domingo, 10 de julio de 2011

SUTTON PALMER - CALIFORNIA - Watercolors

CASTLE CRAG
   Ya hemos incluido anteriormente otra entrada sobre Harold Sutton Palmer, (1854-1933), acuarelista e ilustrador inglés. Entonces se mostraban las acuarelas que había realizado para ilustrar un libro sobre Escocia, sus montañas, bosques y cielos brumosos. Ahora es California, "The land of the sun", título del libro que ahora examinamos, escrito por Mary Austin, donde Sutton Palmer aporta 32 acuarelas.
Cypres Point, near Carmel
Among the Red Woods
Eucalyptus Grove
Valley of the Yosemite
Sycamore trees
Tall chaparral - Santa Cruz
McCloud River
Laurel Lake
Shasta - Snow clouds
    En las acuarelas anteriores vemos la habilidad del pintor para reflejar los distintos tipos de árboles. Un dibujo extraordinario, una composición excelente en sus encuadres y un color con infinidad de matices conseguida con muy pocos colores, ahora más cálidos que en las acuarelas de Escocia.
    En ellas se ve la maestría que Sutton Palmer tiene para sugerir la lejanía, el extraordinario dominio en la separación de planos, difuminados los más lejanos hasta confundirse sus montañas o árboles con el cielo.








    En las anteriores acuarelas vemos cómo su habilidad no es menor para plasmar las corrientes de agua, los lagos, cascadas, sus reflejos y brillos, cosa que hace con soltura sin llegar al detalle excesivo.
    Por último vemos dos acuarelas donde muestra antiguas construcciones españolas, aunque no es el tema donde más brilla este pintor. Dulzonas y pintureras, estas acuarelas parecen minuciosas postales que no tal vez no estén a la altura del resto y menos todavía de las que dedicó a Escocia.


    El libro, "California, the land of the sun", puede ser descargado desde la biblioteca de la Universidad de California en este enlace.

viernes, 8 de julio de 2011

Tres acuarelas


    Unas buganvillas en un patio en el Rincón de Loix, en Benidorm. Un apunte rápido con pincel de agua. Las flores eran de otro color, pero llevaba una cajita con muy pocas pastillas y el magenta o lo tienes o te aguantas. Así queda menos pinturero.
Papel Arches grano grueso, pinceles Escoda y pinturas Rembrandt, W&N y Van Gogh
    Esta es de Sevilla, de la calle Judería, en el barrio de Santa Cruz. De una foto de María José Barrera en Hispacuarela.
    Esta es de hace 10 años. Quintes, Asturias. La hice para regalarla a quien tenía la suerte de vivir allí, tal como se veía desde la ventana. No podían faltar los dos perros, Mylord y Busy. He tenido ocasión de fotografiarla y ponerla aquí, que a mi también me trae muy buenos recuerdos.

lunes, 4 de julio de 2011

Bocetos pluma y tinta - Albacete - Alicante

    En este caso, la pluma usada es una estilográfica Osmiroid, de Perry, que tiene un tajo fino y flexible, rotulado como Sketch. No tanto como una plumilla, pero responde a la presión y hace líneas de grosor variable. Lo malo es no usar tinta china de verdad. La que lleva es muy negra, pero se corre al superponerle baños de acuarela.
Altozano. Albacete.

Pluma estilográfica Osmiroid - Tajo Sketch Pen

Puerto de Calpe

Rincón de Loix - Benidorm

La Albufereta - Alicante

Para ver más plumillas: Spanibs. Mi tienda en ebay

domingo, 26 de junio de 2011

LIÉTOR (Albacete) Dos bocetos - Rotulador, plumilla, tinta y acuarelas.

