   Es hora de ir volviendo cada uno a su sitio, que a veces está lejos. Nos quedamos a comer con un pequeño grupo de amigos y amigas, y allí nos despedimos de ellos, entre los que están quienes nos invitaron la primera vez, Juan Llorens y Ramón Sempere. Por ellos, por Dolça, Blasco y por otros, tantos que sería largo nombrarlos a todos, no hemos dejado de regresar a Elche.


jueves, 26 de abril de 2018

Dibujando entre Palmeras. Elche.


   Ya es el tercer año que acudimos a este encuentro de dibujantes urbanos en Elche. Elche de Alicante, que en Albacete también tenemos un Elche (de la Sierra), mucho más pequeño pero muy apañado, con menos palmeras pero más cerros, pinos y agua. Así podemos discutir acerca de a quién corresponde el dudoso honor de poner el agua donde se ahogó Amílcar Barca, el general cartaginés. De todas formas, no hemos venido a discutir, todo lo contrario, que no hay forma humana de hacerlo con tan buena gente y, teniendo en cuenta que tan luctuoso hecho ocurrió en el invierno del 229 al 228 antes de Cristo, poco rastro queda de las aguas y del suceso. No se acuerdan ni los más viejos de ambos lugares, que preguntar he preguntado. Teniendo en cuenta que murió luchando con los oretanos, radicados en Andalucía y sur de La Mancha, es decir, Córdoba y Jaén, Ciudad Real y Albacete, y que más sitios hay en dónde ahogarse en la sierra de Albacete que por aquí, me inclino por ahogarlo en Elche de la Sierra, por eso de hacer patria, que tanto se lleva ahora, aunque me tenga que llevar por delante a Amílcar Barca. La verdad es que el pobre hombre se ahogaría donde pudiera, no donde creyera conveniente, haciendo al hundirse poco honor a su apellido, pensaran algunos errando el tiro, entre otras cosas porque en su idioma semítico (fenicio-púnico), Baraq significaba rayo.
     También reclaman esa hazaña hidráulica por el Ebro, pero eso es jugar con ventaja, que bien podrán. En cuanto a las palmeras, nada que decir. En Albacete capital, que yo sepa hay tres. Y deben ser de otra variedad para aguantar los hielos y relentes. En Elche, la verdad, no las he contado, pero he de reconocer que hay muchas más, a cada uno lo suyo. Las contó la Cámara Agraria en 1978 y había  435.946 en todo el término municipal, que es extenso. En 1997-1998, tras cinco meses contándolas una por una, la Concejalía de Medio Ambiente censó 181.138 solo en el casco urbano y pedanías. Como alguna se les pasaría, lo más cercano a la realidad es decir que hay una barbaridad de palmeras, dato bastante exacto. Leo que la variedad predominante es la Phoenix dactylifera, traída por los musulmanes, la misma que hay en Irán. También leo que fue entonces cuando más hubo de ellas, algunos hablan de más de medio millón. Fue Abderramán el que dijo eso de
¡Oh palma! Tú eres, como yo, extranjera
en occidente, alejada de tu patria.
   Que esa variedad de palmera y su plantación extensiva en Elche fuera cosa de los almorávides, como la fundación de la ciudad por ellos, en un reino que también incluía Marrakesh, no quiere decir que no hubiera palmeras por esta y otras zonas de la península. Ya algunas cerámicas ibéricas estaban decoradas por sus ramas y no pocos dátiles fósilizados se han encontrado en lugares diversos, algunos fechados en el 2.800 a.C., como los de la Cueva de los Tiestos, en la cercana Jumilla. En la misma Alcudia, en Elche, donde se encontró la famosa dama ibérica, ya había palmeras que dibujaron en sus ollas y vasijas. Plinio el Viejo y Columela hablaron de su presencia en el sureste español en aquella lejana época.

    También leo que en 1265 se salvaron de milagro, como todo lo poco que en España se ha salvado, sea árbol, edificio, animal o contribuyente. En este caso de las palmeras, como aún no se había extendido el facebook, fue gracias a Jaime I, pues querían arrancarlas todas por considerarlas demasiado morunas para el gusto de los que reconquistaron estos parajes, seguramente para sustituirlas por esparto, mucho más cristiano y austero.
   Bueno, pues en Elche nos reencontramos con muchos amigos, de Elche y de otros sitios. De Barcelona, Gijón, Huesca o Albacete, por ejemplo. También es cierto que faltaron otros. En Sigüenza nos veremos. Si llevamos tres años seguidos viniendo sobra decir que nos tratan bien y que estamos a gusto con los amigos que tan amablemente nos invitan y acompañan durante estos días. No me propongo nombrar a todas amistades, que muchas son y siempre puede uno dejar de citar a alguien. Imposible no mentar a Juan Llorens, a Ramón Sempere y a Manolo Blasco, que nos adoptan durante estos días. Y nos nutren e hidratan. Al dúo de conferenciantes de esta edición, compuesto por los dibujantes de cómics, o tebeos como ellos prefieren decir, Demetrio y Juan Espallardo, reyes de la tinta china, que dibujaron a Tarzán, hazañas bélicas y urbanas más conocidas en USA o Inglaterra que entre nosotros. En este caso, en la charla en la sala masónica de la Calahorra, tuvieron que dibujar la batalla de Inglaterra a petición de Joshemari Larrañaga, debatiendo sobre modelos de avión, sin olvidar las ruedas de los Stuka, que no se plegaban como en el Spitfire. Un Junker en primer plano, y faltaba un avión cayendo en picado entre una gran humareda que Joshemari añadió, aunque lo suyo son los barcos de vela. Vemos dos ejemplos de algunos trabajos de ambos dibujantes.
   Completaban el cuerpo expedicionario de Ladrones de Cuadernos, además de Juan y Dolça, de Elche, Marisa Ortún que venía de Gijón y Manuel Lorés de Huesca, Joshemari de Barcelona y yo de Albacete. Todos aparecen en este resumen de fotos propias y ajenas que incluyo aquí. que a todos ellos va dedicada esta entrada de mi blog. Del grupo de Cuadernos Viajeros eran casi todos los demás amigos y amigas, como los ya nombrados y Lola Clement, o Mª Dolores Piñero, a quien conocí en Cazorla. Muchos otros dibujantes y no menor número de niños, casi 300 personas dibujando por calles, plazas y jardines.
    El domingo, exposición de algunos trabajos, los cuadernos colgados con pinzas, mientras en esa hermosa plaza bailaban swing bajo el sol y los árboles, redondeando el ambiente. La musica decía: Heaven, I'm in heaven... Cierto.