    De una escapada a Liétor, a unos 60 kilómetros de Albacete, salen estos apuntes. El primero de ellos con rotulador (Staedtler pigment liner, 0.2, 0.4 y 0.8). La rugosidad del papel de acuarela, (Arches 300 gr. grano grueso) le da a las líneas cierto encanto, parecido al lápiz de grafito. Me gustó cómo quedó y no le di color, de forma que hice otro boceto directamente con acuarelas, aunque también a tamaño pequeño. De ellos tiene que salir una acuarela en tamaño mayor, porque el tema se lo merece.
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Detalle del boceto anterior
   Habrá quien se extrañe de ver chumberas cerca de Albacete, pero no es éste el único lugar de la provincia donde las hay. Y palmeras. Aunque, como Ayna, esté en una zona montañosa, en la Sierra del Segura a 642 metros de altura, el curso medio del río Mundo discurre por un valle muy protegido, donde son excepcionales las temperaturas extremas a que estamos acostumbrados fuera del valle. Visto desde el río, desde las huertas que ya cultivaban los árabes hace más de mil años, el pueblo tiene un aspecto imponente. No es raro que fuera uno de los escenarios elegidos por  José Luis Cuerda  para rodar su alucinante película "Amanece, que no es poco".
    Como otras localidades de la provincia, tiene origen árabe. No hay más que ver su situación en lo alto de una plataforma rocosa fácil de defender, pues siempre fue zona fronteriza. También el trazado de sus calles, estrechas, retorcidas, algunas de las cuales terminan su trazado con una reja que mira al barranco. Muy abajo, el río Mundo.
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Apunte con plumilla y tinta china. (Plumilla: Spencerian Ivison & Phinney, nº 1, una maravilla)

   Fernando III de Castilla (el Santo, canonizado en 1671 por Clemente X) empeñado en recuperar el valle del Guadalquivir, conquistó a los árabes Jaén, Murcia, Córdoba y Sevilla, entre otras plazas, como Cartagena, Lorca, Mula, Cazorla, Lucena, etc. Al fijar las fronteras con el reino de Aragón, Orihuela, Elche y alicante quedan en el reino de Castilla.
    Liétor es cedido a la Órden de Santiago, cuyo Maestre, Pelayo López Correa, había prestado al rey de Castilla una ayuda muy valiosa en las conquistas anteriores.
    En esta ocasión, el dibujo a plumilla se hizo muy sencillo, para ser coloreado con acuarelas, con el resultado que se muestra. Igual que la anterior, queda pendiente de ser repetida en mayor tamaño.

domingo, 19 de junio de 2011

Historia de las plumillas metálicas I - De la antigüedad hasta la revolución industrial.

Plumilla fabricada en Inglaterra en honor de la Reina Victoria con motivo de la celebración de sus 50 años de reinado (1887)



o abunda la documentación para acercarse a la historia de las plumillas. A partir del momento en que se inició su producción industrial en Birmingham, ya disponemos de más recursos, pero para estudiar su aparición en épocas anteriores lo mejor que conozco es el libro “La mèmoire des Sergent Major” de Jean-Pierre Lacroux y Lionel van Cleen, editado por Ramsay/Quintette, París, 1988. Este libro está agotado y, tanto nuevo como usado, alcanza precios muy altos, pagados por coleccionistas y amantes de la escritura. Tengo un ejemplar que me regaló mi buen amigo Jean-Marc, de Córcega.

  Otra publicación imprescindible es “The story of the invention of steel-pens” de Henry Bore. London/New York, 1890. Esta última, afortunadamente, está disponible de forma gratuita en la página de “Gutenberg Project” o en la Universidad de California. Esta obra trata principalmente de la industria británica de fabricación de plumillas metálicas, desde sus inicios. Hace unas breves referencias a testimonios históricos de los que se puede deducir que antes de 1800 ya se habían utilizado. Estas referencias son escasas y poco fiables, posiblemente errores de traducción o interpretaciones interesadas. Así recoge una referencia en la Biblia  y, posteriormente, otra a una pluma de plata propiedad del poeta latino Ovidio, que encontrada en unas ruinas fue a parar a las manos de la reina de Hungría en 1540. Hay que tener mucha fe.
    Basado en parte en el anterior, el libro “The steel pen trade”, de A.A.S. Charles, de la empresa D. Leonardt & Cº, fabricante inglés de plumillas, trata de su producción y comercialización desde principios del S. XX. Es muy interesante por proporcionar información sobre los principales fabricantes británicos del ramo, con datos imposibles de encontrar en otros lugares, aunque no nos aporta nada sobre la invención de la plumilla metálica. Puede accederse a esta obra en IAMPETH.com. (International Association of Masters Penmen, Engravers and Teachers of Handwriting).
    Más documentado es el libro de “La mémoire des Sergent-major”. Argumenta que habría sido imposible que no se hubiera intentado hacer en metal y, especialmente en oro o plata, algo que imitara la forma de los instrumentos de caña o pluma de ave con que se escribía. El metal, escaso, brillante y duradero, sería un signo de distinción y buen gusto. Por otra parte, las plumas tradicionales eran  muy poco duraderas, había que volver a cortar su punta, algo que no era fácil ni rápido y que no todos sabían hacer con buenos resultados.
   Claro es que se hicieron estas réplicas y también que escribían peor que las que intentaban sustituir. Serían más brillantes, prestigiosas y duraderas, pero una pluma de ave bien tallada era infinitamente más dúctil y suave que las metálicas que entonces se podían fabricar. Por tanto, no debemos buscar quién inventó la plumilla metálica, sino quién y cuándo tuvo la suficiente habilidad y capacidad técnica para hacer bien algo que muchas veces se había intentado previamente con resultados mediocres. Fueron los insuperables problemas de fabricación lo que retrasó su aparición tal como las conocemos hasta principios del siglo XIX.
Pompeya. Tabla encerada y un estilo
    No obstante, se han encontrado juncos o cañas huecas armadas con puntas de cobre del 3500 a.C. Es más que dudoso que con ellas pudieran escribir. Lo que sí está probado es el empleo de plumas de cobre en tiempos de Ramsés II (siglo XIII a.C.). Otra certeza es el uso de plumas metálicas por parte de los romanos. Son plumas tubulares cuyo corte está formado por la unión de los dos bordes de la lámina metálica. Dos plumas similares se exhiben en el museo de Brescia, descubiertas en el templo de Vespasiano. Anteriores al 79 a.C. son las encontradas en Pompeya que se conservan en el museo de Nápoles. En el British Museum se muestra otra pluma romana de forma cónica. Otras más hay en las colecciones de los museos de Nîmes, Liège y Aoste. Por tanto, no deberían ser algo excepcional, aunque sí escasas.
Primera forma de construir una pluma tubular
Esta es la forma en que se construyen en la actualidad