    En Elche hay mucho que dibujar aunque, viendo que sólo hice cinco o seis dibujos, se nota que prefiero conversar, que me cuenten la historia del barrio del Raval, 700 años de moros y cristianos, aunque no me dé tiempo a dibujarlo; o de la Calahorra, restos de la muralla almohade, con su sala masónica donde se hacen las charlas del encuentro. Mucho que escuchar, ver y aprender. Habrá que volver otro año.
   Aquí van los dibujos de estos días.



miércoles, 10 de mayo de 2017

Elche. III Encuentro Dibujantes Urbanos


   Por segundo año hemos ido a Elche al III Encuentro de Dibujantes Urbanos, convocados por los amigos de Cuadernos Viajeros. Eso es señal de que el año pasado lo pasamos bien allí y predispone para volver el año próximo. Unos cuantos colegas de Ladrones de Cuadernos nos sumamos a esta convocatoria, Joshemari Larrañaga, Juananto, Joaquín González Dorao y yo mismo, junto con Dolça y Juan Llorens, que están en los dos grupos y viven allí. Ellos y los demás amigos de Elche, muchos y buenos, fueron excelentes anfitriones y siempre estuvieron con nosotros, llevándonos a donde no podíamos dejar de ir. A dibujar y a comer, que este oficio requiere no desatender la hidratación ni caer en el desmayo. No corrimos ninguno de esos peligros y hubo mil y una ocasiones para charlar, dibujar, tomar algo y, sobre todo, manosear los cuadernos ajenos, verdaderas joyas. Eso sí, echamos de menos la presencia de algunos compañeros de Ladrones de Cuadernos que suelen acudir a estos eventos, pero las circunstancias o la distancia no siempre lo permiten. Urumo, Oñera, Lorés, Abadía, Angels Prat, entre otros y otras, estuvieron presentes en nuestras conversaciones. También es cierto que, entre tanta gente, no llegué a coincidir con otras personas que conozco y que allí estaban. Otra vez será.


   En estas fotos vemos algunos de esos momentos, dibujando o reponiendo fuerzas en alguno de los bares pintorescos y castizos a los que nos llevaron, viendo a Juan retratando a todo lo que se movía, más si lo hacía con garbo, aunque tampoco hacía ascos a dibujar nuestros quejumbrosos organismos.
   Tanto el entorno como el clima eran propicios, y pudimos disfrutar de las terrazas, de estar siempre al aire libre y de los encantos de Elche, que no son escasos. Ya de camino empezamos a hacerlo, pasando por la playa del Pinet a comer viendo las olas y a hacer el primer dibujo para ir entrenando.
   Tras la acreditación y primeros saludos y abrazos en La Calahorra, a Juan y a Ramón, nos ponemos a dibujar que ya el entorno estaba lleno de gente cuaderno en mano. Aquí van algunos de los dibujos que hicimos estos días, aunque lo más importante fue la convivencia con los amigos, el disfrute de ver sus cuadernos, dibujar juntos, ver cómo cada uno hace cosas tan diferentes de un mismo tema y admirar las genialidades que abundan. Sería injusto nombrar solo a algunos de ellos, pues hay colegas de quien seguimos uno a uno los dibujos que hacen, como Joshemari Larrañaga o Juananto. De otros amigos, como Juan Llorens, no es frecuente tener en las manos sus dibujos, o de Joaquín Dorao que hizo el más hermoso de los cuadernos sobre Elche y de quien nos trajimos un libro sobre sus dibujos de Croacia. Ver dibujar a Juan Espallardo, algo que hay que hacer sin parpadear o te pierdes el proceso, dada su rapidez vertiginosa en dibujar retratos en papel con tinta china. Conocer a Demetrio, como Juan, artista del cómic que ha ilustrado a Tarzán, Hazañas Bélicas y muchas publicaciones principalmente en USA y en Reino Unido. O a Manolo, otro personaje de interés turístico y cultural. 
   Como digo, imposible nombrar a todos los cuadernistas que allí nos reunimos, cerca de 200, pero fue un placer encontrarse con algunas personas que conoces virtualmente de los blogs, como Lola Clement, o que te conocen por visitar el mío y aprovechan para saludarte y comentar algo sobre él, cosa que se agradece.
   Dibujamos algunos rincones de esa zona pues había tema suficiente como para no abandonarla, con sus monumentos y plazas cercanas, palmeras, iglesias y terrazas, naranjos y paseantes, con las luces y sombras de la mañana o la calidez de las luces del atardecer, con una temperatura que tras el largo invierno invita a estar en la calle hasta altas horas.

   Al final, el domingo, se cuelga una colada de dibujos, algunos de los muchos que se hicieron, pues los cuadernos pesan mucho, ocasion para volver a hacer algunos últimos apuntes del encuentro.