    Lo que es claro es el hecho de que esos maravillosos manuscritos iluminados que nos siguen asombrando, se escribieron con pluma de ave, que también, junto con pequeños pinceles, se usaban para ilustrarlos.
    Desde estos momentos deja de haber referencias hasta casi el fin de la edad Media, siendo dudosas las pocas que se encuentran, pues, como en el caso de las plumillas de plata pertenecientes a los patriarcas de Constantinopla, debían ser cálamos de lujo, forrados de este material, pero no su punta.
   A partir de entonces, muchos se atribuyen su invención y cada investigador arrima el ascua a su sardina, llevándose para casa el mérito del invento.
  Siguiendo lo que en el libro de Lacroix y van Cleen dan por probado, podemos recoger una lista cronológica de las apariciones de la pluma metálica desde 1500:
  • 1544. Neumann, maestro de escritura en Nurenberg, fabrica plumas de chapa de cobre y latón.
  • 1563. en la Escuela de Tonbridge (Kent) se entregan plumas en la distribución de premios: Pluma de plata dorada al primero (precio 2 chelines y 6 peniques), parcialmene dorada para el segundo (2 chelines) y sin dorar para el tercero (20 peniques).
  • 1579. Ludwig, comerciante alemán, ofrece plumas en chapa de latón.
  • 1606. Joost Lips, filólogo que falleció en Lovaina en ese año, en su testamento dona a la Virgen su "pluma de plata".
  • 1648. Se redacta el Tratado de Westfalia con una plumilla de acero.
  • 1657. Se comercializan en París unas plumas con reservorio para almacenar tinta.
  • 1691. Los religiosos de Port-Royal utilizan plumillas de cobre fabricadas por ellos mismos.
  • 1692. André Dalesme, miembro de la Academia de las Ciencias, vende en la calle Saint Denis plumas de acero de su invención.
  • 1698. Martin Lister, narrando un viaje a París, declara haber visto en la bilbioteca Sainte-Geneviève una pluma formada con una hoja de metal enrollada.
  • 1700. Roger North, en una car a a su hija, revela que la ha escrito con una plumilla de acero, mala copia de otra francesa. Afirma que quien las haya probado no querrá oir hablar de las de ave.
  • 1717. Los procesos orales de los Estados Generales de los Países Bajos son redactados con una pluma tubular de plata, montada en un mango también de ese metal.
  • 1723. El poeta John Byrom cuenta que tenía una pluma de plata y manifiesta su pesar por no haberse podido procurar una segunda... señal de que estas plumas eran raras, pero muy apreciadas. Afirma haberla buscado en vano en 375 tiendas.
  • 1738. El 26 de noviembre Voltaire escribe a Thierot para encargarle plumas de oro.
  • 1748. Un tal Johan Jannsen, de Alaix-la-Chapelle, rivindica la invención de una nueva clase de plumas en acero. Después de un congreso que reúne a los embajadores en el ayuntamniento de su villa, se las vende para que puedan firmar un tratado que dure tanto como la pluma con que se firmará. Afirma que sabe que su invención será copiada por otros, curándose en salud, lo que nos confirma la existencia de imitaciones, clásico procedimiento.
  • 1763. La princesa de Carignan regala al joven Mozart plumas de metal troquelado. Él se apresura a guardarlas y olvidarlas en su escritorio, para seguir componiendo con sus plumas de ganso.
  • 1772. Fontaine, joyero de la calle Carignan vende las plumas de acero importadas de Inglaterra al precio de una libra y 10 soles la pieza. Estas boquillas de acero se montaban sobre las plumas de ganso.
  • 1776. Joseph Arnoux, mecánico relojero es recompensado por la Academia Real de las Ciencias recibiendo un privilegio real por la invención de una pluma metálica económica, que remedia los defectos de las plumas metálicas de la época, especialmente la falta de flexibilidad y elasticidad. Su modelo sigue siendo absurdo, como el de los romanos, siendo la hendidura el mismo borde de la chapa doblada. Las vendía en siete grosores, a tres libras cada una. Aunque muchos le conseideran en Francia el inventor de la pluma, los conociera o no, existían esos y otros avances en lugares diversos. El plagio era cosa muy común.
  • 1780. Samuel Harrison, fabricante de llaveros en Birgmingham, se pasa a la manufactura de plumillas metálicas. Algunas de ellas adquierieron celebridad por hacerse por encargo de Joseph Priestley, descubridor del nitrógeno.
  • 1790. aloys Senefelder, inventor de la litografía, fabrica algunas plumas a partir de piezas de relojería.
  • 1795. La villa de Sedgley, en las Midlands, reivindica el título de cuna de la pluma de acero por haber sido teatro de operaciones del herrero Fellows, que produjo algunas. En el escudo de la villa figuran dos plumas.
  • 1800. Peregrine Williamson, joyero de Baltimore fabrica plumas de acero con cortes laterales. En Estados Unidos se considera su inventor, afirmando que sus ingeniosos inventos fueron copiados por comerciantes ingleses sin escrúpulos, desarrollando gracias e ellos una próspera industria.
  • 1808. En Königsberg, Johann-Heinrich Burger se arruina intentando la fabricación de plumas.
  • 1818. Sheldon, aprendiz de Fellows, se lanza a fabricar plumas de artesanía. Hasta 1828. Como los demás, no podrá resistir la competencia de las máquinas —ni los precios— de Joseph Gillott y los hermanos Mitchell.
  • 1820. Dejernon intenta, sin éxito, implantar una fábrica de plumas en París.
    A partir de ese momento, la fabricación industrial de las plumas termina con los artesanos y todos los experimentos anteriores. Un artesano puede hacer un buen pincel. Para hacer una buena plumilla hace falta una maquinaria sofisticada.